03: Sólo respira.

1670 Words
No quiero moverme, pero mis nervios hacen que quiera cubrirme con una manta para esconderme y desaparecer. ¿Por qué me siento tan nerviosa por volver a ver a este completo desconocido? Ni si quiera yo lo puedo explicar.   Trato de controlar mis nervios de alguna forma, y me reprendo a mí misma por actuar como una niña de dieciséis años enamorada por primera vez. Respiro suavemente, con miedo incluso, de que me oiga hacerlo.   Quiero mirarlo...solo una miradita.   Giro mi cabeza lentamente en dirección a la derecha. Despacio, lento, seguro. Veo su perfil recto, sus labios sonrosados y sus claras pestañas sobre sus mejillas. Su cabello alborotado color caramelo. Lleva puesta una camisa blanca suelta y lleva los primeros botones desabrochados. Puedo ver unos vellos sobre su pecho levemente bronceado, y me asalta una presión en el pecho al notarlo. Sé no debería mirar más de lo que debo, pero no puedo evitar hacerlo. Si me lo he encontrado de nuevo, por alguna razón debe ser. Es muy guapo. Suspiro con anhelo. Mis ojos se detienen en sus labios. Están cerrados es una delgada línea, y por un momento se mueven pronunciando un murmullo inaudible. Debe estar leyendo en voz baja para si mismo. Me pregunto si alguna vez se ha pasado de la parada en la que tenía que bajarse por ir leyendo tan concentrado.   Me hipnotizo de nuevo. Mi mente divaga, vuela. Se ven suaves. Me pregunto cómo se sentirá tocarlos, como se oirá el sonido de su voz cuando sale por sus labios. Se remoja los labios y estos brillan. ¿Cómo se sentirá...besarlos?   El bus se detiene de forma brusca y el hombre misterioso levanta la vista a la vez que yo escondo mi cara entre mi cabello. Por Dios, que no haya notado que lo estaba mirando...   Sujeto mi mochila con fuerza contra mi pecho. Es mejor que me cambie de lugar si no quiero pasar más vergüenza de la que sé que voy a pasar. La mala suerte siempre ha estado de mi lado, y con ella el espíritu de la ridiculez.   Hago una pequeña pataleta en mi interior. No quiero separarme de su lado, pero no quiero arriesgarme a que me vea. En realidad, me gusta la idea de ser como una especie de admiradora secreta. Su admiradora secreta. Bueno, por este periodo de tiempo. Seguro nunca lo vuelvo a ver después de este día.   ¿Tendrá novia? Un sujeto como él debe tenerla. Seguro que sí. A ninguna mujer que le conozca se le debe escapar su atractivo. El pensamiento me deprime un poco, pero me resigno.   Me levanto para poder cambiarme de lugar, he irme a los asientos de al fondo que están desocupados. Cuando me levanto de mi asiento, el chofer del bus da un frenazo, haciendo que este se detenga bruscamente y haga que me tambalee con fuerza hacia atrás, y reacciono lo suficientemente a tiempo para aferrarme a un fierro y poder mantener el equilibrio. El bus hace su efecto revote con lo que me impulso hacia delante por la fuerza de gravedad, cayendo de tropezones al suelo.   Ay, no.   Enseguida puedo sentir las miradas preocupadas de la gente que se encuentra arriba de bus, y alguna de las risas de los niños a bordo. El rojo tiñe mis mejillas producto del bochornoso momento. Pongo mis palmas sobre la superficie, y me dispongo a ponerme de pie.   — ¿Estas bien? —siento una voz masculina. Es profunda y está detrás de mí. Hay un toque de preocupación en ella. Mi modo de alerta se activa, y sé de inmediato que se trata de él.   Cubro mi cara con mi cabello, para evitar que me vea. Me levanto torpemente del suelo, un poco desorientada por la caída.   — N-no, estoy bien. Muy bien. No necesito su ayuda, gracias — digo casi gritando las palabras, de manera muy rápida.   — ¿Estas segura? —comienza a hablar, pero lo interrumpo. Parece levantarse de su asiento.   — ¡Si, estoy bien! — exclamo, sacada de mis nervios. Toco el timbre repetitivas veces para poder bajarme en la siguiente parada, aunque no sea en la que realmente tengo que bajarme.   Porque me ha visto, y tengo que evitar que lo haga en su totalidad.   ¿Por qué? ¡No se!   — ¡Por favor, abra la puerta! — le grito al chofer, y se puede notar el tono de desesperación en mi voz.   La puerta de abre, y me bajo rápidamente del bus, mientras este avanza para irse del lugar. Mi corazón late con fuerza, y mi respiración se ha acelerado, me arden las mejillas por la vergüenza y me duelen las rodillas por la caída. Me agacho para poder verlas y me doy cuenta de que me he lastimado. Las tengo raspadas y creo que está saliendo un poco de sangre. Ha sido una caída muy ridícula y vergonzosa.   Resoplo con frustración, ¿por qué tengo que ser tan jodidamente distraída? ¡Maldito chofer!   