ANTON
Ya había transcurrido más de una semana desde que la niñera se instaló en la casa. Era innegable su eficiencia en el trabajo, aunque podía mejorar en ciertos aspectos, como cumplir con las tareas que le solicitaba. En ocasiones, le pedía realizar labores innecesarias, no porque fueran imprescindibles, sino más bien para fastidiarla. A pesar de ello, poco a poco fui conociéndola mejor y descubrí que era una mujer trabajadora, lo cual ya había demostrado. Aprovechaba esta virtud suya, sabiendo que no se atrevería a negarse a mis peticiones.
Entonces, ¿por qué disfrutaba molestandola de esta manera?
La respuesta estaba en la diversión que me proporcionaba verla cumplir con mis caprichos sin quejarse.
Además, pude notar que cuidaba de la niña de manera excepcional. Se notaba que sabía lo que hacía, e incluso llegué a preguntarme si tal vez tenía hijos propios o si simplemente era su instinto materno lo que la hacía tan competente con los niños.
Brandon: — El libro ya está terminado
— mencionó abriendo la puerta de mi oficina.
— Vale. Ahora concentrémonos en el próximo.
Este será el doble de importante que el anterior.
¿Los escritores han dado un sí como repuesta?
Brandon: — Aún no
— Habla con ellos e intenta convencerlos y sino funciona, lo hago yo
Brandon: — En seguida — dijo y salió.
Esta semana, nuestra empresa estaba en pleno apogeo, ya que nos habíamos comprometido a fabricar libros para algunos de los escritores más destacados de la época, y no podía permitirme ningún fallo. La excelencia en la realización era esencial, ya que estos escritores aún no habían decidido si confiarnos la publicación de sus obras.
Teníamos que demostrarles que estábamos a la altura de sus expectativas. Si lo conseguíamos, seguiríamos siendo líderes en el ranking de las editoriales más destacadas del país. Sin embargo, si optaban por no aceptar nuestra oferta, existía la posibilidad de que la otra editorial, que estaba pisándonos los talones y casi igual de renombrada, nos superara al tener a estos escritores en su equipo. Dado que estos autores eran sumamente influyentes, trabajar con ellos no solo aumentaría nuestra base de lectores, sino que también nos reportaría considerables beneficios económicos.
El marketing editorial se basaba en satisfacer los deseos de los lectores, y sabía que no podíamos darnos el lujo de perder a estos autores. Por lo tanto, estaba decidido a hacer todo lo necesario para atraerlos a nuestra editorial.
En mi reunión con uno de los autores, Edwin O'Connell, quien aún no había tomado una decisión, le ofrecí mostrarle ejemplos de nuestros libros y sugerir cambios en el diseño para que se ajustara a sus preferencias. Le garanticé que quedaría satisfecho con el resultado, y finalmente accedió a darnos una oportunidad, dándonos una semana para mostrarle avances en la portada y el estilo del libro.
A pesar de este éxito parcial, sabía que aún tenía que convencer a otros cuatro autores igualmente importantes. La competencia con Christian, dueño de la otra editorial y mi principal rival, era intensa, y no estaba dispuesto a ceder terreno.
— Señor O'Connell mucho gusto saludarle — dije cordialmente y le estreché la mano. Él era uno de esos escritores importantes.
Edwin O'Connell: — El placer es mío
— Bien, me han dicho que está buscando alguna editorial para presentar su nuevo libro
Edwin O'Connell: — Así es
— ¿Y ya se ha decidido?
Edwin O'Connell: — Aún no
— Si quiere le puedo mostrar algunos libros que hemos fabricado y me dice si le parece bien la idea de hacer los suyos igual
Edwin O'Connell: — Los he visto antes.
El señor Brandon me los ha enseñado, pero aún no me decido.
Sabe, quiero que mi libro llame la atención de mis fans por la portada y el estilo del libro, ya que de la letra y textos me encargo yo y su forma de hacer portadas... Como que no me gusta mucho
— Bueno, pero podemos sugerir cambios, ese no es problema, además, tengo muchos diseñadores en la empresa dispuestos a realizar lo mejor que puedan y con mucho talento y creatividad.
