Capítulo 3

902 Words
Aka Al llegar a la sala ya estaban los tres sentados y como siempre no había lugar para mi, tendría que escucharlos parado. Estaba cansado, esa semana no pude dormir bien, aunque no recodaba haber una buena noche de sueño en años. Antes de unirme a ellos fui a la cocina por vaso de agua, pues no quería escucharlos hablar por una hora de cosas que no me importaban para luego finalmente repasar al plan. Para cuando regresé a la sala Raúl checaba el contenido de una caja, mientras los otros dos hablaban entre ellos. Después de varios minutos conversación, finalmente habló Raúl. -Todo está en orden, no podemos fallar esta noche. Repasemos el plan- dijo mirando a su hermano. -Yo nos permito el acceso a la casa sin activar ninguna alarma por lo que ya investigué será fácil, luego Rotten...-el hermano de Raúl siguió hablando, pero dejé de ponerle atención, pues lo único que me importaba era mi parte. A veces parte de mi atención regresaba al escuchar los estúpidos sobrenombres que tenían, cada uno referiere a alguna habilidad: Raúl era Rotten; su hermano, Burnt; el otro tipo, Snake y el yo era Ghost; aunque el mío era mi nombre, al menos para ellos y todos a los que he conocido en estos últimos años, que no es una gran cantidad de personas. -¿Ghost me escuchaste?- preguntó Raúl alzando la voz para llamar mi atención. Se me quedaron viendo, probablemente esperando la respuesta a algo que no escuché. -Ahora dinos tu parte- repitió suspirando. -Ah sí, entro por una ventana, voy a su oficina y lo mato, luego limpio cualquier rastro de nosotros y hago parecer un accidente. -¡Ay! pero guárdate los detalles- dijo el hermano de Raúl con sarcasmo. -Okey todos saben que hacer, vámonos- Al escuchar eso sentí una ola de adrenalina por mi cuerpo, me gusta de cierta manera, soy bueno en lo que hago, eso es asombroso pero... Snake interrumpió mis pesamientos al empujarme hacia el carro. Nos metimos en el auto con Snake al volante y treinta minutos después llegamos a nuestro destino. Ellos salieron del carro y se pusieron a trabajar antes que yo; mientras esperaba la señal para ponerme en marcha, revisé que mi teléfono no tuviera sonido. Vi un pequeño reflejo de luz sobre el volante y supe que esa era la señal, bajé del auto y me dirigí a la parte lateral de la casa; al llegar a un área por donde podía subir comencé a escalar hasta el segundo piso, antes de entrar me asomé por la ventana para ver en que habitación se encontraba mi objetivo, alcancé a nota luz que se filtraba por debajo de una puerta, ahí es a donde tenía que ir. Me metí por la ventana y antes de abrir la puerta puse un poco de aceite en las visagras, para evitar que hiciera ruido. Entré en la habitación, que era una oficina, sin ser notado. Se dio cuenta de mi presencia hasta que salí de las sombras y me paré frente a él. Por un segundo su cara fue de sopresa, pero inmediatamente la reemplazó por una de disgusto. - No puedes estar aquí a esta hora. Ya les dije que no les daré puntos extras- dijo, seguramente pensando que era uno de sus alumnos. - No quiero ningún punto extra Saqué uno de mis cuchillos y haciéndolo girar sobre mi mano se lo mostré. Tanto su cara como su voz detonaban miedo -E entonces que quieres No contesté y corté de dos pasos la distancia entre nosotros, pero se hizó hacia atrás, tirando la silla en la que estaba sentado; logré detenerla antes de que tocara el suelo. -¡Shhh! Cállate intento hacer esto lo más silencioso posible. Puse cinta sobre su boca, até sus muñecas y pies, para evitar que se moviera, también le hice pequeños cortes en su cuello, inmediatamente empezaron a sangrar, sabía que no morirá de eso pero me divertió su expresión. Lo tiré al piso y me dirigí a su computadora. Aún no decidía si quería que pareciera s******o o un accidente, cualquiera de las dos iba bien con él; lo había estado siguiendo por algunas semanas y simplemente era patético. Quienquiera que lo conociera seguro sabía lo miserable que era, escribir una carta sobre su muerte a alguien sería una pérdida de tiempo, a nadie le importaba y justo por eso era yo el que lo iba a matar. Lo volví a colocarlo sobre su silla y tomando una de sus manos lo hice escribir una carta de renuncia a la escuela donde trabajaba. No paraba de llorar, ni de intentar liberarse y yo necesitaba alcohol. -Estoy seguro que tienes algo de alcohol por aquí. ¿Dónde está? Obviamente no me contestó, así que me dispuse a buscarlo por mi cuenta. Finalmente lo encontré al abrir una pequeña puerta de un mueble cercano al escritorio. Tomé una botella de vodka y la abrí. Le quité la cinta de la boca y antes de que tuviera tiempo para hablar, puse la botella en su boca, pero inmediatamente comenzó a escupir sin tragar nada, entoces tomé un lapiz de su escritorio, enterré en su boca hasta llegar a su garganta para forzarlo tragar el vodka, volví a darle la botella y revisé mi teléfono mientras esperaba a que se ahogara. Tenía un mensaje de Raúl.
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