Me despertaron unos rayos de sol que iluminaban la habitación. Me senté en la cama, sintiendo como un dolor de cabeza se extendió por mi cabeza. En mi mente apareció la pregunta de si ya estarían despiertos los demás. La duda desapareció, cuando Scott abrió la puerta y entró en el cuarto. –Vaya, ya estás despierta. ¿Cómo te sientes?– preguntó preocupado e hizo unos pasos firmes hacia la cama. –Creo que bien...– respondí con una voz sosa, ocultándole que me dolía la cabeza. –¿Por qué sus padres y los míos son los mismos?– pensé en voz alta después de unos instantes de silencio. Scott se dio con la mano derecha una palmada en la cara y luego dió un suspiro. Supuse que no le agradaba que recordase a medias lo que había pasado anoche. –Pensé que no lo recordarias.– Sonrió evitando la pr

