Las clases

4841 Words
Con cansancio, se dirigió, arrastrando los pies, en dirección a su habitación. Era indispensable descansar ahora que su cuerpo se lo pedía, pues su cerebro amenazaba con una noche de insomnio pensando en lo que le acaba de suceder con Christopher. En cuanto su espalda se relajó sobre el cómodo colchón, su mente insistió en traer de vuelta las vívidas imágenes de lo que acababa de suceder horas atrás. Era imposible no pensar en Christopher cuando él la había tratado de maravilla. Su cabeza estaba insistiendo en que sus ojos no se cerraran, así que, una vez con el teléfono en la mano, Pauline decidió ver cuánto tiempo había transcurrido desde que empezó a rodar por toda la cama para encontrar la postura más cómoda para dormir. La pantalla se iluminó y ella se vio obligada a entrecerrar los ojos después de que la luz intensa le lastimara la vista. Eran las dos de la mañana y ella estaba tan enérgica como si hubiera dormido un día completo, pues bien, estar acostada sin hacer nada no era para nada su estilo, así que se levantó dispuesta a comenzar con su día a las dos de la mañana. Pauline se sentó frente a su escritorio y prendió la computadora para perder el tiempo en lo que su despertador sonara para prepararse para ir a la escuela. Estuvo navegando por la red en busca de cosas interesantes, pero no había algo que pareciera entretenido a esa hora, así que apagó el aparato y salió de la habitación con dirección a la cocina. Tal vez lavar los dos vasos sucios que estaban en el fregadero le serviría para relajar el cuerpo. Esa fue una pésima idea, ahora tenía ganas de seguir lavando cosas porque comenzaba a estresarse de sólo pensar en que más tarde tendría que volver a ver a pelirrojo. Ella se colocó el delantal y decidió cocinar el desayuno. Ya era de día, así que era lógico que a esa hora de la mañana ya se le podría llamar desayuno a lo que estaba cocinando en el sartén. Últimamente el huevo con jamón se había vuelto su especialidad, así que no dudó en cocinar aquella maravilla para darle un bocado, sin embargo, en el proceso, su teléfono comenzó a vibrar dentro de su habitación. Una vez que Pauline llegó, el sonido cesó y ella tomó el artefacto para revisar quién había marcado. En lo más profundo de su ser esperaba que fuera Christopher, pero solamente se trataba de un número desconocido. Cuando se sirvió el preparado cayó en la cuenta de que realmente no tenía muchas ganas de comer, pero, tomando en cuenta que en su organismo no había quedado ni una sola hoja de lechuga, era indispensable que rellenara aquel hueco con algún alimento. Pauline comió con desgana mientras observaba de vez en cuando el teléfono que estaba a un lado de ella, no quería seguir pensando en que aún tenía la esperanza tan tonta de que Chris la llamara a esa hora de la mañana, aunque seguramente él ya estaría dormido. Inesperadamente el nombre de Christopher se encendió en la pantalla seguido de su ringtone. Pauline tuvo una pequeña crisis y no supo qué hacer cuando presionó el botón verde que permitía responder la llamada. —¿Hola? —saludó nerviosa. —Buen día Pauline, ¿te desperté? —preguntó el chico igual de nervioso que ella. —Sí, acabas de despertarme —mintió mientras sonreía como una tonta. —Disculpa, entonces vuelve a dormir… —¡Espera! —interrumpió Pauline temiendo que él realmente diera por finalizada la llamada. —No estaba durmiendo, de hecho, no he podido dormir en todo éste tiempo. —Ya somos dos, quería saber si puedo pasar mañana por ti para que vayamos a la escuela —ofreció quedamente. Había disfrutado tanto de la compañía de Pauline que, simplemente, le apetecía conocerla mejor para llegar a ser tan buenos amigos tal y como ella lo era de Serene. —Me sorprende tu ofrecimiento, claro que puedes pasar por mí, de todas formas, no tengo nadie más con quien pueda pasar el rato. Serene y Ferdinand parece que han desaparecido del mapa. —Suena un poco lamentable para ser tú, pero no te preocupes, si me terminas agradando tal vez decida ser tu nuevo amigo. —Yo no soy lamentable, deberías estar preocupado de que seas tú quien tenga que agradarme, no al revés. —Es lógico que te caigo bien, te aferraste a mí mientras conducía que tuve miedo de que por tu culpa terminara cayendo de la motocicleta. Pauline recordó la forma en la que se había aferrado al chico, que comenzó a enrojecer de la vergüenza que le provocaban sus acciones. No esperaba que el fuera tan directo con ese hecho tan vergonzoso que ocurrió en más de una ocasión. —Eso solamente ocurrió porque conduces mal, eras capaz de tirarme en la primera curva que tomaras —se excusó sabiendo que esa era una gran mentira, él había respetado las señales de tránsito a la perfección. —Oh vamos, nada te cuesta decir que te agrada estar conmigo. —No, acepto solamente porque así me ahorraré el combustible del día —bromeó sintiéndose tonta por la charla tan sinsentido que estaban teniendo. —Está bien, te veré más tarde —se despidió el pelirrojo con una enorme sonrisa en el rostro. Le parecía sumamente extraña la forma en la que le hacía sentir el sólo escuchar la voz de esa chica. No había nada de especial en ella, pero aun así le emocionaba tener la oportunidad de verla por la mañana. Tal vez de no haber conocido primero a Serene él se hubiera terminado enamorando de Pauline, pero la verdad era que ella y su mejor amiga, tenían actitudes completamente opuestas. Christopher comenzó a arreglarse para ir a recoger a Pauline, no quería que ella se burlara de él por el aspecto tan desenfadado con el que solía despertarse. Su madre siempre ele había recalcado desde la infancia que debía cepillarse bien el cabello porque éste tendía a alborotarse en cuanto él separaba la cabeza de la almohada, además de que, por más cuidado que tuviera, su rostro siempre amanecía con alguna marca dejada por la almohada. Era por ese motivo que el debía levantarse un poco más temprano por el tiempo que tardaba en arreglar su aspecto, se podría decir que tardaba igual o, incluso un poco más, que una mujer. Pauline no corría con mejor suerte, ella había tenido que meterse bajo el chorro de la regadera para poder salir con Christopher en las mejores condiciones posibles. Le encantaba tomar baños por las mañanas, el problema era que el agua tibia la relajaba en exceso y, tomando en cuenta que no había podido dormir bien, el momento tan relajante le comenzaba a producir un sueño enorme. En cuanto terminó, caminó perezosamente hacia su habitación para secarse el cabello y aplicarse la crema para el cabello, ya que estaba a punto de rizar solamente las puntas de éste. No era de mucha ayuda su fatiga acumulada, porque aun debía maquillarse un poco y vestirse para la ocasión. Sabía que no se trataba de una cita, pero le disgustaba salir con un chico y que éste tuviera que verla en la forma menos conveniente posible. Estaba en el proceso del ondulado de cabello cuando alguien tocó a su puerta, ella tuvo que desconectar la tenaza y salir a ver quién estaba molestando a esa hora de la mañana. Ante su puerta apareció un chico pelirrojo vistiendo camisa a cuadros, unos jeans a la cadera y una fragancia que a Pauline le encantaba. Christopher estaba listo para llevarla directo a la escuela, sin embargo soltó una carcajada al verla tomando el pomo de la puerta y sosteniendo una tenaza para el cabello con la otra mano. —Wow, luces maravilloso —comentó Pauline haciéndose a un lado para permitirle el paso. —Gracias, yo podría decir lo mismo. Me veo muy bien. Pauline solamente alzó la vista al techo y cerró la puerta una vez que su amigo ingresó al departamento. —¿Entonces vives sola? —interrogó el chico mientras observaba la forma tan graciosa en la que Pauline se observaba en el espejo para colocarse unas horquillas. —¿Por qué lo preguntas?, obviamente no te contestaré. ¿Cómo sé que no intentarás secuestrarme o algo así? —Debo asumir con eso que sí vives sola, de otra forma vería a alguien aquí cuestionándome qué hago en su casa. —He terminado —dijo Pauline para cambiar el tema. —Será mejor que nos vayamos. Ella se colgó la mochila al hombre y caminó hacia el exterior para subir a la motocicleta de Chris. No quería que él le volviera a echar en cara que ella se había