Me siento en la banca que está en la parada para poder esperar el siguiente autobús, que seguramente se demorará un montón en pasar. Hoy realmente no ha sido uno de mis mejores días. Me siento triste, agotada y furiosa, tengo ganas de llorar, porque soy ese tipo de personas que cuando tienen un día muy malo, y todo les sale mal, se pone sensible y llorona. Soy así, y no puedo evitar sentir esa pena en mi interior porque todo en este día me ha salido del asco.   Recuerdo cuando tenía días así, llegaba a casa enojada y me encerraba en mi habitación a llorar por horas, sólo porque así reaccionaba en esos momentos. Odio perder el control de las situaciones, odio que el mundo esté en mi contra cuando se le da la gana. Entonces, no bajaba a cenar y mi mamá se preocupaba por ello, subía a mi habitación para hablar conmigo y le decía que se fuera y me dejara sola. Aun así, ella entraba a mi habitación a consolarme; se sentaba en mi cama, a mi lado y acariciaba mi cabeza.   —Evy, tienes que ser fuerte. No puedes dejarte llevar por los obstáculos de la vida. Tienes que cometer errores y aprender. —Me decía — Tienes que ser una mujer que lucha y no se rinde, que se cae y se levanta.   —Ya lo sé, mamá. Siempre me lo dices, pero no puedo, no puedo controlarlo y eso me frustra aún más. —le respondía con lágrimas de coraje— me gustaría ser como tú y no llorar.   — ¿Qué yo no lloro, dices?, ¡Claro que lo hago! Llorar es normal, Evan, pero no puedes reaccionar así a cada cosa que te sale mal.   —Pero...   —Pero nada. Vas a dejar de llorar en este mismo instante, vas a bajar y a cenar con nosotros, porque luego estarás muerta de hambre, y ya sabes que nada de comer después de las nueve, y con hambre, te recuerdo que no duermes —me decía mientras fregaba mi espalda, acariciaba mi cabello y se levantaba para besar mi frente — Te espero abajo, Evan.   Esos recuerdos duelen. Duelen más que nada porque extraño a mi mamá, y ella ya no está aquí. No está aquí para consolarme, no está aquí para aconsejarme, no está aquí conmigo.   Cierro los ojos y tomo una respiración profunda para calmarme. Tomo una respiración profunda porque eso es lo que mi mamá decía que hiciera cuando sentía que estaba perdiendo el control de mis emociones.   Sólo respira, Evan.   Una vez que estoy más calmada y serena, abro los ojos y veo como a la distancia un autobús se acerca, y no ha demorado tanto como he pensado que lo haría. Me levantó del lugar y estiró mi brazo para hacerlo parar.   [...]   Cuando llego a casa, estoy más que exhausta. Sólo quiero tomar una ducha, ponerme mi pijama y dormir.   — ¡Ya llegué! — grito una vez que estoy dentro de la casa.   Mi hermano, Ethan y yo somos los únicos que vivimos aquí, después de la muerte de mis padres. Cuando murieron, tenía miedo de que nos dejaran sin hogar, e ir a esos hogares en donde los niños huérfanos viven. Lloraba y decía que no quería, no quería dejar mi casa porque todos los recuerdos y momentos que viví con mis padres estaban ahí, en esas paredes. Pero claro, cuando los padres mueren, todos los bienes pasan a los hijos.   Tuvimos que vender algunas joyas de mamá y algunas de las herramientas del trabajo de papá, porque Ethan no tenía trabajo. Luego Ethan cayó en una inmensa depresión, por lo que comenzó a beber. Beber para olvidar. Aún lo hace, pero con menos frecuencia que antes, pero lo hace, y eso me aterra, porque es de aquellos borrachos agresivos. Nunca me ha golpeado, pero me grita y rompe cosas. Rompe lo que sea, y eso me asusta mucho, me asusta que pueda lastimarme o lastimarse a sí mismo.   — ¿Ethan? — llamó al ver que nadie me ha respondido aún. Quizá salió, pienso y me preocupo, porque puede que haya salido a beber, y no quiero que llegue borracho a casa. No otra vez.   Empiezo a caminar hacia las escaleras para poder subir al segundo piso, en donde se encuentra mi habitación. Cada vez que voy subiendo un escalón, escuchó unos gritos. Voy acercándome más y más, hasta que me doy cuenta de que los gritos provienen de la habitación de Ethan. Y luego me doy cuenta de que no son gritos, son los gemidos de una mujer.   Pongo los ojos en blanco y suspiro. Ha traído una chica a casa otra vez, cuando le he dicho que no lo haga cuando llego de la universidad. Creo que tendré que hablar de nuevo con él sobre esto.   — ¡Oh, sí, Ethan!, ¡Más rápido! — grita la mujer y yo hago miro la puerta con incredulidad y asco.   Voy a mi habitación, saco mi pijama y unas dos toallas para poder darme una ducha, dormir y descansar un poco de este día agotador.   La chica sigue gritando como una verdadera actriz porno. Entonces, se me viene a la mente La máquina de follar, el libro que él iba leyendo en el bus y me rio.   Definitivamente le va bien a mi hermano, le queda muy bien ese título.  
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD