Estoy en la parada del autobús. Son las siete con dos a.m. y en la distancia puedo ver como uno se viene acercando, pero no lo hago detenerse. Quiero llegar tarde hoy.
No tengo la más mínima idea de lo que estoy haciendo. Sólo sé que han pasado dos semanas desde que vi a aquel muchacho, y no hay día en el que no me acuerde de él. Se que estoy comportándome como una loca, y que debería haberme olvidado del asunto hace tiempo, pero no puedo. Quiero verlo...otra vez.
Si no me equivoco, ese día tomé el bus a las siete y media de la mañana, y fue en ese bus en el que me encontré al chico misterioso y mayor sentado leyendo. Quiero verlo otra vez, enserio lo necesito. Quiero confirmar que es real, aunque el miedo de que se acuerde de mi caída me pone de los nervios. Sobre todo, porque ese día fui grosera con él a causa de mi baja tolerancia a la frustración, pero aun así...
Han pasado dos buses desde el último, y oficialmente puedo decir que ya llegué tarde. Son las siete con veintinueve esta vez, y puedo ver como el bus se acerca a la parada. Antes de que llegue, saco mi celular para abrirlo y mandarle un mensaje de texto a Dalia, diciéndole que llegaré tarde. Cierro mi celular y estiro mi brazo para hacer parar el bus. Al igual que aquel día, está atestado de gente, pero no tanta como para que se me haga una dificultad subir en él. Con mi vista me dirijo hacía el lugar en donde él estaba sentando la vez anterior, y una oleada de decepción me golpea. Espero que esté aquí.
A pesar de que la multitud de gente me impide ver el interior del bus como me gustaría, me las arreglo para mover mi cabeza de un lado a otro en busca de su presencia, pero no lo veo en ningún lado. No logro verlo ni en los asientos del fondo. Me sujeto de las manijas colgadas arriba por unos fierros para mantener el equilibrio. Estoy en medio de un señor un tanto corpulento a mi derecha y una señora mayor, bajita y rubia a mi izquierda. Suspiro, realmente no es así como planeaba que sería mí mañana. Quería estudiarlo otra vez, pero veo que eso no será posible.
Supongo que tengo que olvidarme de ese capricho mío.
El bus se detiene y me aprovecho ese momento para sacar mi iPod junto con mis audífonos para escuchar un poco de música. Entonces, escucho un ruido entre el silencio de una página cambiándose y una leve tos llama mi atención. Giro mi cabeza hacía la derecha mientras me inclino levemente hacía delante. El chico misterioso y mayor está a una persona de distancia. Está de pie entre el señor corpulento al lado de mí, pero no logro ver quién está a su otro lado, y realmente no me importa, porque lo encontré.
Es alto como suponía. Esta afirmado en una de las manijas como yo, mientras que con su otra mano —la izquierda— sostiene su libro. Es otro. No es el mismo que llevaba leyendo anteriormente. Logro divisar la portada de este, y dice "Cuentos de amor, locura y muerte, de Horacio Quiroga". Se ve que es un poco más extenso del que estaba leyendo aquel día, y su título también no es tan obsceno como el anterior. Me quedo mirando su perfecto perfil entre suspiros. Tendría una vista totalmente privilegiada, si el señor de mi derecha no fuera tan...grande. Técnicamente tengo que inclinarme hacía delante para poder verlo mejor.
El bus avanza y pongo mi reproductor en aleatorio. Next to you de Chris Brown suena en mi reproductor mientras lo miro; su ceño esta fruncido y sus largas pestañas hacen sombra en sus mejillas. Sus labios dibujan una línea recta. No puedo dejar de mirarlo. Sus mejillas se inflan un poco y la mano que tenía en la manija se desprende de ella, hace un puño y cubre su boca para luego toser un poco. Espero que no esté enfermo o algo parecido. La idea de imaginármelo en cama, con medicamentos y dolores me deprime. Quiero que este bien, que se levante todas las mañanas para poder volver a verlo los días que sean necesarios.
La cabeza del chico de alza hacía delante para mirar por la ventana de enfrente. Su cabello cae hacía adelante y suelta la manija nuevamente para peinarse hacia atrás. En el momento en que su mano está deslizándose detrás de su nuca, gira la cabeza en mi dirección. Nuestras miradas se conectan en una fracción de segundo antes de que yo la rompa escondiéndome entre el señor que está a mi lado.
¡Me ha visto!
Me comienzan a temblar las manos y tengo ganas de bajarme del bus en este instante. ¿Y si recordó que soy la chica que cayó delante de sus narices y que le respondió de forma grosera? Me muero de vergüenza.
Tomo una respiración profunda para calmar mis nervios y me inclino nuevamente hacía delante para comprobar si me sigue mirando. Lentamente —muy lentamente— me inclino y me dispongo a volver a echarle un vistazo. Golpeo mi cuerpo bruscamente hacía atrás al comprobar que su mirada sigue fija en mi dirección.
Listo. Ya descubrió lo mucho que me gusta, y seguro piensa que soy una niña acosadora. Definitivamente no sirvo para mirar "disimuladamente" a la gente, sin que ésta me descubra.
Estoy muy avergonzada de mí misma, y agradecida de que por lo menos el señor que está a mí lado pueda cubrir mi expresión de horror y vergüenza lejos de su vista. Luego de lo que creo que han sido treinta segundos, y como creo que me encanta quedar en ridículo, vuelvo a inclinarme con sumo cuidado. Esta vez logro ver que no está mirándome, y eso me tranquiliza, por lo que sigo mirándolo aún medio escondida entre el pecho del señor a mi lado. Puedo distinguir con dificultad que sigue con la vista es su lectura, pero esta vez hay una sonrisa surcando su rostro. Una de esas sonrisas que están a punto de romperse en una gran carcajada, y espero que sea causa del libro y no por mí.
De pronto siento como el caballero a mi lado se revuelve incómodo y dirijo mi vista a su rostro, quién me mira como si fuera el ser más extraño del mundo. Mis mejillas arden con fervor, y siento como si me hubiera pillado cometiendo algún tipo de crimen.
—Lo siento —me disculpo en voz baja.
— ¿Quieres pasar? —pregunta un tanto demasiado alto con su voz tosca.
—N-No— respondo nerviosa.
—Es que como has estado todo el tiempo inclinándote, pensé que querías pasar— dice y me quiero morir.
Escucho una risa proveniente de su lado y sé que él se está riendo de mí.
"¡Maldito viejo bocón!"
En vez de responderle y seguir avergonzándome, me dedico a tomar mi compostura y salvar la poca dignidad que me queda. El bus hace otra parada y el señor a mi lado se suelta de la manija en señal de que va a bajarse. "Ay, no, no, no, ¡no!" más gente comienza a bajarse del bus, inclusive una señora que está sentada delante del chico, que le pide permiso para pasar. Él cortésmente retrocede para darle el espacio suficiente. Nueva gente va subiendo y me veo obligada a acercarme a él. Podría perfectamente avanzar pasando detrás de él, pero tengo miedo de tocarlo. No sé por qué, pero lo tengo. Así que me pongo a su lado guardando la distancia entre nosotros. "Que no me mire, que no me mire..." repito este mantra en mi cabeza, esperando a que se cumpla. Miro fijamente el asiento vacío delante de nosotros, y de vez en cuando giro sólo mis ojos en su dirección, pero sólo en pequeñas fracciones de segundo.
Puedo sentir su mirada en mí, y me incómoda, por lo que trato de agitar un poco mi cabello con la esperanza de que algunas hebras de este caigan en mi rostro y puedan ocultarlo de su mirada incisiva.
—Oye, — puedo sentir que me está hablando a mí. Su voz es ronca y grave. Me pone los pelos de punta y siento que me flaquean las piernas. Levanto mi vista para mirarlo y me quedo paralizada al ver que me está mirando fijamente, con una sonrisa cargada de humor contenido en su rostro. Se está burlando de mí, seguro. — ¿Vas a sentarte? —me pregunta.
Me quedo mirándolo sin saber realmente muy bien lo que me ha dicho. Tomo una respiración profunda, pero nada sale. No puedo pronunciar palabra alguna.
Evan, ¿Qué te pasa?
— ¿Y bien? — alza las cejas en busca de una respuesta.
Me doy cuenta de que se refiere al asiento vacío delante de nosotros, y aunque necesito poner mi cuerpo sobre algo firme gracias al flaqueo de mis piernas, muevo la cabeza de un lado a otro respondiéndole que no. Asiente con la cabeza y luego su cuerpo se desliza sobre el asiento para tomar posesión de él. Avanzo ya que la amenaza de tocarlo ya no está presente. Miro por la ventana y me doy cuenta de que ya es hora de bajarme, y enhorabuena ya que necesito salir de aquí. Tengo calor debido al momento y siento que me estoy sofocando aquí.
Toco el timbre para que el bus se detenga en la siguiente parada. Este se detiene y las puertas se abren. Me bajo de un salto y la brisa fría de la mañana golpea mis mejillas calientes, cosa que es bien recibida por mí y mis pulmones agitados. Suelto un suspiro aliviado, y giro mi cabeza para ver al bus partir, y entonces mientras se aleja puedo ver por la ventana que él chico está sentado leyendo su libro, pero la sonrisa en su rostro se ha ido.