De nos una oportunidad para fabricar su libro y si no es de su agrado no hacemos el contrato pero, le prometo que le gustará el resultado — dije intentando hacer que se diera cuenta de que escoger mi editorial era lo mejor que le podía pasar y al parecer, resultó efecto.
Edwin O'Connell: — De acuerdo.
Les doy una semana para ver los avances de la portada y del estilo que tendrá el libro
— No se arrepentirá, de eso no tenga duda
Edwin O'Connell: — Eso espero
— mencionó estrechándome la mano y después salió de mi oficina.
Ya tenía un escritor de los cinco importantes bajó mi control pero no podía cantar victoria, puesto que todavía faltaban los otros cuatro, los más complicados y no cabía duda de que darían guerra.
Luego al caer la tarde, volví a casa y en eso que mi auto estaba parado esperando el cambio de semáforo porque estaba en rojo, un coche se puso al lado.
Christian: — Hey, ¿listo para perder?
— Ahórrate los comentarios, yo ya tengo un escritor
Christian: — ¿Ah sí? ¿A quién?
— O'Connell — respondí con orgullo y él puso lo ojos como platos.
Christian: — ¿Sí? Pues, yo hoy hablé con Davison y está interesado en mi editorial
— Ya lo veremos
Subí la ventanilla y puse en marcha el coche.
Christian era un hijo de puta.
Él era dueño de la otra editorial, de la que estaba detrás de la mía en el segundo puesto y él haría todo lo posible para conseguir la atención de los escritores y eso no lo podía permitir.
Él no sería mejor que yo y si se metía conmigo terminaría perdiendo.
Yo era muy competitivo en los aspectos de la vida y en el mundo de los negocios lo era mucho más y eso no cambiaría.
Una semana después
Miércoles.
Llegué a casa después de haber trabajado todo el santo día.
Estaba frustrado. Los escritores aún no se decidían, y eso me tenía de mal humor.
Ya había hablado con todos. Tres de ellos aceptaron que mi empresa se encargara de su trabajo, pero los otros dos seguían dudando, lo que me enfadaba.
¿Qué carajos les pasaba?
Bien podían elegirme y listo, en lugar de estar perdiendo el tiempo considerando otras editoriales.
Rachel: — Buenas noches, señor — dijo cuando me vio entrar.
Ella estaba sentada con la niña en su regazo, viendo la televisión en la sala.
— Quería hablar con usted
— ¿Sobre qué? No tengo todo el tiempo para hablar ahora — respondí, expresando mi frustración. Ella pareció darse cuenta de mi estado de ánimo.
Rachel: — Es que no sé si debería decirlo. Olvídelo
— ¿Qué sucede? — pregunté, suspirando de cansancio.
Rachel: — Mañana es mi cumpleaños. Sé que no es un gran evento, pero para mí es importante. Quería pedirle el día libre. Entiendo que es mucho pedir y no debería exigirlo, pero la madre de mi mejor amiga está enferma y quiero llevarle algunos medicamentos
— ¿Y no puedes enviarlos en lugar de ir personalmente?
Rachel: — Sí, pero...
— Entonces haz eso y listo — interrumpí, volviéndome hacia las escaleras para dirigirme a mi habitación.
Rachel: — Señor, quiero visitarla en persona. Ella es importante para mí
— dijo con voz entrecortada, lo que me hizo detenerme abruptamente.
— ¿Y cuántos días necesitas?
— pregunté, pero sin mirarla.
Rachel: — Solo serán dos días. Tres como máximo. Julia se ha ofrecido a cuidar de la niña. Mañana por la mañana me iré y regresaré el viernes por la tarde.
— Entonces ve
Rachel: — ¿¡De verdad!?
— Si sigues hablando, cambiaré de opinión
Rachel: — Gracias, señor Harris — dijo, y seguí subiendo las escaleras.
