CAPITULO VI - LA TRAICIÓN (segunda parte)

4129 Words
No podía parar de llorar, me sentía tan sola, sentía como si el mundo estuviera en mi contra: primero mi madre, mi padre y mi novio, y ahora mi equipo, mis amigos, Horacio. ¿Hasta cuando iba a seguir perdiendo a la gente que quería? A veces pensaba que era mejor no seguir luchando, sobrevivir al fin del mundo dolía demasiado. El camino de vuelta a la base se mi hizo eterno, y los recuerdos de mis amigos y de Horacio volaban en mi mente. No podía creer que él estuviera muerto, hacía sólo unas horas que habíamos estado juntos dejando de lado nuestros problemas y nuestras diferencias. Después de tanto sufrimiento había tenido con él unas horas de pura felicidad, que nunca más volvería a tener. Habíamos encontrado el uno en el otro consuelo a nuestra soledad y después de las noticias de mi abuelo, nos habíamos permitido soñar con un mundo diferente. No solo dolía haber perdido a mi equipo y mi futuro novio, también dolían todos sueños que no iban a realizarse. Tener esperanza de algo más que vivir un día más en el apocalipsis era de tontos, y yo me había vuelto una tonta nuevamente, a pesar de que después de lo de Tres Soles, había jurado que no lo sería más, las noticias y haber conocido a Horacio, me habían hecho fallar en mi determinación. Mi vida apestaba, y quería que se terminara de una vez, honestamente no sabía si podría soportar un golpe más, de no ser por mi hermano pequeño, posiblemente me hubiera tirado de cabeza al pavimento para escapar del dolor. Pero Tomy me necesitaba, no podía dejarlo solo, y menos aún sabiendo que había traidores en nuestra unidad. Llegué a la madrugada a la base, sorprendentemente ningún zombi apareció en el camino, quizás fue lo mejor, porque con mis ánimos, nada me aseguraba que no fuera a dejarme comer solo para escapar del dolor emocional que tenía. Toqué el timbre, y nadie respondió, pero luego de unos minutos, la puerta se abrió. Supuse que todos estarían durmiendo. No tenía ganas de hablar con nadie aún, necesitaba una ducha de agua helada para reponerme un poco y dar las malas noticias a todos, así que caminé rápidamente por el pasillo y me metí en mi habitación. La cama estaba tal cual la había dejado después de pasar la noche con Horacio, habíamos hecho el amor antes de encerrarlo en una celda para que “durmiera”, y había sido mágico, soñado y mucho mas, cuando nos fuimos estábamos seguros que nuestra historia de amor tendría muchos capítulos por contar, como una idiota, otra vez, me había olvidado que el mundo estaba lleno de monstruos horribles y al parecer los peores eran los que aún no se convertían en zombies. El o los traidores era de los nuestros, un humano sobreviviente, que por un motivo desconocido, había preferido trabajar para alguien detrás de todo el infierno. Eso era imperdonable, y los ponía en una posición peor que la de los zombies, porque ellos ya no tenían la capacidad de pensar y razonar, solo actuaban compulsivamente. Tiré todo al piso y me preparé para ducharme, fui a los vestidores y metí bajo el agua fría, esperando que se me saliera un poco el dolor que llevaba dentro, pero no funcionaba, mis lágrimas se mezclaban con el agua, pero nada me hacía sentir mejor. Estaba tan sumida en mi miseria y en mi llanto, que no me había percatado de que no se escuchaba ningún sonido en la base, se sentía como todos esos edificios en las ciudades que habían sido atacadas, abandonados y llenos de zombis ocultos. Cuando pensé eso, un escalofrío me recorrió la espalda, ¿sería posible?, me puse en alerta de nuevo, quería creer que solamente estaban todos durmiendo, pero mi intuición me decía que algo estaba mal. Incluso en medio de la noche, siempre había guardias vigilando. Salí de la