MAGBETH.
Junto a cojito Magbeth va en dirección a ese lugar que conocía desde hace mucho tiempo. Pero que solo ella usaba. En el bosque hay colinas altas rocas altas. La cueva que ella siempre usa para bañarse y estar por horas leyendo algún libro que su abuela le había recomendado o dado sobre historia reales de reinos, guerras y todo tipo de fantasías que alguna vez existieron. Está algo alejado de su casa, pero es un sitio confiable para bañarse ya que en el río lanza todo tipo de cosas que expulsan los habitantes. No es nada agradable para bañarse y mucho menos para beber, además pueden hasta robar las ropa mientras cualquier persona se baña.
La cueva que Magbeth siempre usa, está ubicada entre un montón de árboles y arbustos. Por encima está tan llena de plantas y graba que parece que fuera una pila de arbustos sobre algún montón de tierra. Al quitar las ramas y tallos de plantas que cae hasta el suelo cubriendo la entrada. Dejó ver un lugar grande por dónde corre agua de manantial completamente transparente no es del río ya que el color del agua es de un tono azul claro y no desprende el hedor de la del río. Los rayos del Sol entran a causa de gritas que contiene la roca. Magbeth se acercó justo en donde siempre ella tomaba asiento o se acostaba. Era una parte de roca lisa y plana. Algunas veces prefería dormir allí, ya que en la casa de sus padres compartía una pequeña cama de paja con su hermano y los huesos en la mañana le amanecían doliendo, sin comentar en invierno cuando los animas también dormían juntos con ellos por el frío.
Magbeth al llegar cerca de la roca mientras tarareaba un melodía que había escuchado de una obra de teatro que unos bufones montaron días atrás en la ciudad. Comenzó a desprenderse de sus prendas de vestir hasta que quedó totalmente desnuda. Con lentitud comenzó adentrarse en el amplio manantial que contiene un agua cálida, no era ni fría ni caliente. Con suavidad comenzó a nadar entre esa agua zambulléndose dentro de esta, su cabello rubio ahora mojado se ondeaba por el moviendo que hacía Magbeth al mover sus brazos y piernas. Después de unos minutos volvió a salir a la superficie. Miró a cojito que se encontraba cerca de la orilla y tomó un poco de agua. Magbeth agarró una manzana que había traído con ella y comenzó a comer tranquilamente disfrutando del agua relajante y escuchando el sonido que ocasionan las venas que expulsan agua.
Pude ver que su venado la miraba con los ojos algo dilatados, ya ella sabía que quería de su comida. Así que se acercó y con la daga que siempre trae con ella comenzó a cortar pedazos para darlos. Cojito de inmediato comenzó a comer.
—Glotón —dijo ella apoyando sus antebrazos de la orilla mirándolo comer con atención.
Después de su baño y secar su cuerpo para después vestirse. Magbeth tomo asiento sobre la lisa roca frente al manantial y recostándose de una grande que está esta detrás abrió su libro y de inmediato si venado se acurruco sobre sus piernas.
—Siempre te gusta el calor —suelta ella quien acaricia las orejas de cojito con suavidad.
En voz alta inicio su lectura. A Magbeth le gustaba mucho los libros de historia sobre reinos y otras tierras, y así mismo las historias de romance sobre príncipes y princesas, reyes y reinas. Historias que ella sabia que jamás le iban a suceder. Dentro de ella estaba ese sentimiento de que jamás conocería al amor de su vida. Que dirá la vida por ella y la amarás tanto que hasta de su vida por ella. Ella solo quería que existían en libros. Además ¿Qué eras ese tipo de amor? Jamás lo había sentido, en su vida nunca se había enamorado de alguien.
“El príncipe de las flores iba cabalgando sobre su lindo corcel con la bandera de su casa elevada sobre el cielo. Iba en buscas de la reina Calissa. La mujer de su vida y con quién pronto se iba casar …..
Magbeth amaba adentrarse entre las páginas de aquellos libros que para ella cobraban vida y horas que ella creía que eran muy valiosas. Pero tristemente solo puedo leer diez páginas de aquel libro que era tan grueso y pesados. Se acordó que su amiga Lisa iba por ella a su casa.
Rápidamente cerró el libro y lo dejo entre un hueco para después levantarse junto con cojito, está vez entre sus brazos. Ya que este se encontraba muy dormido. No pesaba casi, para ella. Así que acomodó su venado como si de un bebé se tratase y salió de aquella cueva para regresar a casa. El clima estaba algo fresco pero los rayos de Sol indicaban ya la tarde se aproxima y que no llovería. Kimston era un lugar algo húmedo, así fuera verano algunas veces llovía.
Después de un largo camino de detuvo frente a su casa. Al parecer su padre no habían llegado. No había ido a ya que luego de lo que ocurrió con aquellos hombres su padre le pido a su madre y a ella que se quedarían en casa haciendo los deberes y preparando los panes que junto con Duncan iban a vender a la ciudad. Por el reino se esparció un rumor sobre saqueadores que han atacado otros reinos y que probablemente hay varios ladrones de otros lugares que vienen. Su padre les dijo que como por der mujeres y más si las veían con mercancía las podían atacar. Pero como él era hombre quizás lo harían pero les iban a costar. El reino no estaba aterrado, porque saben que Kimston están tan protegido como dentro de sus muros, fuera y más allá. Pero siempre hay que tener cuidado.
En cuanto llego a su casa puedo ver el caballo del papá de Lisa. Al adentrarse en la casa pudo escuchar las risas de su amiga y de su madre.
—Que alegre están —comenta ella quien toma asiento sobre una de las sillas de madera.
—Al fin llegas tengo una hora aquí, mujer —replica Lisa para Magbeth en forma de reclamo.
—Lo lamento, se me ha olvidado —dice ella quien agarró de la jarra de vino que reposa sobre a la mesa y verte un poco en un vaso para después tomar.
—Lisa me dice que quiere que la acompañes a su casa para ayudarla hacer una comida —comenta Amanda mirando a su hija.
Magbeth miró disimuladamente a Lisa quien abrió mucho sus ojos.
—Eh… si, si eso. No te lo dije ayer porque se me olvidó, madre. Lo lamento —se disculpó Magbeth.
—Esta bien. Deberían irse antes que caiga la noche ¿Te traerá Ayrton?
—Si, si —habló Lisa de inmediato mirando a la madre de Magbeth —. Ya hablé con mi hermano. Él y yo la vamos a traer.
Amanda afirmó con suavidad —Esta bien.
Lisa se levantó y la miro con una pequeña —¿Vamos?
Magbeth asintió —Si.
Acomodó a su venado sobre su cama para después girarse y mirar a su madre.
—Nos vemos en la noche, madre —avisó ella quien agarró la capa para después colocársela
—Si, está bien. Dejaré la lámpara encendida sobre la ventana.
—Claro. Me le das un beso a Duncan.
Junto con Lisa salió de su casa para después subir al caballo alazán de su amiga y emprender su camino a la cuidad de Kenisthon.
—¿Cómo es que piensas ingresar a ese castillo? ¿Alguna vez haz entrado? —le preguntó Magbeth a su amiga con mucha curiosidad.
—No. Nunca lo he hecho. Pero ya tengo un plan para entrar —le comunica su amiga.
—¿Y como conseguirás los vestidos?
—Las mujer con quién trabajo. Salió de viaje de negocios con su esposo. Se fueron a Vileery y vuelve hasta dentro de dos semanas. Me dejaron la llave para entrar a limpiar.
—¡¿Pretendes agarrar los vestidos costosos de esa mujer, Lisa!? —expresó Magbeth algo alarmada.
Pudo escuchar como sus amiga soltó una risita —Si, solo será unas horas nada más. Mientras estemos en el baile y después lo regresaremos.
—Tus ideas nunca son buenas, Lisa. Creo que mejor deberíamos volver.
—¡Ay, no Magbeth! Tú siempre tan miedosa —dice Lisa con diversión —. Además ya los vestido y los antifaz están en mi casa.
—¿Y tú madre no dijo nada?
Lisa negó con suavidad.
—¿Entonces?
—Le dije que me los regalo.
—Eres un caso, amiga.
—¡Agárrate duro! —grito su amiga taloneando el caballo y este de inmediato comenzó galopar.
—¡Lisa! —grito Magbeth sujetándose de su amiga mientras mantiene sonrisa divertida en sus labios.
⚜️⚜️
En cuanto llegaron frente a la entrada del castillo, con torres tan altas que por el cielo oscuro no se logra llegar su final. Lisa con su vestido rosa puesto y Magbeth con uno celeste caminan ese esa dirección.
Se pueden ver las carrozas que van llegando y mujeres bajan de estas con ayuda de hombres que usan lindo trajes. Caminan pisando la alfombra roja que conduce a las dos puertas abiertas con apliques dorados, dónde se encuentran con dos guardias que usan armaduras y mantienen en sus expresiones serias.
Ambas con elegancia comenzaron a caminar sobre la alfombra roja en dirección a las puertas y en cuanto llegamos Lisa saco una carta pequeña de su cartera para entregársela a uno de los guardias. El hombre quien aún mantiene su rostro completamente fruncido la abrió y después de leer se hizo a un lado al igual que el otro guardia.
—Adelante, Mis Ladys.
Lisa los miro y con una sonrisa —Gracias caballeros —se volteó a mirar a Magbeth —. Entremos.
Ambas subieron las escaleras para después adentrarse por el pasillo largo que contiene candelabros guindando y hay una hilera de antorchas sobre las paredes de piedra del castillo. Magbeth mientras más se adentraba en el castillo sentís una sensación extraña en su cuerpo y de algún modo escalofríos. Es la primera vez que ella penetra este lugar y no se quiere imaginar lo grande y gigante que es más allá de el pasillo por dónde caminan. Delante de ellas van varias personas acompañadas con sus esposo, hermanos, hijos. Pero ya con su vestuarios se sabe que es solo gente importante.
—¿Quién fue ese caballero que te invito? —le pregunto Magbeth a su amiga.
—Se llama Ser Gregory —comento Lisa con una amplia sonrisa en sus labios —. Es muy apuesto. Lo conocí haces un meses atrás mientras ayudaba a mi madre a vender sus pescados y desde entonces mantenemos la comunicación.
Magbeth sonrió ampliamente —¿Entonces es tú nuevo enamorado?
Lisa no respondió y sólo soltó una risita que Magbeth también la acompaño, pero en cuanto entraron en aquel salón ella dejó de sonreír completamente impresionada por lo que sus ojos acaban de ver. Ella jamás en su vida había visto algo como eso. Frente a ella pudo apreciar el montón de personas con trajes tan costoso y adornado. Mujeres con bellos vestidos, cintillos que adornan sus cabezas y hermoso antifaces que tapa sus rostros, así como también los hombres quienes usan también trajes elegantes de pieles. La decoración es de color rojo, hay rosas adornando todo el amplio lugar, mesas llenas de comida hasta desbordaras. Se puede escuchar una música alegre. Era la primera vez que ella veía los rostros de esas personas y la verdad es que hay muchas.
Junto con Lisa se acercaron a una de las mesas en dónde hay todo tipo de aperitivos. Ambas agarraron y vertieron vino sobre una copa para después beber.
—Esto es espectacular —le comenta Magbeth a Lisa quien vuelve a tomar de su bebida —. Es impresionante todo es tan glamuroso.
Lisa asiente —Por completo, Mag. Es tan… espectacular.
En ese momento la melodía alegre generada por los tambores, violines, flautas, guitarra comenzó a inundar el lugar. En la pista de baile varias mujeres con sus lindos vestido se comenzaron acercar para bailar.
—Wos, vamos bailemos —Lisa le quitó la copa de su mano para dejarla sobre aquella mesa.
Magbeth le mostró una sonrisa a su amiga —Bien.
Agarrando las esquinas de su lindo vestido celeste. Comenzó a caminar con rapidez junto con Lisa. Las dos se acercaron a la pista en dónde ya varias mujeres se encuentran bailando con alegría. Lisa y Magbeth se tomaron de las manos y comenzaron a girar mientras mueve sus pies al ritmo de la música entusiasta y movida. De un lado a otro sus cuerpos se comenzaron a balancear. Al grupo se unieron está vez unos hombres, también con sus respectivos antifaces. Uno de ellos comenzó a bailar con Lisa y otro con Magbeth. Así que continuaron danzando. Solo sabe que su pareja de baile tiene al cabello rubio rizado y sus ojos son café oscuro. Después de un rato ya muerta de la sed decidió abandonar a su pareja para ir por una copa de vino.
—¡Baila muy bien, Mi Lady! —exclamo ese chico para Magbeth en cuanto ella se alejaba.
Magbeth se giró para mirar al hombre con una sonrisa —Usted también, Mi Lord.
Se volvió a dar la vuelta para ir por su bebida pero de pronto choco con alguien. Solo vio como la bebida derramada cayó sobre sus ropas de piel.
—Lo sien… —Magbeth no dijo lo demás al ver fijarse en el rostro de aquel hombre quien no traía con él ningún antifaz.
Se puso helada y al mismo tiempo asustada al ver ese rostro que ahora le parecía tan familiar como aquel día. Bajo la mirada hasta la su mano y en efecto se encontraba vendada. Volvió a mirarlo y al ver su rostro fruncido estaba segura de que la había reconocido.
—¡Oh! Ya estás aquí —exclamo una mujer detrás de ella con voz entusiasmada en dirección aquel extraño hombre.
Con rapidez Magbeth comenzó a caminar alejándose del lugar. Llegó a la mesa sirvió un trago de vino que con rapidez tomó, mientras lo hizo volvió a mirar en dirección al hombre que para su sorpresa viene justamente hasta su lugar.
—¡Por Dios! —soltó Magbeth al verlo mientras deja la copa sobre la mesa.
Pudo ver a Lisa quien justamente se encontraba hablando con un hombre. Ambos sonreían mientras conversaba. Magbeth al ver que él pelinegro se siguió acercando decidió irse en dirección a la salida. Tratando de escapar.
—¡Hey, espera! —escuchó Magbeth que exclamó el hombre.
—En tus sueños —habló en voz baja para ella misma, mientras siguió caminando con rapidez, está vez por el oscuro pasillo mientras levanta por ambos lados su vestido.
Solo se escucha el eco del pisar de sus tacones mientras camina apresuradamente. Cuando salió del castillo escucho que aquel hombre habló.
—¡Agarren a esa mujer! —ordeno para los hombres de la puerta.
Magbeth al ver que los guardias comenzaron a perseguirla corrió lo más rápido que pudo, pero por lo largo del vestido y los tacones de sus zapatos solo pudo sentir como la lograron agarrar con brusquedad y le dieron la vuelta con salvajismo ahora quedado frente aquel hombre quien con pasos lentos se acercó.
—¿Eres tú? ¿Verdad? Quien me hirió.
Uno de los guardias desenfundó la espada pero el pelinegro con su mano sana lo detuvo.
—Esta bien —lo calmo.
Él hombre volvió a guardar su espada. Ella se comenzó a mover intentando soltarse. Pero era inútil dos hombres altos y fuertes la tenían agarrada de ambos brazos era imposible escapar.
Magbeth puedo ver como él pelinegro se acercó con pasos lentos hasta ella. Con delicadeza soltó el lazo que sujeta el antifaz celeste que le cubre la mitad de su rostro y con gentileza se lo quitó ahora dejando ver el rostro rojo y algo asustado de Magbeth.
—Si, eres tú —curvo sus labios con suavidad mientras miraba cada detalle del lindo rostro de Magbeth.
—Si me van arrestar, háganlo ya —comentó Magbeth con voz derrotada mientras mira los ojos verdes de aquel hombre pelinegro.
—No te preocupes, no lo haré —miro a los guardias —. Vayan a sus puestos, déjenme a solas con la dama.
Los guardias de inmediato hicieron caso a lo que les dijo y soltaron los brazos de Magbeth para después retirarse.
—Si eres una campesina, ¿que haces aquí?
—Nada y ya me iré —soltó Magbeth quién se giró para irse.
Sintió como aquel hombre la sujeto del brazo deteniéndola. Magbeth se giró y miró nuevamente su atractivo rostro. Se dio cuenta que vestía ropa de piel pero nada elegante era como si fuera uno de esos guardias.
—Espera un momento —le dijo —. ¿Puedo saber cómo te llamas?
Magbeth elevó su rostro —¿Para? No creo que sea necesario. Me iré y no me volverá a ver más.
—Solo quiero saber…
Magbeth trago con suavidad y extendió su mano hasta aquel extraño que le parecía tan hermoso.
—Magbeth Jobs ¿Cuál es tú nombre?
—Bueno… me llamo Devon —él sujeto su mano con suavidad.
—¿Cómo el Rey? —Magbeth elevó sus cejas.
—Si… mi padre quiso ponerme ese hombre en honor al Rey Devon —sujeto sus caderas y miró a Magbeth —. Soy un simple guardia del castillo. Además si fuera el Rey ¿Crees que perderé mi tiempo hablando con una plebeya cuando la princesa Alessa está aquí?
Magbeth asintió lentamente.
Es que debía ser un guardia porque la ropa que usa no es de un Rey además. Jamás pasaría eso de que ella se consiguiera con él mismísimo señor de Kimston.
—Es un placer conocerle, Ser Devon.
—Me puede decir solo Dev.
Magbeth asintió —Yo… debo irme.
La verdad debería esperar a Lisa pero ella se encontraba muy entretenida con aquel otro hombre además no quería quedarás en el castillo. Ella prefería volver a casa fuera de peligro a qué descubrieran que no eran más que simples campesinas ¿Y si había alguna conocida de esa mujer y le dice sobre los vestidos que están usando? La verdad esto le había parecido muy mala idea. No debía prestarle atención a su amiga.
—No creo que sea adecuado que una señorita esté a estas horas de al noche recorriendo el bosque.
—Yo se me cuidar sola —le contento Magbeth.
—Yo puedo llevarte, solo debes decirme el camino.
Magbeth lo miró por unos segundos a sus intensos ojos verdes que no se han apartado de ella ni un instante.
—Recuerda que han habido saqueos y todo eso. Podría haber ladrones deambulando por el bosque, My Lady.
Magbeth miró a los lados y después lo volvió a mirar —Acepto.
—Subamos a ese caballo —indico Devon en dirección a un caballo con montura que se encontraba atado a un árbol.
Los dos se encaminaron en esa dirección.
—Como caballero que soy le dejaré usará la silla.
Magbeth le lanzó una última mirada y subió al corcel.
—¿Irá caminando…—Magbeth detuvo sus palabras en cuanto vio que él hombre subió detrás de ella.
—Yo iré aquí —Devon se acomodó detrás de la mientras que se pegó a su cuerpo y sujeto las riendas del caballo —. Y también me encargaré de hacer andar el caballo.
Magbeth trago con suavidad al sentir los brazos fuertes de Devon tocarla.
El caballo echo andar lentamente. Ella solo se mantiene estática. Era la primera ves que un hombre se le acercaba de esa forma. Se sentido algo nerviosa.
—¿Conoces al Rey? —le preguntó Devon con suavidad.
—No —le respondió Magbeth mientras mira el oscuro camino alumbrado solo por la luz de la luna clara.
—Yo si.
—¿Y como es? Dicen que es guapo.
—No, no es guapo. Es un joven regordete y algo odioso.
Magbeth se quedó en silencio.
—¿Queda muy lejos su casa?
—Un poco —le informó Magbeth.
—¿Y estás casada o tienes hijos?
—No, aún no me he casado.
—Que extraño…
Magbeth volteó a mirarlo quedando muy cerca de su rostros algo oscuro por le lugar —¿Qué?
—Que una dama tan hermosa no esté comprometida —soltó con voz grave y suave para Magbeth.
Magbeth volvió a mirar al frente sintiendo sus mejillas acalorarse y manteniéndose en silencio.
—¿Nunca te habían dicho lo hermosa que eres, Mag? —Magbeth sintió como Devon se acercó aún más a ella ahora percibiendo su alimento cerca de su oído.
Magbeth trago suavemente —Si, por supuesto.
—Uhm… está bien. Pues entonces yo te lo recuerdo.
—Ya estamos llegando —le comentó Magbeth mirando a los lejos la lámpara que su mamá dejo encendido cerca de la ventana.
—¿Vives allí? —Devon detuvo él caballo.
Magbeth se acomodo sobre la silla para bajar —Si.
—Espera, hermosa Mag —Devon impidió que lo hiciera y está vez cerró sus brazos con suavidad sobre ella.
Magbeth volteó a mirarlo —Debo bajar.
—Me gustaría verte nuevamente —soltó él pelinegro con seriedad mirándola a su ojos azules.
—¿Por qué? No tengo nada pendiente con usted ¿O si?
—Por supuesto que si.
—¿Cómo qué?
—El placer que llegará a conocerle, Magbeth —Devon hace una pausa —. Por favor, ¿me darías el permiso? Porque no creo que pueda sacarla de mi mente luego de esta noche.
Magbeth se quedó en silencio pensando, que en realidad a ella también le gustaría conocerle. Le parece muy atractivo y también respetuoso.
—Si, nos podemos ver. Siempre en las tardes salgo en busca de agua al río antes del atardecer —le indico Magbeth mientras lo miraba.
—Allí estaré, Mag —le respondió Devon con una voz ida.
—Debo irme, Mi lord.
Devon libero a Magbeth y está bajo del caballo.
—Que tengo una linda noche, hermosa Mag.
Magbeth se detuvo y lo miro sobre él a cabello —Usted también.
Sin decir otra cosa más ella emprendió su camino a la puerta de su casa nada más que sintiendo los latidos rápido y fuetes de su corazón.