DEVON.
Era algo tradicional que toda la familia Wencaster este en la mesa para compartir el desayuno, almuerzo o la cena y si viene visitantes de igual manera. Se les trata bien he igual.
—Princesa Alessa ¿Qué tan lejos cree que queda Kimston de Rembil? —le preguntó Mirela a la chica pelinegra.
Alessa volteó a mirar a Mirela —Bueno, por agua es más cerca. Aproximadamente unas semanas y por tierra un mes —le comunicó la princesa Alessa a Mirela mientras la mira fijamente con sus ojos azules.
Mirela Wencaster era la prima de Devon y Caden, quien también es muy cercana a Brissila. Hay otros familiares pero Mírela es la única que tiene un nombre y estatus. Su madre murió cuando le dio a luz y su padre perdió la vida el mismo día en el que murió el padre de Devon. Brissila desde entonces le agarro cariño y decidió criarla como a una hija después de todo era su nieta. Me enseñó todo lo que una mujer debería saber. Sus padres dejaron tierras y ella junto a sus hermano mayor, Will. Se encargan de mantenerlas y vivir de eso. Mirela, Devon, Will y Caden casi son hermanos lo único que les faltaría compartir es los mismo padres.
—Es algo lejos —Mirela agarró la copa de vino que tiene un lindo decorado de color dorado. Tomó un trago de vino y la volvió a dejar sobre la mesa —. Solo he ido Wiston, Vileery, Xess y Castlle.
Alessa aún mirándola le regaló una pequeña sonrisa—Son lugares muy hermosos. También los he visitado.
—¿Cuáles te gustaron más? —le preguntó Devon quien desde su asiento la miró con el rostro serio.
Alessa lo miró —Me gustaron todos su majestad, pero creo que Xess es un sitio con paisajes muy hermosos a si mismo Kimston ¿No ha visitado Xess?
—Si, Princesa Alessa. He ido cada nación de Northende —le comunicó Devon quien después dejo de mirarla y tomó un trajo de vino.
—¿Y usted Príncipe Caden? —Alessa miró al pelinegro frente a ella con una sonrisa torcida.
—Igual. Pero más me gustó Vileery. Tiene lindos monumentos.
—Vileery es muy reconocido por eso nada más —comenta Devon a su hermano —. La comida de ese lugar es un asco —suelta con desagrado.
—En fin chicas cada una de esas naciones tiene algo que darnos —comenta Brissila —. Hasta en el norte en dónde no hay mucha producción por lo frío que es.
La puerta del salón fue abierta por Ser Gregory Hank. El mano derecha y mejor amigo de Devon. Con pasos lentos se adentro. Usando su típica vestimenta de cuero y con su espada reposando a un lado de su cintura.
—Su majestad —Ser Gregory hizo una reverencia para hacia Devon —. Buenos días para usted y lo presente. Princesa Alessa un gusto verle.
Alessa con una dulce sonrisa hizo una inclinación elegante con sus cabeza.
Todos en la mesa lo saludaron incluido Devon.
—Perdone mi imprudencia, su excelencia. Necesito un momento de su tiempo —le informó Ser Gregory con voz seria.
Devon se levantó. Ya había terminado su desayuno y si Gregory lo solicita tan temprano es porque algo ocurre. En la mesa todos se levantaron para hacer una Inclinación de respeto hacia su rey quien si decir nada más se fue junto con Gregory.
Ambos hombres salieron por las dos gruesas y pesadas puertas de madera. Sean, camina detrás de Devon como siempre. Después de un largo camino salieron del gigante y oscuro Castillo. Ambos comenzaron a caminar por los alrededores en camino al lugar en donde los caballeros se ejercitan y practican cada día. En el lugar se puede escuchar el chocar del acero contra el acero de las espadas al ser tocadas entre ellas.
—¿Qué ha sucedido? —le pregunta Devon a su amigo mientras caminan.
—El día de hoy llegaron dos cuervos uno de Isla negra y el otro de Wiston.
Devon volteó a mirarlo —¿Qué dicen?
Gregory lo observó —Comencemos por Isla negra —hace una pausa y mira al frente —. Fueron atacados por los saqueadores. Mataron muchos de sus hombros, violaron mujeres y se robaron todo el oro, diamantes, todo. El Rey Vladyn murió en batalla por proteger su gente. Quedaron pocos hombres vivos y sus esposa quien está embarazada quedó viva pero sin protección. En fin, toda Isla negra quedó en completa destrucción.
Devon con rostro fruncido miró al frente —¿Aún no saben quiénes son los saqueadores o de que parte vienen?
—No. Uno de los hombres con quién hable dice que vienen más allá de norte. Los describe como hombre fuertes, altos con barbas y cabellos largos. Su r**a es piel blanca y ojos azules y pelan también mujeres, no solo los hombres. No usan las armas que usamos acá, el comento algo sobre armas pesadas como hachas, martillos y son muchos, también muy fuertes —Gregory lo miró con rostro serio —. La Reina Amélie dice los hombres juraron volver nuevamente.
Devon asiente con suavidad —¿Wiston?
—El Rey Berg pidió tú protección, ya que no cuentan con suficientes hombres para sobrellevar algún ataque que venga de los saqueadores.
—Sabe muy bien que hay que negociar y así mismo la Reina Amélie —le informa Devon —. Envía un cuervo a Wiston y también a Isla negra diciendo que son bienvenidos a Kimston para hacer negocios —Devon se detiene y mira a Gregory —. Nada en esta vida es gratis y así como ellos quieren protección, mi ciudad también la merece así como una buena y tranquila vida.
Gregory mirando a Devon se detiene —¿Algo más?
Devon miró a su alrededor —Si —miro a su amigo —. Quiero que suban un poco más las murallas, quiero hombres sobre esta vigilando día y noche atentos a todos, más que antes. También hombres patrullando en las calles, los bosques. Ya han habido varios saqueó y muchos no dudarán en venir a Kimston a robar y hacer de las suyas. Por último quiero hombres más allá del bosque y más allá del mar, también vigilando al pendiente de todo y lo mínimo que ocurra informar. Nosotros también debemos estar atentos a cualquier ataque.
Gregory hizo una inclinación —Entendido, su Majestad.
—Nos vemos ahora para ir a ver las cosechas y acercarnos a la aldea de Torrenhal —le comenta Devon.
—Por supuesto.
Gregory se alejó y Devon junto con Sean se alejó del lugar mirando atentamente a sus hombros entrenar. Cada uno de sus movimientos. Se fueron de vuelta al castillo justo en busca de la Asen ya que le toca curar su mano. Cuando ya estuvo en ese lugar Asen se encontraba con todo listo. Devon tomo asiento sobre una silla de madera.
Devon tenía desde pequeño los privilegios de tener su propio médico. La habitación donde Asen tenía todo era algo pequeña. Pero allí se podía ver todo tipo de hierbas, pociones entre otras cosas. Armarios llenos de frascos de vidrios llenos de líquidos con varios colores, plantas y muchas cosas más. Tampoco es un lugar que huela muy agradable.
—Hoy su herida amaneció mejor, su Majestad —le informó Asen —. La planta si está haciendo efecto.
—¿Por cuento tiempo estaré así?
—Si mantiene el reposo adecuado y como se lo indiqué dentro de un mes estará bien. Pero debe hacerlo para que ninguna infección lo moleste y llegué a grave —le informó Asen quien está vez le envuelve la mano con el lino —. Lo hervir y seque su señoría creo que así no habrá riesgos de infección.
Devon elevó su rostro y lo observo —Gracias, Asen. Por sus servicios.
—Siempre a su orden, Majestad ¿Me gustaría preguntar cómo una flecha casi atraviesa su mano? —frunce su ceño —. Estoy buscando una explicación sobre eso.
—Fue una mujer, Asen. Ella intento proteger a su mascota de una flecha que le lance. Pero terminó devolviéndomela y justo en la mano.
—¿La mato?
—No, la dejé libre.
Pero Devon estaba consiente que no la asesinó, porque sabía que flecha no era para matarlo.
—Eso es peligroso, su excelencia se puede tratar alguna personas entrenada que viene por usted —Asen hace una pausa —. Las mujeres son únicas y hermosas. Pero también es una de las armas más mortales que un hombre puede tener. Son tan peligrosas y un enemigo sigiloso.
Devon curvo sus labios está vez imaginando el rostro de aquella chica que flechó su mano.
—Pues está, era mortal y peligrosamente hermosa —le comentó Devon con una media sonrisa.
Asen se alejó de Devon al terminar de poner la venda —Al parecer no solo flechó su mano, su Majestad —dijo Asen con un tono jocoso.
Devon lo miró con seriedad —No, nada de eso —se levantando de la silla.
—Si tú lo dices, Devon.
Asen aparte de ser el curandero de Devon también era un buen amigo en temas de concejos. Fue quien ayudó a su madre a traerlo al mundo y quién ha curado cada golpe que llevo desde pequeño hasta ahorita y claro que Devon le tiene mucha confianza y aprecio.
—Y hablando sobre mujeres ¿Estas seguro de casarte con esa princesa?
—No lo he decidido aún. La verdad es que no quiero. Si esa mujer tiene un hijo mío, estaría poniendo de heredero a un niño con la sangre de mis enemigos —suelta Devon mirando a Asen con rostro serio.
—Eres un Rey debes saber tú mismo que es lo que es bueno para tu vida y la nación. Pero los Grewcon nunca han sido de fiar —hace una pausa —. Mira lo que dicen de Alerik. Según el mató a su esposa porque no podía darle hijos y la princesa Alessa es hija de una de sus prostitutas.
—Por supuesto que se eso y créeme que lo estoy pensando, pero una guerra entre ellos y nosotros sería fatal. Tienen la misma cantidad de hombres que nosotros y allí estaría poniendo en peligro todo el reino.
Asen asiente —Eres igual de inteligente que tú padre y llevas el corazón de tú madre. Sé que llegará el momento en el que tomarás la decisión correcta.
Devon se quedó en silencio y miró su mano —Gracias nuevamente, Asen.
Sin agregar otra cosa más Devon junto con Sean. Bajó al salón de fiestas en dónde probablemente encontrará a su abuela. Siempre que se hace alguna celebración ella está al tanto de todo, la música, la comida. Todo. Devon sabe lo controladora que es su abuela.
Al entrar puede ver las mesas largas a los lados ya con candelabros de oro y con velas sobre estas. El lugar de la pista de baile. Está decorado con rosas rojas y telas del mismo color. Pudo ver a su abuela
—Ya lo sé —se detiene a su lado —. Rojo, en honor a los Grewcon.
Brissila volteó a mirarlo —Es la bienvenida.
—Esta bien, no opinare nada sobre eso. Todo está quedando muy bonito.
—Gracias ¿Aún no has visto tú traje?
—Madre, no creo que llegue a ponérmelo —le informa —. Recuerda que hay asuntos que arreglar en el reino. Posiblemente llegue justo a la hora del baile.
Su abuela soltó un suspiro cansado —Eres el Rey, Devon. Señor de todo y también debes descansar un poco. Para eso está Gregory y los guardias. La corte entera.
—Madre ¿Qué me haces ser un Rey si estoy sentado esperando que me hagan todo? Si hago eso, solo seré más que un simple inútil que al momento de algo importe no sabré que hacer —hace una pausa y mira los dos ramos rosas que una de las cortesanas deja frente a ellos y hace una inclinación para Devon.
—Estas —le indica Brissila —. En el otro ramo hay unas algo marchitas. No sirven tíralas.
La mujer se retiró con el otro ramo. Su abuela saco una rosa con sumo cuidado y se la entregó —Ten. Buscas a Alessa dale esta rosa he intenta hablar con ella. Será tú esposa y debes comenzar a conocerla.
—Te dije que no lo he decidido —suelta cortante y agarra la rosa.
Su abuela le lanza una mirada seria —Será tú esposa, Devon. Además no hay mujer que compita con lo educada y hermosa que es Alessa. Sería la Reina perfecta y te dará hijos fuertes y hermosos.
Devon se acercó hasta su abuela y le dio un corto beso en su suave mejilla blanca con delicadeza. Se alejó y le sonrió mirándola.
—Te amo, madre. Pero no haré lo que tú digas. No vas a controlarme a mi como lo quieres hacer. Ya no tengo dice años. Recuérdalo —dijo con voz severa y áspera. Lanzándome una última mirada se alejó con la rosa en la mano.