Todos y cada uno de nosotros, somos buenos en algo. Puede ser que no nos demos cuenta de ello, o simplemente, no se quiera alardear sobre el tema, pero es cierto. Habilidades tanto comunes como extraordinarias. Una o incluso varias, pero estoy completamente segura, que absolutamente todos, somos buenos en algo.
Sin embargo, tanto en mi infancia como parte de mi adolescencia, yo no me sentía buena en absolutamente nada. Era mi prima Sophia, quien siempre me pareció excelente en todo lo que hacía.
Una representación más que perfecta de lo que significa para mí, la idea de un flechado.
Desde el momento en el que vino al mundo, la suerte no la abandonó. Hermosa en cada sentido posible. Desde niñas, no había absolutamente nada que no pudiera lograr, y ni siquiera tenía que esforzarse por ello. Era la envidia de todas las chicas que la conocían, pues inmediatamente llamaba la atención del sexo opuesto, sin ni siquiera, tener que hacer algo para conseguirlo. Tenía un cabello, hermoso, lacio y de un castaño claro, que siempre mantenía su forma sin enredarse o maltratarse. La piel clara y tersa, sin ninguna clase de imperfección que manchara su rostro. Unos ojos almendrados, grandes y expresivos que se volvían pequeños cuando sonreía, y una sonrisa por demás perfecta. Bastaba una simple mirada y una risita coqueta para que pudiera conseguir lo que sea que quisiera.
Era, es, y estoy más que segura, que seguirá siendo hermosa.
Gozaba de una excelente salud y era buena tanto en los estudios como en los deportes. El único defecto, si es que se le puede llamar de esa forma, era que no era capaz de controlar su carácter. Estaba tan acostumbrada a obtener siempre lo que quería, que cuando las cosas no iban como esperaba, no dudaba ni un poco en actuar y hacer que el resultado le favoreciera.
Las personas, comúnmente, alagan a chicas como ella, diciendo que tienen “carácter fuerte” sin embargo, a chicas como yo, nos llaman “violentas o toscas”.
Todo depende siempre de una cara bonita.
Desde que recuerdo, Sophia siempre fue para mí, como una especie de princesa guerrera. Hermosa pero letal. Recuerdo verla pelear más de una vez y ganar en cada ocasión. Recuerdo que aun molesta, su rostro seguía siendo hermoso. Recuerdo que nunca había visto a ninguna chica que pudiera verse tan hermosa como ella, aun cuando se encontraba sudando por hacer ejercicio, o después de haber practicado algún deporte. Todas las chicas la envidiaban, pero yo, la admiraba.
Decenas de chicos estaban siempre detrás de ella, pero ella, siempre estuvo enamorada de Gael. ¡Vaya suerte que tuvo! Pues Sophie era la chica perfecta para él.
Se complementaban de forma perfecta, aun a pesar de la diferencia de su carácter. En mi vida había visto a una pareja por demás compatible. ¡claro! Tenía que verlo de esa manera, después de todo, fue por mí que ese par pudo atreverse a estar juntos.
Pero las cosas habían cambiado. Sophia cambió. Gael cambió. Y pese a que creí que la vida de un flechado era siempre perfecta, la vida de mi prima, me demostró lo contrario. Nuestras vidas cambian constantemente, a veces para bien, a veces para mal.
Hay que admitir que Sophia no estaba acostumbrada a enfrentar los problemas por sí sola, de hecho, ¿Qué flechado lo está?
La belleza no lo es todo, es cierto, pero, como dije antes, Sophia no solo era hermosa, sino que también era inteligente y talentosa. Sin embargo, ese bendito carácter suyo le impedía comprender muchas cosas. Quería la vida que venden las historias de amor del cine. Quería que Gael fuera ese brillante príncipe que llegaría para rescatarla, pero Gael no era ningún príncipe y ella, no era ninguna princesa, o al menos no una que necesitara ser rescatada.
Poco a poco, y para su mala suerte supongo, se dio cuenta que el mundo que imaginábamos de niños y el mundo que estaba viviendo en ese entonces, eran mundos diferentes. Ambas habíamos perdidos a dos de nuestros más cercanos amigos y ella, estuvo incondicionalmente tanto para mí, como para Gael, por lo que me sentía culpable, pues no correspondí dicho apoyo y siento que Gael tampoco.
Aquel día, al llegar de regreso a casa, mis padres me esperaban con los brazos abiertos. No me reprocharon absolutamente nada y el tema no volvió a ser tocado para evitar incomodarme. Agradecí infinitamente ese gesto, pues mi familia me demostraba una vez más, lo maravillosa que era y la suerte que tenía de tenerlos en mi vida.
La noche llegó y sabía que debía hablar con mi prima sobre todo lo que había pasado en la capital. Coloqué la rosa que Gael me había obsequiado, sobre el buro que estaba junto a mí cama, encendí el computador que mi tío me hizo favor de prestar y de inmediato comencé una video llamada con Sophie.
Cabe aclarar que, en aquellos años, la calidad de las imágenes dejaba mucho que desear a comparación de los tiempos de ahora. Sin embargo y pese a la baja calidad de la cámara, Sophia lucia hermosa. Usaba su pijama y tenía el rostro completamente lavado y el cabello sujeto con una liga. Sonrío y el solo hecho de ver su sonrisa me confortó. Hablamos de todo lo que paso, me escuchó atentamente y defendió cada uno de mis puntos de vista. Le conté lo que había hecho Gael para sacarme de ahí y fue entonces cuando esa cálida sonrisa, se borró de su rostro. En aquel momento, no supe darme cuenta, tal vez porque aún era demasiado joven o tal vez fue que no quise darme cuenta, pero era evidente que Gael no había hablado con Sophia desde hace ya un buen rato y también era evidente que no le había contado absolutamente nada de lo que había pasado en la capital. Pero fui una estúpida y continúe hablando, sin percatarme del semblante de mi prima, quien había bajado la cabeza y trataba de evitar hacer contacto visual conmigo.
─¿Y esa rosa? ─dijo de pronto cambiando el tema. Me callé y giré en dirección a la rosa que lucía hermosa en el florero de cristal que mi madre me había prestado.
─¡Oh! Gael me la obsequió por mi cumpleaños, ¿No es hermosa? ─el rostro de mi prima se volvió pálido. Abrió sus hermosos ojos de golpe y se acercó un poco más a la pantalla del computador.
─¿Tu cumpleaños? ─dijo con la voz cortada─, pero si aún no es tu cumpleaños.
─Lo sé. Quería que me quedará en la capital para festejar conmigo, pero me negué, sabes que no me gusta mucho festejar mi cumpleaños.
─¿Él quería festejar contigo? ─cuestionó mientras apartaba la vista y se dejaba caer en el respaldo de la silla.
─Sí. Sophie, ¿te pasa algo? ─ «¡genial Meyreth, ¡te diste cuenta!»
─No, solo tengo sueño. Adiós.
Sophia apagó su computador y yo me quedé ahí, como una idiota sin darme cuenta del daño que le había ocasionado a mi prima con mis palabras. ¿Cómo no puedes ser capaz de darte cuenta del daño que tus palabras pueden generar? Me faltó empatía, eso está más que claro.
Apagué la computadora e intenté llamar a Gael, pero su número sonaba ocupado, que estúpida fui, era más que evidente que estaba hablando con Sophia. Era más que evidente que estaba molesta, dolida o tal vez decepcionada de sus amigos. Tenía derecho a estarlo. Su novio la dejó sola en su cumpleaños y su amiga fue tan idiota como para no darse cuenta de cuanto le dolió ese hecho.
¿Cómo pude dormir con tranquilidad aquella noche, sin sentir ni un poco de culpa?, no lo sé. Pero a la mañana siguiente, sin ningún remordimiento en la mente, desperté y de inmediato llamé a Sophia para tratar de saber cómo había pasado la noche. No me contestó. Pensé que visitar a una amiga podría servirme, así que salí rumbo a la casa de Charlie. Al llegar, no tuve que tocar el timbre de la casa, pues ella salió de inmediato, como si me estuviera esperando.
─¿Dónde te habías metido? ─me dijo dándome un gran abrazo.
─¡Oh amiga! ─exclamé─. Tengo tanto que contarte.
─Yo también ─ ¡Diablos! Eso significaba que yo no tendría oportunidad de decir nada de lo ocurrido conmigo.
Y así fue.
