Epílogo (2)

612 Words
Blake "En serio lo odio, lo mataré a él y a toda su familia, lo haré miserable" eso es todo lo que podía pensar mientras escuchaba la propuesta del hombre que mató a mis padres. Yo había estado en la escuela terminando un proyecto, que tenía que entregar para el siguiente día; cuando entré a mi casa encontré el cuerpo de mi padre en el suelo de la cocina, lo que me hizo correr un busca de mi madre a quien encontré sin vida y siendo arrastrada por un hombre. Cuando el hombre me vió soltó el cuerpo de mi madre provocando un ruido sordo, tras el cual me lancé hacia él intentando luchar y perdiendo, me amarró a una silla la cocina mientras enterraba los cuerpos de mis padres, entonces me permití llorar. Al calmarme me llevó a un sillón y comenzó a contarme sobre su hijo. -Tengo un hijo...Necesito que lo cuides. Si aceptas y pretendes ser su hermano, cuidaré de ti y no pasarás hambre- No quería ir con ese hombre, pero me quedaba claro que si rechazaba su oferta, me uniría a mis padres y aunque por un segundo no me pareció tan malo eso, después de pensarlo unos momentos más, la idea de morir no me parecia tan atractiva. Asi que acepté, esperando que me llevara con su hijo, para matarlo frente a él y se sintiera como yo. Al llegar a su casa y ver a su hijo, dudé si realmente podría hacerlo; era más pequeño que yo, tanto en edad como estructura física, por ese lado sería muy fácil matarlo, pero aún así no podía imaginarme haciéndole daño y mucho menos matándole. Intentando poner mis sentimientos de lado, pregunté su nombre; su respuesta me sorprendió; aunque tal vez no debería haberlo hecho, desde que ese hombre mencionó a su hijo la primera vez, en su voz se notaba molestia, pero no pensé que llegara a tanto como para no nombrar a su hijo; simplemete le llamé hermano, lo que lo puso muy feliz. Pasaron los días y no pude evitar que me agradará, sin embargo, no me permití olvidar mi venganza. Intenté matarlo muchas veces, todas fueron fallidas: cuando jugabamos utilizaba mucha más fuerza de la necesaria y lo llegué a lastimar, pero nunca dijo nada; también lo intenté cuando se iba a dormir, pero al verlo tan indefenso no podía hacer nada. A veces me sentía tan impotente, el hombre que mató a mis padres, todos los días, me entrenaba para ser un asesino como él, sin embargo, nunca pude usar esos conocimientos contra su hijo. Después de varios intentos decidí que no lo haría. El día que tomé esa decisión lo inicié a condiserar como un hermano y él se decidió a protegerme, tal vez ya lo había decidido, pero ese día me lo dijo, al ver las heridas resultantes del entrenamiento con su padre, aunque yo le dije que había tenido una pelea. Al siguiente día tenía planeado en irme de ese lugar, pero no podía dejarlo ahí y como tampoco tenía suficiente dinero para que fuera conmigo, me quedé y me prometí a mi mismo que también lo protegería y no tendría que saber nada del negocio de su padre y mucho menos involucrarse. Cuando su padre murió las cosas no cambiaron mucho para mi, por otro lado, él se entero de todo e inició a entrenar con los amigos de su difunto padre, a lo que me opuse, pero ellos decían que era necesario. Lo que no cambió fue su promesa de protegerme; la mayoría de las veces eso terminaba con ambos golpeados y adoloridos por los dos siguientes días.
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