- Soy yo, la única e irrepetible Cody y tengo a un sobreviviente no infectado conmigo – dije por el altavoz.
- ¿Como sabemos que no eres una zombi que aprendió a hablar? – respondieron del otro lado entre risas.
- Tengo varias razones para darte, pero la primera y la más importante, es que si no me abres ahora, voy a golpearte tanto que vas a desear que te coma un grupo de zombis.
- Listo, pueden entrar. – y la puerta se abrió.
Adentro había un elevador, que no subía, bajaba como 500 metros.
- Nuestro escondite también es subterráneo – dije a H, que no había mencionado palabra desde nuestra discusión de la noche anterior.
Nos detuvimos y detrás de las puertas estaba mi hogar.
- Bueno, bueno, miren lo que trajo la lluvia – dijo Tiago mientras me abrazaba fuerte - Pensé que te había perdido (se puso colorado al finalizar la frase) - que te habíamos perdido quise decir – y se apartó avergonzado.
- Yo sabía que estarías bien, ninguna ciudad de zombis puede con nuestra Cody, ¿verdad preciosa? – dijo Marcos guiñándome un ojo.
- Soy demasiado buena, supongo – respondí con aires de grandeza.
Los demás me saludaron diciéndome como de seguros estaban que yo iba a regresar, a pesar que había estado desaparecida y sola toda la noche.
- Me da mucho gusto ver que volviste sana y salva querida – dijo el teniente y todos se pusieron serios y firmes. – Descansen.
Se acercó y me dio un abrazo fraternal con un gesto de aprobación por mi regreso. - ¿Y él es? - preguntó.
- Oh, si, lo había olvidado, disculpen; el es Horacio. Un sobreviviente de la ciudad que encontré gracias al lente scanner de Simón -
el aludido se sintió importante.
Todos mirábamos a Horacio que no decía nada, hasta que se percató de nuestras miradas.
- Un, un gusto conocerlos, realmente, un gusto – dijo el hombre sintiéndose incomodo aparentemente.
Todos lo miraron como si fuera un bicho raro y le dijeron un muy falso “igualmente”. Luego del emotivo saludo cada uno volvió a sus tareas.
- Tiago, ¿Dónde está Tomy? – pregunté mientras caminábamos.
- En el comedor, te está esperando – respondió alejándose.
Me dirigí por el pasillo hasta la sala en cuestión y ahí estaba mi hermanito. Cuando me vio corrió hacia mí y me dio un fuerte abrazo, que casi me deja sin aire; es que el niño había crecido bastante esos años y era más grande que yo.
- Sabía que estabas bien – me dijo sin dejar de sonreír – sabía que no me dejarías solo – las lágrimas querían salir de sus ojos.
- Tranquilo hermanito, aquí estoy y no tengo pensado ir a ningún lado por ahora – le dije secando su rostro con mi mano.
- ¿Y fuiste a casa? ¿Encontraste algo o a alguien? – me preguntó emocionado.
Yo sabía a quien se refería con “alguien”, dudé por un momento si decirle o no que había visto a mamá convertida en un zombi, pero el tenía que saberlo, así que le conté todo.
La noticia le pegó como a mí, un poco menos tal vez, porque él no la vio, pero fue igual de impactante.
- Te traje algo – le dije buscando en mi mochila, él no estaba interesado.
Saqué el juguete que había rescatado de mi vieja casa, un robot electrónico que mi abuelo le había regalado.
- Mira, tal vez funcione todavía – se lo entregué y se sintió menos triste.
- Gracias Cody, era mi favorito, voy a intentar arreglarlo.
- Ok, hermanito, yo voy a dormir un poco, nos vemos mas tarde – y me dirigí a mi habitación.
Con toda la emoción de ver a Tomy y contarle lo de mamá me había olvidado de Horacio que estaba esperándome en la puerta de la sala.
- Supongo que necesitas dormir, sígueme - le dije y él caminó detrás de mí.
En mi habitación habían cuatro camas, pero solo dos eran utilizadas, por mi y Cristina, las únicas mujeres de la base.
- Puedes quedarte aquí hasta que te consiga otra habitación, las camas de arriba están disponibles - le dije.
- Gracias, la verdad que necesito dormir, mucho.
- Yo igual, así que trata de no hacer ruidos molestos.
Y me acosté en mi cama, cuanto la había extrañado. Me quedé profundamente dormida no se por cuantas horas, hasta que me despertó un sonido extraño.