Honestamente, no recuerdo que fue lo que me contó aquel día. Aunque, no es como sea algo relativo en la historia. Al terminar su charla, tal vez por cansancio o frustración, no lo sé, pero recuerdo que suspiré profundamente y recargué la cabeza sobre las manos. Ese pequeño gesto molesto a mi amiga. Quien me observó furiosa y se puso de pie mientras se llevaba las manos a la cintura.
─¿Te aburres de mí? ─me dijo molesta. Yo la imité y de igual manera me puse de pie.
─¡Claro que no! ─respondí sinceramente.
─¡Claro que sí! ─reclamó mi amiga─ mis problemas no son para ti más que un chiste ─en ese momento, exploté.
─¿Un chiste? ¡Por favor Charlotte! La única persona que trata a los demás como si fueran un chiste, eres tú ─Charlie rio sarcásticamente y me dio la espalda.
─¡Ahora resulta! ─dijo mientras extendía las manos y las llevaba a sus costados. Yo estaba herida. Me acerqué a ella, con el corazón latiéndome de forma tremenda.
─ Sí, ahora resulta. Dime Charlie, ¿Cuántas veces estuviste ahí conmigo cuando te necesite?
─¿Y cuantas estuviste tú?
─¿De verdad quieres que lo diga? ─me planteé frente a ella sosteniendo su mirada─. Mi mejor amigo murió, y ni una sola vez, te acercaste para preguntar si estaba bien por ello. Luego, otro de mis amigos muere y no te importó apoyarme, te importó el hecho de que no estuve ahí para escuchar las quejas de tu novio.
─Creí que eras mi amiga, ¡eso hacen las amigas!
─Sí, eso hacen, pero Charlie, terminaste con tu novio y le lloraste, ¿Cuánto ¿una semana? ¡MIS MEJORES AMIGOS MURIERON! ¿TIENES IDEA DE CUANTO TIEMPO TENGO LLORANDO POR ELLO?
Charlotte se quedó en silencio un momento. Era evidente que ambas queríamos llorar, pero ninguna cedía su orgullo a ello. Cruzó los brazos y volvió a darme la espalda.
─¿En serio vas a reprocharme por algo que paso hace tiempo? ─dijo con amargura. Está vez, fui yo quien rio con sarcasmo.
─¿Hace tiempo? Charlotte, estas quejándote del idiota con el que terminaste hace casi un año, ¿Quién es la que reprocha las cosas que pasaron hace tiempo? ─la chica giró con brusquedad dándome la cara.
─¿POR QUÉ ME TRATAS ASÍ? ─me gritó.
─Por que entre más convivo con personas como tú, más extraño a mis amigos. Porque ellos jamás me hubiesen tratado como tú lo haces. Porque por más que me esfuerzo en entenderte y aceptar lo que haces conmigo, siempre logras alcanzar un nuevo nivel que supera por mucho mis límites. ¿Tienes idea la cantidad de veces que he venido en busca de ayuda? No sabes lo que pasa en mi vida y es evidente que yo tampoco sé lo que pasa en la tuya.
─Pues si soy tan mala amiga, ¿Por qué no te largas?
─¡Porque te quiero, idiota! ─era tarde, las lágrimas ganaron la partida y escaparon de mis ojos─. Yo no soy igual que tú o que el resto. Yo no puedo olvidar todo lo bueno que hiciste por mí, aun cuando eso no alcance para remediar todo lo demás. Te quiero porque eres una de las pocas personas que me aceptó. ¡Pero cambiaste Charlie, y yo también! Esos sueños que tuvimos en la secundaria se murieron y ahora, tienes nuevas metas, pero en ninguna de ellas, figura mi nombre.
No quería quedarme a seguir discutiendo, tomé mis cosas y salí de ahí.
En ese momento, entendí lo que pasaba con Sophie. Entendí que la había dejado sola. Entendí que me necesitaba. Entendí que había llamado “mi mejor amiga” a la persona equivocada. Quise correr para llegar a casa y llamarla. Quería remediar todo. Quería de vuelta a mis amigos. Pero, como dije, esta es la historia de un cupido.
Un mensaje hizo sonar mi celular, justo cuando estaba por llegar a casa, era Gael.
«Sophia terminó conmigo»
Me detuve en seco. Esto no podía ser bueno.