ducha rápidamente y comencé a vestirme, cuando estaba terminando la puerta se abrió y escuché varios pasos, estaba sin armas y sin una salida a la vista, si mis sospechas eran ciertas, estaba acabada. Justo cómo lo había pensado al otro lado del pasillo en el que estaba apareció el teniente, y unos cuantos soldados de la base, pero también como lo supuse, no eran más que zombis. Mi hogar había sido atacado, y posiblemente toda mi familia era en estos momentos zombis o comida de zombis. Sentí un nudo en la garganta al pensar en Tomy y decidí que definitivamente ese no era mi día. La única razón que tenía para seguir con vida en ese mundo horrible ya no estaba, y a mi no me quedaban fuerzas para seguir. Me dije a mi misma que era el fin, no tenía ningún motivo por el cual luchar, todas las personas que había amado estaban muertas, lo mejor era terminar con mi sufrimiento y volver a ver a mi familia y amigos. Ya había luchado bastante, y no tenía sentido seguir haciéndolo. Así que me quedé inmóvil, esperando a que me mataran mis compañeros. Cuando sólo estaban a unos metros, escuché en el alto parlante de la base: - Cody, ¿Qué rayos haces? ¡Sal de ahí ahora! Era la voz de Tomy, pero no era posible, ¿cómo? - Cody, muévete, estoy bien, me oculté a tiempo en sala de monitoreo, sólo se abre por dentro, estoy con unos chicos, Nicolás y Leandro del equipo Gamma. En ese momento sentí como que el alma me volvía al cuerpo, ya no podía morirme, sólo tenía el pequeño inconveniente de unas docenas de zombis a un paso de hacerme su desayuno. En un rápido movimiento me lance para atrás, el teniente intentó agarrarme y empujé un banco hacia él que lo hizo caer, otros soldados más cayeron detrás de él. - ¡Tomy, sácame de aquí! – grité mientras corría. Más zombis seguían entrando, toda la base estaba detrás de mí. - Trepa a los casilleros, rápido – dijo Tomy y así lo hice. Un zombi casi me agarra el pie, en unos minutos había decenas de zombis rodeando el casillero donde estaba subida, y comenzaron a empujarlo de todos lados. Tenía que tener mucho equilibrio o iba a caer. - Los ductos de aire arriba tuyo – Tomy de nuevo. Caminé como pude hasta colocarme debajo del ducto, cada vez era más difícil mantener el equilibrio, los malditos empujaban con más y más fuerza. Me apresuré a abrir la rejilla y a trepar por ella, cuando los casilleros se desprendieron de mis pies, estaba colgando de mis brazos, sobre un mar de muertos vivientes. Por suerte tenía un excelente estado físico y pude meterme en los túneles fácilmente. - Bien Tomy, ya estoy dentro, dime por donde seguir – le pedí a mi hermano, ya mucho más relajada. - Sigue derecho, en la tercera entrada gira a la derecha, te guío hasta la sala de armas si estas de acuerdo hermanita – dijo él. - Muy de acuerdo, hermanito, me da mucho gusto saber que estas bien, no podía perderte a ti también – dije mientras una lágrima caía por mi mejilla. - A mi también me da gusto que estés bien, de verdad creí que Cristina te había asesinado. Cuando Tomy terminó de decir el nombre de Cristina, sentí como si me golpearan el rostro. - ¿Qué acabas de decir? ¿Cristina? – pregunté totalmente desconcertada. - Sí - dijo Tomy, y me contó cómo había sido atacada la base. Cristina había llegado unas horas antes que yo, y claro la habían dejado entrar, mientras los doctores la revisaban, ella los convirtió en zombis y los mandó a matar y convertir en zombis a los demás. Ahí lo interrumpí: - ¿Ella los convirtió en zombis? - Sí – respondió mi hermano – ella es un zombi también, pero no como todos, es como los de la cinta del abuelo, como los doce primeros de los experimentos fallidos. Me quedé sin poder creerlo, pero ahora las cosas comenzaban a tener sentido. Era obvio que los zombis sabían