—Hemos llegado — Dije finalmente llegando a los límites de esta parte del mundo.
—Si — Contestó Alison un poco desanimada.
Me pareció raro verla tan callada, no era propio de ella mostrarse tan vulnerable.
Miré hacía arriba, tendría que escalar para lograr llegar pero valdría la pena por un mejor mañana.
Volteé a verla nuevamente, solo he pasado un día con ella y por algún motivo me sentía mal por el hecho de dejarla aquí.
—Ven conmigo — Exclamé repentinamente.
Soy el número uno se me permitirá llevar a cualquiera de los exiliados a vivir junto a mí, después de todo a ellos solo les importa que finja que estoy feliz.
—No puedo — Contestó mirándome con la entreceja arrugada.
—¿Por qué no? — Pregunté confundido con una extraña sensación en mi garganta.
—Tal vez tú creas pertenecer allá arriba y está bien si es así pero por más que me haga la idea, sé que ese no es mi lugar — Respondió firme ante su decisión.
—Podrías ser feliz, no tendrías que preocuparte por más nada — Repliqué.
—¿Y todos los demás que viven aquí? ¿Qué pasará con ellos o con mi familia? ¿Tienes pensado llevarnos a todos contigo? — Dijo atacándome con sus preguntas.
Bajé la mirada sorprendido por lo poco egoísta que resultaba ser esta niña.
—Perdóname pero desgraciadamente dudo que me permitan transformar la jerarquía que ellos han creado, te puedo ofrecer un futuro estable solo a ti — Contesté con un enfado incomprensible.
—Eres igual que ellos — Replicó.
—¡No! — Exclamé inmediatamente — Yo quiero lo mejor para todos.
—Eso es mentira, tú solo quieres sentirte mejor contigo mismo — contestó.
Era cierto, no quería volver y seguir con mi soledad, necesitaba a alguien que pudiera recordar que dentro de mí sigo siendo humano.
Me volteé y comencé a darle golpes a la pared de rocas, intentando sentir dolor, intentando sentirme real.
—¡Detente! — Gritó Alison.
Hice caso omiso y seguí hasta que los dedos empezaron a disparar chispas.
Me tiré al suelo con la cara toda sucia.
—Yo solo quiero ser feliz — Dije dejando caer unas cuantas lágrimas.
Alison se acercó y se sentó enfrente de mí viéndome con tranquilidad.
—Hagamos de ese futuro que anhelas una realidad — Respondió ella.
De repente un hombre cayó del cielo, chocando su cara con el suelo.
Ambos nos levantamos rápido para ver de quién se trataba, este pobre moribundo se levantó con dolores en todas sus articulaciones , corriendo a la pared de rocas para rogar por otra oportunidad.
Alison al darse cuenta de la situación cubrió nuevamente mi cara dando un gran salto para llegar a mi rostro.
—¿Qué sucede? — Pregunté sin comprender bien la situación.
—¡Shhh! — Respondió.
Me quedé callado viendo hacia arriba observando la máquina de basura que había lanzado este hombre aquí abajo.
«Tal vez se han equivocado».
Cuándo ellos se fueron Alison saco su falsa arma y apuntó al hombre.
—Un movimiento en falso y les haré un favor a los de arriba — Gritó ella.
Él hombre no se inmutaba solo seguía intentando subir el risco pero cada vez que trataba su cuerpo le provocaba una pequeña descarga eléctrica.
—Oiga, señor — Dije acercándome a él.
—¿Qué intentas hacer? — Preguntó Alison tomándome del brazo para detenerme.
—Solo quiero brindarle mi ayuda — Contesté.
—Si no quieres que te maten mejor quédate tranquilo — Contestó alterada — Yo me encargo de esto — Agregó.
—Solo te pido que no lo mates.
—No le haré daño si no me obliga a hacerlo — Respondió dirigiéndose al señor.
Alison se acercaba con cuidado mostrándose tan preparada para esta escena.
El hombre la vio y saltó a sus pies llorando por su miseria.
—Mejor levántese, señor, ahora usted pertenece aquí — Dijo ella.
El pobre anciano seguía llorando, gritando que su familia seguía arriba esperando a que él volviera.
Alison se agachó y le prometió que todo estaría bien pero que para que eso sucediera necesitaba mantenerse con vida.
—¿Por qué yo? — Decía en llanto.
—Tranquilícese, mejor venga conmigo para poder hacerle algunas reparaciones — Contestaba Alison en busca de calmarlo.
Me acerqué a ellos para intentar ayudar a cargarlo pero Alison seguía insistiendo con que guardara distancia.
—Si coopera podrá salir de este hueco pronto — Seguía insistiendo en hacer que su visión del presente cambiara.
—Ella tiene razón, señor — Dije intentando ayudarla.
Sin duda me dolía ver lo desalmados que habían sido con este pobre anciano, lo han despojado de todo, le han quitado a su familia y lo peor es que posiblemente ellos estén pronto aquí.
Luego de un rato el señor finalmente se calmó aceptando la ayuda que Alison le ofreció.
—¡Por favor, ayúdeme! — Dijo poniéndose de pie.
—No se preocupe, eso haré — Contestó ella.
La pequeña Alison volteó a verme en espera de algo.
—¿Qué sucede? — Pregunté — ¿Necesitas que te ayude?.
—No es eso hermanito, necesito que tomes una decisión — Respondió viéndome con seriedad.
Me sentí contra la espada y la pared, este día empeoraba y la gente aún me obligaba a tomar decisiones.
«Soy muy malo en eso».
—Mamá, papá, hemos llegado — Gritó Alison entrando a casa con nosotros detrás.
Al final decidí volver, no podía dejar a la pobre niña vagar con este anciano, les podría pasar algo en el camino, me sentiría muy mal por eso.
—Cariño, veo que traes a un nuevo huésped — Dijo el padre de Alison acercándose al señor para ayudarlo.
—Por favor quiero volver — Seguía insistiendo él.
—No se preocupe por eso en este momento, por ahora trate de concentrarse en sus reparaciones, volver con el cuerpo tan estuchado no le serviría de nada, volverá a ser enviado aquí enseguida — Contestó alegremente.
El pobre hombre se quedó en silencio, seguro pensando en las palabras del señor máximo.
—Me alegro que hayas vuelto, número uno — Dijo entrando a su oficina de reparación.
—Si… también me alegra haber regresado — Murmuré.
—Iré a lavarme las manos, ya vengo — Dijo Alison desapareciendo también.
Me quedé en la sala a solas, sintiéndome extraño con mi cuerpo, no era cansancio o por lo menos no del todo, era un poco más de impotencia.
«¿Pero por qué?».
—Hola, número uno — Dijo apareciendo en escena la señora Consuelo.
De una vez me alarmé respondiendo con nervios.
—Hola señora Consuelo, es un gusto volver a hablar con usted — Respondí sudando en la única parte de mi cuerpo que supongo permitieron se quedara con esa función para sentirme más real, mi cabeza.
—Me disculpo por lo sucedido — Dijo acercándose.
—No se preocupe — Respondí con una sonrisa nerviosa.
—Quiero enmendar mi error y comenzar de nuevo — Comentó — Quisiera poder hablar contigo.
Mi cerebro estalló.
«Tal vez este era mi verdadero fin».
—Acepto.