SOMOS DAMAS

2665 Words
El mundo nos encasilla de la manera que le da la gana. Nos impone normas estúpidas de acuerdo con nuestro sexo. Si eres mujeres estás obligada a comportarte como una dama. Llevar la espalda recta y la cabeza en alto. Tolerar las burlas y ofensas que el sexo opuesto expone en forma ──según ellos──, de elogios y piropos para festejar la belleza femenina. Creen que sus palabras nos alagan y que debemos de estar agradecidas por ello, aun cuando nos provocan el asco o aun cuando queremos gritarles y decirles que nos dejen en paz. Nos callamos y lo unico que podemos hacer es llorar, pues la impotencia de no poder hacer lo que en realidad queremos, nos supera. Sin embargo, yo no me considero una mujer convencional. Nunca cumplí con el estándar de una dama. De hecho, nunca fui considerada una verdadera dama. Siempre he sido tosca y violenta… o al menos eso es lo que me han dicho. Tal vez sea por el hecho de nunca quedarme callada. Tal vez sea porque el mundo espera que una dama sea sumisa y acepte las circunstancias de la vida de la forma como se presenten. Sin embargo, hoy en día, ¿Qué mujer esta feliz con ello? Somos acosadas en todos lados. No somos libres de vestir de la manera que queremos. No nos dejan tomar decisiones respecto a nuestro propio cuerpo. Nos ven como seres inferiores que no pueden tomar responsabilidades que usualmente realizaría cualquier varón sin ninguna clase de problemas. Nos llaman el sexo débil, ¡ja! ¿débil? ¿Quién es el débil? Nos hemos enfrentado a la vida de forma diferente a los demás. Soportamos estereotipos estúpidos que la sociedad nos ha impuesto. Debes ser recatada, pero no demasiado, porque una mojigata es aburrida. Debes ser coqueta, pero no demasiado porque nadie quiere a una zorra cerca. Nos dicen que está mal expresar nuestras necesidades emocionales, pero si lo hacemos nos llaman dramáticas. Debemos soportar las burlas y el menosprecio de aquellos que nos ven como seres inferiores. Pero se equivocan al creer que somos débiles. Se equivocan al creer que no podemos superar lo que sea que se presente. Somos damas, es cierto… todas lo somos, sin excepción. Pero también somos guerreras, somos reinas, somos princesas, diosas, profesionistas, deportistas y todo lo que nos de la reverenda gana ser. Somos jodidamente perfectas, fuertes e increíblemente capaces de hacer posible aquello que todo mundo cree imposible. Sin embargo, hemos llegado a un punto en el que simplemente, nos da miedo ser mujeres. Nos da miedo usar una falda o un escote. nos da miedo estar solas en nuestros empleos, pues cualquier idiota cree que puede entrar y tratar de lograr algo con aquella pobre chica indefensa. Creen que debemos de estar agradecidas por aquellos halagos tan obscenos que nos provocan el asco. Piensan ilusamente, que caeremos rendidas a sus pies y que estaremos más que dispuestas a lo que ellos decidan... ¿es en serio? ¿quien es el idiota en este juego? Queremos gritar, queremos golpear, queremos huir. Pero no podemos, la sociedad nos vera a nosotras como las malas del cuento si tratamos de defendernos, y por ello, optamos por no hacerlo. No nos queda más que llorar, pues la frustración es tal que no tenemos otra manera de demostrarlo. Pero sí somos sinceras, todas pensamos y sentimos lo mismo.   No, no me gustan tus palabras obscenas. No, no me vestí de esta manera para provocarte, lo hago porque amo mi cuerpo y si quiero mostrarlo lo voy a hacer de la manera que me de la gana y en el momento que me de la gana. No, no me sobra nada y tampoco me falta nada. ¡Soy perfecta! Y tú, un reverendo cerdo. No, no quiero ser tu amiga solo porque me has dado un obsequio y no, tampoco me voy a acostar contigo solo porque me hables bonito. No soy un premio, no soy un juguete y tampoco soy tuya. No, no estoy obligada a usar maquillaje, ni vestidos o ninguna de esas cosas que tú, consideras femeninas. No voy a callarme solo porque tú lo digas. No voy a ser sumisa. No voy a ser como tú quieras que sea. Entiende querido, no tengo suerte de que te hayas fijado en mí, ¡Tú tienes suerte de que te tolere!   La sociedad no nos domina, nosotras estamos aquí para tomar las riendas de quienes somos y lo que queremos lograr en esta vida. Somos capaces de decidir y luchar por lo que queremos y eso no nos hace menos damas. Porque lo somos. Somos damas, diferentes, es cierto, pero damas en cada aspecto posible. Hermosas a nuestra manera y únicas como ninguna. ¿Por qué tenemos que soportar la inmadurez de aquellos que no pueden ver lo que tienen enfrente? Nos juzgan y creen que debemos ser como quieren, ¡ja! Permíteme burlarme. No tenemos que seguir sus patéticas reglas. No queremos y no lo haremos. Queremos ser libres, merecemos serlo. Ir al trabajo o subir al transporte público, sin sentir miedo de que cualquier idiota se atreva de vernos de forma obscena o trate de propasarse de alguna manera, pues si llega a ocurrir y por alguna razón nos defendemos, a quien acusaran y llamaran de mil maneras, será a nosotras. Por la forma como vestimos o la hora en la que salimos. ¿Te parece justo? Pues al menos a mí no, y no pienso callarme o seguir soportando eso. La sociedad puede irse a la mierda a la hora que le de su maldita gana. No somos florecitas indefensas a las que pueden cortar a la hora que les de su gana. Somos rosas salvajes cargadas de espinas. Dispuestas a defendernos de quien sea en el momento que sea necesario. Y, si los demás no pueden comprenderlo, deben empezar a hacerse a la idea, porque estas rosas están floreciendo y con el pasar del tiempo están logrando volverse más y más fuertes.     Y ahí estábamos. El par de chicas con el cabello alborotado, la ropa rasgada y la cara llena de golpes y moretones, justo frente a la directora y los profesores de las distintas clases del estudio. Me había dejado llevar por mis emociones y me había ido sobre aquella chica, sin detenerme ni un poco a pensar en las consecuencias de ello. Sin embargo, al estar frente a los profesores me di cuenta de la torpeza de mis actos, pues era evidente que ninguno de ellos estaba satisfecho con mi forma de actuar y un castigo, se avecinaba. Bajé la cabeza resignada pues no me sentía con deseos de discutir con ellos. Los respetaba demasiado y les guardaba un cariño muy grande a todos así que no quería levantar la voz y hablar idioteces. Claudia por su parte lloraba como una niñita asustada, haciendo el papel de víctima. Fue entonces cuando me di cuenta. Contaba dos opciones; podría decir la verdad y aceptar el castigo que me esperaba, o bien, podría competir contra aquella chica y demostrar que mis talentos actorales eran cien veces mejores que los suyos. ¿Cuál creen ustedes que fue mi elección? Comencé a llorar de forma pacifica y calmada, haciendo ver que era algo que no podía controlar. ──Me sorprendió lo fácil que me resultaba hacerlo──. Me llevé una mano a la boca y volteé hacia un costado para evitar que los adultos me vieran. Sin embargo, mi intención, era llamar su atención, lo cual evidentemente conseguí.   ──Meyreth, ¿quieres contarme que pasó? ──me preguntó la directora con voz amable. Sonreí internamente para mí, pues era evidente que había conseguido tener al publico en mis manos. Levante la mirada y evite el contacto visual con ella. Limpié con cuidado mis ojos y tomé aire. ──Usted me conoce, señora. Sabe que no soy una persona que permita las injusticias──. La mujer se llevó una mano al pecho, conmovida por mis lagrimas falsas. Claudia por su parte me observaba con los ojos muy abiertos y una expresión fúrica en el rostro──. Tenia deseos de poder continuar con mis prácticas en este increíble estudio al que le tengo tanto cariño ──continué apagando mi voz entre los sollozos──, pero al entrar, lo primero que pude ver es a esta chica golpeando y burlándose de otra de mis compañeras, dígame, señora directora, usted que me conoce, ¿cree que me quedaría sin hacer nada?   Claudia trató de reclamar, pero no se lo permití. Continue con mi actuación y comencé a llorar con más sentimiento, logrando que los presentes se conmovieran   ──Soy consciente de que actué de forma indebida, pero no podía permitir que nadie ensuciara el buen nombre del colegio con semejantes actos de violencia ──. Me lleve las manos a la cara y espere un poco, esperando que mi actuación rindiera frutos. Fue entonces cuando Claudia se puso de pie molesta, mientras golpeaba la mesa de la directora con ambas manos. ──¿No irán a creerle semejante tontería, ¿o sí? ──les dijo indignada. Sin embargo, no escuché que los profesores respondieran. Fue entonces cuando levanté la mirada de forma lenta y observé con cuidado la expresión de sus rostros. ──Para ser honestos, Claudia, querida, ninguno de nosotros ha estado conforme con la aptitud que has tenido estas ultimas semanas ──respondió la directora, tratando de sonar amable. El rostro de la chica se puso pálido como la cera. Tomó asiento lentamente sin quitarle la vista de encima a la mujer, quien permaneció seria──. No había tenido la oportunidad de comprobarlo, hasta el día de hoy, pero es evidente que debes mejorar tu actitud para con tus demás compañeros. ──¿Quiere decir que va a expulsarme del estudio? ──preguntó la chica asustada. ¡BINGO! Pensé para mis adentros. Sin embargo, la directo lo negó con la cabeza. ──No, no, no, ¡claro que no! No es política del estudio expulsar a sus alumnos. Sin embargo, ten por seguro que recibirás una reprimenda. Por otro lado, Meyreth. ──Aceptaré el castigo que tengan preparado para mí ──dije de forma sumisa, antes de que pudiera agregar algo. La mujer me sonrió con ternura. ──Comprendo que tus intenciones eran buenas, pero debes de saber, querida Meyreth, que resolver la violencia con violencia, nunca es la solución. De modo que, no me queda de otra más que darles una lección a ambas. En el transcurso de estas semanas, ambas tendrán la tarea de practicar juntas y crear un par de coreografías.   Mi actuación llegó a su fin. Imité a la chica y me puse de pie mientras golpeaba la mesa.   ──¿Es una broma, ¿cierto? ──repliqué. La directora se puso de pie y nos observó a ambas con calma. ──No, no lo es. ──¡Tengo una audición, ¡no puedo perder el tiempo con ella! ──¿Perder el tiempo? ──reclamó la chica, ofendida. La directora llevó las manos al frente, pidiendo que nos calmáramos. ──Escuchen, soy consciente de que ambas tienen grandes proyectos por delante. Sin embargo, ustedes deben aprender a llevarse bien con cualquiera que comparta su mismo amor por el arte. ¡Son compañeras, ¡por amor de Dios! Comenzaran a partir de mañana en el horario habitual y ocuparan el salón de Miss Angelica. Por ahora pueden retirarse y descansar un poco. No quiero más pleitos, ¿está claro?   No fui capaz de responder en ese momento. Observe a la chica, quien me observaba de la misma manera que yo. con una mezcla de rencor y asco. sin embargo, los profesores estaban empecinados en hacernos cumplir con lo encomendado por la directora. Abandone la dirección y Sali con rumbo al baño, sin darme cuenta de que la chica a la que había salvado hace solo unas cuantas horas, trataba de alcanzarme. Al llegar a la puerta del baño me detuve y giré bruscamente hacia ella, enfrentándola de golpe.   ──¿Se te ofrece algo? ──le dije tomándola por sorpresa. La chica se cohibió un poco y bajo la cabeza── ¡Oh! ¿tú eres Valeria, ¿cierto? ──la chica asintió──. ¿Buscas algo? ──ella volvió a asentir──. Bien, dime. ──Te buscaba a ti ──me dijo en voz apenas audible. No pude evitar emitir una leve risita nerviosa. ──¿A mí? Bueno pues, dime ¿qué puedo hacer por ti? ──Quería darte las gracias ──me dijo apenada. ──¿Las gracias? ¿De qué? Lo unico que hice fue tomar a esa idiota de los pelos. ──¿A quien le dices idiota, idiota? ──reclamó Claudia quien recién entraba al baño. Se recargo en la puerta y cruzó los brazos viéndome retadoramente. Yo por mi parte, sonreí de forma hipócrita. ──¡Oh miren quien esta aquí! ¡pero si es mi querida compañera! ──exclamé de forma sarcástica──, ¿ya conoces a Valeria? Espero que puedan llevarse bien ya que, hasta donde sé, voy a tener que verles las caras seguido y no me gustaría ver un par de caras con arrugas debido a sus ceños fruncidos.   Traté de abandonar el lugar, pero ese par de chicas me siguió.   ──No puedes irte, así como así ──dijo Claudia──. Debemos hablar sobre las coreografías. ──La directora dijo que fuéramos a casa. Mañana podremos preocuparnos por eso ──contesté sin detenerme. Valeria aceleró el paso para llegar a mi lado, mientras observaba asustada a Claudia, quien avanzaba detrás de nosotras. ──¿Crees que esto será tan fácil? ──me detuve en seco, suspiré y di la vuelta hacia ella. ──No, no será fácil. Mi compañera me desprecia tanto como yo a ella. Su estilo y el mío son completamente diferentes, de la misma manera que nuestras técnicas no coinciden en lo más mínimo. Soy consciente de todo eso y también soy consciente de que mi proceso creativo quiere que descanse para poder poner en orden mis ideas y laborar de forma correcta y optima. Te recuerdo querida, que no eres la única que espera que esto salga bien.   La chica me observó molesta de arriba abajo. Intentó irse, pero se detuvo momentáneamente observando hacia la puerta. Movida por la curiosidad, gire de igual manera, pues tenía la intención de saber que era lo que la había paralizado de esa manera. Sin embargo, no esperaba encontrarme con mi viejo amigo Pedro. El chico sonreía de forma amable, mientras se acercaba. En ese momento no me di cuenta de que tanto Claudia como Valeria quedaron anonadadas con mi amigo, como si fuera una especie de adonis griego. Eso me provoco risa, pero ¿no esperarían que desaprovechase esa oportunidad, ¿cierto? Me acerqué a mi amigo y de la nada me fui sobre él abrazándolo por el cuello. El pobre chico solo me observó confundido, pero correspondió de igual manera a mi abrazo.   ──¡Peter! ──dije con voz melosa──, ¿no me digas que has venido hasta aquí para buscarme? ──el chico me observó con burla. ──Sí, sabes que a eso vine ──respondió. Claudia no le quitaba la vista de encima, mientras coquetamente colocaba un mechón de cabello detrás de su oreja. Sin embargo, fui la única que pudo notarlo, ya que mi amigo no le prestaba ni la más mínima atención. ──¿No piensas presentarnos? ──dijo la chica en un tono de voz que no le conocía hasta ese entonces. Aquello me provocó risa, pero fui lo suficientemente fuerte como para ser capaz de contenerme. Se acercó lentamente a nosotros esperando llamar la atención, lo cual evidentemente, no consiguió. ──¡Oh cierto! ──exclamé con exagerada emoción──. Pedro, te presento a Valeria. Valeria, querida, te presento a Pedro ──respondí mientras ignoraba descaradamente a Claudia y me acercaba a Valeria quien temerosa levantó la mirada y saludo tímidamente a mi amigo quien le sonrió de forma amable.   ──¡Mucho gusto! ──dijeron al mismo tiempo. ──¿No quieres ir con nosotros por un helado? ──le dije a la chica mientras la tomaba del brazo y la arrastraba con nosotros.  
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