—Por un futuro — Respondió Alison con los ojos brillosos.
Bajé la mirada, no pude entender bien su respuesta.
«Siento que el futuro es fantasioso».
—Joven número uno no sé si mi maleducada hija ya le ha ofrecido algo de comer pero si ese no es el caso, me tomo la molestia de ofrecerle un omelette de huevos — Dijo el señor máximo saliendo del cuarto donde se encontraba con Consuelo.
Con todo lo que ha sucedido no he tenido tiempo de pensar en comer algo pero ahora que lo mencionó mi estómago empezó ha comenzado a rugir.
—Acepto su invitación y de antemano le agradezco — contesté sonriendo.
Le seguí detrás, Alison me mostró donde podía sentarme, me causaba un poco de tristeza ver la forma tan decadente en la que viven.
Me senté en el suelo, colocando los pies en un agujero, supuse que tienen gustos asiáticos y que por eso lo han hecho así.
—Tienes suerte de que mi madre saco las ratas que suelen dormir aquí — Comentó Alison sentándose a mi lado.
Miré a medias mis pies, sintiendo asco por tal confesión.
«Tal vez era mejor saltarme el desayuno».
—Aquí tiene, joven uno, espero lo disfrute — Dijo colocando un plato sobre la mesa máximo.
—Muchas gracias señor y puede llamarme Precious — Respondí.
Él sonrió y comenzó a comer sin responder, no entendí que había dicho como para que le causara risa, de todas formas no le di importancia y también di inició a devorar los alimentos en mi plato.
Al terminar, la señora Consuelo se nos unió, siendo la última en comer.
Me levanté en silencio para no perturbar su frágil tranquilad y me acerque al lavaplatos el cual tenía el grifo dañado.
«No entiendo por qué si tienen refacciones para reparar a un androide, no pueden reparar el mantenimiento de esta casa».
Suspiré y como forma de agradecimiento decidí lavar la montaña de platos sucios que tenían.
Algunos parecían estar aquí desde décadas.
Comencé con el mío y poco a poco la ruma fue disminuyendo.
—No es necesario que hagas esto — Dijo la madre de Alison a mi espalda.
—No se preocupe señora, es un placer para mí ayudarles — Contesté continuando con mi labor.
—¡No quiero tu ayuda! — Exclamó.
Me detuve para luego apartarme unos cuantos centímetros de ella, no podía entender sus razones para denigrarme tanto.
«¿Que le he hecho yo a este mundo para que me odie tanto?».
Me gustaría decir que tomé mis cosas al salir de esa casa pero no hay nada que tuviese o que al menos sintiera mío.
Afuera mire a todos lados intentando decidir mi rumbo.
«La mejor decisión es volver y aceptar ser un maniquí de la ciencia revolucionaria».
«Al menos puedo vivir una ilusión con mis seres queridos».
«¿A quien engaño?».
«Te odio Emtis».
«Como hubiese deseado que hubieras acabado con mi vida cuando me lanzaste de ese risco»
Suspiré y sin más comencé mi caminata, obviamente me percaté de mi imagen en el bajo mundo y me cubrí el rostro con una envoltura de papas fritas.
Ni siquiera tenía una hora exacta pero podía deducir que aún contaba con mucho tiempo para volver.
De camino al lugar donde llegué, pude observar las calles deterioradas y los edificios a medio demoler de la ciudad de los renegados.
«O como sea que se llame».
Unos miserables niños sostuvieron mis piernas rogando por comida y por un techo a donde pertenecer.
Fue una escena que debo admitir desgarró mi corazón metálico.
La vida aquí era deplorable, sus habitantes se mataban para sobrevivir.
«No es mi problema».
Eso quise pensar durante todo el camino, intentando hacer la vista gorda pero no podía conseguir ser tan frío, por alguna razón me sentía responsable de lo que sucedía.
«No merezco haber tenido tanta suerte».
«Este no es el futuro que se me prometió y es más que menos del que se me habló».
Cómo un ser que todos admiran creo que es mi deber ayudar a los exiliados, no es necesario que hayan barreras entre nosotros.
«Uno de los tantos problemas del ser humano es autodenominase inservible».
Unas señoras que llevaban rato siguiéndome se acercaron para pedirme cualquier cosa que les sirviera para alimentarse, por desgracia respondí que conmigo no cargo nada.
—Eres muy guapo — Dijo una de ellas, la más anciana a mi parecer.
—Muchas gracias — Contesté sonrojándome levemente.
—Podríamos comer algo distinto — Comentó colocando su mano en mi entrepierna.
Sonreí incómodamente sin saber cómo quitármelas encima.
—Lo siento, señoras, pero voy apurado — Contesté riendo nervioso.
—Venga, divirtámonos los tres, te prometo que haremos que sientas cosquillas en tu pene robótico — Respondió metiéndose tres dedos en la boca para empezar a chuparlos.
Traté de zafarme pero ella seguía insistiendo, apretando cada vez más mi m*****o.
—Por favor le pido que no lleve esta situación a los extremos — Dije pidiendo que pararan con sus degeneradas intenciones.
Ellas me empezaron a rodear, metiendo sus manos por todo mi cuerpo, besando mi cuello y mis mejillas, casi descubriendo mi identidad.
—¡Por favor paren! — Supliqué.
No entendía porqué la gente a mi alrededor no hacía nada para ayudarme, sería violado enfrente de todos.
«Que lastima siento por mi mismo en este momento».
—Hermano mayor — Gritó Alison a la cuál pude reconocer inmediatamente por el sonido de su voz.
—¡Alison! — Exclamé.
Ella se apareció sorprendentemente rápido a mi costado.
—Lo siento viejas zorras pero mi hermanito no tiene intenciones de ser desvirgado por un montón de arrugas — Dijo Alison pegándoles con el cinturón que se había sacado del pantalón.
Las mujeres mayores se apartaron espantadas al ver la agresividad de la pequeña, estás intentaron poner resistencia pero todo acabó cuando Alison saco un arma del bolsillo.
Las mujeres salieron espantadas del lugar.
—¿Qué haces con un arma? — Pregunté sorprendido.
—¿eh? Esto en realidad no es un arma de verdad ¿Que degenerado crees que le daría a una pequeña una pistola?.
Me sentí mucho más aliviado al saber la verdad, aunque me asustaba lo ingeniosa y peligrosa que resultaba ser Alison.
—Volvamos a casa hermano — Dijo tomándome del brazo.
—No — Respondí sin más.
—No seas idiota, aquí afuera te despedazaran — Contestó.
—No me importa — Repliqué, reconociendo mi terquedad.
—Está bien — Respondió dándose por vencida — Pero entonces te acompañaré para asegurarme de que llegues vivo.
No tenía más opciones y hasta cierto punto era lo mejor.
—Está bien — Respondí avergonzado.
—Bien, vamos — Dijo comenzando a caminar.
—Por ahí no es — Dije corrigiendo su orientación.
—Si… mejor indícame el camino.
Sonreí ante la dulzura de mi supuesta hermana.
«Me sorprende que un alma tan pura haya podido sobrevivir a este mundo desgarrado».
Miré al cielo, no tardaba en caer el atardecer.