que iríamos a la ciudad, y la forma en que ella quería evitar que me fuera de la iglesia. Nos había tendido una trampa, ella era la traidora. Tomy continuó contándome que él estaba practicando tiro en el simulador cuando escuchó los gritos. Fue rápido a la sala de monitoreo y vio la masacre que ocurría en todos los pasillos de la base. Cuando los otros dos sobrevivientes entraron, aplicaron el protocolo de emergencia y se encerraron en la sala. Cuando llegué no intentaron comunicarse conmigo para no alertar a los zombis, así que esperaron hasta que ya no quedara otra salida. Volviendo a Cristina, me contó que ella les ordenó a sus zombis que matarán a todos los que ingresarán a la base, y que no la abandonaran hasta nuevo aviso. - Yo le pregunté porque lo hacía antes de que se fuera, y ella sólo sonrío de una manera perversa y me dijo: “porque me gusta estar del lado ganador” – Terminó su relato Tomy. - Es una perra, y pensar que yo lloré por creerla muerta, ella nos vendió con los que dirigen a los zombis, por eso nos estaban esperando en la ciudad - no podría creerlo, habíamos luchado codo a codo tantas veces, y ella se había vendido a los monstruos, ella era un monstruo. - Eso es seguro, no hay otra explicación. – Contestó Tomy – Ya tienes que estar en la sala de armas, las cámaras no muestran a ningún zombi pero ten cuidado al bajar. Pateé la rejilla y miré abajo, no se veía nada, lo cual era muy raro, de haber sido yo intentando destruir una base militar, lo primero en mi lista, sería destruir la sala de armas. Por suerte para nosotros Cristina había creído que sus zombies eran suficientes para acabarnos, iba a demostrarle lo equivocada que estaba. Descendí lentamente, intentando hacer el menor ruido posible, y comencé a tomar todas las armas que cabían en un bolso. Por suerte tenía dos espadas de reemplazo en el arsenal. Mientras hacía esto, los zombis que andaban dando vueltas por la base me vieron por las ventanas de la sala y se dispusieron a tirarlas para entrar y devorarme; en teoría eran vidrios blindados, pero algo me decía que si hacían la suficiente presión sobre ellos caerían. - Cody, los vidrios están cediendo, debes salir de ahí – dijo Tomy por el altavoz. Ya lo sabía, así que me apuré, lancé el bolso por el túnel de ventilación y me metí en él. Comencé a andar en la misma dirección que había tomado antes, volviendo sobre mis pasos. Había avanzado unos metros cuando escuché el sonido de las ventanas al caer. - Parece que ya entraron Tomy, estoy cerca de los vestuarios de nuevo, para donde sigo – pregunté con el aliento entrecortado. - ¡¿Qué haces ahí?! – Preguntó sobresaltado mi hermano – Tenías que ir para el otro lado, tienes que salir de ahí, hay zombis en los túneles. Cuando terminó de decir eso mi corazón comenzó a latir más rápido de lo normal, mucho más rápido, parecía que iba a salir de mi pecho. - Estoy volviendo entonces – le dije, intentando no sonar tan asustada como estaba en realidad. - ¡Por ahí no! – Gritó Tomy por el altavoz – entraron por la sala de armas también. Estas atrapada. - Tomy no me digas eso, sácame de aquí por favor – ya no podía ocultar el miedo, los gruñidos y el sonido de los cuerpos deslizándose por los túneles estaban cada vez más cerca. Ni siquiera podía moverme a gusto para defenderme, estaba muy limitada. - A tu derecha, rápido, eso sólo te va a dar un poco de tiempo hasta que vea como sacarte, ese camino lleva al comedor. – Dijo Tomy, sintiéndose muy preocupado sobre este destino. Así lo hice, lo más rápido que puede, desenfundé un par de armas y me deslicé por el túnel de mi derecha. Unos minutos después un zombi apareció detrás de mí, le volé los sesos de un disparo, otro vino detrás de él, y luego otro, pensé que los cuerpos de