SI QUIERES SER ETERNO, ESCRIBE UN LIBRO

2631 Words
Vivimos en un mundo enteramente superficial, donde la apariencia siempre va por encima de todo lo demás. Desde pequeños, aprendemos a escoger siempre lo más “bonito”, aquello que sobre sale por su apariencia, ya sea porque es brillante, reluciente, limpio o simplemente diferente de una manera única y bella. Aprendemos eso desde muy pequeños y por ello, ignoramos y despreciamos todo lo que no cumple con los estándares de belleza que se nos fueron impuestos en aquel entonces. Para quienes no cumplimos con ello, el mundo se vuelve un lugar cruel y despiadado. Nos cuesta adaptarnos a lo que los demás están acostumbrados a llamar “bello”. Tratamos a toda costa de poder cumplir con ello y vamos formando parte de este sistema casi por obligación. Nos obligamos a tener un cuerpo perfecto, tonificado y esbelto, pero no demasiado por que eso haría que nos viéramos enfermos y eso tampoco es estético. Hacemos mil y una cosas con nuestro cabello, esperando que se vea como los demás esperan que sea.  Una cirugía por aquí, otra por allá. Quitar, agregar… Vamos cambiando todo lo que podemos o esta a nuestro alcance y a veces, muchos se exceden más de la cuenta, lo que provoca que también sean blanco de burlas, apodos y desaprobación. No entiendo, ¿no se supone que esto es lo que la puta sociedad esperaba? Pareciera que nada les es suficiente y que nuestra sola existencia no bastará para alcanzar los estándares que los demás imponen.   En lo personal, me gustaría ser bonita. No por vanidad o cualquiera de esas cosas, sino más bien, para lograr que mi trabajo sea tomado en cuenta ya que, sin importar cuanto me esfuerce, mis palabras o frases solo tienen importancia y son tomadas en serio cuando es una cara bonita quien las dice… y eso no es justo, eso es cruel.   Por ello me gustaría ser bonita. ¿Te imaginas lo perfecta que sería mi vida si lo fuera? ¡la cantidad de puertas que se abrirían ante mí! Sería magnifico que eso llegara a ocurrir, pero soy realista y no ambicionó cosas como esas. Me esfuerzo todos los días y trató de avanzar según mis posibilidades. No soy como la sociedad esperaba que fuera, pero está bien. Soy inteligente y talentosa y eso es algo que no podrán quitarme. Sin embargo, para muchos eso no basta. Lo sé. Soy consciente de que tal vez, si hubiese sido un poco mas bonita, la mitad de los amigos que me dejaron, no hubiesen sentido vergüenza de llamarme amiga y, por consiguiente, no se hubieran alejado de mí. Soy consiente de que si me declaró seré rechazada por que nadie quiere salir con una chica que no es físicamente atractiva. Soy consiente de todo eso y me afecta ¡desde luego que sí! Pero hay muchas cosas que, si bien no pueden ser vistas a simple vista, importan mucho más que cualquier otra situación física o superficial. Estoy orgullosa de mí. Soy una buena amiga ──aunque tardé mucho en darme cuenta de ello──, y estoy orgullosa por eso. Las personas que me hicieron a un lado tienen cientos de excusas para justificar ese hecho. Pueden decir que estoy loca y terminé por hartarlos. Pueden decir que era una dramática de mierda y no soportaron más mis malditos ataques de llanto, o pueden incluso decir que les deba vergüenza que los vieran junto a mí, pues a su lado yo no figuraba nada bueno. Pueden decir cualquiera de esas cosas y las voy a aceptar porque estoy consiente de que son ciertas. Sin embargo, ninguno de ellos puede decir que fui una mala amiga, porque eso no es verdad. Puedo tolerar cualquiera de las cosas anteriores, pues soy consciente de quien soy y lo irritante que puedo llegar a ser. Pero hay algo que no voy a tolerar y eso es que difamen mi nombre. Ninguno puede decir