— ¿Cuál es tu excusa esta vez? — Dalia me ataca una vez que me siento en mi pupitre a su lado — Habías pasado dos semanas sin atrasos. Pensé que lograrías la tercera. Veo que no fue así.
—Tuve complicaciones —le digo bajito, poniendo mi bolso en mi regazo mientras saco mi libro de apuntes.
— ¿Complicaciones? Eso suena malditamente como si trataras de ocultarme algo. Tienes que de...
—Santi, Bellamy — el profesor Johnson nos llama y ambas alzamos la vista para verlo mirarnos con molestia — ¿Algo que quieran compartir con la clase? Estamos escuchando.
Mis mejillas arden por la vergüenza. Todo el salón de clase tiene sus ojos puestos en nosotras dos y quiero que me trague la tierra, otra vez.
—Es complicado, profesor Johny — Dalia se adelanta —Creo que tendremos que pasar de contar nuestras aventuras hoy.
El profesor Johnson miró a Dalia con cierto desdén después de decir: —Muy bien señorita Santi, pero procure no interrumpir la clase cómo su amiga, que llegó tarde y distrayéndola a usted, para variar.
Me encojo en mi puesto deseando más que nada que dejen de mirarnos. Dalia rueda los ojos y el profesor sigue con su clase con nosotras fuera de la mirada incisiva de nuestros compañeros.
—Viejo amargado — farfulla Dalia en un susurro y yo me rio.
—Te lo diré a la salida.
***
— ¡No soporto a ese viejo!, ¡Te lo juro! — dice apenas salimos de la clase del profesor Johnson.
— ¿Viejo? — la miro incrédula. El profesor Johnson quizá sea un hombre amargado que se la pasa regañando a quién sea que interrumpa su clase, pero definitivamente no es viejo y tampoco es feo.
—Está bien — Dalia rueda los ojos —es un viejo ardiente, pero gruñón de todos modos, y no lo soporto.
Caminamos hacia los casilleros para poder recoger algunos libros de nuestra siguiente clase. Ahora tenemos que separarnos. Cierro mi casillero y me
encuentro con Dalia mirándome fijamente.
—Ya, suéltalo. — Dalia me dice.
— ¿Qué cosa?
—No te hagas la tonta. Llegaste tarde.
—Ah, eso...— ella asiente esperando una respuesta y me sonrojo— Esta mañana me pasó algo horrible. Aún tengo ganas de suicidarme o darme un golpe por ello.
Dalia abre los ojos como platos al escucharme. Generalmente nada de interesante pasa en mi monótona vida que llegue a interesarle, excepto quizá la muerte de mis padres y el incidente después de ello o hasta las borracheras de mi hermano y sus constantes mujerzuelas —de las que procuro no hablarle demasiado, si no le cortaría las bolas— pero hasta ahí mi vida es aburrida y simple. No soy alguien extravagante ni mucho menos. Sólo soy Evan Bellamy; la chica con la peor suerte que puedan conocer.
—Dame un descanso...me estoy preparando para gritar. ¿La vida de Evan por fin tiene un poco de acción? — me dice emocionada.
—Pues algo así. En realidad, se ha llenado más de vergüenzas que de acción — corrijo.
—Todo sirve. Ahora suéltalo.
Termino soltándole todo. Desde el momento en el que pensé en la mañana que me apetecía llegar tarde para quizá volver a verlo, hasta el momento en que el señor de mi lado dijo en voz muy alta que si quería pasar y él se rio de mí.
—j***r — Dalia exclama sorprendida —Sí que tienes una suerte de mierda.
—Lo sé. —me encojo de hombros y suspiro.
—Y te gusta el tipo — repone.
—También —admito — pero no lo quiero volver a ver, ¡Qué vergüenza! Ya se rio de mí lo suficiente.
—Lo quiero conocer —dice.
— ¿Qué? No, no, no... ¡Claro que no! Si yo sola me hago pasar vergüenzas, imagínate contigo a mi lado, sería peor. No, gracias.
—Bueno, no dije que tenías que estar a mi lado. Simplemente puedo verlo y ya.
—No. — le digo enserio.
—Yo sí puedo mirar a una persona disimuladamente.
—De todas formas, no quiero dejarte mirarlo —le digo riendo.