esos tres le taparían el camino a los que venían detrás, pero los sacaron y siguieron viniendo, en algún momento se me terminarían las balas, estaba condenada, sin ninguna escapatoria. - Tomy – dije entre lágrimas y disparos – lamento mucho haberte fallado, y no haber podido cambiar el mundo para que puedas vivir en él en paz, espero que no sufras en tu final. - No te despidas – dijo Tomy llorando también – voy a sacarte de ahí, te lo prometo, y juntos vamos a terminar con esto y conseguir un lugar donde vivir felices y en paz. - No Tomy, este es el fin para mi, no tengo forma de salir de aquí. Sólo voy a guardar mi última bala para mí, te amo hermanito. - ¡No Cody, no te atrevas a dejar… – No terminó su frase, pero siguió hablando ya no conmigo. - ¡Hey chicos, que gusto verlos! la base esta atestada de zombis – mientras decía eso escuché otros disparos que no eran los míos - ¡Rápido Cody esta atrapada en los túneles de aire del comedor, tienen que sacarla de ahí ahora! – dijo Tomy. Sentí un gran alivio, pero no tenía muchas balas, por lo que no tenía mucho tiempo. Los disparos seguían, era más de una persona seguramente. - ¿Quién es Tomy? – pregunté con mucha curiosidad. - No vas a creerlo – respondió él – Son Miguel, Simón y Horacio. Están vivos, y no muertos-vivos, vivos-vivos – no podía disimular la alegría en su voz – Aguanta hermanita, la ayuda ya llega. No podía creer lo que acababa de escuchar ¿Horacio vivo? ¿Cómo? Y entonces escuché su voz debajo mío: - Cody amor, necesito que no te muevas para nada, voy a sacarte de ahí. - No me muevo, pero tienes que apurarte, o no va a haber nada que sacar. - En unos segundos princesa – los disparos seguían – Entonces Tomy, estoy justo debajo de ella ¿verdad? - Unos centímetros más atrás – respondió Tomy – Ahí listo, sacala. En ese momento no me imaginé muy bien como me sacaría, pero tenía otra cosa porque preocuparme un zombi estaba por comerme el pie y me había quedado sin balas, entonces cuando estaba por cerrar los ojos para evitar ver cómo me mordían, una bala que vino desde abajo atravesó la cabeza del zombi, y muchas otras balas le siguieron. El piso del túnel crujió y se desplomó, caí unos metros en el aire y unos fuertes brazos me tomaron. Era Horacio. El túnel se inclinó en nuestra dirección y los zombis que estaban allí comenzaron a caer, justo encima de nosotros. En un rápido movimiento Horacio nos sacó de ahí y nos pusimos junto a Miguel y Simón, en posición de combate. No puedo expresar la alegría que sentí al verlos, quería abrazarlos y besarlos, pero había que matar unos zombis primero. - Que gusto verlos chicos, me alegra ver que no están muertos – les dije sonriendo a cada uno, pero más a Horacio. - A nosotros también nos da gusto preciosa – dijo Miguel, con una sonrisa y un guiño de ojo. Horacio sólo me devolvió la sonrisa, pero eso era más que suficiente para mí. Los chicos tenían muchas armas, y habían liquidado a todos lo zombis del comedor, varias decenas. Ahora sólo quedaban los que cayeron del túnel, que eran muchos, pero no para nosotros. En una media hora acabamos con ellos, había más afuera, pero no iban a poder entrar por el momento. No pude resistir y me lancé sobre Horacio, el me abrazó fuerte y me dio un casto beso. En otras circunstancias me habría muerto antes que dejar que mis compañeros o mi hermano me vieran besando a alguien, pero estábamos viviendo el Apocalipsis. Miguel hizo el típico sonido falso de que se esta ahogando y Horacio y yo dejamos de besarnos. Abracé a Miguel y a Simón y nos dijimos lo mucho que nos alegraba volver a vernos. - ¿Cómo escaparon? – pregunté luego de que la emoción había bajado un poco. Miguel respondió: - Cuando Tiago dijo que nos separemos en parejas, yo fui con Ángel, nos