que fui una mala amiga y les consta. Estuve ahí cuando nadie más estuvo. A mi lado siempre tuvieron un hombro donde llorar o un consuelo cuando se sentían solos. Fui esa amiga que necesitaban, y aun si las cosas no terminaron como me hubiese gustado, lo cierto es que no voy a tolerar que mientan diciendo que fui una mala persona. He puesto a los demás por encima de mí tantas veces y he permanecido siempre para ellos de forma incondicional, que eventualmente me volví invisible y lo más triste de todo, es el hecho que cuando al fin notaron mi presencia, fue justo en el momento de la despedida. Es triste, pero real. La vida misma es así.   Escuchamos todos los días esa frase que dice “la apariencia no importa” pero es una mentira. Importa, ¡claro que importa! Porque eso es lo primero que los demás ven y se basan en ello, para juzgar a las personas. La apariencia SÍ importa, pero no vale más que lo que no somos capaces de ver a simple vista. La belleza de las mariposas se encuentra en el esplendor de su vuelo, y no en el colorido de sus alas.    La esencia de cada uno es única y bella en aspectos que cuesta trabajo comprender. Por ello, es difícil darle el valor que realmente merece. Todos somos bellos a los ojos de las personas correctas, pero la persona que más importa, eres tú. Amarte en cada aspecto posible te llena de seguridad y confianza para enfrentar lo que sea que se atraviese. Pues la apariencia importa, es cierto, pero solo es un complemento. La belleza sin inteligencia solo es un adorno. La belleza sin empatía solo es un estorbo. La belleza por si sola, puede abrirte cientos de puertas, pero no podrá lograr que estas se mantengan así. Necesitas mucho más que eso. Lo sabemos, todos lo sabemos, pero nos volvemos hipócritas. Nos gustan las cosas bonitas, es así. Queremos ser “bonitos”, pero nos llaman vanidosos por pretender serlo. Esto llega a volverse cansado, pero nos queda de otra. La sociedad no va a cambiar de la noche a la mañana. Pero, nadie dice que tenemos que cumplir con ella. Nadie dice que estamos obligados a cumplir con sus malditas expectativas. Nada que te haga infeliz, vale la pena. Sí, la apariencia importa, pero importa mucho más la forma como te sientas contigo mismo. Importa más tu felicidad y bienestar. La sociedad jamás se cansará de juzgar, y pese que queremos hacerlo, no vamos a poder ser capaces de cambiar esto, pues formamos parte de ello. Siendo ese el caso, a estas alturas ¿Qué más da? Vivimos en un mundo meramente superficial, y si nosotros nos volvemos iguales, viviremos infelices fingiendo ser alguien que en realidad no somos y no tenemos intención de ser. ¿Qué más da? créeme que se siente increíble poder mirar tu reflejo y decirte: ¡No soy bonita, soy genial! Porque en verdad lo eres, aun si sientes así o si los demás se burlan creyendo que no es así, tú eres genial. Eres fuerte, valiente y audaz y eso te vuelve hermoso, ¡no lo olvides nunca!   La fiesta de despedida de don Valiente, fue en verdad emotiva. Comimos, bebimos y compartimos mil y una historias de todo tipo. Nuestra familia estaba unida siendo parte de ello, junto con el resto de la colonia que se había dado cita en aquel lugar. Don valiente se veía feliz y algo nostálgico por tener que decir adiós a todo eso. Sin embargo, tanto él como nosotros éramos consientes de que lo mejor era despedirse a tiempo, con la mirada al frente y sin ninguna clase de remordimientos. Su partida estaba programada para el día siguiente, antes del mediodía. Tratamos de no pensar en ello y vivir lo mejor que podíamos de aquel momento. Sin embargo, como si fuera chiste, el tiempo pasó volando y cuando menos lo pensamos, ya era de mañana. Faltaba muy poco para