Jueves, 5:09 a.m.
Julia: — Feliz cumpleaños, Rachel.
Espero que te la pases bien — dijo y me dio un abrazo.
Rachel: — Muchas gracias.
Peque ya nos veremos después, pórtate bien — dijo a la niña cogiendo su pequeña mano y Julia carraspeó la garganta y me miró, esperando a que yo le dijera algo a Rachel, pero no dije nada.
— Bueno, me voy ahora — añadió.
Julia: — Muy bien.
¿Y por qué no te vas con el señor?
Él está a punto de irse y puede dejarte ahí, ¿no señor?
Le lancé una mirada para que guardara silencio y ella no me hizo caso.
Rachel: — No, sería mucho pedir.
Ya tomaré un taxi
Julia: — Será como un regalo de cumpleaños. ¡Ande señor!
No cuesta nada
— Súbete al coche — dije, me tomé el último trago del café y cogí su maleta para llevarla al coche.
Julia: — ¡Adiós!
Salimos de casa y nos subimos al coche. Durante el trayecto, reinó el silencio.
No había nada que quisiera discutir con Rachel; no tenía interés en su vida. No obstante, era consciente de que la echaría de menos mientras no estuviera. Echaría de menos el hecho de tener a alguien que hiciera lo que le ordenaba.
RACHEL
En el fondo, me sentía intimidada al estar sola con el señor Harris en su auto. Hubo un momento en el que pensé en romper el hielo con alguna conversación, pero la timidez se apoderó de mí, y no solo eso, sino que simplemente no me interesaba hablar con el hombre grosero e irrespetuoso que era, aunque fuera mi jefe.
— Gracias por traerme
Agradecí mientras tomaba mi maleta, que él había sacado del maletero.
En el fondo, esperaba que me felicitara por mi cumpleaños, pero ¿qué estaba pensando? Sabía que eso no ocurriría, y, de hecho, no sucedió.
6:33 a.m.
Llegué temprano a la ciudad y aproveché la hora para entrar en una cafetería y tomar un café, además de comer algo, ya que no había tenido la oportunidad de desayunar en casa.
Luego, regresé a la que había sido mi casa y encontré allí a mi mejor amiga y a su madre, por quien había rezado toda la noche, esperando que se recuperara pronto.
Abrí la puerta con una llave de repuesto y me encontré con la oscuridad. Al encender la luz, vi a mi amiga y a su madre sosteniendo un pastel y un cartel que decía: Feliz cumpleaños.
Abby: — ¡Feliz cumpleaños! — exclamó contenta, dejó el pastel en la mesa y se acercó a mí para darme un abrazo. También, me di cuenta de que Bonnie se veía bien, estaba sonriente y no tenía ninguna cara de enferma.
— Gracias, pero, ¿Bonnie, no estabas enferma? — pregunté, confundida, mientras Bonnie se acercaba.
Abby: — Era una mentira. Lo hice para que vinieras
— ¿¡Cómo!?
Bonnie: — Yo también me sorprendí cuando Abby propuso esto. Yo no estaba de acuerdo, por supuesto
— Y yo que pensé que realmente estabas enferma. Incluso compré los medicamentos que Abby me dijo
Abby: — Lo siento, amiga, pero no tenía otra opción
— Y encima le mentí a mi jefe
Abby: — Por eso inventamos esto. Sabíamos que si le pedías un día libre, te habría dicho que no. Pero si decías que era una emergencia y necesitabas venir aquí, había más posibilidades de que te dejara
— ¡Qué astuta eres!
Abby: — Claro, cariño. ¿No te alegra vernos de nuevo?
— ¡Por supuesto! Era lo que más deseaba. Solo me siento mal por haberle mentido a mi jefe
Abby: — ¿Qué más da?
— Lo hecho, hecho está, así que...
Abby: — ¡Exacto!
Bonnie: — ¿Y si Rachel tiene problemas por esta locura?
— Si mi jefe no se entera, no lo sabrá. Aunque seguramente al final le diré la verdad, no me gusta mentir
Abby: — Amiga, deja de ser tan formal. No te tomes la vida tan en serio. Disfrútala y de vez en cuando, haz alguna locura
— Tienes razón — acepté, y las tres reímos.
10:14 p.m.
Al caer la noche, me arreglé y me puse un vestido que Abby me prestó, ya que en mi maleta no había llevado ropa de ese estilo. Y lo combiné con una chaqueta de mezclilla.
Abby me había que saldríamos, pero no a dónde, era una sorpresa y eso no me gustaba. Las sorpresas no eran de mi agrado.
— ¿A dónde vamos? — pregunté cuando nos subimos a su coche y ella solo sonrió, pero no respondió.
Unos minutos después, llegamos a una discoteca y un chico alto estaba en la puerta. Cuando Abby se acercó a él, le dio un beso en la mejilla.
Abby: — Rachel él es Ricky
— Mucho gusto — dije y le di un abrazo. Al instante, escuché una voz que reconocí casi en seguida.
Luke: — Hola chicas — dijo, me volteé y vi que era Luke, un exnovio que tuve en la universidad.
— Hola — respondí y le sonreí.
Abby: — ¿Qué os parece si entramos?
Sin pensarlo más, entramos a la discoteca y yo me acerqué en seguida a mi amiga.
— ¿Él quién es?
Abby: — El chico del que te hablé
— ¿No que tenía novia?
Abby: — Tenía pero la dejó
— ¿No me digas que tú invitaste a Luke?
Abby: — Sí, de hecho, él me buscó a mí un dia y preguntó por ti, así que le invité a la fiesta para que tuvieras compañía
— Pero te hubieras traído a alguien más, no a él
Abby: — ¿Pero qué tal si ya cambió?
Tal vez ahora te guste más
— Ya lo veremos
10:34 p.m.
Abby y Richy se pusieron a bailar juntos y yo tuve que bailar con Luke.
A decir verdad, lo guapo que era no se le había quitado con los años.
Ahora tenía una barba que le hacía parecer más masculino porque antes tenía una cara de bebé que resaltaba mucho.
Luke: — ¿Y cómo te ha ido la vida?
— ¿¡Qué!? — grité porque con la música alta no escuchaba lo que me decía.
Luke: — Que cómo te ha ido la vida
— ¡Ah! Bien ¿y a ti?
Luke: — Genial
Los dos bailábamos al ritmo de la música latina que sonaba por los altavoces y noté que él se veía nervioso, quizás por mi presencia y de mi parte, no lo estaba. Esos cosquilleos y tembleques que él me provoca al verle cuando éramos novios ya no los tenía.
Y es que, ya le había superado y ahora solo lo veía como un amigo nada más.
Luke: — Te ves hermosa — mencionó y le mostré una sonrisa de agradecimiento.
— Tú también
Y sí, él se veía bien.
Vestido con una camisa a cuadros y unos jeans azules, un atuendo muy típico, pero le quedaba bien.
Más tarde, salimos de la pista y fuimos a la barra a pedir algo de beber.
En tanto Abby y Ricky parecían disfrutar de la compañía mutua.
Luke: — ¿Y ahora trabajas?
— Sí, soy niñera
Luke: — ¡Vaya! ¿Niñera?
Y eso que antes no te gustaban los niños
— Los tiempos cambian y con esta edad... Los pensamientos también — mencioné y tomé de la botella de cerveza.
Por un corto período de tiempo, se me vino a la cabeza el rostro del señor Harris y lo comparé con el de Luke pero siendo realistas, no eran iguales.
Luke no podía comprarse con el tremendo pedazo de hombre que era mi jefe, es que ni en sueños ni en la vida real sería posible igualar a ese bellísimo cuerpo de atleta de ojos café con Luke.
¿Pero qué estaba pensando?
¿Y por qué se me venía a la cabeza el señor Harris si le odiaba?
Luke: — Oye, ¿y tienes pareja?