aferrado a su cintura, o que había estado, por muy poco tiempo, obsesionada con la fragancia del chico. —Bájate de ahí. Es mi motocicleta, yo la conduciré —refunfuñó el pelirrojo al ver que ella ya estaba colocada en su lugar. Chris no demoró en tomarla por la cintura y alejarla de un tirón, cuando ella reaccionó ya estaba parada a un costado del transporte. Había sido todo tan rápido que no le dio tiempo de oponerse. —No quiero ir atrás, quiero conducirla. Si no me dejas entonces tendré que ir sola a la universidad y te haré sentir mal hasta que te arrepientas de no haberme dejado conducir —el berrinche de la chica era demasiado infantil, al punto de fastidiar por completo el buen humor de Christopher. —No te dejaré mi motocicleta, si quieres ir sola a la universidad yo no te detendré. Nos vemos allá —el chico se montó en el transporte colocándose el casco. Él no estaba dispuesto a soportar los arranques de molestia sin sentido de Pauline. Le agradaba, claro, pero eso no significaba que estuviera dispuesto a tolerar esas cosas infantiles que las chicas suelen hacer solamente para manipular la mente masculina. Eso no iba con él. Pauline observó cómo la motocicleta se perdía en la distancia. No podía creer que él la hubiese dejado ahí parada frente a su casa. Decidida a no seguir pensando en eso, tuvo que ir a su cochera para sacar la motocicleta y así, manejar hacia la universidad. Tenía que darse prisa para no llegar tarde a la escuela a pesar de que estaba casi segura de que terminaría durmiendo a mitad de alguna de sus aburridas clases. Se abrochó el casco y condujo hacia la universidad, sus ojos a veces intentaban cerrarse y ella se dio cuenta de que, de haber aceptado la invitación de Christopher, seguramente ella se habría quedado dormida aferrada a él. En su mente intentaba buscar excusas a su comportamiento, así que se le hico fácil decir que estaba sensible por haber pasado toda la noche despierta. En retrospectiva, se podía decir que había pasado todo un día completo despierta; veinticuatro horas sin dormir tenían que causar algún efecto en ella, así que probablemente su mal humor se debía a un déficit de sueño. Sí, eso debía ser. Cuando ella estacionó la motocicleta en el lugar de siempre, se sorprendió de no ver el transporte de Christopher ahí, lo buscó con la mirada y se dio cuenta de que probablemente él había utilizado el cajón del otro extremo del estacionamiento. La culpa se hizo presente en ella, deseaba poder disculparse con el chico debido a su pésimo comportamiento ésta mañana. Una persona que nada malo le había hecho no merecía recibir su mal humor. Ella se quedó observando atentamente a la persona que iba de vuelta a la motocicleta quitándose el casco, la mata de cabello rojizo resplandeció con la luz y Pauline sonrió al ver que se trataba de Christopher. Sin pensarlo se lanzó a correr hacia él para ofrecer sus disculpas. —¡Pelirrojo! —gritó al acercarse un poco más a él, —te estoy hablando. —Pauline, no necesito escuchar más reclamo de tu parte. El berrinche de ésta mañana fue más que suficiente por hoy —cortó con brusquedad. —Yo venía a… —Basta, por favor, no tengo el humor adecuado para hablar contigo. Christopher se dio la media vuelta y partió en dirección al edificio donde debía tomar la primera clase, dejando a Pauline con las palabras en la boca. Ella había perdido la oportunidad de disculparse solamente porque su “querido amigo” se había puesto temperamental ésta mañana. Pauline dio la media vuelta con descuido y se topó con una chica a la que derribó, provocando que ella lanzara un vaso de yogurt que embarró la blusa amarilla de Pauline y de paso un par de lentes impactaron el suelo quebrándose la mica de éstos. —Perdona, no fue mi intención —comentó Pauline de inmediato, le tendió la mano a la chica para ayudarle a ponerse de pie. —No te preocupes —murmuró la joven con un acento muy extraño. Debía ser de intercambio de las chicas de primer semestre. Pauline se agachó para levantar los lentes de la chica, se lamentó cuando vio que las micas estrelladas no podrían arreglarse debido a la marca de la que