decir adiós definitivamente y no estábamos del todo preparados para ello. Sophia y yo despertamos, casi al mismo tiempo. Nos lavamos, vestimos y cepillamos los dientes para luego bajar a la cocina, donde ya se encontraban mi madre, mi tía y Eva, preparando el desayuno. En el transcurso de ese tiempo, ninguna fue capaz de hablar. Era como si las palabras no fueran necesarias, las dos sabíamos muy bien lo que la otra sentía. Decir adiós nunca fue algo que se nos diera de forma fácil, pese a que lo habíamos hecho decenas de veces. Era algo a lo que simplemente nos negábamos a acostumbrarnos. Eran cerca de las diez de la mañana cuando Gael entró en la casa junto con sus padres y la pequeña Fátima. Los padres de mi amigo saludaron y se reunieron con mi familia, como comúnmente ocurría cuando se veían. Sin embargo, mi amigo se acercó a nosotras en silencio y con la cabeza baja. Faltaba poco y pareciera que el tiempo quería jugar con nosotros avanzando de forma rápida, sabiendo que era lo que menos queríamos en ese instante. Se llego pues la hora. Salimos con rumbo al cementerio donde ya se encontraba Irma, acompañada por un par de niños pequeños. La mujer nos vio despectivamente mientras jaloneaba a la niña que estaba a su lado. Tratamos de ignorarla y no prestarle atención, pues el tiempo se nos estaba yendo y no queríamos perderlo en ella. Don Valiente salió de su oficina luego de un rato, con una gran maleta algo vieja y deshilachada. Gael se acercó de inmediato al hombre pues era más que evidente que no podría el solo con semejante peso. El hombre llegó y se colocó frente a nosotros con una expresión cansada en el rostro. Quisimos ser fuertes y desearle un buen viaje, pero rompimos en llanto en cuanto lo vimos y nos arrojamos a sus brazos como unos niñitos pequeños. Don valiente nos sostuvo fuertemente, mientras palmeaba nuestras espaldas. Era el momento de dejarlo partir y sabíamos que no había nada que pudiéramos hacer para evitarlo, pero solo anhelábamos un minuto más. Solo queríamos un ultimo abrazo que nos durara eternamente. Irma comenzó a toser tratando de hacer evidente su malestar. En ese momento soltamos a nuestro amigo y giramos hacia ella con las miradas mas amargas que pudimos ofrecer.   ──¡Más te vale que lo trates bien! ──la amenazó Sophie── ¡porque de lo contrario, ten por seguro que iremos por ti! ──. La mujer le sostuvo la mirada a mi prima, pero, aun así, esta no se inmuto ni un poco. Al ambiente comenzó a ponerse tenso. Fue entonces cuando vi al par de niños que acompañaban a la mujer. Uno era más o menos de la misma edad que Elli, mientras que la niña, aun era una pequeña de no más de cinco años. Ambos observaban al hombre con asombró y admiración. Entonces me di cuenta de algo. Irma podría no ser la persona que quisiéramos que estuviera al lado de alguien como don Valiente, pero ese par de niños, veían a nuestro amigo, de la misma manera que nosotros lo hacíamos a su edad y siendo las cosas de esa manera, dejarlo ir me pareció menos doloroso. ──Él estará bien ──le aseguré a mi prima mientras le tomaba la mano y observaba a los niños, quienes me sonrieron de forma cómplice. Don valiente se acercó a nosotros con algo de dificultad y nos sonrió con cariño. ──Recuerden siempre lo que les he enseñado. No son unos niñitos cualesquiera, son el orgullo más grande de este lugar. El caballero fiel, la guerrera invencible y la reina audaz. Nos faltan dos en la tropa, es cierto, pero su trabajo ahora será hacer que tanto ellos como yo, nos sintamos orgullosos donde quiera que estemos, ¿está claro? ──¡SÍ! ──respondimos al unísono de forma fuerte y clara. El hombre sonrió, mientras se disponía a retirarse. ──Espera ──lo detuvo Gael