—¿Qué se supone que hacen ustedes? ¿a qué te refieres? — estaba algo asustado, confiaba en Alison por alguna extraña razón, sentía como si fuese mi hermana pequeña.
—Un placer conocerte, mi nombre es Máximo Paz — un hombre de piel morena y bastante alto se acercó a mí con una sonrisa para darme la mano.
—Yo soy Consuelo — saludó emocionada la mujer a su lado.
—Un placer conocerlos, pero aún no entiendo nada — confesé confundido.
—No hay nada que entender — replicó la pequeña al instante, tenía una expresión tan pícara.
—Solo digamos que tratamos de sobrevivir — expuso Máximo — ahora creo que mi pregunta va a ser mucho mejor ¿qué haces tú por aquí?
—Emtis me trajo hasta aquí — comenté con cierta inocencia.
—¿Emtis no es ese vehículo que habla mucho? — preguntó Consuelo desconcertada, como si sintiera cierta repulsión hacia el pobre Emtis.
—Si, es él. Tendría que conocerlo, habla mucho pero es todo un encanto, se lo aseguro — yo hablaba de él como si fuese un ser humano, a pesar de que el mismo me había lanzado al precipicio apenas tuvo oportunidad.
—Si tú lo dices tendré que creerte — contestó ella como si no le quedase de otra que seguirme la corriente.
—Tienes que tener más cuidado, mucho más cuidado — comenzó a decir Máximo con una expresión bastante seria — Alison me ha dicho que te estaban persiguiendo.
—Si, dos chicos han venido detrás de nosotros, pero por suerte ella parece estar mucho más preparada que yo para este tipo de peligrosas situaciones — Máximo se echó a reír mientras cargaba a Alison entre sus brazos.
—Esa es la niña que estamos educando — parecía tan orgullosa, realmente lo estaba — esos chicos iban por ti. Eres mercancía valiosa, tu rostro lo conocen incluso aquellos que viven debajo de una piedra, esta ciudad no es segura para alguien como tú.
—Quisiera saber algo, Señor ¿dónde estamos? — Dije encogiendome de hombros.
La familia se hecho a reír al notar mi timidez.
—Calma, muchacho, aquí todos estamos en confianza y creo que necesitas unos cuantos arreglos — Dijo fijándose en mis aboyaduras.
Quisiera decir que me había sonrojado pero en realidad eso no paso, ni siquiera sentía la cara aunque admito que por dentro si me incomodaba un poco el estar rodeado de extraños.
—Te encuentras varado en la ciudad de los exiliados — Contestó consuelo mientras me ayudaba a ponerme de pie — Alison, cariño ve por las piezas de repuesto — Dijo indicándole a la pequeña Alison donde se ubicaban las refacciones.
Alison como una obediente y dulce niña hizo caso al encargo de su madre.
MIentras tanto me sentaron encima de la mesa, quitaron todo lo que había en ella y me pidieron que me recostara sobre la misma.
—No te preocupes cariño, no eres el primer androide que reparo — Dijo sonriendo mientras me ayudaba a acostarme.
Tragué grueso, pues jamás me habían tenido que reparar, cuando eres humano normalmente te ponen yeso si la situación es muy grave pero en esta ocasión seguramente tendrán que separar piezas y colocar nuevas.
—Toma madre — Dijo Alison con alegría entregando el pedido.
Me sorprendí al ver las piezas, pues me maravillaba verlas tan relucientes como si fuesen nuevas.
—¿Las hacen ustedes? — Pregunté ingenuamente.
—No, esperamos a que alguno como tú esté en agonía para despedazarlo y terminar con su tormento — Contestó mientras revisaba las piezas, asegurándose de que todo encajara.
—Son unos salvajes — Murmuré.
no me había dado cuenta que lo había dicho en voz alta cuando en realidad se suponía que era simplemente un pensamiento.
—Perdon — Dije inmediatamente.
—Eres un ignorante, no te preocupes es entendible que pienses tal cosa pero mientras intento ponerte como nuevo te explicaré cómo sucede todo aquí — Respondió sonriendo lista para darme una clase del bajo mundo— De donde vienes las personas que ya no son necesarias las expulsan de su paraíso artificial dejándolos a su suerte en este botadero, los pocos humanos que quedan con suerte logran sobrevivír, pues el ambiente se presta para ello pero para los androides es mucho más complicado — Explicaba mientras con cuidado destornillaba mis piernas para remplazarlas por nuevas — ¿por qué? porque ustedes necesitan refacciones, ustedes tienen una fecha de vencimiento, son máquinas con obsolencia programada — Dijo mostrando dolor en sus palabras — Aquí se les intenta ayudar, tratamos de adaptarlos a esta nueva forma de vida y hay algunos que lo logran por supuesto, pero están los menos afortunados que llegan aquí tan dañados, no solo físicamente si no mentalmente y yo por desgracia no estudié para reparar computadoras — Continuó explicando para luego engrasar la nueva pieza y colocar delicadamente mi nueva pierna.
Ciertamente me dolía que hablara de esa forma sobre nosotros, no me considero una computadora y mi cerebro es real.
—No soy un CPU — Repliqué repentinamente.
Ella sonrió levemente para verme con ojos piadosos.
—Lo que hacemos aquí no es mejor que lo que hace la gente que te creó, intentamos sobrevivir a este exilio al que nos han obligado a mudarnos y todos hemos decidido que si vemos a un aliado morir lentamente lo mejor es terminar con su sufrimiento, no lo hacemos por rencor o egoísmo, después de todo primero preguntamos al paciente si está de acuerdo, normalmente dicen que sí y después están lo que son aún más fuertes, esos sin duda me impresionan — Respondió bajando la mirada, dejando caer unas cuantas lágrimas — Disculpenme — Dijo finalizando con mi cuerpo para retirarse del lugar.
—Perdona por lo que le he dicho a tu mamá, no fue mi intención sonar grosero — Dije arrepentido dirigiéndome a Alisa.
—No te preocupes, también estoy de acuerdo con ella de que eres un tonto poco afortunado — Contestó sin verme a la cara.
Que bueno que pensaran tal barbaridad de mi, eso sin duda me hacía sentir mejor.
El señor máximo fue a consolar a Consuelo, yo me levanté para probar mis nuevas refacciones, sin duda era espléndido, la operación no dolió para nada y mis nuevas partes se mueven mucho mejor que las anteriores.
—Eres curioso — Dijo de la nada Alisa.
volteé a verla, sintiéndome un poco confundido.
—¿A qué te refieres? — Pregunté.
—Es que me parece extraño tu modelo de cuerpo ¿que número de serie es? — Preguntó girando la cabeza a un costado.
—Mi cuerpo no tiene serie, mi cuerpo es mio — Respondí con altanería.
ella sonrió inmediatamente.
—Eres un androide hermanito — Contestó colocando su mano en mi pecho descubierto — Todo en ti se puede cambiar, aunque extrañamente esto y tu cabeza están conectados sin poder brindarles refacciones — Dijo un poco perdida en sus pensamientos.
aparté su mano sonrojandome ante tal escena.
Ella seguía viéndome.
«Es solo una niña».
Me puse de pie para pensar en lo que debía hacer ahora y en ese momento una gran duda cruzó por mi cabeza.
—¿por qué ustedes son parte de la resistencia?.