¡LAS REINAS NO RUEGAN!

2560 Words
Los miedos parecen, cuando nuestra confianza decae. Toman el control de todo y muchas de las veces, nos alejan de potenciales alegrías, que pueden disipar tormentas que en ocasiones nos hacen perdernos y olvidar quienes somos en realidad. El miedo, puede esconderse en lugares tan pequeños y abrirse camino por las veredas más angostas de nuestro subconsciente, llenándonos de inseguridades difíciles de superar. Sin embargo, dichos miedos, rara vez llegan a ser eternos. Pues, de la misma manera que las cosas buenas tienen un final, las cosas malas lo tienen también. De modo que, sin importar el miedo que hoy te invada, siempre habrá una luz que te permitirá disipar cada uno de tus temores. Aun cuando el panorama no te parezca favorable y todo a tu alrededor te haga sentir que no hay más salida, lo cierto es que, siempre la hay.   Parece mentira, pero si regresamos nuestros recuerdos un poco al pasado, podremos ser capaces de encontrar alguna situación pasada que, en su momento, nos hizo creer que no tendríamos escapatoria, que todo estaría acabado y que nuestra vida había llegado trágicamente a su fin. Sin embargo, el día de hoy, o bien puede darnos risa recordarlo, o bien, podemos continuar nerviosos por ello. Cualquiera que sea el caso, aquello, no es ahora más que un recuerdo, como lo serán también los problemas del presente y los problemas del futuro, pues poco a poco, todo va pasando y quedando atrás.   Aunque, enfocarse en el presente no suele ser cosa fácil pues, el pasado suele doler y el futuro tiende a dar un poco de miedo, ya que, enfrentarse a lo desconocido, es algo para lo que la mayoría de nosotros, no está del todo preparados. Es difícil dejar ir algunos recuerdos, ─lo sé, me ha pasado─, sin embargo, es lo más sano que podemos hacer por nosotros mismos. Recordar está bien, pero olvidar vivir, no lo está.   Muchas de las personas que el día de hoy nos acompañan, tal vez no estarán el día de mañana. Sabemos esto, pero tratamos de no pensar en ello, pues, hay lazos que llegamos a formar y cuya fuerza es tal, que una simple despedida es algo difícil de procesar para cualquiera. Imaginar nuestra vida sin la presencia de dichas personas, nos cuesta trabajo y se vuelve algo inverosímil. Nos volvemos ambiciosos, creyendo que tendremos la vida asegurada, aun cuando sabemos que esto no es verdad. Por ello, existe el miedo a decir “Adiós”, a no querer despedirse y no querer dejar ir a las personas. Nos aferramos a estas, como si nuestra sola existencia dependiera de ellos. Nos sentimos vacíos cuando se van y nos volvemos pequeños comparándonos con ellos. Es ese miedo el que nos hace sentirnos de esa manera, pues ninguno de esos sentimientos es totalmente genuino. Nos volvemos falsos con nosotros mismos y tratamos de engañarnos. Decir adiós, es difícil, pero te juro que no es malo. A veces, es lo más sano que nos puede pasar y la vida misma lo sabe, por ello, hace lo posible para que esto ocurra.   El miedo no debe controlarte al grado de que tengas que olvidar quien eres y todo lo que vales. Debes mirar cada mañana al espejo y recordar el maravilloso ser que eres. Fuiste increíble desde antes de que esa persona llegara a tu vida y lo seguirás siendo, aún si esa persona no está junto a ti, pues una persona, no determina tu valor, lo determinas tú, con cada acción que haces y con cada palabra que sale de tu boca. Con la forma como tratas a los demás y los actos que realizas para ayudar a quien lo necesita.   Cada persona es distinta. Su forma de hablar, de pensar y de sentir, es diferente a la tuya, por ello, debes entender que no todas las personas darán lo mismo que tu das. Y eso, no es del todo malo. Nunca esperes que las acciones correctas, vengan de las personas incorrectas. El cariño, el amor y afecto, no se ruegan, ni se mendigan, simplemente se dan y las personas incorrectas no harán eso por ti. En cambio, recibirás todo eso, sin necesidad de pedirlo, cuando encuentres a las personas correctas para ti. No tienes que rogar, ni mendigar cariño, la realeza no hace eso. Sin embargo, imagino que alguien como yo, se vuelve hipócrita al decir algo como eso. Pues, desde que tengo uso de razón, me la he pasado rogando a las demás personas; cuando niña, le rogué a mis maestros para que me dejaran hacer deporte, le rogué a mis compañeros para que me tomaran en cuenta y jugaran conmigo. En la secundaria, rogaba por atención y rogaba para que mis “amigos” me hicieran sentir parte del grupo. En fin, he rogado por una y mil veces y, sonare como una maldita hipócrita, pero ahora, creo que he estado en el lugar equivocado, rodeada de las personas equivocadas y eso, me ha llevado a tener que rogar de forma innecesaria. Ahora sé que no es mi culpa. Ahora me doy cuenta que fue un error rogar por ello. Ahora sé que, no había ninguna necesidad de ello. Sin embargo, el que ahora lo sepa, no hará que el tiempo regrese. Nada cambiará. Lo único que puedo hacer ahora, es aprender de ello y eso está bien. Es tarde para mí, pero no para los demás. Por ello, creo que es bueno poder compartirlo.   