— ¿Puedes acompañarme abajo para conocerlas? — dice mi padre con un nudo en la garganta, supe que estaba nervioso ante su situación.
No lo podía juzgar, con un hecho así, era más que seguro que cualquiera se sintiera nervioso.
— ¿Conocerlas? — le pregunto ahora sintiéndome confundido.
— Sí, lo que pasa es que mi nueva compañera, tiene una hija, tiene 22 años, es también una loba, y es beta, y me han dicho que es una chica encantadora, bella, pero muy testaruda y orgullosa, difícil de conquistar — responde mi padre a mi pregunta.
Suspiré, miro mi copa de tequila, y maldigo para mis adentros que Dante se haya tenido que marchar de mi habitación y se haya llevado mi botella de tequila, sin pensar en que luego iba a necesitarla para desquitarme.
— Está bien, vamos a conocerlas, no las hagamos esperar más — le digo a mi padre resignándome a ello.
Mi padre asiente con la cabeza, y se termina de beber de un solo sorbo lo único que quedaba de su copa de tequila.
Salimos de mi habitación, y bajamos hasta el primer piso de la casa, pero mientras que yo bajaba las escaleras, comencé a sentirme extraño, no sé cómo explicarlo, pero era esa especie de sensación cuando alguien estaba cerca de una persona y sentías que esa persona te atraía hacía ella como si fuera un imán muy potente del que no pudieras resistirte.
Mi corazón comenzó a latir con fuerza cuando la miré, era una loba preciosa, cabello rojo, ojos azules, cuerpo fino y delicado que aparentaba, era una chica de personalidad elegante, glamurosa, y hasta caprichosa.
Ella y su madre voltearon a vernos a mi padre y a mí cuando terminamos de bajar las escaleras.
Ellas habían estado sentadas en el sillón de la sala de visitas de la casa.
Betty, una omega de 20 años que mi padre había encontrado vagando por los bosques, sin manada, aguantando hambre, frío, lluvia, sed y peligro, él la había contratado para que fuera la sirvienta de la casa, esta era muy grande porque éramos una manada de siete lobos y necesitábamos a alguien que nos ayudara a mantenerla siempre limpia y ordenada y que nos atendiera a nosotros.
Betty caminaba hacia ellas con una bandeja de plata en manos, les había preparado un té caliente a cada una.
Pero Betty era demasiado torpe, en más de una ocasión ha tenido accidentes, sus manos parecen ser de gelatina, y cada que carga cosas con ellas, le tiemblan demasiado, a tal punto de que ha derramado cafés, jugos, aguas y demás bebidas encima de los lobos, inclusive, hasta le había sucedido esto más de una vez con mi padre y conmigo.
Sin embargo, nunca me imaginé que ella iba a ser torpe justo ahora que teníamos a dos nuevas integrantes de la manada.
Pues sin querer, Betty ha derramado el té caliente que iba a entregarle a la pelirroja en sus manos.
La pelirroja gritó quejándose del dolor por qué el agua caliente del té había caído a sus piernas descubiertas porque, en ese instante, usaba una falda.
— ¿Cuál es tu maldito problema? ¡Mira lo que acabas de hacer! — siguió gritando la pelirroja.
Su madre no decía nada, nada más miraba a Betty con una mirada tan fulminante que pensé que en cualquier momento iba a transformarse en loba para asesinarla.
Los ojos de la madre de la pelirroja, de un momento a otro, cambiaron de color, se pusieron de un color verde esmeralda, dándome a suponer que ella era una r**a de mujer loba pura.
— Señorita, discúlpeme, por favor, no entiendo qué me pasa, siempre he sido muy torpe, no quería hacerle daño… — Betty comienza a disculparse, aún traía consigo la bandeja con el otro té caliente encima de ella.
— Mejor llévate ese té antes de que termines por echarlo también encima de mí, ¡Mira cómo me has dejado mis piernas! ¡Maldita omega torpe! No deberías estar aquí, ¡Deberías estar en la calle que es el lugar en el que perteneces! — le grita la pelirroja aun siguiendo muy furiosa con Betty.
— Betty, no te preocupes, vete a descansar, creo que eso es lo que necesitas, es muy tarde ya para que sigas trabajando, ¿No crees? — le digo a Betty cuando me he acercado a ella y le he quitado la bandeja de sus manos para que no siguiera haciendo más desastres.
Betty ha mirado a mi padre, ella sabía que él era el alfa de la manada, su patrón, y ella nada más le seguía las órdenes, era a él, no le importaba que yo se las diera, ni que mi padre le haya autorizado a ella, delante mi, que yo también podía darle órdenes y que ella tuviera que seguirlas, pues mi padre era su superior, y era entendible que no más le hiciera caso era a él.
— Si Betty, puedes irte a descansar, mañana hablaremos — le dice mi padre transmitiéndole tranquilidad para que pudiera descansar con la consciencia limpia esta noche.
Betty asiente con la cabeza y se marcha a buscar su habitación.
— Belinda, mi amor, ¿Estás bien? — le pregunta la mujer de los ojos verdes candentes a su hija, sus ojos comenzaron a tomar de nuevo su color normal de color verde pasivo.
— ¡No mamá! ¡Mira como esa omega inútil ha dejado mis piernas! ¡No podré seguir usando faldas hasta que las manchas rojas no se quiten del todo! ¡Odio que hayas tenido que aceptar esto! — le gritó su hija en respuesta sin dejar de mirar con impaciencia a sus piernas.
Miro a mi padre, y él me mira a mí, y puedo percibir que ambos estamos de acuerdo en que ahora, teníamos un nuevo problema por el cual teníamos que lidiar.
— Belinda, si lo deseas, puedo llevarte hasta la que es tu nueva habitación, en todas las habitaciones tenemos una bañera, puedes darte un baño de agua tibia para que relajes el coraje que sientes ahora por el accidente — dice mi padre mirando a Belinda.
Belinda mira a mi padre, y suspira, como si aquello le fuera a ayudar a calmar el coraje que tenía.