Tic-toc, tic-toc, tic-toc. El sonido del reloj estaba comenzando a hartarme. Quería dormir un poco más, pues era una de esas pocas noches en las que el sueño había regresado de forma casi milagrosa. Quería poder aprovechar aquella oportunidad antes de tener que regresar a mis acostumbradas noches de insomnio. Sin embargo, el maldito reloj estaba empecinado en mantenerme despierta. Tic.toc, tic-toc. Me lleve la almohada a los idos en un vano intento por tratar de apagar el ruido, pero lo único que conseguí, fue que la almohada escapara de mis manos y saliera volando, provocando que lograra despertar del todo. Me recosté molesta y alumbré el reloj con la lampara de mi teléfono. Eran las seis de la mañana. ¡Maldición! ¿es acaso que no merezco una noche completa de sueño?
Sabía que no sería capaz de volver a dormir así que ni siquiera lo intenté. Me quedé un rato sobre la cama pensando que podía hacer para matar el tiempo. Mis padres acostumbraban a despertar desde las seis y media de la madrugada, pero aquel día eran mediados de agosto y aun estaban las vacaciones, por lo que no había motivos para despertar más temprano. Sabía que despertarían a las siete o incluso más tarde y que si despertaba antes podría llamar demasiado la atención y la verdad no quería eso. Me quedé un buen rato observando el reloj, como si el tiempo pudiera avanzar más rápido solo con eso. Pensaba en la forma de entretenerme, pero no había mucho que pudiera hacer sin generar ruido. Quería ser discreta para no despertar a nadie en la casa. Entonces, me puse de pie y me acerqué a mi escritorio, tomé mi viejo cuaderno junto con un lápiz y un borrador y comencé a dibujar. El tiempo se me fue verdaderamente rápido en eso. No fui capaz de regresar a la realidad sino hasta que mi madre comenzó a llamarme a gritos para que saliera desayunar. En ese momento solté el lápiz y observé mi obra. No supe porque, pero sin darme cuenta había hecho un retrato de Eddie. Era genuinamente idéntico a él. Su sonrisa e incluso la forma como sus ojos se volvían más grandes por el aumento de sus lentes. Sonreí con burla y tomé el celular. Marqué el número del chico y esperé mientras el celular sonaba.
──¿Bueno? ──respondió el pobre chico con voz cansada.
──¡Te tengo una sorpresa! ──expresé entusiasmada. Alcancé a escuchar como el chico emitía un gran bostezo.
──¿A esta hora? ──preguntó con voz adormilada── ¡Mey, son las ocho de la mañana!
──Bueno, si no quieres tu sorpresa, puedo quedármela… o mejor aún puedo tirarla.
──¡NO! ──dijo con una voz mucho más despierta──. Quiero mi sorpresa.
──¡Muy bien! ──le dije──. En ese caso cuelga, te enviaré la foto de tu sorpresa.
El chico terminó la llamada sin despedirse y yo procedí a tomarme una fotografía mientras sostenía el dibujo y hacia una mueca. Cuando tuve la fotografía se la envié y Sali para poder desayunar. Aun no me había sentado a la mesa, cuando llegó un mensaje suyo:
──¿En serio pensaste en mí tan temprano? ──me quedé un instante sin moverme. La verdad no había pensado mucho en ello. ¿Por qué me había despertado para dibujarlo? ¿y por qué precisamente a él? En aquel tiempo no acostumbraba mucho a hacer retratos, porque no me consideraba lo suficientemente buena para ello. Pero aquel día, dibuje sin ni siquiera pensarlo y el resultado me había gustado demasiado──. Me has dibujado mucho más hermoso de lo que en verdad soy, pero en serio amo el detalle ──me dijo en otro mensaje, el cual no contesté. Me deje caer en la silla con la mirada perdida, tratando de entender lo que sentía en ese momento──. Ten un buen día, bonita. Te quiero ──escribió en un tercer mensaje, haciendo que soltara el teléfono y me llevara una mano al pecho, pues mi corazón comenzó a latir de forma acelerada y aun no comprendía la razón de ello.
──¿Te pasa algo? ──preguntó mi hermano.
──¿Ah? ──le respondí saliendo de mi trance. Él me observaba algo extrañado.
──Hace cinco minutos que mi madre te ha servido y aun no tocas tu comida, ¿te pasa algo? ¿o no tienes hambre? Si no tienes hambre, ¿puedo comerme tu plato?
──¡Hey! ──protesté mientras alejaba su mano y tomaba el tenedor para reclamar mi comida.
Traté de concentrarme en mi comida e ignorar por completo, todo lo relacionado con Eddie, pero no pude. En el transcurso del día, no pude hacer más que pensar en él y eso comenzaba a darme miedo. Trate de practicar mi baile, pero su rostro continuaba apareciendo de forma intermitente en mi cabeza. Entonces pensé en dibujar algo, pero sin importar cuanto me esforzara, siempre terminaba dibujando su rostro o algo parecido a este. Me harté y decidí llamar a Sophie y contarle lo que me estaba pasando. Ella me escuchó atentamente y cuando termine soltó una fuerte y escandalosa carcajada.
──¡No cabe duda ──dijo entusiasmada── ¡estás enamorada! ──esta vez quien se echó a reír fui yo.
──¡Oh por favor! ¿no esperaras que me enamore tan fácil de alguien?
──¿Y por qué no? Eddie es muy guapo y ambos tienen muchas cosas en común. Sin mencionar que tanto Gael como yo, daríamos nuestra bendición para que corteje a nuestra amada reina.
──¡Ay, aja! ¿Ahora resulta que solo por eso tengo que salir con él?
──Bueno, no precisamente, pero sí sería un factor determinante.
──No creo estar enamorada, Sophie ──aseguré.
──Bueno, bueno, no voy a presionarte. Eres demasiado inocente y no quiero que termines por asustarte. Te darás cuenta de esto tu sola, pero por lo pronto, debemos saber qué es lo que piensa Eddie de ti.
──¿Qué es lo que planeas, Sophia? ──le cuestione con una voz alarmada, pues conocía muy bien el tono de voz en que hablaba y sabia que cuando lo usaba, nada bueno ocurría. Mi adorada prima, solo se limitó a reír burlonamente.
──¡Nada, nada! ──dijo conteniendo la risa──. Yo jamás haría algo que no quieras… ahora te dejo, tengo que hablar con Gael ──me dijo para después cortar la llamada, sin darme tiempo a nada. Trate de llamarla de vuelta, pero nunca me respondió. Sabía que nada de lo que dijera o hiciera, haría que mi prima cambiara de parecer. Estaba decidida en hacer quien sabe que cosa, y aunque me moría de ganas de saber sus intenciones, igual sabia que tarde o temprano terminaría sabiéndolo.
Así pues, continuaron transcurriendo los días. No tuve noticias de Sophie, ni tampoco de Gael. Sin embargo, platicaba todos los días con Eddie, quien me contaba hasta lo más mínimo que pasaba en su día. Cosas como “hoy una mosca se paró en mi comida” o “encontré un lindo perro en parque” comenzaron a parecerme de lo más interesantes. Él me escuchaba, cuando las noches de insomnio se volvían eternas. A pesar de la hora en la que le escribía lo le llamaba. Nos volvimos realmente cercanos en un lapso verdaderamente corto. Y no había absolutamente ningún detalle de su vida, que no haya compartido conmigo en aquel tiempo. Nos volvimos confidentes el uno del otro y eso se sentía, de alguna manera, extraño. No estaba acostumbrada a ello, pues las personas a mi alrededor por lo regular me ignoraban o simplemente no me tomaban en cuenta. Era raro que alguien ajeno a mi pequeño circulo social, tomara la iniciativa de acercarse a mí de aquella forma tan estrecha. Sin embargo, estaba agradecida y realmente feliz por ello.
Continuando con otras noticias, en el ámbito artístico, deje de lado mi amor por el baile y me concentre pura y únicamente en el dibujo, practicaba todos los días, por horas hasta conseguir los trazos que deseaba. La mayor parte del tiempo, mis manos estaban cubiertas de tiza y llenas de callos y ampollas por el lápiz. Sin embargo, no era algo que me molestara. Amaba el olor a tiza y el hecho de ver la gran mejoría que había alcanzado, hacia que cada ampolla y callo valiera la pena. El tiempo continúo transcurriendo, hasta que un día, de la nada, una lujosa camioneta negra se estaciono afuera de mi casa. Mis padres, quienes en ese momento se encontraban junto con mis tíos, Ernesto y Rodrigo, salieron para ver de quien se trataba, y nos llevamos una grata sorpresa cuando vimos a Nina bajando junto con la pequeña Yusei en los brazos. Iba acompañada, desde luego, por Elli, quien se veía mucho más grande que la ultima vez que la había visto, y por su esposo Jorge, quien la ayudaba con las maletas. Verla me alegró demasiado pues hacia demasiado tiempo que no la veía y sentía que me hacía muchísima falta. Sali corriendo y de inmediato la abracé. Ella me devolvió el abrazo con algo de dificultad, pues la pequeña Yusei se negaba a formar parte de aquella muestra de cariño. Mi demás familia se acercó para darles la bienvenida, mientras ellos ingresaban a la casa.
──¡Ha pasado tiempo! ──exclamó mi madre mientras se acercaba a mi prima y cargaba en brazos a la bebé, quien dócilmente se fue con ella.
──Lo sé ──respondió mi prima, mientras entregaba a la bebé y le daba a mi madre un beso en la mejilla──. Hemos querido venir desde hace algún tiempo, pero no habíamos tenido la oportunidad de hacerlo. ¡Oh cierto! Queridos tíos, ¿creen que podamos quedarnos un tiempo en la casa de la capital? Hay algunos negocios que tenemos que resolver y me gustaría quedarme cerca un tiempo.
──¡POR SUPUESTO! ──expresaron los tres hermanos al unisonó.
──Sabes que esa también es tu casa. Quédate el tiempo que quieras ──le dijo mi tío rodrigo con una sonrisa, la cual mi prima devolvió.
──Bueno, pero en realidad, esa no es la única razón por la que hemos venido hasta aquí ──dijo con tono pícaro──. Mey, querida ──me llamó haciendo que dejara de hablar con Elli, quien me contaba emocionada sobre su vida en Atlanta. Giré hacia mi prima y la observé confundida──. Tengo grandes noticias para ti ──me dijo sonriendo──, pero me gustaría poder decirlas con toda la familia reunida.
──Hice algo malo ──pregunté nerviosa. Ella, junto con todos los presentes se echaron a reír. Supongo que la expresión de mi rostro fue algo cómica para ellos.
──¡Oh cielo santo! ¡no, claro que no! ──me respondió aguantando la risa──. Es una gran noticia, créeme. Pero, quiero que la familia este presente para ti cuando te de la noticia.
──En ese caso, ¡No se diga más! Llamaremos a todos y prepararemos una cena ──organizó de pronto mi tío Ernesto. Y en menos de un instante se prepararon para organizar aquella cena. Yo, por mi parte me quedé a solas junto a Elli, quien no dejaba de verme con una gran sonrisa en el rostro.
──¿Tú sabes lo que pretende hacer tu madre? ──le cuestioné. Sin embargo, no me dijo nada, solo sonrió y se puso de pie para después echarse a correr detrás de los adultos.
Tengo que admitir que esa situación me asustó un poco, pues, pese a que conocía muy bien a mi familia, no conocía las intenciones que tenían pensadas y no saberlo me inquietaba. Trate de ignorar aquello, pero no pude y termine por llamar a Sophie para contarle lo ocurrido, pero simplemente se rio y me dijo:
──Lo sabrás cuando llegue el momento y entonces dejaras de estar tan nerviosa.
Eso no me ayudó en nada. De modo que tome el teléfono y marque a Gael, pero su respuesta tampoco me ayudó mucho:
──Te aseguro que cuando sepas de que se trata, me llamaras emocionada.
Colgué algo molesta. Era evidente que ambos sabían lo que pasaba, pero ninguno quería compartirlo conmigo. Hice una rabieta y me tiré en el sofá con los brazos cruzados, haciendo evidente mi malestar. Me comportaba como una niña pequeña y tal vez por eso era por lo que me trataban como a una.
──¡Deja ya de hacer berrinche! ──me regañó Nina, mientras me daba un golpe en la nuca──. Créeme que es una sorpresa hermosa y todos aquí, estarán orgullosos cuando lo sepan.
Deje de insistir y espere pacientemente a que la hora de la cena llegara, para que la familia se reuniera y Nina dijera por fin, cual era la bendita sorpresa. Las horas parecían transcurrir de forma lenta, haciéndome eterna la espera. De modo que lo único que pude hacer para entretenerme era mensajear con Eddie, quien ese momento, parecía ser el único que lograba comprenderme.
Cuando la hora llegó, todos nos dimos cita en el gran patio de mi tío Ernesto, el cual era el más amplio. Mis primos se habían encargado de llevar algunas mesas y sillas al centro del lugar, mientras mi madre y mi tía se encargaban de la comida y mis primas de la decoración. La tarde comenzó siendo amena y todos charlaban y convivan de forma armoniosa, pero yo, ya no soportaba más aquello. Los nervios me tenían demasiado tensa y creí que en cualquier momento podría explotar de desesperación. Me puse de pie y golpee la mesa que tenia enfrente con las manos, haciendo que todos giraran sorprendidos hacia mí, pues aquel comportamiento, no era propio de mi persona.
──¿Quieres una vez, decirnos cual es la maldita sorpresa? ──le cuestioné a mi prima con mis ojos llorosos. Ella, sin embargo, sonrió y dejo su bebida mientras se ponía de pie y pasaba al centro del lugar.
──¡Muy bien! Ya veo que la paciencia no es algo con lo que naciste, señorita impaciente ──me dijo tomándome por los hombros──. Bueno pues, antes que nada, familia, quiero que sepan que Mey nos ha mentido ──¡Oh no! Sabia que esto no sería bueno. El resto de la familia reacciono de forma desconcertada por aquella noticia, mientras que yo, solo me mordía el labio, nerviosa por lo que Nina diría──. Sí, así es. Mey nos mintió diciendo que había perdido la plaza en aquella academia de arte para la que hizo audición el año pasado.
En ese momento, giré bruscamente hacia ella y lo unico en lo que pude pensar, fue en que Gael me había traicionado. Mis demás familiares comenzaron a murmurar en voz baja.
──¡Así es familia! ──continuó mi prima──. Nuestra reina, cedió su lugar en la academia a algún desconocido artista. No sé porque hizo tal atrocidad, pero sí sé una cosa ──agregó mientras me daba la vuelta y me miraba fijamente a la cara──. El colegio ha llamado y quiere que vuelvas a audicionar.
Me quede inmóvil un largo rato, sin poder creer en lo que acaba de escuchar. Mi familia comenzó a festejar y exclamar mi nombre como si tampoco pudieran dar crédito a ello. Yo tenía la boca abierta y los ojos casi se escapaban de mis cuentas, mientras el corazón me latía de forma tremenda. De pronto me vi rodeada de abrazos y felicitaciones.
──¿Estás hablando en serio? ──le pregunté aun nerviosa. Mi prima me sonrió y me tomo nuevamente de los hombros.
──¡Claro que sí! ──me aseguró──. Tienes un mes para preparar la audición y ser candidata a la plaza, pero no me cabe ni la menor duda de que podrás conseguirlo.
Uno pensaría que después de recibir, semejante noticia, lo primero que haría seria llamar a mis amigos y contarles sobre ello. Sin embargo, no lo hice. Luego de festejar con mi familia y darme cuenta de que aquello no era un sueño, lo primero que hice fue llamar a Eddie para contarle.
¿cómo es que te das cuenta cuando estás enamorada de una persona? No lo sé con exactitud. Solo sé que, en aquel tiempo, no importaba que tan importante o simple fuera la noticia, Eddie era el primero a quien quería llamar para contarle. El primero a quien quería escuchar decir, “felicidades”. Y no sabia exactamente porqué. sin embargo, me hacia muy feliz saber que mi felicidad era importante para él, de la misma manera que lo era la suya para mí.
Tal vez, en realidad me enamoré de él…