se trataba “Dolce & Gabbana”. Fue inevitable para ella quedarse observando el lujoso modelo que había roto por su descuido. —Toma, perdóname por lo que hice. Realmente mi intención no era hacerte esto —con la mano temblando, Pauline le entregó el par de lentes a su dueña. —No te preocupes, tengo más como estos —agregó la chica lanzando el par de lentes al bote de basura que se encontraba a un costado del cajón de las motocicletas. —Yo lamento haber estropeado tu blusa, no creo que traigas otra muda contigo, ¿cierto? —la chica nueva pasó sus dedos por la fina tela de la blusa de Pauline, —si no es mucha molestia, te llevaré al centro comercial y te compraré una nueva blusa. En realidad, estoy muy avergonzada por no haberme fijado que estaba caminando directo hacia ti. —No fue tu culpa, yo estaba furiosa y giré con descuido. Al escuchar sus excusas, Pauline soltó una carcajada. Había sido muy torpe y ahora intentaba hacerse sentir mejor disculpándose torpemente con esa chica. —Me llamo Pauline Lanilis, estoy estudiando administración de empresas en ese edificio —comentó señalando exactamente el salón en el que tomaría la primera clase. —Soy Caroline Woodlan —respondió la castaña tendiéndole la mano a Pauline para poder estrecharla con firmeza. —Perdona el posible atrevimiento de mi pregunta, ¿el chico con el que estabas discutiendo es tu novio? En ese momento Pauline sonrió, era la primera persona que preguntaba algo como eso, pero se sentía como un dejavú. Ella le había hecho esa misma pregunta a Serene cuando la vio con Ferdinand. —No, él no es mi novio. Digamos que él es… un amigo muy molesto. —Es extraño, hubiera jurado que ambos estaban en una relación. En fin, te veo a las dos de la tarde en punto para ir a comprar tu ropa nueva —Caroline se dio la vuelta y continuó caminando en dirección opuesta a Pauline. La chica se quedó ahí parada sin darse cuenta de que tendría una salida con una desconocida a las dos de la tarde. Ella salió de su trance y corrió hacia el aula, no podía seguir llegando tarde porque su registro de inasistencia se estaba llenando. Corrió desesperada y le costó un poco subir las escaleras, debería mejorar su condición física, pero eso no impidió que llegara justo detrás del profesor. —Señorita Lanilis, ha llegado justo a tiempo. Le recuerdo que tiene muy pocas asistencias y que ese es un requisito para poder acreditar la materia —advirtió el docente mientras colocaba sus documentos sobre el escritorio. —Claro, no volverá a suceder. Pauline avanzó hacia su lugar habitual, para su desgracia Christopher se encontraba sentado a un lado. Ella no quería hablar con él, estaba un poco molesta por lo mal que recibió sus disculpas. La clase comenzó y Pauline estaba completamente concentrada en las palabras del profesor, incluso su hoja antes blanca ahora se encontraba llena de apuntes de la clase. Christopher de vez en cuando volteaba a verla, pero ella fingió no darse cuenta de ello. El profesor dio por terminada la clase y Christopher recogió sus cosas para hacer el cambio de salón, ésta vez le tocaba una clase distinta a la de Pauline, por lo que ya no la volvería a ver hasta dentro de tres horas. Se vio tentado a hablarle a Pauline para solucionar las cosas, pero ella estaba tan concentrada guardando todo en su mochila que no se dio cuenta de que él le estaba hablando. Pauline solamente vio cuando él salió rápidamente del aula. Soltó un suspiro y se sentó nuevamente antes de salir del salón para tomar la siguiente clase, al parecer era matemáticas pero la docente siempre se retrasaba, así que le daría tiempo para poder tomar una siesta antes de que la clase comenzara. Ella se recostó sobre la paleta de la butaca y comenzó a cerrar los ojos. —Qué bueno que te veo —murmuró Caroline mientras sacudía a Pauline por el hombro. —Hola —saludó la chica con torpeza, dándose cuenta después de que aquella castaña ya tenía otro par de anteojos puestos. —Son Givenchy, siempre cargo unos de repuesto —sonrió amablemente y dejó su bolso en la banca contigua. —Eres sorprendente, creo que eso me agrada de ti —comentó enderezándose para no parecer una chica descortés. —Gracias, solamente quería saber si de verdad irás conmigo de compras, no quiero que te sientas presionada solamente porque lo dije más como una orden en ese momento. —No te preocupes, iré con gusto. —Es que me encanta todo esto de la moda. —Ya somos dos, ahora no me sentiré extraña yendo contigo —Pauline sonrió con un poco de incomodidad, le tomó por sorpresa verla en el mismo salón de clases. —Si no te importa, me gustaría que llevaras a tu amigo molesto, al pelirrojo que estaba contigo ésta mañana —mencionó Caroline con un leve sonrojo en sus mejillas. —Ah, Christopher. No sé si él quiera ir en éste momento, creo que el está un poco molesto conmigo… —Claro que iré —interrumpió Christopher, quien había esperado afuera del salón para poder hablar a solas con Pauline. Había permanecido ahí cuando vio que la amiga de Serene no salió del salón, pero tuvo que entrar en cuanto vio que ella estaba hablando distraída con una chica castaña y que parecía no prestarle atención alguna. —Hola, soy Caroline Woodlan —se presentó la chica mientras observaba con timidez a Chris. Pauline solamente veía fijamente a esas dos personas que se quedaron contemplándose mutuamente. No sabía si interrumpirlos era prudente, pero se sintió molesta en cuanto aquella chica lo saludó con tanto ímpetu. —Bueno, entonces nos veremos a las dos —interrumpió Pauline poniéndose de pie entre ambos. Ella salió del salón con la mochila colgando de uno de sus hombros, no tenía ganas de quedarse ahí como una espectadora de esa tierna pareja. Pauline aceleró el paso y comenzó a correr para cambiarse al salón de abajo, donde se impartía matemáticas. Corrió cuando escuchó unas pisadas que se dirigían hacia ella. Se dio la oportunidad de girar hacia atrás pero entonces un chico la impactó de frente haciendo que ambos cayeran al suelo. El teléfono de Pauline se estrelló contra el concreto y el chico se puso rápidamente de pie para ir a recogerlo. —Perdóname, no era mi intención alcanzarte —se disculpó tendiéndole la mano a Pauline. La chica se quedó embobada viendo al chico. Era muy alto, tenía el cabello castaño y unos ojos grisáceos que la hipnotizaron por completo. Su sonrisa, esa fue la causante de que las mejillas de Pauline se tiñeran de un lindo tono rojizo. —No… no, no es tu culpa. Yo me detuve pensando que alguien me estaba siguiendo. Yo fui la que causó éste accidente; de todas formas, parece que hoy me levanté con ganas de arruinarle el día a todas las personas —sonrió mientras sacudía el polvo que se le había quedado en el pantalón. —Eres un idiota —espetó Christopher mientras bajaba las escaleras para aproximarse a ellos. —Cállate, yo causé todo esto. Déjalo en paz —advirtió Pauline observando con hostilidad al pelirrojo que estaba cruzado de brazos frente a ellos. Pauline tomó la mano del desconocido y lo llevó a otra parte del campus para mantenerlo alejado de Christopher, se sentía tan mal por lo ocasionado como para dejar que Christopher los sermoneara. Había sido suficiente por el día de hoy. El tiempo avanzaba y Pauline cayó en la cuenta de que era la segunda vez que faltaba a la clase de matemáticas, y lo peor es que ambas faltas eran a causa de so hombres diferentes. Algo estaba mal con ella. —Discúlpame, no quería que te pelearas con tu novio por mi culpa —interrumpió el chico en cuanto Pauline dejó de sujetar su mano. —Otro más —susurró Pauline cansada de escuchar que pensaran que Christopher y ella eran algo más que amigos. —Eres el segundo que piensa que él es mi novio —agregó al ver que el pobre chico no entendía el contexto de todo. —Pero él estaba evidentemente celoso y molesto por mi culpa. —Claro que no, ese es su estado de humor habitual, es un amigo algo extraño —aclaró la chica sintiendo la necesidad de dar una explicación. —¿Es un amigo con derecho? —¡NO! —gritó alarmada. —Tú, ¿estás bien? —interrogó para cambiar el tema de su conversación, —¿no te lastimaste por mi culpa? —No, solamente me raspé un poco el brazo, pero no es algo que el tiempo no vaya a curar. Pauline sonrió por el comentario y de pronto vio aquella sonrisa que la enloqueció, sintió incluso que sus piernas le fallaron por un par de segundos. —Está bien, ¿quieres ir a charlar un momento?, creo que ambos hemos perdido la oportunidad de entrar a las clases. —Vamos. Ambos fueron a la cafetería de la facultad para poder comer y conversar a gusto, se dieron cuenta de que había muchos temas de conversación que los hacían reír. Estaban tan relajados que el tiempo se les escapó de las manos y solamente los trajo a la realidad el sonido del teléfono de Pauline. Christopher la había contactado al ver que ella no había asistido a la siguiente clase que tomaban juntos, pero ella decidió no responder la llamada. —Qué torpe soy. Me llamo George Collins, creo que no había tenido la oportunidad de presentarme. —Soy Pauline Lanilis, me sorprende que hoy haya tenido que presentarme ya ante dos personas. Oye —agregó recordando la cita que tendría con Caroline, —más tarde saldré con un par de amigos, ¿quieres venir con nosotros? Le pareció una idea maravillosa invitar a aquel chico. Él estaba soltero y seguramente se la pasaría bien con ella, no quería hacer mal tercio con Caroline y Christopher, les daría su espacio si es que George aceptaba salir con ella. —Claro, no veo por qué no. ¿Te parece si te recojo en la puerta “F”? —Hecho, solamente no lo vayas a olvidar. Es hoy a las dos. El chico asintió y se retiró de la mesa de la cafetería en dirección a su aula para tomar las clases. Pauline deambuló un poco más por los pasillos de los edificios pensando en Serene. Era extraño pensar en ella nuevamente ahora que estaba sola, tal vez si ella siguiera en París entonces no habría conocido a Caroline, a Christopher o a George. Su ausencia, de repente, no le pareció tan negativa como ayer. Ella llegó hasta el salón de clases y abrió la puerta, encontrando a Christopher hablando con Caroline y George. Todos estaban reunidos como si se tratara de un grupo de amigos que se conocían desde siempre. —¿Qué hacen todos aquí? —preguntó Pauline impactada por la imagen. —Tomamos juntos ésta clase, solamente que nunca nos hemos hablado porque siempre estabas con Boucher —indicó Goerge. —En mi caso es porque sabes que recientemente llegué —interrumpió Christopher. —Yo solamente estoy aquí porque ambos me parecen muy divertidos —apuntó Caroline sonriendo ante la mirada que ambos chicos le dirigieron. —¡Nadie te preguntó! —reclamaron los dos hombres al unísono. —Vamos Pauline, ven con nosotros —ofreció Caroline haciendo a un lado su banca. —Traeré un asiento para ti —manifestó George poniéndose inmediatamente de pie. En cuanto George dio un paso para salir de su lugar, Christopher lo regresó a su asiento de un solo empujón. Estaba molesto por que el mostrara tanta amabilidad ante Pauline a pesar de que solamente se habían visto esa misma mañana. Pauline solamente observó la escena sintiéndose un poco avergonzada porque los cuatro estaban llamando la atención y ella no era precisamente la clase de persona que se sentía a gusto teniendo la atención de todos solamente en ella. Caroline los observó encantada por haber encontrado más amigos en ese lugar tan peculiar. Las dos chicas se fueron a sentar al rincón del salón para apartarse un poco de sus dos amigos en común. De vez en cuando era abrumador convivir con tantas personas. Caroline nunca había estado rodeada de varias personas debido a que ni siquiera era francesa, en cuanto a Pauline, bueno, ella siempre se había rodeado de las amistades de Serene porque no pensaba que su actitud fuera precisamente “amigable”. —Ellos se comportan como un par de niños —comentó Caroline entrando en confianza con Pauline. —Y eso que ni siquiera estamos cerca de la hora de salida. Pauline no dijo nada más porque de repente le pasaba un poco el hecho de haber invitado a la salida a George solamente para no aburrirse mientras sus otros dos amigos se dedicaban a coquetear entre ellos. Nunca se imaginó que Caroline y George realmente se conocían. —¿Pasa algo? —interrogó la castaña al ver que Pauline se quedaba observando a un punto fijo en la pared con los pensamientos perdidos en alguna otra parte. —No, nada —Pauline apoyo su codo sobre la banca y se recostó sobre su brazo, —realmente quiero ir de compras, pero creo que hoy no estoy de humor para hacerlo. —¿Te gustaría que invitáramos a George?, sé que se ve como la clase de sujeto que quieres golpear en cuanto abre la boca, pero te aseguro que en el fondo es un buen sujeto —comentó Caroline al ver la tristeza en los ojos de Pauline. —Está bien, pero… Pauline tuvo que dejar de hablar en cuanto la profesora inició con el pase de lista. Era una simple formalidad para presionar a los alumnos que cargaban su materia pero que querían darse el lujo de faltar a todas sus clases solamente porque tenían el dinero suficiente para matricularse en esa universidad. La clase comenzó con una divertida charla sobre economía a la cual Pauline no podía continuar poniendo atención. No tenía ni la menor idea de lo que estaba sucediendo a su alrededor porque su mente había viajado a otro lugar al que su cuerpo no podía. Estaba lo suficientemente dispersa como para poner atención a las diapositivas que la profesora había preparado, pero no para poner atención a lo que explicaba. —Pauline, la clase ya terminó —le dijo Caroline sacudiendo levemente a la chica. —Ah, sí, claro. ¿Ya es hora de que nos vayamos? —preguntó Pauline sintiendo que aún no volvía de aquellos pensamientos que la estaban abrumando. Los cuatro amigos recogieron todas sus cosas y comenzaron a bajar las escaleras, todos iban en un completo silencio porque no había nada más qué decir. El ambiente no era el que todos esperaban y eso comenzaba a ser irritante para algunos de ellos. —¿Van a ir así o prefieren cambiarse? Yo puedo llevarlos en mi auto —señaló George haciendo referencia a las condiciones en las que se encontraba la blusa de Pauline con la enorme mancha de yogurt rosado. —Llévatela a ella —intervino Christopher señalando a Caroline, —yo llevaré a Pauline en la motocicleta o se quedará estacionada aquí. George solamente se encogió de hombros y le hizo una seña a Caroline para que comenzara a avanzar en dirección al auto del chico; por otro lado, Pauline caminó hacia su propia motocicleta, las cosas no estaban tan bien entre ambos como para volver a abrazarse a él. —Pauline, espera, dije que te llevaría —comentó Chris siguiendo muy de cerca a su amiga. —No te preocupes, puedo ir yo sola a mi casa para cambiarme, de todas formas, debo ir a dejar mi motocicleta o se quedará aquí y mañana amanecerá como un letrero por parte de los vigilantes de la facultad. —Pauline, ayer te dije que hoy iríamos a hacer otra actividad. Mencioné que te llevaría a algún lugar que no olvidarías y eso es lo que quiero hacer en este momento. Sin dejar que ella respondiera la tomó de los hombros y la llevó, a base de empujones, hacia su propia motocicleta. En sus planes no estaba el hecho de que Pauline se negara, claro que la respetaba, pero también quería hacerle entender que todo había sido un completo error, que no tenían por qué permanecer enojados el uno con el otro. —No te voy a forzar a ir conmigo Pauline —murmuró al ver la negativa de la chica. —Es que no quiero ir. —En ese caso iré con George u Caroline, te esperaremos en el centro comercial. Las cosas no estaban saliendo como ella lo había planeado, necesitaba ofrecer disculpas si quería retomar la poca amistad que estaba teniendo con el pelirrojo. —Es porque no he tenido la oportunidad de ofrecerte disculpas por lo de ésta mañana. No sé qué me pasó esta mañana y actué de una forma irracional e infantil. En verdad lo lamento mucho. —No hay nada de qué disculparse, no tienes por qué sentirte mal de mostrar tus emociones. ¿Vas a venir conmigo? —Claro. Pauline no dijo más y se sentó detrás de Christopher, posteriormente se aferró a la cintura del chico y hundió su rostro en la espalda del pelirrojo para poder llenarse nuevamente del embriagador aroma a madera que tanto le agradaba. No entendía por qué era tan complicado mantener la mente alejada de ese chico, le estaba afectando un poco el hecho de que Serene no se encontraba a su lado.
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