— ¿Por qué? — hace un puchero.
—Porque es mío — digo en broma y Dalia me empuja juguetonamente, mientras caminamos a nuestra siguiente clase juntas.
***
La clase de la profesora es un completo desastre. Tuvo un asunto de emergencia o algo así, y ha tenido que salir del aula de improviso, lo que nos ha dejado sin profesor alguno a cargo. Un grupo de alumnos se niega a seguir perdiendo el tiempo y se dispone a crear una lista con todos los presentes en la clase, para así poder retirarse. Firmo la lista sin objetármelo demasiado. Le envió un mensaje a Dalia y ella me dice que se encuentra en las mesas cercas de la facultad de artes, y me invita a unirme a ella. Me meto el celular al bolso y camino en la dirección en la que se encuentra.
Logro verla a lo lejos y también veo a Megan, su otra amiga. Tiene el cabello largo y de un rojo oscuro, casi n***o, que tan solo cuando se pone el reflector de alguna luz se le notan algunos destellos rojizo cereza. Tienes unos ojos color azules...o verdes, no lo sé, siempre cambian de color entonces en difícil adivinarlo. Me acerco a ellas y las saludo a la vez que me siento al lado de Dalia.
Ellas siguen conversando y Megan a penas me dirige la mirada. Ella siempre ha sido así conmigo y yo con ella, así que no me preocupa para nada.
— ¿Y te llamó? — Megan interroga a Dalia inquieta por saber la respuesta. Están hablando de Jamie, el chico que ella conoció en una fiesta.
— ¡Si, j***r! Me llamo el sábado. Quiere que lo vaya a visitar a su lugar de trabajo y luego ir a tomar algo — Dalia le responde con la misma emoción y ambas empiezan a chillar.
Me siento un poco triste por eso. Generalmente Dalia y yo nos contábamos todo e íbamos también a fiestas juntas, pero yo dejé de ir después de lo que pasó en la última a la que fui. Luego se hizo amiga de Megan a inicios del año pasado, y está bien, supongo que no me molesta Megan, en realidad es una persona con la que podrías encariñarte fácilmente. Es popular y es muy guapa. Tiene esa mirada seria y atractiva en su rostro, es loca y le gusta la fiesta al igual que a Dalia, y tienen muchas más cosas en común de las que yo con ella, pero nos complementamos bien, de alguna forma.
—j***r, que ya era hora que atinara a llamarte, demonios —Megan exclama.
Está bien, lo admito. Quizá esté un poco celosa de Megan y me molesta un poco su presencia. Quiero decir, es simpática con todo el mundo, bueno, el mundo que tenga alguna clase de estatus alto y supongo que yo no estoy en él, porque nunca me saluda y apenas me mira. Creo que yo tampoco le caigo muy bien a ella y ciertamente no me importa en lo absoluto. Estoy segura también de que sólo es amiga de Dalia porque ella es un imán de chicos, fiestas y conexiones.
— ¡Siiii! Ya quiero verlo para salir con él. Esta tan bueno, me muero — Dalia de abanica con su mano mientras muerde su labio inferior —y su amigo de la otra noche... ¿No pasó nada con él?
—Sí, quiero decir, estaba bueno todo, pero era algo extraño...sabes —Megan dice con una mueca de disgusto — Quiero decir, quien se pone a leer en una fiesta. Es raro — exclama — pero era bueno en la cama.
— ¡¿Te acostaste con él?! — Dalia esta exaltada y emocionada. Vaya, como si fuera alguna novedad. Ruedo los ojos en mi mente.
—Estaba borracha. En realidad, él no me tomaba mucha atención, pero de todas formas acepto enrollarse conmigo.
— ¡Que perra! — Dalia exclama.
Qué pena, diría yo.
—No le digas eso, Dalia—por fin me meto a la conversación.
—Lo siento. Se me había olvidado.
Megan mira a Dalia extrañada luego de decir: — ¿Por qué te disculpas con ella? — hace una mueca.
—Es que a Evan no le gusta que le digan la palabra perra a alguien. Eso es todo — explica y espero que Megan no me haga ninguna pregunta acerca de porqué.
— ¿Por qué? — me mira con inquietud y cierta burla en su mirada. Mierda.
—Es que creo que ser perra no es un insulto. Las perras son animales fieles, cariñosos que piensan lo mejor de sus amos, te dan cariño y se alegran cuando regresas a casa. No me gusta que lo usen como insulto, porque es estúpido. Tampoco el término "Parecía perra en celo", porque son los perros los que persiguen a una perra cuando ella está en celo, así que los idiotas calientes serian ellos, no la perra — explico. Dalia y Megan me miran con detenimiento.
—Guau — exclama Mega — eso fue muy profundo, Evan. Me aseguraré de que la próxima vez que vaya a insultar a alguien con la palabra "perra" pensarlo dos veces —dice afligida, pero con aquel destello de burla en su tono.
—Sólo bromeo—perra.
***
Debido a la cancelación de la penúltima clase, hoy he salido temprano, por lo que puedo irme con Dalia de camino a casa. Al final nos hemos enterado de que uno de los profesores de la universidad tuvo un accidente muy grave. Aún no se sabe nada de cómo se encontrará, pero espero que se encuentre bien.
—Espero que quien sea el profesor que tuvo el accidente se encuentre bien. —le comento a Dalia mientras caminamos.
—Yo espero que sea el profesor Johnson, porque no lo soporto. O el profesor de Historia del Arte porque tengo examen y no estoy preparada. — bromea y yo la miro molesta.
—No es para burlarse. Quizá el profesor está muerto o grave, quizá tiene una familia que debe estar preocupada por él en estos momentos— la regaño y apresuro el paso para dejarla atrás.
— ¡Evan, espera! — ella grita detrás de mí, pero yo sigo avanzando. La siento correr hasta que se tiene justo en frente de mí, impidiendo que siga avanzando — ¿Qué te pasa? Has estado algo extraña desde el receso. ¿Te enojaste por algo?
Suspiro. No quiero decirle que la verdadera razón de la cual estoy molesta. Porque su amiguita no me cae para nada bien, porque sé que me hará que le diga razones y ahora mismo no tengo las ganas ni las energías para hablar sobre ello, aunque tampoco tengo derecho de hacerlo, total ella puede ser amiga de quien quiera.
—No quiero hablar de eso, por favor —le ruego —en otra ocasión, ¿sí?
—Bueno. Pero no te encabrones conmigo. No me gusta estar enojada contigo, y menos cuando no sé cuál es la razón— sonríe y me da un abrazo.
—Ya, deja de ser tan cursi. Me avergüenzas —de pronto me siento mejor. Apuesto a que a Megan no la abraza, já.
Estas siendo muy infantil, Evan. Ya no estás en preparatoria.
—Necesito que me acompañes a ver a Jamie a su trabajo —suelta de pronto y la miro alzando las cejas —Por favoooooor. Además, trabaja en un lugar que sé que te gustará.
—Me da flojera — me excuso.
—POR FAVOOOOOOOR —alarga mientras hace un puchero y me mira suplicante. Miro la hora en mi celular y son apenas las dos y media.
—Bueno. Pero no te quedes ligando mucho con él, que estoy cansada y quiero llegar a casa para llorar por lo de la mañana mientras lo apunto en mi diario —medio bromeo. Sé que cuando este en casa y me halle sin nada que hacer me pondré a pensar en lo de esta mañana y me pondré a berrinchar el por qué soy tan estúpida.
Mi mejor amiga ríe. Vamos al estacionamiento ya que ella tiene un auto. Nos subimos a este y ella saca su teléfono para apuntar una dirección en el GPS. El lugar en donde ese tal Jamie trabaja queda a diez minutos en coche, lo que agradezco porque si hubiera sido más lejos no hubiera ido.
Recorremos el camino con el equipo de música todo volumen. Party in the U.S.A de Miley Cyrus suena en el reproductor que está conectado y ambas la cantamos a todo pulmón.
Dalia estaciona su auto y nos bajamos de él. Ella está muy emocionada y yo ya me quiero ir, hasta que veo en donde estamos; Es una librería. De pronto me siento como si fuera un niño traído a una tienda de juguetes. Ahora las dos estamos en el mismo nivel de emoción; Ella por Jamie y yo por los libros.
—Esto es increíble...
—Te dije que te gustaría — Dalia presume con orgullo —quizá mi chico no es un idiota si es que trabaja aquí, ¿no?
— ¿Tu chico? —la miro con sorna, alzando una ceja.
—Pronto lo va a ser. Cállate —dice mientras me toma de la mano y me obliga a entrar.
Si la librería era ya bonita por fuera, por dentro es más que magnifica. Tiene muchos estantes llenos de libros, separados por género, tipo y ordenados por autor. El piso está tapizado con un alfombrado anaranjado con círculos de color morado. Las paredes son de color celeste y tiene un segundo piso. Hay algunos sillones en donde sentarse y hay un olor fresco aquí. Me encanta.
La recepción del lugar está justo en frente a la puerta de entrada. Ahí se encuentra un chico que sonríe en nuestra dirección; en alto, guapo, tiene el cabello de un rubio oscuro, tiene una sonrisa coqueta y es Jamie. Dalia al momento en que lo ve ya se ha puesto roja. Enserio le gusta, y mucho. Se encamina hacia su dirección y yo la acompaño. Estamos a punto de llegar, pero ella me frena.
—No quiero hacer que mientras esté hablando con él estés tocando el violín o algo— dice.
—No puedo irme sin ti.
—Ya lo sé, tonta. Pero como has sido buena amiga y me has acompañado te voy a hacer un regalo y te compraré un libro — me guiña el ojo.
— ¿En serio? — Asiente — ¿el que yo quiera?
—El que tú quieras — me dice — puedo conseguir un descuento si me lo propongo —dice y yo me rio.
—Bueno, iré a ojear los libros. No te tardes — le advierto.
—No voy a tardar. Sólo acordaremos una cita, quizá haya algunos besos, pero no demoraré.
Me rio de mi amiga y me encamino a perderme entre los estantes de la gran librería. Es tan grande que no creo poder recorrerla entera. ¿Por qué nunca había venido a este lugar? Tiene muchos pasillos y rincones, todos estos llenos de libros. También venden discos, audiolibros, revistas y en la recepción pude ver que también vendían artículos de papelería. Estoy revisando la sección juvenil cuando siento un escalofrío correr por mi espalda, como si me estuvieran observando o algo. Me volteo hacia todos lados, pero no hay nadie en ningún lugar. Debo estar loca. Como sé que no puedo recorrer toda la librería hoy, voy a la zona de novedades, luego a la juvenil, pero no hay ningún libro que me atraiga, así que me decido ir a la sección de literatura. Estoy pasando por los escritos de Jane Austen cuando mi teléfono suena en mi bolso y es un mensaje de Dalia diciéndome que ya es hora y vuelvo a ponerlo en su lugar. Entro en pánico, porque aún no he encontrado el libro que quiero, y tampoco sé cuál es. Reviso rápidamente una de las estanterías hasta que un título llama mi atención: Cuentos de amor, locura y muerte, es el libro que él estaba leyendo esta mañana. Le sonrío con victoria; llevaré este.
Voy caminando hacia la recepción en donde se supone que Dalia y su amigo Jamie deberían estar, pero no hay nadie, ni siquiera él y debería estar atendiendo aquí por si alguien viene. Dejo el libro sobre el mesón, al igual que mi bolso para poder buscar mi teléfono que se ha metido hasta el fondo.
— ¿Puedo ayudarte en algo? — una voz en frente de mi dice.
—Espera, es que estoy buscando mi teléfono —le digo al chico en frente de mí, sin mirarlo.
— ¿Vas a llevar este libro? — pregunta.
—Eh...si...—no le presto mucha atención hasta que finalmente encuentro mi teléfono. Lo abro y voy inmediatamente a "contactos" para llamar a Dalia.
—Cuentos de amor, locura y muerte. —el chico ha tomado el libro entre sus manos y ahora lee en título en voz alta —Es un gran libro. Lo leí hoy.
Me quedo congelada mirando sus manos sostener mi libro, y en ellas reconocer el tatuaje en forma de cruz bajo su muñeca izquierda. Voy levantando la vista lentamente, hasta que me encuentro con su mirada sobre el libro, y luego la aparta de él para mirarme a mí. Me sonríe con amabilidad.
Dios, dime que esto no está pasando.