PRACTICA

2646 Words
El amor se manifiesta de distintas maneras. Para muchos adultos, es como regresar a su época de adolescentes y experimentar todo de nuevo, como si fuera la primera vez. Existen diversos mitos alrededor de este magnifico sentimiento y muchos de ellos, aun no son del todo desmentidos. Al menos no, hasta que eres capaz de vivirlos en carne propia. Sentir la necesidad de llamar a esa persona para contarle todo lo que ocurre en tu vida, antes que contárselo a cualquier otra persona, puede ser un indicio muy claro de que tus sentimientos por ese ser comienzan a intensificarse. Ponerlo primero en tu lista prioridades, nombrarlo en cada plan futuro que te viene a la cabeza e imaginar tu vida siempre teniendo en cuenta su presencia… tal vez es ahí cuando comienza ese sentimiento. No lo sé, no puedo estar segura de ello. Sin embargo, puedo asegurar que, en ese momento de mi vida, ya sentía querer a Eddie.   Me gustaba hablar con él. Me alegraba cuando me contaba su día y me preocupaba cuando me contaba cuando algo iba mal. Y de alguna manera, sentí que el sentimiento era mutuo, lo cual hacia esa conexión mucho más especial.   Lo llamé de inmediato y le conté la gran noticia. Apenas se lo dije comenzó a gritar y felicitarme como si fuera él quien se presentaría en aquella audición. Escucharlo tan feliz por mí, hizo que mi corazón se acelerara. No esperaba que alguien a quien había conocido hace tan poco, pudiera llegar a apreciarme de tal manera que sintiera euforia por mis triunfos. Para cuando terminé mi llamada, la cual, por cierto, no fue para nada corta, mi familia me observaba de forma picara. Elli se acercó a mí y me vio con burla mientras me picaba las costillas.   ──¿Era tu novio? ──me cuestionó, haciendo que mi rostro se ruborizara. ──¡CLARO QUE NO! ──negué rotundamente mientras perseguía a mi pequeña sobrina por todo el patio y mi familia reía a carcajadas.   Al caer la noche llamé a Sophia;   ──Haré de nuevo la audición ──le dije en cuanto contestó la llamada. Ella solo rio. ──¡Lo sabía! ¿estás nerviosa? ──¡Por supuesto que no! ──le aseguré──. Los nervios y el pánico escénico son cosas a las que no les temo. ──¡Eso ¡así se habla! Demuéstrales a todos, lo que una reina es capaz de hacer.   Continuamos conversando hasta altas horas de la madrugada. Ambas debíamos dormir, pero ninguna de las dos parecía cansada. Por el contrario, estábamos tan animadas que pareciera que tuviéramos años sin habernos visto. Hablamos sin parar, hasta de las cosas más ridículas que pudimos y por ese breve momento en mi vida, cada una de las cosas que me dañaban y causaban dolor, simplemente dejaron de existir. No había nada más que cosas buenas. Noticias, amigos y familia, solo cosas hermosas.   Al otro día, lo primero que hice al despertar, fue llamar a Gael, quien me respondió con voz despierta, clara y fuerte. ──¿Soy el ultimo en recibir la noticia? ──me cuestionó antes de que tuviera tiempo de hablar. No fui capaz de responder en seguida porque la verdad, no supe si estaba molesto o solo quería burlarse de mí, de modo que me quedé callada un instante hasta que lo escuché reír──. Eddie me dijo que lo llamaste ayer ──mis mejillas comenzaron a arder. ──¿Ah sí? ──¡Sí! Creí que recibiría tu llamada pronto, pero luego recordé que Sophie seria la siguiente y las charlas de chicas no suelen ser cortas así que traté de dormir. Pero, como imaginaras, el sueño dejo de ser amigo mío desde hace mucho tiempo, así que ese plan no dio resultado. ──Me haces sentir como una pésima amiga ──le dije avergonzada. Él volvió a reír. ──¡No digas tonterías! Eres la mejor amiga que alguien pudiera tener. Sin embargo, tu lista de prioridades ha cambiado un poco… ¿quieres hablarme de Eddie? ──. Torcí