REVANCHA

2427 Words
Transcurrieron tres días sin ninguna clase de novedad. Mi familia se empeñaba en hacer amena mi estancia en casa, mientras que yo, como la maldita malagradecida que siempre aparece en los momentos menos oportunos, dejaba salir mi frustración con ellos. Era una maldita amargada que se quejaba de todo y no estaba feliz con nada. Quería levantarme de esa condenada cama y poder hacer algo de provecho, pues sentía que estaba perdiendo el tiempo. Tiempo valioso que pudiera haber usado para practicar cualquiera de las ramas de mi tan esperada prueba. Sin embargo, lo unico que me permitieron hacer, fue dibujar y escribir. Aunque, debo de admitir que eso me sirvió mucho, pues sin ello, realmente me hubiese vuelto loca.   Pedro me visitaba regularmente con el pretexto de revisar mi tobillo, pero lo cierto es que fingía hacerlo para quedarse a conversar conmigo. No sé si mi familia haya tenido algo que ver con ello, pero lo agradezco. Poder conversar con alguien externo a mi familia me sirvió mucho. Pude desahogarme un poco y mi pesar disminuyo considerablemente. Por otra parte, en cuanto Nina llamo a Sophie y Gael para darles la noticia de lo que había sucedido conmigo, de inmediato trataron de llamarme, pero estaba empecinada en mantenerme al margen de todo mundo y me encerré en mi habitación sin responder llamadas. Ni siquiera las de Eddie, quien no se rendía y cada día realizaba decenas de llamadas las cuales, no tuvieron contestación. Peter era el unico a quien le permitía acercárseme. No era nada personal contra mis amigos. Simplemente no me sentía capaz de verlos en ese momento o de escuchar su voz. Me daba vergüenza. Apenas estaba comenzando a acercarme a mis metas y en el momento menos indicando todo se había ido al demonio por una estupidez. Y es que esa clase de cosas solo podrían pasarle a alguien tan desgraciada como a mí. Mis amigos deberían de estar hartos de escuchar mis quejas y por esa razón preferí no acercarme. Sentía como si una maldición estuviera rondándome, pues desde hacia ya mucho tiempo, las cosas no salían como yo esperaba y, por el contrario, se volvían mucho peores. Soy consciente de que la vida puede ponerte cientos de pruebas para ver tu desempeño. Sin embargo, ¿de verdad era necesario usar a una sola persona para esto? Porque poniendo un poco de atención a mi alrededor, las demás personas no parecían sufrir por ello. pareciera que las cosas iban mejor para el vecino. La vida de otros de repente me pareció mucho más fácil y llevadera y a causa de ello llegue incontables veces a desear no ser yo. Quería cambiar milagrosamente de vida. Solamente quería poder llevar una vida normal, en la que mis metas y sueños no se alejaran de mi con mas facilidad que con la que se acercan. Quería eso con toda el alma, pero entonces recordé; lo normal es aburrido. Lo fácil no es permanente. Puede costarme el doble que a los demás, incluso más que eso, es cierto, pero eso es lo que hace que todo valga la pena. Siempre ha sido así. Terminó siempre cansada y con deseos de detenerme, pero al ver el resultado, ese deseo se marcha y me motiva a dar todavía un poco más. Dos semanas. Tenía que estar en reposo por dos semanas y nada de lo que dijera o hiciera podría cambiar ese hecho. Aun si hubiese decidido quejarme y hacer una pataleta como una niña pequeña, nada hubiera cambiado. De modo que, lo mejor que podía hacer, bueno, lo unico que podía hacer, mejor dicho, era seguir luchando bajo las condiciones que se fueron impuestas. Me tomó un poco de tiempo darme cuenta de ello y aceptarlo. Luché contra mis propios pensamientos que a veces me impulsaban más a darme por vencida y abandonar todo. Quise hacerlo, ¡de verdad que sí!, pero no se si fue mi subconsciente, mi costumbre o mi orgullo lo que me lo impidió. Sea lo que sea que haya sido, estoy agradecida por ello.   Al comienzo de la segunda semana de reposo, recuerdo que tomé las muletas y me levanté de la cama, dispuesta a ir hacia la sala para poder estar cerca de mi familia. Mis padres y mi hermano se encontraban en la cocina viendo una película hasta que, notaron que llegaba. Los tres giraron hacia mí algo alterados pues no querían que forzara demasiado mi tobillo. Sin embargo, traté de avanzar de forma lenta para que eso no ocurriera. Tomé asiento en el sillón que habían acondicionado para mí y traté de darles la sonrisa más amplia y verdadera que pude.   ──Necesito continuar con mis prácticas ──les dije. Ellos intercambiaron miradas, pero no me respondieron. Yo tomé aire y suspiré, consciente que los últimos días no había sido una buena persona con nadie a mi alrededor──. ¡Voy a ir a ese colegio! ──. Les aseguré. Mi madre se me acercó preocupada──. No voy a bailar ──le dije antes que pudiera decirme algo──, al menos, no ahora. Esperare a que el tiempo de reposo pase y después veré de nuevo al doctor. Si él me dice que puedo intentarlo, entonces seguiré con el baile. Sin embargo, aun si me dice que no podre hacerlo, continuare practicando las demás ramas para poder entrar a ese colegio.   Mi madre se llevó la mano a la boca e hizo una expresión que me hizo creer que estaría molesta o en desacuerdo con mi idea, pero no fue así. Se acercó y me dio un fuerte abrazo junto con un beso en la frente.   ──En ese caso, dinos que quieres hacer y lo haremos ──ofreció mi padre. ──Iré por tu cuaderno ──dijo mi hermano mientras se ponía de pie y corría a mi habitación por mi cuaderno y mis lápices.   Fue de esa manera que comencé con mi entrenamiento de forma remasterizada. Realice algunos cambios para poder adaptarme a mi situación y mi familia ayudó demasiado en el proceso. Pese a que me dolía demasiado la idea de no poder destacar en el baile, trataba de no pensar en ello y concentrarme en otras cosas que pudieran ayudarme. La primera vez los profesores no solo habían elogiado mis capacidades dancísticas, sino que también las aptitudes actorales, así como mi talento para el dibujo y la pintura, fueron blanco de sus elogios. Por decidí concentrarme en ello y esperar que eso fuera suficiente para poder dar por aceptada aquella audición. Aprendí una nueva melodía en la flauta y practicaba todos los días llegando al punto de hartar a mi familia con ello. Trate de aprender guitarra, pero el tiempo era demasiado corto como para poder dominarla del todo, por lo cual decline la idea. Los días continuaron avanzando y pronto las dos semanas de reposo concluyeron. Era momento de ver los resultados y esperar que estos fueran favorables. Mis padres me acompañaron junto con Nina, quien desde el accidente se comportaba algo distante ya que, de alguna manera se sentía culpable de todo lo ocurrido. Y, debo de admitir que gran parte de ello fue mi culpa, pues en todo ese tiempo me concentré solamente en mí y no tuve la iniciativa de acercarme a ella y dejarle saber que nada de eso era su culpa. Pensé en hacerlo aquel día, pero la oportunidad no se presentaba. Seguimos avanzando hasta que llegamos al hospital. El ambiente era tenso, ninguno de los adultos hablaba a pesar de que yo trataba de entablar conversación para hacer mas llevadero todo eso. Sobra decir que ninguno de mis esfuerzos rindió frutos. Esperamos unos cuantos minutos en la sala de espera, hasta que el doctor Montenegro nos recibió en su consultorio. Mi padre me ayudó a apoyarme sobre las muletas y los tres me esperaron para que pudiéramos entrar juntos. El medico me saludo e inmediatamente comenzó a revisar mi pie. Mando hacer otra prueba en los rayos X y reviso todo lo que necesitaba. Después de un largo rato, nos sentó a los cuatro frente a él. Tenía unas hojas en las manos y las leía detenidamente, mientras su semblante se veía serio. Eso asustó a todos, pues en su mirada se reflejaba la frustración. Sin embargo, antes de hablar emitió una amplia sonrisa y se recargo sobre el escritorio para poder acercarse un poco más a mí.   ──Parece que ha funcionado ──dijo con voz amena. Su sonrisa me fue contagiada. ──Entonces, ¿cree que pueda bailar? ──el hombre tensó los labios. ──Es probable, pero, yo preferiría que esperaras al menos un par de días sin las muletas para que tu tobillo ejercite un poco de manera leve. Sé que tienes una audición pronto, me lo han comentado todos en este hospital, por lo que comprendo que estes ansiosa por comenzar con tus prácticas, pero lo mejor es tratar de ir de a poco. ──No se preocupe, doctor. Obedeceré sus órdenes ──aseguré mientras me llevaba la mano a la cien y realizaba un saludo militar, el cual imitó. ──¡Muy bien! Siendo ese el caso, ¡felicidades por tu audición, querida Meyreth!   Al regresar a casa, el viaje se volvió mucho más ameno. Tanto mis padres como Nina comenzaron a hablar un poco más y eso ayudo a que mi motivación se intensificara. El doctor se quedó con las muletas por lo que pude salir por mi propio pie de aquel edificio. Al llegar a casa, el resto de mi familia me esperaba, nerviosos por conocer los resultados de la consulta. Sin embargo, al verme entrar caminando sin la necesidad de las muletas, fue más que obvio que todo estaba mejorando y eso, era algo que no se veía muy seguido en aquel tiempo. Casi de inmediato, mi familia comenzó a festejar las nuevas buenas. Y yo, envuelta en la euforia del momento, casi me olvido de mi distanciamiento social que obtuve a raíz de todo esto. Las personas presentes en ese momento merecían una disculpa de mi parte. De la misma manera que Gael, Sophia y Eddie la merecían también. Fue entonces cuando me giré bruscamente y tome a Nina de la mano, haciendo que de repente, todo mundo quedara en silencio.   ──¡Perdóname! ──le dije── ¡perdónenme todos! ──. Agregue girando hacia el resto de los presentes──. Fui una verdadera estúpida en todo este tiempo y ninguno de ustedes se merecía ser tratados de la forma como los traté ──. Bajé la cabeza avergonzada, pero mi familia hizo lujo de su empatía para conmigo y no reprendieron por nada. Comprendían la forma como me había comportado y eso era algo que me emocionaba demasiado.   Creo que no voy a cansar de decirlo, pero, a pesar de estar quejándome todo el tiempo por el tipo de vida que me ha tocado vivir. Las carencias por las que he tenido que pasar y los problemas que he tenido que enfrentar, a pesar de todo eso, creo que soy afortunada. Yo nunca he tenido que usar las frases de “Es que mi familia no me entiende” o “Mis padres no me quieren” o cualquier cosa parecida. A pesar de que no ha sido nada fácil tener que lidiar con la clase de persona que soy, mi familia no me ha menospreciado por quien soy o lo que hago, ni por las decisiones que he tomado. Aprecian mis palabras y me impulsan a alcanzar mis metas. Celebran mis logros como si fueran propios y lloran mis penas como si fueran suyas. Soy bendecida por ello y no hay un solo día que no lo agradezca. Por ello, me esfuerzo todos los días. Quiero poder ser la chica que esta familia se merece. Esa que pueda lograr que todos y cada uno de ellos se sientan orgullosos de decir que somos familia. Son mi mayor motivación y mi mayor consuelo y apoyo y no hay absolutamente nada que no me sienta capaz de hacer por ellos.   Pasaron tres días. Me desperté una mañana de sábado, dispuesta a regresar al estudio de baile y poder retomar mis clases. Estaba decidida en cumplir con eso. Esa plaza en el colegio de arte tenia que ser mía y no iba a dejar pasar esa oportunidad. Me lavé la cara y dientes y me vestí con ropa cómoda. Saludé a mi madre y después me despedí para salir rumbo al estudio.   ──¿Segura que no quieres esperar a Nina? ──me dijo algo nerviosa. Yo le sonreí de forma cálida. ──No te preocupes, sé como llegar y como regresar. Estaré bien.   Salí de casa y avance hasta la parada del autobús. Tome uno hacia la ciudad vecina donde se encontraba el estudio y baje unas cuantas cuadras antes. Camine un poco con los audífonos puestos. En el transcurso, comencé a moverme motivada por el ritmo de las canciones que escuchaba, aprovechando que las calles estaban desiertas y nadie podría burlarse de mis improvisados pasos de baile. Al llegar a la puerta del estudio, me encontré con una deplorable escena y es que un gran grupo de chicos rodeaban a una joven, llenándola de insultos y burlas. Me quité los audífonos y observé con cuidado. Tal parecía que Claudia y su patético grupo, habían encontrado un nuevo blanco para sus maltratos. Aquella chica era un poco más baja que ella, de cuerpo delgado y piel tan blanca como la leche. Sus brazos eran demasiado delgados y su rostro era afilado. En sus ojos pude darme cuenta de la frustración por la que estaba pasando pues estaban casi a punto de estallar en llanto. No soporte más aquello. Me quité la mochila y me acerqué de golpe al grupo. Llegue a las espaldas de Claudia quien no se había percatado de mi presencia.   ──Tal parece que tu escarmientas ──le dije, mientras cruzaba los brazos. La chica giró de golpe hacia mi y me vio con los ojos desorbitados. Imagino que no esperaba que me presentara en el estudio después de lo ocurrido──. ¿Cuál es tu nombre, querida? ──le pregunté a la chica, quien limpió su rostro y me vio ruborizada. ──Va… Valeria ──balbuceo. ──Muy bien, Valeria. ¡Permíteme darte la bienvenida al Giselle estudio! ──le dije extendiendo los brazos──. Ahora, imagino que ninguno de estos idiotas te ha dado los pormenores. Sin embargo, tengo algunos asuntos pendientes con esta perra ──comenté para después tomar del cabello a Claudia y hacerla caer al suelo. Había esperado mucho para obtener mi revancha, aunque siendo honesta, no lo había recordado hasta ese momento. 
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