Todo había sido un completo desastre, desde que me levanté, es por eso que los días de lluvia me parecen horribles, siempre me dan una muy mala suerte. El día de hoy había rebasado todos los limites cuando a una chica en la cafetería que suelo ir a relajarme y leer un buen libro, le derramé un vaso de café.
La había dejado ahí, ni siquiera tuve la cortesía de ayudarla a limpiar su ropa, la verdad es que quería hacerlo, pero no pude, después de todo iba de regreso tarde a la empresa. Mi padre fue bastante claro conmigo, el hecho de que sea su hijo no me da ninguna especie de privilegio ante los demás empleados, me dijo que debo de ganármelo.
En realidad entiendo perfectamente a lo que se refiere, quiere que muestre ante los empleados que soy completamente capaz de asumir las responsabilidades, soy el heredero de la empresa a final de cuentas, algún día cuando mi padre falte me haré cargo de todo eso y si no tengo el respeto de los empleados es lo mismo que nada.
Mi padre me podría haber permitido ser un hijo mimado, me podría haber dejado divertirme hasta que algún día cayera la empresa en mis manos, pero esa sería la decisión más irresponsable de su parte. Una empresa conlleva una gran responsabilidad y cualquier persona que vaya a asumir algo como eso tiene que saber del funcionamiento, tiene que saber como tratar con las situaciones, con las adversidades, pero también con el personal.
Si los empleados ven que quien va a dirigir todo es un hombre que ya ha pasado por responsabilidades similares, que sabe lo que es empezar desde un puesto más abajo, entonces creerán que te lo mereces mucho más y estoy de acuerdo con ese pensamiento.
No me importa tener que esforzarme y tener que cumplir con las mismas obligaciones, solamente que me distraje, me metí demasiado en las páginas del libro, cuando miré la hora debía de llegar en diez minutos. Aunque la cafetería está a un par de calles, si me detenía a ayudar a la chica es muy seguro que no llegaría, pero ni siquiera tuve la oportunidad de darle mi tarjeta para mandar su ropa a la lavandería, fue una completa locura.
Al entrar a la empresa empezó a sonar mi celular, ni siquiera miré el nombre en la pantalla, me limité a responder mientras entraba al ascensor.
—Cariño —escucho decir a Melián.
—Hola bonita, ¿Qué es lo que pasa? —le pregunto frotando mi frente esperando a que las puertas se abran— Escucha cielo, llevo prisa ahora mismo, te llamaré en cuanto salga de la oficina, me descuidé y estoy a punto de entrar tarde.
—¿¡De que sirve que seas el hijo del dueño de la empresa si no puedes llegar un minuto tarde!? —levanta el tono de la voz irritada y suspira— No puedo creer que hayas olvidado que día es hoy, esperaba una conversación diferente.
Luego de aquellas palabras corta a la llamada sin permitirme decirle que no lo he olvidado, se apodera de mí un sentimiento de tristeza. Yo amo mucho a Melián, pero ella aún no aprende a comprender que mi trabajo por el momento está por encima de todo, si verdaderamente quiero casarme con ella y que formemos una familia primero debo de estabilizarme.
Quiero que sea con mi esfuerzo que compremos una casa bonita, que sea yo con mi trabajo que eduque a mis hijos, no quiero que todo sea a costas de la herencia que aún ni siquiera heredé. Se lo traté de explicar ya en reiteradas ocasiones, pero Melián sigue sin intentar comprenderme y a estas alturas me comienza a desmotivar bastante su actitud.
Nos conocimos ya hace un par de años, es la hija de un socio de mi padre, cuando apenas comenzaban a hacer negocios juntos mi padre lo invitó a cenar en varias ocasiones, eran nuevos en la ciudad y justamente dio la causalidad de que ella pensaba en inscribirse a la misma universidad que yo estaba asistiendo para terminar su carrera.
Así que nos volvimos cercanos muy pronto, empezamos a asistir juntos a la universidad, yo iba por ella a su casa, también nos reuníamos para estudiar, incluso cuando nuestras carreras no tenían nada en común.
Así fue hasta que me di cuenta de que mis sentimientos por ella iban a más, que quería poder besarla y tenerla más cerca, me fui enamorando de esa manera en que casi ni lo notas, yo suelo pensar que lo nuestro fue un amor silencioso, entró a hurtadillas.
Entré a mi oficina y prácticamente enseguida entró la secretaria, con una torre de papeles que colocó sobre mi escritorio.
—Lo lamento, señor Foster, tiene que encargarse de firmar todos estos documentos, su padre pidió que los revise usted personalmente, que los lea y en caso de estar de acuerdo que los firme —hace un gesto de dolor como si le diera pena por mí.
—¿Cuándo los debo de entregar? —pregunto pasando mi mano por la frente.
—Mañana a primera hora, su padre dijo que después tomará una decisión de sí los papeles que firmó serán o no aceptados —dice en un tono de incomodidad.
—Bien, muchas gracias Yane, puedes retirarte —me limito a responder ya con algunas de las hojas entre mis manos.
Se me pasó gran parte del día comprobando los documentos, de hecho el sol ya comenzaba a ocultarse cuando al fin solamente me quedaba una sola hoja. En realidad podría haberlo terminado todo con mucho tiempo de antelación, pero me perdía en mis pensamientos, mi mente iba a Melián, había sido demasiado injusta, ya que me había tomado las molestias de hacer una reservación para ambos en su restaurante favorito.
Sé que tal vez esperaba algo diferente, pero al menos antes de quedarnos cada uno en su casa, me pareció una gran opción. Le hubiera ofrecido un viaje caro, pero ahora mismo no puedo darme el lujo de viajar, así que esto es lo mejor que puedo ofrecerle.
De repente suena mi celular, mi mente se esperanzó de que fuera ella, que se hubiera arrepentido, miré el reloj en mi muñeca, aún había tiempo para llegar a la reserva. Sin embargo, no era ella, sino Peter, que seguramente me estaría llamando para pedir favores, no me malinterpreten, yo adoro a mi mejor amigo, pero a veces se aprovecha de que me cuesta decir que no para que le haga algunos favorcitos.
—Hola, antes de que me pidas un favor, por lo menos pregunta como estoy —me adelanto a decir a lo que suelta una carcajada.
—No te adelantes a los hechos, no te llamo para pedirte nada —dice en un tono de burla.
—¿Ah no? ¿Entonces? —frunzo el ceño como si lo tuviera en frente y suelta otra carcajada— ¿Qué es tan gracioso?
—Vamos por partes, primero, se me hace muy gracioso porque parece que puedo ver a través del móvil la confusión en tu rostro —aclara la voz y se pone serio— Ahora debo de confesar que te he engañado, si necesito de un favor, pero es uno muy simple.
—Anda pide —suelto un gran suspiro.
—Quiero que esta noche vayas conmigo y con Bruce a una discoteca —aclara la voz.
—No puedo, tengo que trabajar mañana, además se supone que hoy cenaría con Melián, pero se ha molestado porque no le respondí a la llamada como esperaba, hoy es nuestro aniversario —me froto la frente estresado por la situación.
—Escucha, sé que tienes mucho trabajo, pero te está sobrepasando, necesitas salir un poco y nosotros necesitamos de nuestro mejor amigo —dice en un tono de súplica— además te hará bien para que te despejes un poco de tu relación, te conozco mejor que nadie, no podrás dormir de todas formas pensando en que fue lo que hiciste mal.
—Sí, puede que tengas razón —me detengo a pensarlo por un momento— Anda, está bien, iré, únicamente con la condición de que me pueda ir temprano a casa para poder dormir un poco antes del trabajo.
—Trato hecho —dice riéndose.
Luego de colgar a la llamada me envió la ubicación del sitio, nunca antes habíamos ido allí, pero era lo suficientemente cerca de la oficina, así que me dispuse a cenar algo en un sitio próximo aquí para poder ir hasta el lugar.
De repente golpean a la puerta, pensaba que ya todos se habían ido, abro para toparme con un repartidor, me entrega una caja y luego de firmar se marcha. Cuando la abro me encuentro con que es ropa bastante casual, con una nota de Peter que dice: “Sabía que aceptarías, no sabes decir que no, esta es tu vestimenta para la noche, supuse que pensabas irte directo de la empresa y no es un buen sitio para caer con tu traje”.
Me las pagaría, por supuesto que lo haría. En cuanto me cambié de ropa me fui a un restaurante medianamente decente de los alrededores, me pedí algo para comer, cené tranquilo y luego me aventuré rumbo a ese sitio desconocido, espero no arrepentirme de esto en un futuro.