los ojos y me puse de pie para comenzar a recorrer toda mi habitación como si fuera inmensa. No comprendía por que todo mundo insistía en hablarme de aquel chico, haciéndome imposible olvidarlo. ──¡No, por favor! Tú no me hagas esto ──le dije fastidiada, pero eso lo sirvió para que mi amigo se echara a reír de nuevo. ──Bueno, bueno, dejemos ese tema por ahora. Hablemos de lo que es importante en este momento… ¿Estás lista para tu audición? ──¡Oh! Eso me recuerda… ¡Eres un vil traidor! ──le reclamé en tono burlón, mientras él seguía riendo──. ¿Te atreviste a contarle todo a Nina? ──¡CLARO QUE NO! ──se defendió entre risas──. El colegio tenía registrado el numero de la casa de Nina, que, como sabrás era la vieja casa donde alguna vez llegó a vivir Ness. Por ello se comunicaron con ella y le preguntaron sobre tu admisión en el colegio extranjero. La mentira tiene pies pequeños, amiga mía y nuestra mentira no fue lo suficientemente buena. Aunque, hay que admitir que eso es un golpe de suerte porque ahora tienes la oportunidad de recuperar tus sueños ──Gael, hablaba mucho más animado que antes y su voz se escuchaba mucho más alegre que en fechas anteriores lo cual, me hizo sonreír. ──Te escuchas demasiado feliz, dime, ¿es por mí ¿o acaso encontraste a una chica por ahí? ──él solo emitió una fuerte y sonora carcajada. ──¡Oh, vamos! ¿en serio me crees capaz?   Nuestra conversación continuó, incluso durante el desayuno. Esperaba que mis padres me riñeran por ello, pues prácticamente, había estado pegada del teléfono desde el día anterior hasta aquel momento y para cualquiera, ese echo pudiera llegar a ser molesto. Sin embargo, ninguno me dijo nada. Por el contrario, me sonreían aliviados.   Habían ocurrido demasiados sucesos en un corto lapso. Y ninguno de dichos sucesos, figuraba ningún sentimiento favorable. Las personas que nos eran cercanas tuvieron que ver la forma como dichas situaciones nos desmoronaban y nos dañaban de todas las formas posibles. Por ello, imagino que, para ellos, vernos y escucharnos reír, aun por las cosas mas insignificantes o tontas, era un gran alivio.   La depresión, no afecta solo a la persona que la padece, sino también a aquellos que le rodean. Su familia, amigos o seres queridos que poco a poco, van viendo caer a esa persona sin poder hacer algo por ella. Esa clase de impotencia se presenta frecuentemente y es angustiante. Yo no supe verlo en ese momento, pues me concentré pura y exclusivamente en mí. En mi dolor y mi pena. Dejando de lado a todos los que trataban de acercarse a mí para brindarme su mano y evitar que cayera. No supe ver que ellos también estaban mal. No fui capaz de darme cuenta de que mis actos los dañaban y que estaba siendo parte de ese maldito circulo.   “Una persona dañada, solo puede causar dolor”   Eso era lo que estaba haciendo de forma inconsciente. Sin embargo, ahora no es así. Tuve suerte, supongo. Logré abrir los ojos y darme cuenta de que mis actos traen consigo consecuencias que no quiero que las personas que amo tengan que vivir. ──El ciclo del dolor termina conmigo──. Escuché en alguna parte que las personas infelices, solo son capaces de dañar a otros y causar dolor. Escuche que ese es el llamado “ciclo del dolor”. Pero yo no quiero formar parte de ello. ¿Soy infeliz? Sí, desde luego que sí. ¿Estoy rota? ¡Claro! Eso es obvio, pero ninguna de esas circunstancias me da el derecho de repartir mis miseras a los demás. Soy infeliz, pero mi mayor ambición será hacer feliz a alguien más. Estoy rota, pero seré capaz de reparar a alguien más. El hecho de que mi vida entera sea una mierda, no quiere decir que tengo que hacer miserable la vida de otros, ¿Qué ganaría con ello? Solo provocaría más pena y dolor y el mundo ya esta harto de ello.   Unos pocos días después, me encontraba dormitando cuando alguien de repente jalo de mis sábanas, haciendo que cayera de bruces al suelo. Me levanté de inmediato, dispuesta a reñirle al culpable, cuando me encontré con la mirada de Nina, quien me observaba con burla.   ──¡vístete rápido! ──me ordenó──. Iremos al estudio, recibirás clases privadas para poder presentar tu audición.   Me levanté lo más rápido que pude y fui detrás de ella, tratando de pedir alguna explicación, pues aún era demasiado temprano y mi cerebro aun no reaccionaba del todo. Nina, por su parte solo me sonreía de forma picara mientras me daba la espalda.   ──¡Con un demonio ¡dime algo! ──le exigí en un berrinche. Ella solo giró hacia mi y me froto la cabeza como si fuera una niña pequeña. ──He hablado con tus antiguas maestras de baile. Todas están emocionadas por tu audición y aceptaron ayudarte con tu preparación en el baile. Es por eso por lo que tenemos que ir temprano. ¡oh! Y no te preocupes, yo me encargaré de todo ──. Agregó mientras frotaba sus dedos frente a mi cara──. Ahora, ¡date prisa!   De inmediato me vestí, lavé mis dientes y cara y recogí mi cabello. Aun era demasiado temprano y no apetecía comer nada, sin mencionar que el ejercicio al que seria sometida me haría vomitar si comía más de la cuenta, por lo que preferí no hacerlo. Cuando al fin estuve preparada, subimos al coche de Nina y emprendimos el camino. En el transcurso de este, no deje de hablar como un maldito loro. Hacia demasiado tiempo que no me emocionaba de esa manera por ningún suceso en mi vida. Sin embargo, en ese preciso momento, todo parecía ser perfecto y lo unico que quería hacer era gritarlo a los cuatro vientos. Moria por visitar las tumbas de mis amigos para poder decirles: ──¡Hey! ¡miren todo lo que he hecho por ustedes! ──   Quería cumplir con la promesa de hacerlos sentir orgullosos donde quiera que estuviera y, de alguna manera, sentía que estaba acercándome a ello. Pese a que, para cualquier persona, mis logros serian pequeños en comparación, para significaban mucho. y tanto mi familia como mis amigos cercanos sabían de ello.   Seguimos avanzando, hasta que logramos llegar al estudio. Solo íbamos Nina y yo y el lugar parecía desierto. Entramos sin ningún problema. La recepcionista, aun no había llegado por lo que entramos directamente al salón principal de baile. Apenas pusimos un pie en el lugar se escucharon aplausos y porras, sin mencionar que un gran numero de globos y papeles coloridos comenzaron a caer del suelo. Trate de esquivar aquel colorido desastre para encontrarme con los rostros de mis antiguas maestras quienes me veían orgullosas y eufóricas. Miss Angelica, fue la primera en acercarse a mi y darme un fuerte y apretado abrazo.   ──¡Oh mi niña, ¡que orgullosas estamos de ti! ──me dijo mientras me obligaba a saltar con ella. ──¡Ya déjala! Vas a terminar rompiendo sus piernas antes de su audición ──la regaño otra de las maestras, no supe con exactitud cual de ellas. ──¡Muy bien! ──exclamó miss Laury mientras dama un aplauso frente a su rostro──. Dejemos de lado las felicitaciones y pasemos directamente a la práctica. Queremos que nuestra pequeña discípula se luzca en esa audición.   Así pues, comenzó mi entrenamiento. Sobra decir que estaba demasiado oxidada. Muchos de esos ejercicios que en algún tiempo me parecieron fáciles, aquel día me resultaron extenuantes. Sin embargo, no me queje ni una sola vez y tampoco use mi inhalador, pese a que sentía que lo necesitaba. Las maestras no fueron condescendientes conmigo. Fueron duras y estrictas, como siempre han sido y estoy agradecida por ello, pues me impulsaron a querer mejorar y darlo todo de mí. Marcaron mis errores y me ayudaron a corregirlos. Sin embargo, me sentía tonta. No era la misma chica que era antes, pero tampoco ambicionaba serlo. Quería ser mejor. Quería superarme a mi misma y demostrarme que podía con este reto. Poco a poco, las maestras fueron abandonando el salón para ir a comenzar con sus clases habituales. Al final, me quede sola, junto a la Miss Abbie, quien era una de las más veteranas y tenia una basta experiencia en cuanto a concursos se refiere. Sin embargo, jamás conté con el echo de que las clases habían comenzado para los estudiantes habituales y el lugar donde me encontraba, era nada más y nada menos que el salón principal. De manera que los alumnos poco a poco fueron entrando en la sala, mientras observaban mi practica junto a Miss Abbie. Para cuando mi practica terminó, me di cuenta de que Claudia y su gran numero de seguidores esperaban para dar inicio con su clase. Me vio de arriba abajo, pero no fue capaz de decirme absolutamente nada. Miss Abbie dio por terminada mi clase, pero me pidió que me quedara a observar la clase de los habituales para poder aprender un poco de ellos. De modo que tome asiento en el lugar que, comúnmente esta designado para las madres.   ──¿Qué se supone que hace esta chica aquí? ──preguntó Claudia escupiendo veneno como era su costumbre. Sin embargo, Miss Abbie sonrió. ──Mi querida Queen ha sido elegida por uno de los colegios de arte más prestigioso del país, por lo que debe prepararse para su próxima audición ──. Le dijo. Aquella pobre chica no sabia para donde voltear, así que solo pudo bajar la cabeza, mientras los demás comenzaban a murmurar sin importarles que yo estuviera presente. Aunque, la verdad, estaba demasiado cansada como para prestarle atención a cosas como esas.   La clase habitual dio inicio. Traté de prestar atención tanto como pude, pero, para ser honesta, la sola idea de estar en la misma habitación que aquellos chicos, me molestaba demasiado y no me permitía concentrarme como debería. Al final de la clase, miss Abbie nos reunió a todos y nos dio indicaciones. Nos pidió que tratáramos de ensayar un poco más afuera del estudio y que tratáramos de ser más expresivos a la hora de presentar el baile. Yo me quedé en silencio escuchando lo que decía cuando de pronto dijo mi nombre y sentí temor. Pensaba que diría mis errores en voz alta, justo delante de todos y no quería que eso pasara. Sin embargo, casi como si de un milagro se tratara, eso no ocurrió. Sino todo lo contrario. enalteció mis logros y me puso como un claro ejemplo de determinación y expresión y me pidió que demostrara la coreografía que habíamos estado ensayando ese día. sentí un poco de nervios por ello, pues en verdad no quería seguir cerca de aquellos chicos. Me moría de ganas de terminar con eso para poder regresar a casa y descansar un poco, así que no me quedaba de otra más que bailar. Pasé al centro de la pista y di comienzo con la coreografía que, prácticamente había aprendido en un día.   No voy a negar que tuve algunos tropiezos al comienzo, pero conforme fui avanzando, fui mejorando y terminé de forma satisfactoria. Al termino, mis Abbie aplaudió y me sonrió.   ──¡Muy bien, Mey! ──¿Bien? ──se ofendió Claudia── ¡Pero si ha tenido un sinfín de errores! ──miss Abbie giró hacia ella y la vio detenidamente. ──Cierto, ha tenido errores. Sin embargo, para ser una coreografía que ha aprendido solo en unas cuantas horas, su desempeño en sorprendente. Alumnos como tú han mantenido los mismos errores incluso en coreografías que han practicado por semanas ──. La pobre chica no fue capaz de replicar absolutamente nada. Yo quería sonreír ¡en serio quería sonreír! pero termine por sentirme mal por ella. 
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