La misión era sencilla: ir hasta la casa de mi abuelo, conseguir toda la información que el guardó y acabar con esos malditos caníbales, debía ser sencilla, no contábamos con que en el camino las cosas salieran de mal en peor.
Cristina y yo tuvimos que escondernos en una iglesia, afuera lo único que podíamos hacer era morir devoradas hasta los huesos, o peor, volvernos unos monstruos.
- No entiendo – dije más que confundida – limpiamos esta ciudad hace meses, y ni esa vez había tantos zombis como ahora, es como si supieran que vendríamos, pero eso no tiene sentido ¿verdad?
Cris me miró desconcertada, asustada.
- Son zombis, claro que no tiene sentido nada de lo que hacen - yo se que intentaba calmarme, pero no sonó muy segura en lo que decía y yo sabía que había algo más.
- Zombies que andan a plena luz del día y que tienen como único fin exterminarnos sin importar nada más, parece que están siendo manejados por alguien o algo que si piensa – ahí entendí todo, Cris se veía más nerviosa que nunca, supongo que dedujo lo mismo que yo – ¡Uno de esos mutantes originales, alguno de ellos está manejando a su ejercito de zombies!, es tan obvio. - Dije sintiéndome muy orgullosa de mi misma.
Cris me miró entre asombrada y asustada, si mi deducción era acertada, algo sobre lo que no tenía muchas dudas, nuestras posibilidades de sobrevivir eran cada vez menores.
- Nuestras posibilidades no son muchas - dije aceptando la realidad - pero no podemos rendirnos ahora, afuera están nuestros compañeros - cada palabra me daba mas confianza a mi misma - tenemos que encontrar una salida y volver a la base, es imposible que consigamos algo en este lugar.
- No lo sé – respondió ella, aún nerviosa - no veo como podemos salir de aquí, mejor nos escondemos y esperamos - dijo con miedo, algo que no era común en un soldado como nostras.
- No hay lugar para esconderse - la estructura no iba a resistir demasiado - tenemos que salir, buscar a los otros y avisarles, es obvio que alguien de adentro nos traicionó.
- ¡NO! – Gritó ella parándose en la salida – nos van a matar ahí afuera, tenemos que esperar aquí.
- ¿Esperar qué?, esos malditos no se van a ir cuando anochezca, más van a venir, son débiles con la luz del sol, es nuestra única oportunidad.
- No, tenemos que esperar – dijo con un tono firme.
- Cris, amiga, sé que estas asustada pero no voy a quedarme aquí a morir, voy a salir, tu haz lo que quieras – me sentía confundida por su actitud, ella siempre fue la primera en salir en situaciones así, nunca se quedaba.
- Quítate – le ordené, ella se quedó ahí, y tuve que empujarla, me tomó de los hombros y me tiró hacia atrás.
- ¡Tenemos que quedarnos aquí! – me gritó de nuevo, ahora estaba enfurecida, salía odio de su mirada, nunca la había visto así.
- No se cual sea tu problema, pero me estas molestando – y era verdad, yo también me sentía muy furiosa – Por última vez ¡quítate de mi camino!
Y antes de que pudiera hacer nada, la puerta se abrió y entraron, no pude salvar a Cris, ella estaba muy cerca de la puerta y ellos eran demasiados, sus gritos se perdieron en una montaña de zombis, y yo no podía acabar con su sufrimiento porque no la veía.
Tenía que salir de ahí, de ninguna manera podría contra todos ellos.
Corrí al fondo del lugar, buscando una salida, pero todo estaba cerrado, “este es el fin” me dije a mi misma y miré hacia arriba buscando el cielo, y como si fuera un milagro vi mi salida, una pequeña ventana en lo alto de la pared.
No tenía mucho tiempo, los zombis estaban cerca, así que me trepé por donde pude, y caminé por las vigas del techo hasta llegar, rompí los cristales de colores y salí. La verdad podía quedarme en ese lugar toda la vida, porque los c*******s que me perseguían para almorzarme no tenían ni la más mínima idea de cómo subir, pero tenía que encontrar a mi equipo.
Observaba la ciudad en busca de mis compañeros. Traje a mi mente el momento en que nos separamos para intentar adivinar donde estarían escondidos. No usamos celulares ni radios para comunicarnos porque nos delataban, los zombis tenían el oído muy sensible a las frecuencias bajas, o algo por el estilo, la ciencia no era lo mío.
Había pasado así: llegamos a la ciudad en dos vehículos, en el primero Tiago, Horacio y yo (él insistió en acompañarnos), los demás en el segundo.
Estacionamos en la entrada de la ciudad, para no causar tanto revuelo, y entramos a pie, con las armas que pensamos necesitar para entrar a la casa de mi abuelo, tomar sus cosas y salir, a plena luz del día no podíamos tener demasiados inconvenientes.
Cuando estábamos a mitad de camino por la avenida principal, las cosas se complicaron. De todas las calles laterales comenzaron a salir zombis, y en unos segundos íbamos a quedar rodeados.
- ¡De a dos, sepárense! – grito Tiago.
Cris me tomó y corrimos en una dirección, Tiago se llevó a Horacio, Miguel con Simón y Marcos con Ángel, hicieron lo mismo.
Cristina y yo llegamos a la iglesia y los demás ni idea.
Mientras buscaba alguna señal de vida en los otros edificios vi en otro techo, unos metros delante de mí a un hombre parado, mirando como los zombis nos buscaban en cada rincón de la ciudad, no podía distinguirlo bien por la distancia pero estaba segura que no era ninguno de mis compañeros.
Entonces sólo habían dos opciones: o era un sobreviviente o era uno de esos súper zombies de los que habló mi abuelo. La segunda opción parecía más acertada.
No podía dejar de mirarlo, y algo me dijo en mi interior que él me estaba observando también.
Entonces pasó algo increíble, en un instante el estaba en su techo y al instante siguiente no; y luego de un rato estaba en la puerta de la iglesia, debajo mío. Lo miré, me miró y se me erizó la piel. A pesar de todo lo que había vivido desde mi niñez, esa fue la primera vez que sentí un miedo tan terrible.
Me di vuelta para esperarlo pero él ya estaba a unos pasos míos. Parecía un hombre, sólo que sus ojos tenían una a*****a roja alrededor y su rostro irradiaba maldad. Era alto, con el cabello corto y oscuro, tez pálida, muy pálida, y vestía de traje sin corbata.
- Así que tu eres la famosa Cody – dijo con un tono y una sonrisa que daban escalofríos – debo decir que los comentarios que recibí de ti no le hacen honor a toda tu belleza – Sonrió mas macabramente aún. – Pienso que es un desperdicio que ese cuerpo le sirva de alimento a los zombis, creo que voy a quedarme contigo – Cuando terminó de decir eso se vino encima mió, me tomó del cuello y comenzó a olerme, yo estaba paralizada.
- Que delicioso huele tu carne – dijo entre gemidos, hablándome al oído.
Yo no podía responder, y entonces me di cuenta de lo que él quería: iba a hacerme como él, o su esclava zombi, no sé cual de las dos sería peor.
- Prefiero morirme – le dije e hice la única cosa que podía hacer en esos momentos: golpearle con la rodilla las partes bajas.
El me soltó y gruñó de dolor, y aproveché ese momento para hacer una estupidez más en mi lista: saltar a la piscina de zombis.
No se porque, pero cuando salté sabía que los zombis no me tocarían, porque él se los había ordenado.
Y así fue, caí al suelo lo mejor que pude para no lastimarme y los zombis solo me hicieron un hueco, y se quedaron mirándome, me puse de pie lo mas rápido que pude.
El “alfa” del techo me miraba sonriendo, los dos sabíamos que con solo una orden suya yo dejaría de existir.
Saqué el poco valor que me quedaba, porque estaba muriéndome del miedo y le dije:
- ¿Y entonces, vienes tu por mí o tus marionetas sin vida van a acabarme?
El se rió con una carcajada diabólica:
- Ellos no van a tocarte, tú eres mía, pero parece que te gusta jugar así que te doy unos minutos de ventaja, corre a ver si puedes escapar de mí – y volvió a largar esa macabra carcajada.
No lo pensé dos veces y corrí lo más rápido que pude, no sabía a donde esconderme, me sentía como en esas pesadillas donde por más que intentas correr las piernas te pesan.
El estaba detrás de mí, lo sentía.
Cuando pensaba que ya no tenía otra opción más que rendirme y suplicar una muerte rápida y sin dolor, escuché una voz familiar que me llenó de esperanza.
- Cody, por aquí – era la voz de Miguel que venía de lo alto de un edificio.
Me paré para encontrarlo.
- Aquí arriba bonita, apúrate – lo vi unos edificios más adelante, en el techo de una casa de venta de armas.
No tenía tiempo de llegar antes que el zombi mayor me encontrara, así que hice lo único que podía hacer en esta situación: esperar por un poco de suerte.
- ¿Eso es todo? – me dijo el monstruo psicópata, mientras se paraba a unos metros de mí. – No te preocupes, no va a dolerte, mucho – dijo haciéndome un guiño de ojo.
Entonces se acercó a una velocidad no humana y yo cerré los ojos esperando el impacto, la mordida, el golpe, lo que fuera, pero no pasó nada, solo escuché como algo caía al piso delante de mí.
Después de unos segundos abrí lentamente los ojos, y vi a mi casi asesino tirado en el suelo con un agujero en la cabeza. Miguel le había disparado, me volteé para encontrarlo y agradecerle pero ya no estaba.
Justo cuando me proponía a buscarlo algo más distrajo mi atención, los zombis que estaban unas cuadras más allá se habían desplomado, no se movían, ni gruñían; estaban muertos de verdad. Milagrosamente al morir su líder, todos ellos morían, esa fue la mejor noticia del día; pero claro estando en una era apocalíptica las cosas solo podían empeorar.
Detrás de la pila de c*******s ahora muertos, vi otro montón de c*******s caminando en mi dirección. Tenía que salir de ahí.
Comencé a buscar una salida, los callejones estaban llenos de zombis aparentemente muertos, pero no tenia ganas de caminar sobre ellos para confirmarlo.
Corrí unas cuadras, hasta que vi una motocicleta, cuando me acercaba a ella, alguien me tomó de la mano, casi me muero del susto.
- Cody – dijo Tiago, y sentí el dolor en su voz – tienes que salir de aquí – y cayó al suelo.
- ¡Tiago! – Exclamé y me arrodillé a su lado – levántate, los dos nos vamos de aquí – le dije tirando su brazo para ayudarlo a incorporarse.
Estaba cubierto de sangre, y tenía varias mordeduras en su cuerpo, yo sabía que era solo cuestión de minutos para que se volviera un zombi más.
- Yo ya estoy muerto Cody, tienes que salir de aquí ahora, y es una orden.
- Sólo voy a buscar a los demás y salgo de aquí – le respondí.
- ¡No!, todos están muertos – ahora había ira en su voz.
- No puede ser, Hora… – antes de que pudiera terminar de decir su nombre.
- El también, yo salí a duras penas de ese lugar, él fue atrapado por un montón de zombis hambrientos, no quedó nada, lo siento – pero su tono y su rostro no parecían sentirlo.
- Cristina también, lo siento.
- Gracias.
- ¿Quieres que? – le apunté la cabeza con mi arma, dándole a entender que podía acabar con su sufrimiento.
- Descuida, yo lo tengo cubierto - me mostró su arma, lista para volarse los sesos – en cuanto salgas de aquí lo hago.
- Esta bien - le dije y no pude contener las lágrimas – fue un honor pelear contigo, nunca te voy a olvidar – le di un fuerte y largo abrazo y me despedí de él, llorando como una niña.
Me monté en la moto y salí a toda velocidad de la ciudad, mientras me alejaba escuché el disparo y supe que Tiago había dejado de existir en este mundo.
Continúa