— No
Luke: — Yo tampoco — dijo y me miró, tal vez lanzando una indirecta pero yo no la captaría.
Él fue mi novio durante dos años, y nuestra relación tuvo que llegar a su fin porque él se mudó a Minnesota y ninguno de los dos estaba dispuesto a mantener una relación a distancia. Sin embargo, también fue una decisión que tomé debido a que él no sabía cómo ser un buen novio. En otras palabras, siempre priorizaba a sus amigos antes que a mí, y aunque eso no me molestaba en absoluto, lo que realmente me frustraba era que lo hacía para evitar pasar tiempo a solas conmigo. Aparentemente, se sentía incómodo cuando estábamos solos, por lo que si salíamos o veíamos una película, invitaba a sus amigos a unirse a nosotros. ¿Y yo? ¿Y nuestra relación?
No podíamos tener intimidad, siempre tenía que haber alguien más presente para evitar que pudiéramos siquiera besarnos. Según él, "sería incómodo". Incluso si estábamos solos, se negaba a cualquier muestra de afecto más allá de ver una película juntos. Esto era especialmente frustrante porque ya éramos pareja, y teníamos todo el derecho de demostrarnos cuánto nos queríamos, ya sea con palabras o gestos. Pero él nunca lo entendió. En realidad, no entendía el sentido que tenía para él ser novios sin tener ningún tipo de afecto.
Ahora, no estaría dispuesta a volver a ser su novia, no solo por las razones anteriores, sino también porque no me sentía lista para tener una relación. Prefería disfrutar de mi soltería; ya me había acostumbrado y me sentía cómoda con ello. Además, en mi mente, solo había espacio para el señor Harris... «¿¡Qué diablos!? ¡Dios, Rachel! ¿En qué estás pensando? ¿En él? ¡No! ¡No era en él!», me dije.
— Bueno, creo que ya me voy — dije antes de que Luke me empezara a decir que quería volver conmigo.
Luke: — ¡Espera! ¿Pero nos veremos otra vez? — preguntó levantándose rápidamente para acercarse a mí.
— Tal vez
Luke: — Entonces déjame despedirme
— dijo, y sin pensarlo, me dio un beso.
— Luke, espera — dije intentando zafarme, pero él me acercó más a su cuerpo poniendo sin manos en mi cintura, por lo que me dejé llevar.
Él besaba bien, eso no podía negarlo.
Luke: — No sabes cuánto te extrañé
Al fin me soltó y yo, solo sonreí.
Me alejé de él y me acerqué a mi amiga que bailaba con Ricky porque si Luke pensaba en que le diría lo mismo que él me había dicho, se equivocaba.
— ¡Abby!
Abby: — ¿¡Qué!?
— ¿Nos vamos?
Abby: — Aún no — respondió sin mirarme, aún así le tomé del brazo y saqué de la pista.
— ¡Lo siento Ricky!
Ricky: — ¡Luego te llamo!
Abby: — ¿Qué sucede?
— Tenemos que irnos
Abby: — ¿Por?
— Luke me besó
Abby: — ¡Uy amiga! Ya has ligado, eso me alegra
— ¡No! Yo no quiero volver con él
Abby: — ¿Por qué?
— ¿Nos vamos?
Abby: — Claro
Buscamos el coche en el aparcamiento y nos subimos.
Abby: — ¿Al menos te gustó el beso?
— Ajá. Siempre me ha gustado como besa, pero no puedo hacerlo y si hubiera seguido posiblemente ahora mismo estuviéramos sobre una cama follando
Abby: — Mejor, así por fin lo harás después de tanto — dijo y puse los ojos en blanco.
Con Luke había perdido la virginidad y esa vez primera no fue mala pero no, no quería repetirlo porque no estaba lista para estar con alguien ni emocionalmente ni físicamente, y mucho menos volver con un ex.
La verdad, quién sabe porqué me había buscado otra vez y no me había superado.
No sabía sus intenciones de volver a buscarme. ¿Qué tal si era solo para aprovecharse de mí?