Abrí lentamente los ojos y vi a Horacio acercándose a mi cama con los brazos extendidos.
Le tiré con mi zapato y el cayó.
- ¡Maldito pervertido! ¿Qué intentabas hacer? – le grité furiosa mientras salía de la cama.
- ¿Qué demonios sucede? – preguntó Cristina desde su cama.
- Este imbécil se vino sobre mí – le respondí.
- ¡Pervertido! – le gritó ella pegándole en la cabeza.
Horacio se sentó en el suelo, algo confundido.
-¿Qué pasó? ¿Cómo llegué aquí? –preguntó refregándose la cabeza.
- ¿Qué pasó? ¡Idiota!, ahora resulta que eres sonámbulo – le grité de nuevo.
- ¡Ponte de pie! – le ordenó Cristina.
Se levantó lentamente.
- Les juro que no se como llegué aquí, yo estaba dormido.
- ¿No recuerdas haberte abalanzado sobre mí?
- No, lo siento.
Nos miramos con ella, intentando decidir que hacíamos con él.
- Supongo que es sonámbulo – dijo ella.
- Supongo – respondí
- Volvamos a dormir entonces que son las 3 de la madrugada, pero nos aseguremos de que el señor no se levante dormido de nuevo – dijo Cristina.
Y tomó unas esposas de su cajón, Horacio se acostó y ella lo sujetó en la cama.
- Ahora sí, vamos a descansar que seguramente mañana será un largo día.
Nos dormimos de nuevo, claro que esta vez no tan profundamente, volvieron las pesadillas, eran una mezcla de los sucesos de los últimos días en mi ciudad, los de Tres Soles y los de la primera vez.
Justo cuando soñaba que mis padres estaban por cenarme, Cristina me despertó alterada.
- Cody, ¡levántate!, mira lo que le pasa.
Me desperté exaltada, pegando un salto de la cama.
-¡¿Qué pasa?! –dije tomando mi arma.
- Míralo – dijo ella, señalando a H.
Pero en el lugar que tenía que estar Horacio, había un zombi, que se veía prácticamente como él, descontando los ojos blancos y los gruñidos.
Intentaba zafarse de las esposas y venir hacia nosotras.
- Es un zombi – dije lentamente, como sin creer lo que veía.
- Sí lo es, pero no entiendo como – respondió Cris.
Ella le apuntó a la cabeza pero antes de que le dispare le detuve la mano.
- Espera, algo no está bien –le dije y tomé un vaso de agua de mi mesa. Me acerqué a él.
- ¿Estás loca? ¡Cody! – decía alterada Cristina.
Pero yo seguí y le arrojé el agua en la cara al zombi, él se sacudió y cuando abrió los ojos de nuevo, ya no eran blancos, eran los ojos azules de Horacio. El me miró sorprendido y confundido.
- ¿Qué pasó? ¿Por qué estoy mojado? - me dijo
Yo estaba con la boca abierta, Cristina igual, las dos nos miramos sin entender nada.
- ¿Tu viste lo mismo que yo, verdad? – le pregunté a mi compañera de cuarto, ignorando la pregunta de H.
- Aja – respondió ella, sin cerrar la boca.
- ¿Es posible que…? – y Horacio me interrumpió.
- ¡¿Pueden decirme qué está pasando?! – nos gritó intentando sacarse las esposas.
Nosotras lo miramos, aún sorprendidas.
- Eres un zombi – le respondí.
El me miró desconcertado y balbuceó algunas palabras, lo único que le entendí fue que era imposible y que estábamos locas.
- Tenemos que avisarle a Teniente – dijo Cris, y salió de la habitación.
- ¿Podrías explicarme como es eso de que soy un zombi? – dijo Horacio tratando de sonar lo más calmado posible.
- Eres un zombi, cuando estás dormido, en realidad no estás dormido, eres un maldito zombi – le respondí, pero más hablando conmigo misma que con él. – Y yo estuve todo este tiempo contigo, y tú eras un zombi.
- Espera un segundo – dijo – yo no soy ningún zombi, ¿como puedo ser un zombi?, eso no tiene sentido – pero ya no sonaba tan convencido.
El Teniente, Tiago y Cristina entraron a la habitación.
- ¿Es verdad lo que reportó Cristina? – preguntó el teniente.
Yo asentí con la cabeza, todos mirábamos a Horacio como si fuera un fenómeno de circo o algo por el estilo.
- No parece un zombi – dijo Tiago, mirando detenidamente a Horacio.
- Los es cuando se duerme – le respondí – cuando esta despierto es humano.
- Interesante – dijo Tiago, sin quitarle los ojos de encima. – Tenemos que estudiarlo.
- ¡No soy un conejillo de indias! – dijo molesto.
- Es eso o un tiro en la frente, tu elijes – le respondió Tiago burlándose.
Horacio me miro, buscando alguna ayuda de mi parte, pero yo le esquivé la mirada.
- Vamos a colocarlo en la sala de observación, y mañana le haremos los estudios correspondientes - dijo el Teniente.
- Perfecto – dijo Tiago y le sacó las esposas a H – camina niño bonito, vamos a ponerte en un lugar en donde no lastimes a nadie.
Horacio se fue, yo no pude mirarlo, sentía culpa y enojo a la vez. El por su parte también estaba bastante molesto.
- Señoritas vuelvan a descansar, mañana lidiaremos con este problema – dijo el Teniente y se retiró.
- Eso es extraño ¿o qué? – dijo Cristina metiéndose en la cama – estuvimos durmiendo con un zombi, suerte que no nos comió.
- Si suerte – le respondí mientras me acostaba.
No pude dormir más, la situación con H me había quitado completamente el sueño, me sentía tan frustrada, engañada, molesta, desilusionada, una mezcla de emociones que me daban ganas de salir corriendo y no detenerme jamás.
Pensaba que era mi destino que todas las personas que me importaban se convertirían en zombi: mamá, papá, Lucas, mis amigos, Horacio. Era tan injusto.
Apenas sonó el despertador me levanté, me alisté y fui al comedor. Todos estaban allí, y cuando entré se quedaron en silencio y me miraron como si fuera yo el fenómeno. Cristina entró detrás de mí y recibió el mismo trato.
- Las noticias vuelan por aquí - me dijo al oído y se fue a buscar el desayuno, como si nada le importase.
Yo la seguí, nos servimos el desayuno y fuimos a nuestra mesa.
Cada equipo se sentaba en una mesa, algunas estaban llenas como la nuestra, y otras no tanto, las perdidas eran considerables en algunos grupos.
Marcos, Simón, Miguel y Ángel estaban en la mesa.
- Ahí vienen las compañeras del zombi – dijo Marcos riéndose.
- Ja ja ja, eres tan gracioso – le respondió Cris, lanzándole una mirada helada.
- ¿Cómo están? – Preguntó Simón – ¿ya tienen ganas de comerme?
Con Cris nos miramos y reímos, Simón siempre decía todo con doble sentido.
- Lo siento Simón, pero el zombi no nos mordió, tendrás que seguir esperando, sentado mejor – le respondí en tono de broma, el sonrió.
- Ahora hablando en serio – dijo Ángel, el serio del grupo -¿están bien?
- Estamos bien, sólo fue un susto, pero nos dimos cuenta antes de que algo pase – respondió Cristina y yo asentí.
- Que bueno, sería una lastima volar dos cabezas tan lindas – dijo Miguel.
Mientras desayunábamos les conté mi historia, como había escapado de la ciudad y demás. El desayuno estuvo muy a gusto, con muchas bromas, como siempre.
Cuando casi terminábamos llegó Tiago, y me pidió que lo acompañara. Así lo hice, fuimos a la sala de monitoreo.
Vi en un monitor a Horacio desayunando, se lo notaba aún molesto.
- Mira esto – dijo Tiago mostrándome otro monitor.
Era la grabación de la noche anterior, en la sala de observación donde estaba Horacio. Se veía claramente como el se acostaba siendo un hombre y a los segundos de dormirse se levantaba siendo un zombi. Todos los científicos de la base estaban intrigados por la situación, nunca habían visto algo así.
- Le hicimos un análisis de sangre – dijo uno de los técnicos – los resultados son sorprendentes, el tiene el virus, pero no el mismo que tienen los demás, es un virus diferente, que no es agresivo con su sistema. Solo aparece cuando su cerebro descansa, pero estoy seguro que podemos encontrar la forma de evitarlo, es decir lograr que él controle cuando va a ser un zombi. – lo dijo con tanta emoción, como si acabara de ganarse la lotería o algo.
Pero era entendible, esta era la mejor noticia que teníamos en años.
Me preguntaron que sabía de él, para ver si encontrábamos alguna pista de cómo pudo adquirir el virus y mutarlo de esa manera, yo les dije todo lo que sabía, pero no servía para nada.
Tenía que hablar con él, para sacarle información, y él no quería hablar con nadie, mucho menos conmigo.
Entré en la celda, y me sentía incomoda por varios motivos: primero porque sabía que todos me estaban observando y escuchando, y segundo porque estaba bastante segura de que Horacio estaba molesto conmigo.
- Buen día – dije, el solo me tiró una mirada asesina y un gesto de “¿por qué no te largas?” - Esta bien, entiendo que estés molesto, pero tienes que entender de que no es seguro para nadie que andes suelto por la base – le dije acercándome a él, me senté a su lado.
- Gracias por entender que estoy molesto, yo pensé que estaba exagerando, que el hecho de que me arruinaras la vida en 72 horas no era para tanto. – me dijo bastante furioso, pero sin levantar la voz.
- ¿Arruinarte la vida?, yo no lo veo así, lo único que hice fue sacarte de una ciudad invadida de zombis y traerte a un lugar seguro, con personas, para que puedas llevar una vida normal, dentro de todo – le dije, un poco molesta ahora.
- ¿Así lo ves? – dijo poniéndose de pie, ahora ya hablaba más fuerte – Yo lo veo algo distinto, ¿sabes? Si no me falla la memoria, gracias a tu estupidez me quedé sin mi escondite, el cual me sirvió 13 años; y claro no olvidemos que casi haces que me maten en el hospital porque tuviste la brillante idea de llamar a tu mami; y seguramente estas esperando que te agradezca por traerme aquí, a este maravilloso lugar, para que me ¡¡¡EXAMINEN COMO A UNA RATA!!!
El grito me asustó.
- Ten cuidado como le hablas – se escuchó la voz de Tiago por el altavoz.
Horacio miró a la cámara y le hizo una seña con la mano.
- ¿Qué quieres? – me preguntó.
- Saber como es posible.
- Está bien, te lo voy a decir, pero luego me largo de aquí, prefiero vivir con los zombis a estar cerca de ti – lo dijo ya calmado, y sentí con si me hubieran atravesado el corazón con una espada, pero no dije nada.
Me contó que con su amigo, habían encontrado un laboratorio subterráneo en la ciudad, y leyendo libros de química y demás se pusieron a estudiar a un zombi. Luego de un tiempo comenzaron a intentar encontrar una cura para el virus y cazaron zombis para experimentar, pero nada funcionaba, además que realmente no sabían bien que hacían, ni siquiera tenían equipos de protección adecuados, eran dos adolescentes jugando a ser científicos.
Concluyeron que posiblemente serviría solo en situaciones en las que el virus no estuviera totalmente desarrollado en el organismo, pero no encontraron a nadie que hubiera sido recientemente mordido para experimentar.
- Tengo todos los resultados de nuestro estudio – dijo al final de su historia, mirando a la cámara.
- Pero eso no explica como tienes tu el virus – le respondí.
- No lo sé, supongo que se me habrá pegado del laboratorio, no tengo otra explicación - Me respondió pensativo.
-“Necesitamos esos estudios” – dijo el teniente por el alta voz.
- Están con mis cosas. – dijo H.
Nos quedamos en silencio un rato, sentados uno al lado del otro.
- Mira – le dije intentando no sonar nerviosa – lo siento, siento mucho haber arruinado tu vida y voy a hacer todo lo posible por recomponerla un poco, solo dame tiempo.
El me miró, ya no estaba tan molesto, había tristeza en su mirada.
- Descuida, no arruinaste nada, no había nada para arruinar. Conocerte fue lo mejor que me pasó en esta vida. – se sonrojó cuando terminó la frase, yo también – quiero decir, no conocí a muchas personas desde que todo comenzó, y bueno, tu…
- Está bien, te entiendo, a mi también me da gusto conocerte, a pesar de que eres un medio zombi y todo.
Ya no estaba molesto, el H que derretía el cielo con su sonrisa estaba de vuelta, y se sentía muy bien. Mi día parecía prometedor.
Estuvimos charlando un rato largo hasta que nos interrumpieron.
- “Cody, por favor ven a la sala de control inmediatamente” – sonó Tiago en el altavoz.
Me asusté, Horacio vino conmigo.
En la sala de control, estaban pasando un vídeo de mi abuelo, estaba en todos los monitores.
- Es mi abuelo – dije y todos me miraron y asintieron.
- Pásala de nuevo – ordenó el teniente a Tomy.
El le dio play y el vídeo comenzó.
“Queridos míos, si ven esta cinta significa que lo que tanto temí ha sucedido, sólo espero que ustedes estén bien.
Primero que nada quiero pedirles perdón, porque soy en parte responsable de lo que esta sucediendo.
Todo comenzó como un experimento para intentar re insertar en sociedad a los criminales mas peligrosos; nuestra intención era ordenar su cerebro, controlar los impulsos que los llevaban a matar, violar, robar y demás atrocidades. Es por ello que desarrollamos un suplemento vitamínico, el BC, BRAIN CONTROL, por sus siglas en ingles. Las pruebas en animales no eran del todo concluyentes pero si eran esperanzadoras. El problema fue que no teníamos más tiempo para perfeccionarlo, las cárceles estaban repletas, y los crímenes crecían a pasos gigantes, no había fuerza policial o militar que pudiera parar la ola criminal que azotaba las ciudades del mundo. Y comenzamos a probar en humanos” – en ese momento la imagen de mi abuelo se desvaneció y apareció la de un laboratorio, el relato continúo – “Los primeros experimentos fallaron, todos los sujetos murieron al ser tratados, y como teníamos que cubrir nuestros errores, los devolvimos a sus celdas para que pareciera una muerte natural, un accidente, y ese fue el error.
A las horas de haber fallecido, lo c*******s revivieron, parecían humanos, pero sus ojos eran distintos, su fuerza se acrecentó, y desarrollaron un gusto por la carne humana, las prisiones donde pusimos los cuerpos, fueron una c********a, todos los presentes fueron devorados por estos monstruos, pero no terminó ahí, todo aquel que era mordido, mutaba, se volvían zombis, la vitamina que desarrollamos se transformó en un virus que se transmitía de mordedura en mordedura, en unas pocas horas, reos, policías, y cualquiera que estuviera en la zona eran zombis, que solo querían carne humana.
Los sujetos con los que experimentamos, eran doce, ellos no perdieron la conciencia, estaban muy lucidos, y los demás les obedecían, cada uno de los que fue contagiado obedecía a uno de los doce alfas.
Esos resultados nunca se habían observado en los animales, por lo que me pareció tan extraño que inicié una investigación por mi cuenta.
Claro que el gobierno hizo todo lo posible por contener la epidemia, pero ellos se multiplicaban rápidamente, y se hizo imposible, el virus se desató y en unas semanas estaba en todo el mundo”.
El relato de mi abuelo estaba acompañado por las correspondientes imágenes, eran horribles, los doce primeros no tenían los ojos blancos, ni se movían lentamente, eran casi humanos pero al mismo tiempo no, me acordé de lo que mi padre me había contado sobre como entraron a Tres Soles, eran ellos, no tenía dudas.
Después de unos minutos en que la cinta solo mostraba imágenes, volvió mi abuelo.
“Espero no haberlos asustado demasiado, aunque seguramente ya vieron todo esto y cosas peores también. Como les decía, comencé a investigar y descubrí que es lo que había fallado: Alguien alteró las vitaminas. Lo que le inyectamos a los prisioneros no era lo mismo que le habíamos implantado a los animales de prueba. Era distinto, estaba alterado. Lo que pasó no fue un error, alguien lo planeó cuidadosamente.
Lo que descubrí esta en la caja fuerte en la casa de verano. Ahí tienen muchas respuestas y lo más importante un posible camino que inicie para acabar con esto, no sé si es el correcto, pero ya no tengo más tiempo de seguir avanzando, me buscan.
No se quien estará viendo esto, de verdad espero que sea mi familia, Horacio sé que tuvimos nuestras diferencias en el pasado, pero confió en tu capacidad para proteger a mi hija y mis nietos.
Los amo y perdón por lo que hice”.
Se sintió un ruido en el fondo, como si alguien tirara una puerta, mi abuelo besó la pantalla y la apagó.
Estaba segura que esos habían sido sus últimos minutos de vida.
La sala quedó en silencio, cada uno sumido en sus propios pensamientos ¿era posible? ¿había una forma de terminar con todo esto?
- Vuelvan a sus tareas, Tiago y tu equipo quédense por favor – dijo el teniente.
Los que no eran de mi equipo salieron, Tiago, Horacio, Cristina y yo nos quedamos.
- Estas son buenas noticias – dijo el teniente sonriendo y sintiéndose muy aliviado.
Todos sentimos una pequeña alegría también, por fin un poco de esperanza.