Jamás me tendrás en tu cama

1103 Words
LEO Desperté con un fuerte dolor de cabeza, me estaba matando. No puede ser. Abrí los ojos con mucha dificultad solo para darme cuenta de que no estaba en mi habitación, sino en la de Grace. ¿Qué demonios estoy haciendo aquí? La luz, la claridad me afecta demasiado. La borrachera que me puse anoche se me fue de las manos. Casi no recuerdo nada. Miré mis nudillos, estaban rojos. ¿Me peleé con alguien? Lo único que me faltaba. Me senté en la cama, que olía a Grace. —Tómate esto —la chica entró y me tendió una pastilla. Llevaba con ella un vaso de agua—. Créeme, te sentirás mejor en unos minutos. La miré, fulminándola con la mirada, e hice caso omiso a su ofrecimiento, aunque necesitaba la pastilla con urgencia. La tomé a regañadientes y me la tragué. —¿Cómo llegué aquí? No recuerdo nada. —Tus amigos me llamaron y querían que te trajera a casa. Eso hice. —Se cruzó de brazos. Llevaba un vestido playero largo y unas sandalias. No imaginaba a Ana vestida así, tan ligera y tan suelta. Grace es diferente en ese aspecto, pero no quiere decir que no sean iguales en lo demás. Al fin y al cabo, son hermanas. —¿Qué pasó entre nosotros? —la encaré—. ¿Te aprovechaste de mí? ¿Acaso tuvimos sexo? Ella abrió sus ojos de par en par, totalmente sorprendida por mi pregunta. —Estás loco. ¡Wácala! ¿Cómo se te ocurre que yo cometería la estupidez de acostarme con alguien como tú? —me espeta. Apreté la mandíbula por la forma en que me hablaba. Nadie más me hablaba así, solo mis padres. Y ahora ella viene y se quiere tomar esos derechos. —Mejor cállate. Seguro quisiste aprovecharte de la situación para quedarte embarazada y así poder asegurarte tu futuro, ¿verdad? Es lo único que les importa a ti y a toda tu familia: el maldito dinero —espeté. Se ve que mis palabras le dolían, pero se hacía la fuerte. —Lárgate de mi habitación, mejor. No quiero verte en lo que resta de la tarde —me dice. —No me voy a ir sin antes saber si tuvimos sexo o no. —Cierra la boca. Si no te vas tú, entonces me voy yo. —Salió de la habitación, dejándome solo, pero la seguí escaleras abajo y la tomé del brazo para que me diera la cara. —Es mejor que hables por las buenas o tendré que darme cuenta por las malas. —¿De qué hablas? Saqué mi celular y le marqué a mi ginecóloga. —Hola, doctora Sánchez. Soy Leonardo Paterson. —Hola, Leo, ¿cómo va todo? ¿Me llamas por Ana? Dijiste que en cuanto te casaras con ella querrían tener hijos. Me dolió solo escuchar eso. —No es por eso. Necesito que venga a casa y traiga a todo su equipo con usted. Quiero que examine a mi esposa y me diga si tuvimos relaciones sexuales anoche, sí o no. La doctora se quedó en silencio y Grace me miró como si fuera la peor abominación que existía en el universo. Ella me tomó el celular y lo estampó contra la pared. Seguro me dio una fuerte bofetada. —A mí no me humillas de esa forma, estúpido —me espeta. Sus lágrimas estaban al borde de salir. La tomé del cuello y la estampé contra la pared. Lo que había hecho no se lo permitía a ninguna mujer. Pegarme a mí. A Leonardo Paterson. —Y que sea la última vez que me pones una mano encima, Grace. He sido muy paciente contigo, pero será mejor que no me hagas perder esa poca paciencia que me queda. No vuelvas a hablarme como si fueras la dueña de todo esto. Tú eres solo una sustituta, sustituyes a tu hermana, así que compórtate como ella. Vas a hacerte esa prueba, quieras o no. No quiero sorpresas más seguido. —¡SUÉLTAME! ¡No me acosté contigo, Leonardo Paterson, no lo hice porque me das asco! ¡No me gustas, no quiero verte y mucho menos tocarte! ¡Odio vivir aquí, odio ser tu esposa y odio que mi novio se haya largado con mi hermana! ¡A mí también me engañaron! ¡Solo estoy acá por mis padres y para que ellos no se queden en la calle! ¡Pero de ti no quiero absolutamente nada! ¡Suéltame ya! —Se puso a llorar. —¡Leonardo! Suelta a la chica —escuché la voz de mi padre detrás de mí. —Leo, ¿qué estás haciendo? —Se acerca mamá. Solté a Grace y me fui a mi despacho. —¿Qué rayos te pasa? —pregunta mi padre—. Yo no te he educado así. Estabas lastimando a Grace, esa chica que no te ha hecho nada. Quien te engañó fue Ana, y es a ella a quien deberías estar buscando para que te pague por lo que te hizo. Grace no es igual que su hermana, solo ha sido víctima de ella y de sus estupideces. ¡Hasta le robó el novio! —No quiero oír ese nombre en mi casa, padre. —¡Tendrás que hacerlo! Y disculparte con Grace, porque ella no tiene la culpa de nada. Pudo negarse a casarse contigo y nosotros también hubiéramos quedado en vergüenza, pero aun así no lo hizo. Dio la cara por su familia y eso da mucho que decir de ella. Grace no necesita de tu dinero tampoco, ella siempre ha trabajado por lo que tiene. Me estaba tranquilizando un poco más. Entonces pensé que quizás fui muy duro con ella y me pasé. Además, si hubiéramos tenido sexo, creo que lo hubiera recordado. —Anda y discúlpate con ella. —No quiero. —Lo harás. Rodé los ojos. La puerta se abrió y mi hermana entró. Me miró con decepción. —No te conozco, Leonardo, eres otra persona diferente. Te vi cómo estabas tratando a Grace y eso no es de hombres. A una mujer no se le trata así. Es tu esposa y tienes que respetarla, darle su lugar. Me di cuenta de que ella fue por ti a ese bar para rescatarte de tu borrachera. Eso es lo que hacen las esposas: cuidan de sus esposos. Si ella fuera tan mala como dices, entonces no hubiera movido un dedo por ir a buscarte a altas horas de la madrugada para que pudieras venir a tu casa sano y salvo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD