ANIVERSARIO

3074 Words
El tiempo continuó transcurriendo, como es su costumbre, de forma lenta y continua. O al menos, así lo sentí. En un abrir y cerrar de ojos, estábamos a principios de junio. Se acercaba la fecha, del primer aniversario de la muerte de Joss y eso me ponía demasiado tensa. Aún no había sido capaz de arreglar las cosas con Gael y me sentía demasiado ansiosa por ello. Quería arreglar todo, pero ni siquiera tenía idea de lo que se supone que tenía que hacer para que eso ocurriera. Traté de comunicarme con Sophie, para que me aconsejara en este tema, pero no me sentí capaz de hacerlo. Sentía que era algo que tenía que hacer por mi cuenta y que debía buscar la forma de arreglarlo yo sola. Por otra parte, la condición médica de mi abuelo había mejorado a tal grado, que tanto mi madre como mi hermano, pudieron al fin descansar en casa. Sin embargo, cada día, por la mañana, mi madre nos enviaba a dejar el almuerzo. Cabe mencionar que la casa de mis abuelos se encontraba realmente distanciada de nuestro hogar. Sin mencionar que, estaba sobre una colina inclinada que nos volvía eterno el camino. Mi condición física no era la mejor en aquel tiempo, y era evidente que mi hermano estaba fastidiado por ello, pues prefería ir solo y le rogaba a mi madre para que dejara de obligarme a acompañarlo, pero ella siempre se negaba, tratando de incluirme en cada plan familiar que se presentaba. Trataban de ayudarme, lo sé, pero ni yo, ni mi hermano queríamos vernos forzados a realizar actividades como esas. Así pues, transcurrió una semana llena de quejas y reclamos por parte de ambos, las cuales, de manera evidente, fueron dulcemente ignoradas por mi tierna y amorosa madre. Mi familia estaba convencida en las palabras que les dedico uno de mis primeros psicólogos; ──Una mente ocupada no extraña a nadie ──. Tomando esto en cuenta, mis padres hacían hasta lo imposible por mantenerme ocupada, tanto física, como mentalmente. Aun si en aquel momento no supe verlo de esa manera, ellos solo estaban buscando la manera de ayudarme y demostrarme que de verdad les importaba. Querían que me olvidara de todo lo que me dañaba, pues, aun si yo misma no era capaz de darme cuenta de ello todavía, lo cierto es que esas fechas me tenían mal. Fingía no recordarlo e ignoraba el calendario. No quería que ese día llegara. Tenía miedo, estaba asustada y ni siquiera estaba segura de que era lo que me causaba tanto temor, ¿ver de nuevo a Gael? ¿o recordar que Joss ya no está?   Era un catorce de junio, cuando mi madre entró en mi habitación y me despertó de forma amable.   ──¿Estás lista? ──me dijo animada. Yo giré la cabeza confundida y moví la cabeza, mientras me encogía de hombros. Fue evidente para ella, que yo no tenía ni idea de lo que ella trataba de decirme. Cruzó los brazos y me regaló una mirada reprobatoria── ¿Lo olvidaste? ──la observé avergonzada──, hoy tú y Sophia irán a la capital. Creí que lo recordarías. La familia de Gael las esta esperando. Busca ropa bonita para que uses en la semana y no olvides saludar a Rosario de mi parte, hace tanto que no la veo.   Me quedé inmóvil, con la boca abierta. No recordaba que le había prometido a Sophie asistir con ella a visitar a la familia de Gael. O, tal vez lo recordaba, pero me obligaba a no hacerlo para evitar pensar en él. Que egoísta me estaba comportando.   ──¿Puedo faltar? ──pregunté, todavía aturdida. Mi madre volvió a girar hacia mí, viéndome fastidiada. ──¿Desde cuando mi hija no cumple con sus promesas? ──me cuestionó acorralándome. No tenía más remedio que ponerme de pie y prepararme para la salida. Tenia que salir de la cama y comenzar con ello, pero no pude. Mi cuerpo no me respondía. Estaba temblando y el aire estaba comenzando a hacerme falta. En ese preciso instante, Sophie apareció en escena, corriendo y dando los buenos días mientras entraba a mi habitación sin ninguna clase de reparo. Saltó de golpe sobre la cama y me vio a la cara, mientras sonreía como una niña pequeña. ──Veo que aun no estás lista, ¿quieres que te peine? ──me dijo mientras tomaba un mechón de mi cabello y me sobaba dulcemente la mejilla──. Nuestros fieles caballeros anhelan ver a su reina, esta no puede presentarse ante ellos de esta manera.   Mi madre abandonó la habitación y nos dejó solas. Sophie arreglaba mi cabello en silencio, mientras yo no dejaba de temblar.   ──¿Qué le voy a decir cuando lo vea? ──cuestioné nerviosa. Ella se detuvo y me dio la vuelta. ──Parece como si hablarás de alguien a quien recién conoces ¡Por Dios, ¡hablamos de Gael! ¿crees que a él de verdad le importa lo que pasó? Él te adora, no va a dejar que una discusión los aleje. ──¿Cómo estás tan segura? ──¡Oh, por favor! Nadie conocía a Ness mejor que tú, y de igual forma, nadie conoce a Gael mejor que yo. Confía en mí, estoy segura de que él se muere por verte. Además, recuerda que no estarás sola. Yo estaré contigo y me pondré de tu lado, eso no lo dudes. Tengo tantas ganas de golpear a ese tonto y solo necesito una excusa para hacerlo.   Mi tío Ernesto nos esperaba afuera, mientras hablaba con mi padre. Estaba planeado quedarnos en la gran casa familiar, acompañadas por Eva y por mi prima Aneth, quien se ofreció a cuidar de nosotras y ayudar a Eva con las labores domésticas. Yo comprendía que lo que trataba de hacer, era mantener su mente ocupada para tratar de olvidar lo acontecido con mi tía, quien, dicho sea de paso, era su madre.   Subimos al coche y emprendimos el camino, el cual siempre me parecía eterno. Tanto mis primas como mi tío hacían lo posible por hacer ameno el viaje. Ponían música, cantaban, charlaban e intentaban captar mi atención de cualquier manera posible. En serio juro que mi intención era colaborar con ellos y formar parte de todo eso, pero mis nervios eran superiores a mi voluntad. Mis manos y piernas no dejaron de temblar en todo el trayecto. Sophie pudo darse cuenta de ello, pero supongo que no encontró la manera de hacer que me calmara. Traté de dormir un poco para relajarme, pero también resulto inútil. Termine resignada, mientras fingía que observaba los paisajes por la ventana. El tiempo transcurría verdaderamente lento, lo que provocaba una sensación de calma, que se esfumaba en cuanto la distancia de acortaba. Faltaba poco, solo era cuestión de tiempo para volver a ver a Gael y hacer frente a la realidad que significaba la ausencia de Joss.   Al llegar a la capital, mis nervios aumentaron. Sophie tomó tiernamente mi mano y me susurró al oído.   ──No lo harás sola.   Yo sabía que tenía razón. Pero eso, no aminoraba mis miedos.   Estábamos por llegar a casa. El corazón me latía con fuerza y casi podía sentir, como quería saltar de mi pecho y aterrizar en mis manos. Me lleve la mano a este para tratar de calmarme, pero fue en vano. Llegamos al portón y mi tío detuvo el coche. Eva nos esperaba en la puerta de la casa, mientras se limpiaba la cara, supongo que otra vez se encontraba llorando. Tomamos nuestras maletas y salimos del coche. Apenas pusimos un pie en el pórtico de la entrada, la mujer se fue sobre mis primas y yo para abrazarnos y llenarnos de besos.   ──¡Mis niñas ¡miren nada más lo hermosas y grandes que están! ──nos decía mientras nos llenaba de mimos. Abrazó fuertemente a mi prima Aneth y luego se echó a llorar. Eva no había asistido al funeral de mi tía. No porque no pudiera hacerlo, simplemente, no fue capaz de ello. Eva era una mujer sumamente sensible y muy apegada a mi familia. Hasta donde yo tenía conocimiento, la gran mayoría de mis familiares, habían crecido con ella. La conocían muy bien, y ella de igual manera los conocía a ellos. Era parte de la familia y estoy convencida de que tanto ella, como nosotros lo veíamos de esa manera. Comprendía que, para ella, debía de ser muy difícil poder asistir al funeral y despedirse de mi tía. Por esa razón, ninguno de nosotros la reprochábamos por ello──. Muy bien, mis niñas ──dijo mientras se limpiaba la cara──, han tenido un largo viaje ¡pasen, pasen! Les preparare algo rico para que coman antes de ver a la familia.   Avanzamos por el patio hacia la puerta de entrada, al hacerlo, no pude evitar girar hacia la casa de los gemelos. Se veía tan deprimente y solitaria que me dio miedo.   ──¿Sabes donde está Gael ahora? ──le pregunté a Eva, quien avanzaba de forma tan rápida, que me obligó a correr ligeramente para poder alcanzarla. ──¡Oh, sí! ──respondió ella sin dejar de caminar── a esta hora debe estar con ese amigo suyo, Erick, creo que se llama. ──Eddie ──la corregí. ──Sí, sí, él. ──¿Y crees que ese guapo amigo, del que tanto me han hablado, ¿hará su aparición hoy? ──preguntó Sophia con un aire pícaro. Le di un codazo en las costillas mientras continuaba corriendo detrás de Eva.   Al entrar en la casa, Sophia y yo subimos de inmediato a mi habitación y dejamos las maletas junto al armario. Yo me senté en la orilla de la cama, mientras mi prima comenzaba a desempacar. De pronto volteo hacia la ventana y sonrió de forma nostálgica.   ──Extrañaba tanto estar aquí ──comentó en voz baja. ──Yo no ──respondí secamente──, al menos ya no. ──¡Oh vamos! ¿no me dirás que nada de esto te trae recuerdos? ──Precisamente por eso. Esos recuerdos todavía me duelen.   Luego de un delicioso banquete que Eva, preparó con la ayuda de Aneth, era la hora de enfrentar por fin a mi amigo. Estaba tranquila, pero no me sentía de todo prepara para ello. Sophia tomó mi mano en todo el camino, aunque hay que aceptar que este no era tan largo. Tanto mi tío, como mi prima, decidieron quedarse en casa con Eva, pues sabían que esto, era algo que solo podíamos enfrentar Sophia y yo. Avanzamos lentamente hasta que llegamos a la puerta de la casa. Yo estaba tan nerviosa que no me atreví a tocar. Estaba por dar la vuelta y regresar, pero Sophie no me dio tiempo. Golpeó la puerta y me sujetó con fuerza para evitar que escapará. Luego de unos cuantos segundos, la puerta se abrió. Del otro lado se encontraba la madre de Gael. Vestía un hermoso vestido n***o, que le llegaba un poco más debajo de la rodilla y tenía un delicado vuelo en la parte baja de este. Apenas nos vio, nos sonrió con cariño y nos abrazó.   ──¡Mis niñas! ──nos dijo con dulzura── ¡Me alegra tanto que estén aquí! Gael está arriba. Pueden subir ──. Quería responder, pero de mi boca no salieron palabras. ──¡Muchas gracias! ──respondió Sophia mientras me tomaba de la mano y me arrastraba detrás de ella, sin darme tiempo a nada. Subimos las escaleras y, tal vez por el cansancio o por la adrenalina, pero de pronto el miedo por ver de nuevo a Gael se esfumó momentáneamente. Al llegar a la puerta de su cuarto, Sophia no lo pensó y abrió de golpe, tomando por sorpresa al pobre chico quien se estaba cambiando y tenia el pecho desnudo. Mi prima sonrió y le lanzó un silbido mientras yo abrí los ojos de golpe y me quedé roja de vergüenza. Aparte la mirada y me lleve las manos a los ojos, mientras el chico solo se cubría con una sábana.   ──¡SOPHIA! ──gritó molesto mientras se le acercaba y la retaba con la mirada──, ¿Cuándo aprenderás a tocar antes de entrar? ──¡Ay, no exageres! No vimos nada… aunque tampoco es como si hubiera mucho que ver. ¿Verdad Mey? ──yo continuaba con las manos en el rostro y me negaba a quitarlas hasta que Gael se vistiera──, ¿Ya ves lo que has hecho? ──le dijo Sophie a Gael de forma burlona── ¡has pervertido a mi pura e inocente prima! ──¡¿YO?! ──¡Sí, tú! Contoneándote desnudo como si nada. ──Estoy en mi habitación y no esperaba que abrieras la puerta sin ninguna clase de aviso. ──Sabías que vendríamos, apuesto a que por eso decidiste pasearte por todos lados sin camisa. Querías lucirte, ¿cierto? ──¡DEJA DE DECIR TONTERIAS! ──¡BASTA! ──intervine──, tú vete a cambiar y, tú Sophia, deja de hablar por favor ──. Mi prima reía al igual que Gael. Giro hacia mí e hizo una reverencia. ──¡Lo que ordené su majestad! ¡ya la oíste tonto, ¡vístete!   El chico dio la vuelta y se vistió con una camisa a cuadros que se encontraba sobre su cama. Después giró hacia nosotras mientras sujetaba los botones.   ──Creí que llegarían más temprano ──comentó con la vista fija en el ojal de su camisa. ──De hecho lo hicimos, pero ya conoces a Eva, no iba a dejarnos salir de casa sin antes alimentarnos como si fuéramos naufragas recién rescatadas ──comentó Sophia. Ambos rieron, pero yo permanecí callada en un rincón con la mirada sobre mis zapatos. Pude sentir como ambos cruzaban miradas entre ellos y se me acercaban. Levanté la mirada y me encontré con el rostro de Gael, quien me observaba avergonzado.   ──Pe… perdón ──balbuceé. Él me sonrió mientras acariciaba mi mentón. ──¿Desde cuando mi reina tiene que pedirle perdón a alguien como yo? ──me dijo con voz solemne── ¡Soy yo quien debería de estar postrado a tus pies rogando que me perdones? ──sonreí. ──Entonces, ¿qué esperas para hacerlo? ──le dije riendo, para después darle un fuerte abrazo el cual fue correspondido de forma cálida y fraterna. Luego de un breve instante, Sophie se unió a nosotros y terminamos riendo, por la alegría de volvernos a ver── ¡Los extrañe tanto! ──les dije sin soltarlos. ──Yo también las extrañe mucho ──respondió Gael. ──Bueno, bueno, basta de apapachos ──exclamó Sophie mientras nos soltaba y se dirigía hacia la cama──. Dime Gael, conoceré al fin a ese chico del que tanto me han hablado. ──¿Te refieres a Eddie? ──pregunté. Mi prima sonrió de forma perversa. ──¡Oh! El buen “Eddie” ──comentó burlonamente── ¿creen que es muy pronto para pensar en invitarlo a salir? ──Gael giró de inmediato y la vio molesto. ──¡SOPHIA! ──replicó, mientras su cara se ponía roja como un tomate, lo cual terminó por darnos risa.   Continuamos un rato más en la habitación, charlando y bromeando hasta que Sophia comentó que tenia algo de frio, por lo cual, Gael se acercó a su armario para tomar un abrigo y ofrecérselo. Sin embargo, al abrir la puerta de este, una vieja fotografía salió volando y fue a dar hasta mis pies, quedando boca abajo. Me incliné para tomarla y al darle la vuelta, sentí un golpe de realidad. De repente, caí en cuanta de la razón por la que nos encontrábamos reunidos aquel día. Aquella era una vieja fotografía de nosotros cinco, algunos años atrás. Estábamos reunidos en lo que parecía ser la entrada a mi casa, vestidos con diferentes disfraces, dispuestos a festejar uno de nuestros primeros Halloween juntos. Los cinco sonreíamos como hacia mucho tiempo que no lo hacía. Ver aquello, hizo que un nudo comenzara a formarse en mi pecho, pero no quería afectar a mis amigos. Quise ocultarla, pero ya era tarde. Sophia se dio cuenta de mi estado y me la arrebato de las manos. Apenas la vio, su semblante y su mirada cambiaron. Se llevo la mano a la boca, evitando llorar. Gael, se acercó y le colocó su abrigo sobre la espalda. Vio la fotografía y la abrazo ligeramente. Ninguno de nosotros, había podido ser capaz de sonreír de nuevo como en aquella foto. Desde que Ness y Joss partieron, nuestras sonrisas se volvieron falsas y efímeras y los tres lo sabíamos.   ──Es increíble que ya haya pasado un año ──comentó Sophie, sin quitar la vista de la fotografía. Ni Gael ni yo respondimos──. Los niños de esta fotografía tienen suerte, al menos ellos podrán estar siempre juntos y conservar sus sonrisas ──sé que mis amigos trataban de ser fuertes. Sé que ninguno quería verse o sentirse vulnerable aquel día. Lo sé… pero en ese momento, dejo de importarnos. Ya no lo soporté más y me eché a llorar a lagrima viva, seguida de ambos. ──¡LOS EXTRAÑO MUCHO! ──dije mientras las lágrimas abandonaban mis ojos, una tras otras. ──¡YO TAMBIEN, LOS QUIERO AQUÍ! ──exclamó Sophia mientras me abrazaba. Gael trato de consolarnos, pero el también se encontraba llorando y había dejado de fingir que era fuerte. ──¡ELLOS NO DEBIERON IRSE NUNCA! ──sollozó mientras se acercaba a nosotras. Los tres estábamos realmente mal. Lloramos, tal vez todo lo que no habíamos podido llorar en todo este tiempo. Nuestros lamentos fueron tales, que de pronto los padres de Gael tuvieron que subir, seguidos por Aneth y Eva, quienes iban detrás de ellos.   Un año se nos fue. Sobrevivimos a la soledad y al hecho de no ver más el rostro de un amigo. Pero quisimos fingir que éramos fuertes. Quisimos decirle al mundo que podíamos con todo, cuando lo cierto era, que no teníamos fuerzas para continuar sosteniendo esa mentira. Nos obligamos a continuar y seguir nuestras vidas como si nada, porque eso fue lo que los demás nos dijeron que hiciéramos. Nos hicieron continuar, aun cuando lo que mas deseábamos, era parar para poder tratar de sanar. No pudimos hacerlo. Llegamos a un límite que no creíamos real. Y aquel día, al ver esa vieja fotografía, esos recuerdos llegaron de golpe y nos hicieron darnos cuenta de lo débiles y frágiles que de verdad éramos. Está bien, no estar bien. Está bien llorar. Está bien detenerse un poco y buscar ayuda, pero nosotros, no fuimos capaces de hacerlo, hasta que el camino, nos llevo justo al mismo lugar donde todo había iniciado  
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