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Amor por sorpresa

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Blurb

Después de la repentina huida de Serene Boucher a Alemania dejó muchas cosas atrás, no sólo al amor de su vida, sino que también su fuerte amistad con Pauline Lanilis, quien sufrió demasiado por su huida inesperada, pero también encontró a una persona que la ayudó en ese momento…su nombre, Christopher Onetto.

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Las compras
El día recién había comenzado y Pauline ya se encontraba en su pequeño garaje alistándose con su casco para poder conducir la motocicleta tan preciada que había dejado estacionada ahí dentro. Muchos la habían criticado por comprar ese transporte en lugar de haber elegido un auto, pero para una mujer tan práctica como ella era mejor conducir un vehículo tan pequeño que pudiera pasar entre los autos cuando había congestionamiento vial. De todas formas, las calles de París solían estar llenas de turistas y demás personas ajenas al ajetreo de quienes normalmente residían ahí. Pauline salió de casa con el objetivo de llegar a tiempo a la escuela, había acordado con Serene que se verían antes de comenzar las clases para poder explorar el campus en busca de un buen escondite para cuando requirieran desaparecer entre clases. Muchas veces ellas deseaban un buen lugar para poder charlar sin que las personas pusieran alerta todos sus sentidos para adentrarse a una conversación que a nadie más le incumbía. Ella era tan hábil que sorteó con facilidad el tráfico y, en menos de diez minutos, ya había llegado hasta el estacionamiento de su facultad, sin embargo, el cajón para motocicletas, ese donde ella estacionaba de forma habitual, hoy estaba siendo utilizado por un chico que apenas descendía de su vehículo. —Hey tú, quita esa cosa de aquí —exigió sin importarle que se tratara de un chico. —No lo haré. He llegado lo suficientemente temprano como para tener el derecho de utilizar éste espacio, pues dar la media vuelta y buscar lugar en otra parte —respondió el aludido con evidente molestia. —Pero ese —señaló con el índice el espacio para estacionar, —es mi lugar habitual. Todos aquí saben que siempre dejo mi motocicleta aquí. —Bueno, veo que es la primera vez que tendrás que romper la rutina. Sin decir nada más el chico en cuestión se dio la media vuelta y avanzó ignorando los reclamos de Pauline. De nada le serviría quedarse ahí para discutir con una chica tan terca, era solamente una pérdida de tiempo. Pauline se encontraba más que indignada. Nunca nadie la había maltratado e ignorado de semejante forma, sabía que no debería seguir dándole vueltas al asunto, así que volvió a montar su motocicleta para dirigirse al final del estacionamiento porque sabía bien que ahí estaba el otro cajón para estacionar motocicletas. Una vez resuelto el problema, guardó las llaves dentro de su bolso para no perderlas como la última vez. La chica caminó en dirección al edificio donde tomaba clases y subió con cansancio los escalones, nunca le había gustado tomar su primera clase en un tercer piso, sobre todo después de que tembló y ella se quedó estática pegada contra la pared. Con la vista recorrió cada rincón del aula, pero no había señal alguna de Serene y tampoco de Ferdinand. Su vista se posó rápidamente en el asiento que normalmente utilizaba Ferdinand, ahí ahora estaba el chico pelirrojo del que se suponía estaba enamorada Serene. Para desgracia de Pauline, ella no recordaba el nombre de aquel simpático muchacho. La historia de Serene con aquel pelirrojo había sido igual o más corta que su romance con Ferdinand, pero ella no se sentía apta para juzgar a su amiga, comprendía las dificultades sentimentales por las que estaba cruzando y respetaba completamente las decisiones que ella había tomado hasta ahora. Pauline tomó su asiento a un lado del de Serene y dejó la mochila frente al pelirrojo para apartar así el lugar de su mejor amiga. —Hola, buen día —saludó el chico mientras extendía su mano para saludar a Pauline. —Soy amigo de Serene, me llamo Christopher Onetto —agregó con total naturalidad. La confianza que derramaba Christopher era algo de admirar, así lo veía Pauline. Era eso o también cabía la posibilidad de que aquel pobre chico no supiera que ella estaba enterada de todo lo que pasó entre él y su amiga. —Soy Pauline Lanilis, ¿qué haces en éste salón de clases? Pau nunca se había caracterizado por ser alguien discreta, por el contrario, le gustaba afrontar las cosas y hablar de forma puntual para evitar os malentendidos y las charlas innecesarias. —Vine a buscar a Serene, ¿la has visto?, ayer fui a la empresa de su padre para buscarla, pero ella no estaba. Tenía entendido que Serene estaba haciendo sus prácticas en la empresa de su padre… —Espera —interrumpió Pauline cansada de escuchar las palabras de Christopher. —¿Fuiste a buscarla a la empresa de su padre?, ¿es que quieres morir? —No, claro que no quiero. Ella es mmi amia, creo que es normal que quiera visitarla en el trabajo. —Claro, lo extraño es que, siendo hombre, hayas intentado ingresar a una empresa para ver a la hija del dueño de la misma. Deberías estar agradecido con Dios por haberte dejado venir tranquilamente a la escuela sin una orden de restricción. Para nadie era un secreto que el señor Boucher era bastante protector con su hija, escasamente le permitía verse con ella y encima él iba directamente a buscar problemas con la persona equivocada. Sin duda alguna era un chico bastante torpe. —Ese no es el punto, quiero saber si ella te dijo algo sobre su ausencia en la empresa de su padre —intervino el chico al ver que ella no había comprendido el punto central de su anécdota. —No, ella no me dijo nada. Pauline se puso de pie y salió al pasillo para poder marcarle por teléfono a su amiga. Podía sentir que había algo mal en todo éste asunto que le comentaba Christopher por dos obvios motivos; uno era el hecho de que aquel chico pudo salir de esa empresa sin recibir la reprimenda del padre de Serene, y la segunda razón era el hecho de que Serene se había ausentado a la hora del trabajo, eso normalmente no sucedía. Christopher imitó el movimiento de Pauline y salió al pasillo para averiguar de primera mano qué fue lo que sucedió con Serene Boucher. —No es por ofender pelirrojo, pero esto es entre amigos —murmuró Pauline de forma cortante. No quería ser una mala persona con ese sujeto, pero honestamente no deseaba hacerlo partícipe de una llamada con una persona a la que probablemente no conocía completamente. Pauline sostuvo el teléfono pegado a su oído y escucho cómo éste timbraba un par de veces. Ella no estaba contestando la llamada. Pau entró en un lapsus de crisis, estaba atónita observando la pantalla de su teléfono con el número de Serene en él. Ella no se debía dar por vencida. Tomó nuevamente el teléfono y seleccionó el número de Serene para iniciar una nueva conversación, ella no se daría por vencida hasta que su mejor amiga contestara a su llamada. —¿Serene no está contestando? —preguntó Christopher asomándose por la ventana. —No. ¡Cállate ya! —estalló Pauline tomando como el objetivo de su ira y desesperación al pobre pelirrojo que nada tenía que ver con aquel problema entre amigas. Era inaudito para Pauline el hecho de que su amiga no respondiera sus llamadas, ni siquiera tenía sentido enviar un mensaje si de todas formas iba a ser ignorada nuevamente por quien creía que, hasta hace poco, era su mejor amiga. Una última vez, se dijo Pauline a modo de consuelo, no podía dejar así a su amiga ahora que todo apuntaba a que ella había desaparecido de la faz de la tierra sin su teléfono celular. Uno…dos…tres veces sonó aquel pitido que indicaba que la llamada se estaba enlazando. —Si no me respondes iré a matarte a tu casa —susurró contra el teléfono, y entonces, como por arte de magia, alguien al fin respondió el teléfono. —¿Quién habla? —respondió una voz masculina. Definitivamente no era Serene. —Buen día, ¿se encuentra Serene Boucher por ahí? —interrogó lentamente Pauline temiéndose lo peor. En la mente de la chica miles de situaciones se hacían presentes, en la menos grave su amiga había perdido el teléfono, pero en el peor escenario, Serene se encontraba amordazada mientras sus secuestradores planeaban a quién solicitar su rescate. —No, ella se fue de viaje hacia Alemania —respondieron por fin. —¿Quién habla?, ¿Por qué tienes su teléfono? Pauline de vez en cuando enviaba miradas fugaces hacia la puerta para cerciorarse de que el profesor de la clase no hubiera entrado. —Soy el padre de Serene, deje de molestar con sus llamadas o denunciaré su número telefónico por hostigamiento e invasión a la privacidad… —Basta, espere —interrumpió Pauline a punto de soltar una pequeña risa, sin duda eso molestaría al padre de su mejor amiga. —Soy la mejor amiga de su hija, solamente quería saber dónde se encontraba ella porque no podía localizarla… ¿por qué ella tuvo que ir a Alemania? —Tiene asuntos por atender ahí, ella terminará sus estudios en aquel país y podrá volver hasta dentro de un año. Estaría agradecido si se abstiene de molestarla mientras ella hace negocios y atiende sus estudios —pidió el padre de Serene de forma amable y pacífica, algo que sin duda alguna tomó por sorpresa a Pauline. —¿Ferdinand Cordier está también con ella? —ésta vez tuvo que esforzarse por calmar su ánimo después de que el señor Boucher respondiera con tanta parsimonia. —El joven Cordier no viajó con ella, ignoro si ellos estén juntos y no me interesa saber en dónde se encuentra él. Sin decir nada más el padre de Serene finalizó la llamada y devolvió el teléfono celular que se había quedado en la oficina de su hija. No quería tener que volver a dar explicaciones innecesarias a personas que no conocía, pero con las que su hija estaba estrechamente relacionada. Pauline observó atónita por un par de segundos la pantalla bloqueada de su teléfono. Su amiga se había ido del país y no tenía ni la menor idea de qué es lo que estaba sucediendo con ella y Ferdinand. Cierto era que les quedaba todo un año para terminar la carrera, pero aquel tiempo sería eterno si no tenía a su mejor amiga para hacerle compañía. De la nada todo parecía muy aburrido. Las charlas por la mañana, el criticar la ropa de sus compañeras, las bromas extrañas y las anécdotas graciosas; todo eso debía quedarse atrás durante un año completo. La chica regresó al interior del aula y se dejó caer sobre su asiento, el día no podía empeorar para ella. Soltó un suspiro de resignación y giró su rostro para observar al chico pelirrojo que no había dejado de observarla desde que regresó cabizbaja. —Oye pelirrojo, te tengo un par de noticias muy interesantes —habló Pauline llamando la atención de su compañero y de otros cuantos chismosos que estaban atentos a las palabras de la amiga de Serene. —¿Podemos hablar en otro sitio? —solicitó Christopher al sentirse el blanco de las miradas de los alumnos que esperaban al profesor. El chico sujetó el brazo de Pauline para apresurar su paso mientras descendían por las escaleras. No quería perder el tiempo con ella, ni hacer que ella perdiera su tiempo con él. Solamente deseaba saber dónde estaba Serene. —Suéltame, conozco perfectamente el camino para salir del edificio —se quejó Pauline mientras sacudía bruscamente el brazo que tenía sujetado su acompañante. —No estaríamos en ésta situación si es que alguien hubiera sido un poco más discreta. ¿Por qué tienes que ser tan ruidosa? —Oye, te tengo noticias de Serene, esperaba que estuvieras, aunque sea un poco, agradecido por ello. —Si es tu amiga en realidad, deberías ser un poco más discreta con sus asuntos personales. Hay un motivo del por qué no le ha dicho a nadie qué es lo que le está pasando. No quiero ni imaginar lo que hubiera pasado si me contabas a gritos lo que estaba haciendo Serene. La actitud de Christopher era demasiado exagerada para alguien como Pauline, no le gustaba escuchar el dramatismo que aquel chico le impregnaba a lo que estaba sucediendo. —¿Por qué te preocupas tanto por ella?, espero que tus intenciones sean buenas para con mi amia. No permitiré que te entrometas en su vida solamente para herirla —amenazó Pauline sintiendo unas tremendas ganas de golpear al chico que tenía plantado frente a ella. —Somos amigos Pauline, no hace mucho acabo de ingresar a esta universidad y ella se comportó muy bien conmigo. Jamás me atrevería a hacerle algo malo, ¿por qué clase de persona me estás tomando? —Disculpa si te he ofendido, pero no quiero meter en problemas a mi amiga —Pauline se quedó callada observando el suelo, se sentía un poco intimidada por el pelirrojo —. Su padre contestó el teléfono y me dijo que Serene se encuentra en el extranjero, volverá dentro de un año cuando hayamos terminado la carrera. —Ferdinand Cordier debe estar con ella, solamente necesito… —No, él no está con ella y no estoy segura de que él esté al tanto de todo. Ella se encuentra en Alemania, pero su padre me pidió que la dejáramos en paz. —Ya veo, que bien que él no esté con ella... tal vez en un año pasen muchas cosas y no sea tarde para lo que le tengo que decir a Serene —murmuró el chico ignorando la presencia de Pauline. —Oye, aún estoy aquí. ¿Qué es lo que le quieres decir a Serene? —¿Por qué tendría que darte explicaciones?, gracias por informarme sobre tu amiga. Pauline lo ignoró por completo y pasó derecho a un costado del chico, lo golpeó levemente con el hombro y continuó su camino en dirección al estacionamiento. Las clases podían esperar, pero su mal humor necesitaba ser atendido con urgencia. Acumular tanto enojo, la frustración y el rencor no era nada bueno para Pauline. No quería permaneces encerrada en las cuatro paredes del aula sabiendo que podía tomar su motocicleta para escapar de todas las personas que la comenzaban a asfixiar en la universidad; seguramente todos le preguntarían por Serene ya que era bien sabido que ambas eran como hermanas. Para evitar preguntas e incomodidades, Pauline siguió avanzando hacia su aparcamiento, hasta que recordó que esa mañana, gracias a un chico tonto, tuvo que moverse hacia el otro extremo del estacionamiento. —Espera un segundo —la detuvo Christopher tomándola del brazo. —¿No vas a quedarte a las clases? —¿No te parece obvio que no lo haré? Yo no tengo en casa a alguien a quién decirle ¡saqué hoy un diez! —gritó la chica exagerando sus gestos. —Planeo ir a distraerme un momento, ¿quieres venir? —ofreció mientras buscaba las llaves de la motocicleta dentro de su bolso. Pauline pensaba que ese chico era bastante responsable como para aceptar su invitación para salir de la universidad. No era muy irresponsable de su parte porque normalmente hacía eso una vez al mes para compartir tiempo de calidad con Serene, pero Christopher parecía ser diferente de su amiga. Él definitivamente no iba a seguirla. —Está bien —murmuró el joven y caminó hacia el sitio donde estaba estacionada su motocicleta. La chica se quedó impactada ante el asentimiento del pelirrojo. ¿Ahora qué iba a hacer con él?, definitivamente en sus planes no estaba salir con un acompañante. Solamente visitaría un par de lugares a los que regularmente iba con Serene; haría un tour de tiendas departamentales y cafeterías locales para matar el tiempo. La culpa comenzaba a carcomer la conciencia de Pauline, se sentía mal por sonsacar a un chico inocente que parecía querer asistir puntualmente a las clases de la universidad. Ella solamente observó cómo aquel chico sacaba su motocicleta y avanzaba de retorno a ella. —Ésta mañana una chica hizo todo un drama porque estacioné aquí la motocicleta solamente porque “ella siempre estaciona su motocicleta en éste lugar” —comentó agudizando su voz para imitar a la chica que había ocasionado disturbios en la mañana. El problema estaba en que Pauline era la chica que había comenzado con esa disputa, ahora no solamente se sentía culpable, sino que también avergonzada con Christopher. Ella tomó la sabia decisión de no continuar caminando hacia su motocicleta por  que no tenía ganas de pasar más vergüenza con ese chico. —Oye —titubeó antes de continuar hablando, —sucede que… hoy vine caminando a la escuela, así que me preguntaba si podemos ir los dos en tu motocicleta. —Claro, sube —accedió sin protestar, había sido más sencillo de lo que Pauline esperaba. —Solamente que no tengo otro casco, ¿no hay problema? —No, no creo que me pase algo. —¿A dónde deberíamos dirigirnos?, creo que no he realizado el turismo suficiente como para conocer todos los lugares de ésta ciudad. —No importa, tú solamente conduce. En cuanto la motocicleta comenzó a avanzar, Pauline se aferró a la cintura del chico para evitar caerse de espalda. No fue intencional, definitivamente ella no quería hacerlo, pero era inevitable embriagarse con el aroma de ese chico, parecía que su fragancia estaba en todas partes. Las suaves notas de madera entraban cada vez que Pauline inhalaba la fragancia. Era un toque muy masculino para aquel chico pelirrojo que no parecía encajar con aquel estilo de perfume. El vehículo seguía avanzando y Pauline no presentaba intención aluna de soltar la cintura de Christopher, su espalda parecía ser un lugar bastante cómodo en ese momento. —Oye, creo que ye hemos llegado a un buen lugar —dijo el chico aclarándose la garganta para que ella lo soltara de su firme agarre. Ella soltó la cintura del chico e intentó bajarse de la motocicleta en un movimiento torpe de piernas que terminó con ella perdiendo el equilibrio, Christopher tuvo que sostenerla del brazo para evitar que ella cayera al suelo. —Perdóname —susurró una avergonzada Pauline intentando esconder su evidente sonrojo. ¿Qué le estaba pasando?, ¿dónde estaba esa seguridad que proyectaba hasta hace poco tiempo? —Vamos —instó el chico tomándola de la mano mientras caminaba a prisa entre los autos estacionados. La castaña tuvo que acelerar su paso mientras intentaba observar dónde se encontraba. Por estar distraída con el aroma de su acompañante no pudo poner atención del camino recorrido por la motocicleta de Christopher. Una serie de edificios se erigían uno detrás de otro, al parecer era una zona empresarial dados los nombres que ostentaban aquellas grandes construcciones. —¿Dónde estamos? —preguntó ella en cuanto disminuyeron la velocidad de sus pisadas. —Es un nuevo centro comercial al que vine cuando llegué a París. Es bastante agradable. —¿Estamos tan lejos de la escuela?, ¿durante cuánto tiempo estuviste conduciendo? —preguntó alarmada mientras intentaba liberarse del agarre de su acompañante. —No estamos tan lejos, manejé solamente media hora. Ésta zona me la enseñó una pareja de ancianos que supongo venían de regreso de algún viaje, ellos me dijeron que éste lugar era nuevo y poco concurrido. —Ya veo. Será mejor que entremos, hoy tengo ganas de gastar un poco de dinero —dijo un tanto más animada y se dispuso a seguir avanzando hacia el interior del recinto. Había muchos locales que estaban en remodelación, y otros cuantos ostentaban vistosos letreros de “ofertas”. Todo ahí dentro parecía muy pequeño a comparación del enorme centro comercial al que ocasionalmente iba con Serene. —Yo también tengo que comprar un par de cosas. —¿En serio? —cuestionó sorprendido por el recién descubierto interés en las compras que tenía Christopher. —¿A quién no le gusta ir de compras? —¡No puede ser! —chilló Pauline entusiasmada mientras sujetaba las manos de su amigo. —¿Qué es lo que te parece tan sorprendente? —cuestionó el pelirrojo por el repentino ataque de sorpresa y euforia que acababa de sufrir Pauline. —Que normalmente a los chicos no les gusta gastar mucho dinero yendo de compras. Eres el primero al que conozco siendo de ésta forma.

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