Allí estaba Katiana; luchando por librarse, pero cada intento era vano. No había escapatoria. El hombre era muy fuerte, y solo había algo que podía explicarlo: era un golin. La muchacha miró hacia un lado del sujeto. Quería ver sus brazos. Si era un golin debía tener una marca de decimo descendiente. Giró el cuello, y vio que el suéter del sujeto tenía mangas largas. Ahora eso sí que la mantenía más segura de que en efecto se trataba de un golin. Aun sabiendo que no podía librarse de él, Katiana hizo un esfuerzo más. Reunió todas sus fuerzas y logró deslizar uno de sus brazos, hasta poder sacarlo lo suficiente. Sujetó una de las extremidades del hombre, y luego le alzó la manga lo más que pudo, y sí, allí se alcanzaba a ver una parte de la marca. ―¡Basta Katy! ―le susurró el golin―. Ya