ocultamos en una tienda de mascotas, estuvimos unos instantes intentando decidir que hacer, pero los zombis invadieron el lugar. Corrimos y nos subimos a la azotea, creí que estábamos a salvo, pero habían zombis esperándonos ahí, se fueron sobre Ángel y no pude salvarlo - al decir esto agachó la mirada y se tomó unos segundos para recomponerse - Salí por la ventana y subí al techo, salté por varios techos hasta que llegué a la armería, entré tomé armas, maté a los malditos que pude y volví a subir. Ahí es cuando te ví, y primero pensé que ese tipo era un sobreviviente, pero luego lo miré bien y supe que no, así que lo maté antes de que el te mate. Luego huí, porque una mujer me observaba desde otro techo y comenzó a venir en mi dirección. Me oculté en un armario, ella iba a entrar en cualquier momento, era muy fuerte, pero Horacio la mató por detrás. Horacio asintió. Luego siguió Simón: - Marcos y yo nos ocultamos en una escuela, había zombis dentro, pero los pasamos corriendo y nos escondimos en la biblioteca. Pensamos que estábamos a salvo ahí, pero luego de unos minutos, nos habían rodeado. Las balas se nos terminaron rápido, así que les pegábamos con lo que teníamos a mano. No quedaban muchos, cinco o seis tal vez, pero uno mordió a Marcos en la mano. Los dos sabíamos que era su fin, pero no iba a dejarlo ahí de ninguna manera, él no me pidió opinión y se lanzó sobre ellos en un instante - se tragó las lágrimas que querían salir al recordar la muerte de nuestro amigo - Los malditos enloquecieron por su carne, y así pude escapar, salí por una ventana y subí al techo, estuve unas horas ahí, mirando a esos malditos caminar bajo el sol por las calles de la ciudad, sin entender nada. En un momento escuché un disparo y de repente los zombis que daban vueltas en la ciudad se desplomaron. Esperé un poco y decidí bajar, luego me encontré a los chicos caminando por la calle principal y aquí estoy.- Todos miramos a Horacio, para escuchar su historia. - La mía es un poco más compleja en realidad – dijo él – Yo me separé con Tiago, nos ocultamos en una casa. Parecía bastante segura, le pregunté que haríamos y él no dijo nada, comenzó a respirar muy fuerte, yo pensé que le daría un ataque o algo. Luego de unos minutos su respiración se calmó un poco y me miró. Sus ojos habían cambiado, estaban rojos, llenos de odio. Supe que algo estaba mal. Luego él habló y me lo terminó de confirmar. Me dijo que la peor decisión de mi vida había sido seguirte a la base, y que por eso iba a tener que morir - Horacio apretó las manos y tensó la mandíbula recordando, yo estaba en shock, Tiago también era un traidor - Luego de decir eso, abrió la puerta y un grupo de zombis ingresaron, pero no le hacían nada a él. Me empujó muy fuerte contra la pared, mientras ordenada a los zombis que no dejaran nada de mí - estaba horrorizada, Tiago había intentado asesinar a Horacio de una manera muy cruel - Supongo que me desmayé cuando caí, porque cuando me desperté estaba en las afueras de la ciudad, cerca de donde dejamos los coches. Me di cuenta de lo que había pasado, de la traición de Tiago, así que tomé todas las armas que pude en uno de los coches y volví a la ciudad a buscarte – dijo mirándome a mi y se arrepintió al segundo – a buscarlos. Miguel y Simón rieron sin muchas ganas, luego les conté mi historia con Cristina y lo que Tomy me había contado del ataque a la base. - Así que esos dos malditos nos traicionaron para convertirse en súper-zombis. – rezongó Miguel. Estuvimos un tiempo ahí comimos algo y tomamos algunas provisiones para Tomy y los demás. Después de mucho deliberar, dije: - Tenemos que ir a la casa de mi abuelo, a buscar sus respuestas. Ellos se miraron y Horacio dijo: - Ya tenemos eso cubierto - y sacó una caja negra de un bolso – Es muy interesante lo que descubrimos. Apenas terminó de decir eso sentí un dolor más que espantoso en mi pie, pegué un grito que se habrá escuchado varios kilómetros a la redonda. Los chicos se sobresaltaron, y Horacio me disparó al pie, no quería mirar porque ya sabía lo que había sucedido: un zombi me había mordido. De repente todo comenzó a dar vueltas, escuchaba las voces de los chicos alejándose, y el dolor estaba avanzando por la pierna. Horacio me levantó y me acostó sobre la mesa, me tocaba la frente y me hablaba, pero yo no lo escuchaba. Me estaba convirtiendo. Miguel trajo un maletín y se lo dio a Horacio, este sacó una jeringa del interior y me inyectó en la pierna, unos centímetros arriba de la mordedura. El pinchazo me dolió mucho y grité de nuevo, creo que tuve convulsiones, hasta que me desmayé, o algo por el estilo, porque no estaba totalmente inconsciente. Sentía como que me estaba quedando encerrada dentro de mi propia mente, cada vez caía más y más profundo en un abismo n***o. Quería moverme, gritar, lo que sea, pero el cuerpo no me respondía, estaba perdiendo el control sobre mi misma, me estaba convirtiendo en un zombi. Después de tanto luchar, y cuando finalmente había decidido que quizás valía la pena vivir, me pasaba eso. En serio no podía creer mi mala suerte. La buena noticia era que mis amigos me iban a volar la cabeza antes de que pudiera existir cinco segundos como un zombi. De repente dejé de sentirme atrapada en mi propia mente, el dolor comenzó a desaparecer lentamente y de a poco comencé a volver en mí, supuse que la transformación estaba terminada, yo era uno maldito muerto vivo. Abrí los ojos lentamente, me sentía mareada y aturdida, eso explicaría porque los zombis caminan tambaleándose y sin rumbo alguno, salvo cuando tenían una presa en la mira. El cuerpo me pesaba, así que me tomó mucho tiempo incorporarme para sentarme. Me sorprendió ver que estaba sola, pero ya no estaba en el comedor. Estaba en una sala, sobre una cama. Me tomó unos minutos pero reconocí el lugar: la sala de observación. Miré a todos lados buscando una señal de vida, y no había nada. Deduje que ninguno de mis amigos, mi hermano o mi novio habían tenido el valor de matarme y me dejaron ahí abandonada, encerrada, para que tuviera que existir como un c*****r viviente durante quien sabe cuanto tiempo. ¡Que cobardes! Habían faltado al código que teníamos en la base: Cuando un compañero se convierte en zombi tienes que acabar con su miseria, era tan simple y claro como eso, no importaban sentimientos ni nada. Cuando la conversión se terminaba, la persona que conocías dejaba de existir, para siempre. Aunque claro yo no era la persona más indicada para molestarme por eso. Nunca pude enfrentarme a mis seres queridos convertidos en zombis, es más, en dos ocasiones había decidido que prefería ser devorada antes que matar a mi padre-zombi y a mi madre-zombi. Después de meditar sobre todo eso, concluí que probablemente yo tampoco podría haberles disparado, así que no los culpaba, sólo esperaba que ellos estuvieran bien. Tenía que decidir que hacer con mi vida ahora que era un zombi, el solo pensar que tendría que comer carne humana me revolvió el estomago. Me puse de pie y comencé a caminar por la sala, dando vueltas. De repente la puerta se abrió, me quedé quieta no sabía si tenía que salir o esperar a que alguien entrara. Pero claro, nadie iba a entrar. Me dirigí a la salida cuidadosamente, después de todo no tenía armas y me sentía un poco drogada. Cuando terminé de pensar esto me sentí bastante estúpida ¿Cuándo había visto yo un zombi con armas? ¿y a quien le iba a disparar? Los zombis no atacaban a otros zombis.
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