Fue difícil ver como el tiempo continuaba avanzando mientras, yo, sentía que me quedaba atrás. Ver como los demás se alejaban poco a poco de mí, y yo no era capaz de seguirles el paso. Y que, cuando por alguna extraña razón, ocurría el milagro de poder hacerlo y estar al fin, junto a ellos, sentir que ya no formaba parte de su mundo. Sentir que sobraba y que sin importar lo que dijera o hiciera, mi presencia no hacia ninguna falta. Ver como todos los demás reían, bromeaban y jugaban, siendo felices, mientras que yo, solo quería salir corriendo y echarme a llorar, sin razón aparente. Pase años culpándome por ello. Reclamándome y menos preciando mi talento, llamándome rara a mí misma e ignorando todas las capacidades que poseo y me arrepiento enormemente por ello. No era mi culpa y ahora lo sé. Yo no encajaba en su mundo, ni cumplía con ninguna de sus expectativas, eso es cierto, pero nada de eso era mi culpa ─y tampoco es tuya─. Encajarás con las personas correctas. Con aquellas que sean capaces de entender los pensamientos que rondan por tu cabeza y que, a veces, no te dejan dormir. Llenaras las expectativas de aquellos que logren expresar sus sentimientos de la misma manera que tú lo haces. Encontraras a personas que logren descifrar el hermoso acertijo que eres y no temerán quedarse aun después de conocer la respuesta a este. Por lo tanto, debes recordar que el día de hoy, no tienes que rebajar tu valor rogándole a las personas para que permanezcan a tu lado. no debes rogar por la atención, el afecto o el cariño, a absolutamente nadie, pues las personas correctas, te lo darán a manos llenas, sin necesidad de pedirlo. ¡Las reinas no ruegan! ¡los reyes no ruegan! Y tú, perteneces a la realeza, así es que, por ningún motivo se te ocurra bajar la cabeza, recuerda que la corona debe ir siempre en alto.   Eran principios de abril. El reloj marcaba las tres y quince, de la madrugada. Me encontrada recostada, con la vista en el techo y las manos cruzadas reposando sobre mi estómago. Me había colocado los audífonos mientras trataba de esperar que las canciones de mi grupo favorito, me hicieran dormir por fin. Sobra decir, que todo fue en vano. Era otra de mis tantas noches en vela, pero estaba en ese punto en el que ya me daba lo mismo. Sabía que parecería un zombie al día siguiente y que terminaría bostezando a lo largo del día, pero en ese momento, me daba lo mismo.  Los recuerdos de mi pasado cumpleaños seguían atormentándome y me robaban el sueño. No volví a saber nada de Maggie desde aquel día, salvo por la noticia de que viajaría con sus padres y su hija, fuera del país. Esa era una buena noticia para ella, pues era una gran oportunidad para que pudiera comenzar de nuevo y esta vez, contaba con el apoyo de su familia. La envidiaba por ello. Yo también me moría por dejar todo y poder empezar de nuevo. Pero era demasiado cobarde para hacerlo. Giré un poco la cabeza y vi la rosa marchita que Gael me había obsequiado. Pensé entonces en llamarlo, pero me detuve. Se me había hecho una mala costumbre llamarlo siempre a altas horas de la noche y comenzaba a sentirme culpable por ello. Pensé entonces, en llamar a Sophia y tratar de ser la amiga que se supone que era, pero reflexione y me di cuenta que el cambio de horario afectaría sus horas de sueño y eso, no sería muy considerado de mi parte. Suspiré entonces con un poco de nostalgia. Mis opciones se habían terminado. Me di cuenta entonces, de que me estaba quedando sola y, extrañamente, no me sentí mal por ello. Vi el reloj y me di cuenta de que se estaba haciendo tarde y debía tratar de descansar al menos unas cuantas horas. Me quité los audífonos y me dispuse a dormir, cuando el celular sonó. Sonreí para mí y contesté, sin prestar atención al número que marcaba.   ─¿Puedes acaso leer mis pensamientos? ─contesté con voz baja, tratando de no despertar a nadie. Escuché una pequeña risa del otro lado. ─Sé que soy increíble, pero mis habilidades no llegan a tanto ─me respondió en el mismo tono de voz. Volví a sonreír. ─¡En serio que eres increíble, mi adorado caballero! ─le dije en voz baja, haciendo lo posible para que él notará mi emoción─. Nadie más que tú, es capaz de saber la forma como me siento… aun cuando ni yo misma lo sepa. ─No olvides con quien hablas, reina mía ─me respondió. ─¡CON EL MÁS LEAL DE MIS CABALLEROS! ─dije en tono solemne. Él se quedó un momento en silencio. ─Más bien… el único ─comentó seriamente. Mi sonrisa se esfumó de inmediato, haciendo que las palabras huyeran de mi boca. Me quedé en silencio un instante, mientras trataba de procesar las palabras de mi amigo. ─La reina se está quedando sola ─dije entre dientes. Era un comentario, más para mí que, para él, sin embargo, fue evidente que me escuchó. ─Aún estoy aquí ─me regañó en voz baja─, ¿crees que este caballero abandonaría a su amada reina? No estarás sola mientras yo esté aquí, eso puedo asegurarlo ─. Quise decir tatas cosas en ese momento, pero de mi boca no salió más que un ligero gracias, el cual se perdió entre un sollozo. Gael, se había convertido en todo un experto en el arte de soportar mis cambios de humor. Se quedó un instante en silencio, esperando a que me calmara y luego de un breve momento comenzó a decir mi nombre en voz baja, como si me llamara entre sueños. Eso, terminó por darme risa y apagó un poco mi melancolía. ─Me hubiese gustado pasar tu cumpleaños contigo ─me dijo luego de un rato. Yo me encogí de hombros y me acomodé en la cama. ─No te preocupes, no te perdiste de nada importante. ─¡EL CUMPLEAÑOS DE MI MEJOR AMIGA SIEMPRE SERÁ IMPORTANTE! ─expresó elevando sin querer la voz. Tape la bocina del teléfono, temerosa de que alguien pudiera escuchar, nuestra clandestina conversación. Pareciera que mi comentario lo había molestado demasiado, lo cual me tomó por sorpresa. ─¿Mucho más importante qué el cumpleaños de tu novia? ─le cuestioné con calma. Él meditó un poco en silencio. En ese momento, me di cuenta que mi comentario estaba fuera de lugar, pues ninguno de nosotros había querido hablar acerca de su pasada ruptura. Me lleve una mano a la boca, arrepentida por aquel comentario. Sin embargo, Gael emitió un ligero “bah”, lo cual me confundió sobre manera. Me recosté de golpe y dejé caer mi puño contra las sábanas. ─¿En serio no te importa? ─replique elevando sin querer la voz. No podía dar crédito a lo que escuchaba, pues, hasta donde mi entendimiento llegaba, Gael y Sophia siempre habían sido unidos. Al grado de que Gael no era capaz de abandonar a Sophie cuando esta estaba mal. La cuidaba y la protegía de todo y de todos. Se comportaba con ella, de la misma manera que Ness lo hacía conmigo. Tal vez por esa razón, me molestó sobre manera la forma como reaccionó a mi comentario. Nuevamente, me vi reflejada en los problemas ajenos. Mi amigo pudo darse cuenta de mi sentir. Se quedó en silencio por unos instantes. Alcance a escuchar como suspiraba ligeramente─. ¡Claro que me importa! ─me dijo consternado─, es solo que… en la situación en la que me encuentro ahora, no puedo estar junto a ella. En realidad, ni junto a ella, ni junto a nadie ─. Aquel comentario me dolió. Me levanté de la cama de forma rápida, haciendo que las sábanas cayeran al suelo y se enredaran en mis pies, lo cual casi me hace caer. ─Supongo que, yo entró en esa lista ─dije, tratando que mi molestar fuera evidente. ─¡Oh, Mey! Sabes de lo que hablo. ─No, no lo sé ─repliqué a la defensiva. Gael trató en vano de calmarme. ─Escucha, Mey, hablar contigo es mucho más fácil. Tú logras entender por completo la forma como me siento, de la misma manera que yo comprendo tu sentir. Hemos pasado por situaciones similares. ─¿Y qué hay de Sophia? ¿crees que ella no ha sufrido? ─ataqué, sin importarme el tono de mi voz─ Ness y Joss también eran parte de ella, como fueron lo para ti o para mí. ─Sigue siendo diferente. Mey, eres mi mejor amiga y te quiero, pero siento que Sophia y yo siempre hemos tenido algo especial. Tú lo sabes, viviste lo mismo con Ness. Por eso mismo no quiero lastimarla. ─¡OLVIDASTE SU CUMPLEAÑOS! ¿Crees que eso no la lastimó? ─era tarde, ya no estaba hablando, me encontraba gritando. Mi familia despertó alarmada y entró en mi habitación con los ojos desorbitados. ─¡No lo olvide! ─¡oh! ¿Entonces decidiste simplemente ignorarlo? ¿No te parece que eso es mucho peor? ─mi madre trató de acercarse a mí para tratar de calmarme, pero yo estaba completamente furiosa. Gael, no tenía más escusas, lo había acorralado y no sentía una pizca de compasión por ello. ─¡No pude acercarme! ─me dijo elevando la voz─. No puedo. ¿Cómo puedo amarla a ella cuando no soy capaz de amarme a mí mismo? Ella no se merece estar junto a alguien como yo. ─Tienes razón. Ella es una reina y no tiene por qué mendigar tu cariño ─dije justo antes de colgar. En ese momento las fuerzas se me fueron, lo único que pude hacer fue lanzarme a los brazos de mi madre mientras me echaba a llorar a lagrima viva.      
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