antes de que se marchará──, hay algo que queremos que conserves ──los tres nos acercamos y le entregamos un cuadro, forrado con un papel brillante de color esmeralda. El hombre sonrió sorprendido mientras quitaba el papel. Cuando descubrió el cuadro se llevó una mano a la boca, tratando de que sus emociones no le provocaran el llanto. Levantó la mirada y nos observó un rato, para después volver a darnos un fuerte abrazo. Ya no importaba nada, los cuatro nos encontrábamos llorando. Aquel cuadro llevaba la fotografía del primer día que nos conocimos. En él, podía verse a don Valiente junto con Gael, Joss, Sophie, Ness y yo, reunidos en nuestro viejo fuerte, luego de que estuvieras casi a punto de incendiarlo. Los cinco llevábamos esa sonrisa traviesa, propia de un niño que recién acaba de hacer alguna maldad sin ser descubierto. Recuerdo que aquel día, nuestros padres nos buscaron por todo el vecindario sin saber dónde podríamos habernos metido. Recuerdo que un simple juego nos hizo creer que podríamos usar fuegos artificiales sin ninguna clase de problemas. Sin embargo, una pequeña chispa se nos salió de control y un pequeño incendio se hizo presente en el interior de nuestro refugio. Gritamos, pues un grupo de niños suele asustarse cuando las cosas se le salen de las manos. Pedimos ayuda, sin recordar que nadie sabía donde estábamos metidos. Y de repente, así de la nada, don Valiente llego en nuestra ayuda. Tomó un valde vacío y sofoco el fuego casi de inmediato, luego giró hacia nosotros y en lugar de regañarnos o reñirnos por lo ocurrido, se sentó frente a nosotros y nos pidió que nos reuniéramos junto a él. ──Voy a contarles una historia ──. Nos dijo, para después comenzar a contar una historia que nos hizo calmarnos y comprender la magnitud de nuestros actos. Para cuando terminó su relato, nos pidió que regresáramos a casa y que aquel pequeño incidente, quedaría entre nosotros. Le sonreímos y comprendimos que habíamos encontrado a un nuevo amigo. Decidimos tomar una fotografía de aquel día, porque estábamos seguros de que sería un día memorable. Y en verdad lo fue. Aquel fue el día en que don valiente se convirtió en nuestro cómplice y confidente. Aquel fue el día en el que nuestro pacto comenzó. Desde aquel día nos volvimos familia y ahora, las cosas eran en verdad diferentes. Dieron un giro que jamás hubiésemos esperado o imaginado. Ness y Joss ya no estaban más y ahora, teníamos que decirle adiós a un m*****o más del clan.   Vimos a nuestro amigo subir al auto de su hija, mientras nos decía adiós con la mano y sus ojos se veían cristalinos y tristes. Sin embargo, en su rostro se dibujó una sonrisa que hacia contraste con sus lágrimas. Era para nosotros una trágica despedida, pero para él significaba el comienzo de una nueva vida y estábamos muy orgullosos y felices por él.   Desgraciadamente, el tiempo siempre cobra la factura y tristemente lo hizo también con nuestro amigo. Unas semanas después de este hecho, nos llego la terrible noticia de su deceso. Fue entonces cuando comprendimos, que su verdadera intención al alejarse de nosotros era el poder completar el sueño que tenía de convivir un poco más con sus hijos y demás familia, pero también, evitarnos el dolor de verlo desfallecer poco a poco. Él quería que lo recordáramos como el hombre fuerte y sabio que siempre fue para nosotros. Y lo consiguió, pues no puedo pensar en el de otra forma que no sea esa. Las historias que compartió con nosotros seguirán vivas por mucho tiempo, pues me encargare de que así sea.   “Sí quieres ser eterno, escribe un libro”   Mi querido amigo, espero que te guste, he escrito este libro para ti.  
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD