| Está bien… Si se quien es |

1839 Words
POV Salomé Salimos de la habitación de nuestros hijos y nos dirigimos a la nuestra. Siento como Willy toca mis dedos y me jala de la mano para atraerme a él. Admiro sus ojos grises mientras juego con su cabello por un momento, esta es una de las formas en las que sacó el estrés. Él se acerca a mí y deja un suave beso sobre mis labios, por un momento me dejó llevar por que este es probablemente nuestro último beso, pero cuando siento que quiere profundizar el beso me separo de él. Siento asco al pensar en la otra mujer, no por que siento asco de ella, si no por la sencilla razón de que sus labios ya no son solo míos. — ¿Pasa algo? — pregunta conectando sus ojos con los míos. Quiero decirle muchas cosas pero tengo que ser cuidadosa, los niños apenas se durmieron, no puedo gritar, ni darle la paliza que se merece por perro infiel. — Vamos a nuestra habitación — digo y empiezo a caminar. Abro la puerta de nuestro “nido de amor” y me doy cuenta que todo está igual, pero yo no me siento igual. Soy valiente pero en este momento me siento una cobarde que no encuentra las palabras adecuadas para preguntar a su esposo por su amante. ¿Cómo se hace? ¿Cómo se encara una situación como esta? No lo sé… Siento sus brazos alrededor de mi cuerpo mientras él deja besos en mi cuello. Me ajusta más a él dejándome sentir su erección. Estos son los pequeños detalles que no me dejaban ver que tenía a alguien más, él siempre me ha deseado, nunca es distante, siempre es súper amoroso conmigo y nuestros hijos. — ¿Qué hiciste hoy? — pregunté. Necesitaba que sus labios se alejaran de mi zona erógena o iba a terminar acostándome con él, y no puedo, ya no puedo hacerlo después de que se que me engaña. — Estuve en casa de mis padres todo el día. Mientras Antonio jugaba con papá, mamá y yo jugamos con las niñas. — ¿Nada más? — pregunté y negó — Es que me parece raro que no me llamaste en todo el día, ni siquiera por qué salí tarde. — ¡Ay amor! Siempre te quejas que soy un tóxico, asumí que no salías porque había mucho que hacer, además pude avanzar las cosas aquí en la casa para que llegaras a relajarte. ¿Que tal si nos metemos a la tina un momento antes de… — dijo acariciando mis brazos pero lo interrumpí — No, quiero bañarme en la ducha, necesito agua fría — respondí rápidamente. — Está bien — dijo dándome un beso — vé a bañarte mientras yo traeré algo para que comas debes estar hambrienta. — Si gracias — dije corriendo al baño. — Salomé — — ¿Qué? —- pregunté — Te amo, no te lo he dicho todo el día y prometí decírtelo cada día, debo cumplir mi promesa — No contesté nada y cerré la puerta de golpe. Las lágrimas se juntaron en mis ojos ¿Cómo puede decir esas cosas? No llores Salomé, no se merece tus lagrimas. ¡Ay Willy!, ¡Jodiste nuestra relación!... ¡Lo jodiste todo! … Salgo de mi habitación y aún no ha vuelto. Desde que hablé con esa chica la cabeza me quiere explotar, pienso que es probable que ahora mismo esté hablando con ella. Quizá así fue todo el tiempo, cuando me descuidaba se iba con otra. Aún no se lo que le diré o más bien dicho como se lo preguntaré, pero tengo que ser fuerte y astuta por qué así como ha estado mintiendo todo este tiempo, puede volver a engañarme. Estoy buscando qué ponerme y encuentro una lencería. Tengo una idea, lo voy a amarrar hasta que confiese. Salgo de mi armario con una bata abierta que deja ver mi lencería de color verde como mis ojos, él ya está sentado sobre la cama con una bandeja con comida. — Amor — dice poniéndose de pie en cuanto me ve — Estas bellísima — viene caminando hacia mí — ¿Estamos celebrando algo? — pregunta — Uhmm, podemos celebrar nuestra perfecta relación, que yo te amo y que tú me amas solo a mí — dije y él asintió con la cabeza. Junto sus labios con los míos y lo dejé seguir tengo que tenerlo vulnerable para que confiese. — Desocupemos la cama — dije alejándome de él, no soportaba su toque. Levanté la bandeja y la puse a un lado — Empezaremos por el postre — dije sonriendo. — Salomé, me sorprendes. Estás igual de caliente como cuando estabas embarazada de Antonio — ¡Ay mi amor! No sabes lo caliente que estoy… digo para mi misma. — Acomodate en la cama mi amor — digo empujándolo sobre el colchón y me subo sobre él — Solo quiero que disfrutes, así que voy a amarrarte a la cama — dije con suavidad, tenía que verme sensual. — Pero… yo quiero tocarte — refuta, apretando sus brazos a su cuerpo — Solo será un momento, ¿confías en mí? — pregunté — Claro que si mi amor, con mi vida — dijo sonriendo y estiró sus brazos. Empecé a amarrar y luego fui por las piernas. Me bajé de la cama para ir a buscar mi teléfono. Ahí tenía descargado el video de mi oficina, no se veía bien, pero se podría reconocer a la chica fácilmente. Se me hizo un nudo en la garganta, estaba a solo un paso de preguntarle. — ¡Salomé! — gritó, probablemente estaba perdiendo la paciencia. — ya voy — solté el aire contenido en mis pulmones y salí. Cuando llegué a la cama me subí sobre él nuevamente como si nada pasara. Podía ver sus ojos paseaban mi cuerpo. Estaba muy excitado, tanto que se que si no estuviera amarrado estaría dándome duro. Pero no puedo, ya no. — Te mostraré algo — dije — Y quiero que me digas que es lo que ves — puse reproducir en el video y sus ojos se abrieron lo suficiente para darme cuenta que estaba sorprendido. — ¿Quién es? — pregunte con voz neutral. — No se quien es, no la conozco — dijo mirando a un lado, está mintiendo. — ¿Sabes dónde estamos? En mi oficina… ¿cómo llegó ella hasta ahí? — pregunté y él negó con la cabeza. Me estaba desesperando, así que tomé su rostro para obligarlo a que me mire. — Amor, no lo sé, yo ni siquiera sé quién es o cómo se llama — dijo desesperado. — ¿Ah no? Te pondré el video con audio — dije y lo volví a poner. Esta vez escuchó todo lo que ella dijo. — Salomé amor… — dijo con los ojos aguados y yo estaba a punto de colapsar. — Dime de una vez Willy… porque juro que después del divorcio no te dejaré ver a mis hijos nunca más — grité exaltada. — Está bien — dijo sin poder seguir sosteniéndome la mirada — Si se quien es ¡Ay no mi corazón! 💔 POV Cecil Había pasado una semana desde que llegué a este lugar y hoy por fin me iría de vuelta a casa. Ya no tenía más que hacer aquí, pero a pesar de todo la había pasado bien recorriendo New York con Valentino. Él tiene razón, no puedo quedarme aquí a llorar por un amor que no pudo ser, porque no me estoy perdiendo de nada. Si él fue capaz de engañarnos a las dos, por más que se divorcie de su esposa, yo no debería estar con él porque no es un buen hombre y eso exactamente lo que haré si algún día me busca. Veo la hora y veo que Valentino no tarda en llegar, le pedí que me lleve a buscar a la señora Salomé antes de irme, me parece raro que hasta ahora no me haya contactado para encarar a William. Aunque la verdad eso ha ayudado a sentirme mejor. — Buenos días — digo con una sonrisa. En estos pocos días nos volvimos amigos y no puedo negar que lo extrañaré mucho. — Hola Cecil, puntual como siempre. Se le vé sonriente el día de hoy, ¿De verdad quiere ir a ver a esa mujer? — pregunta preocupado. — Si es momento de cerrar este capítulo — dije subiendo al auto. La verdad es que esa mujer se veía fuerte y empoderada, pero seguramente decidió perdonarlo por las hijas. Cuando hay niños de por medio es complicado y no la juzgo, pero quiero decirle que me iré y he bloqueado el número de William, que no tendré más contacto con él nunca más. Llegamos y no puedo evitar sentirme nerviosa, al igual que la primera vez, pero estos días me han ayudado a pensar y a darme cuenta de que debo ser más cuidadosa. Me enamoré de un mentiroso, escojo muy mal a los hombres. — Buenos días — dice la señora de recepción. — Buenos días, ¿podría comunicarme con la señora Salomé? — pregunté — Dame un momento, le preguntaré — dijo y me señaló a las sillas. Ella tomó su teléfono y habló con ella por unos segundos. — Lo lamento pero no puede recibirla — — ¿Está ocupada? Si desea puedo esperar — dije pero ella negó con la cabeza. — La señora Salomé me dijo que no podía recibirla, que se fuera de aquí y que no vuelva. Si no quiere irse que le avise a seguridad. — Pero… — Hágase un favor y evítese problemas, será mejor que se vaya — dijo la señora seriamente y asentí con la cabeza. Me parece raro, pero la entiendo. No quiere ver a la amante de su marido. Bueno espero algún día me llame y poder conversar tranquilamente. Nunca quise hacerle daño, yo no sabía de ella. De haber sabido que William era casado, lo nuestro no hubiera avanzado. Espero que algún día entienda que de mi parte no hubo una mala intención. Mi conciencia está tranquila, puedo volver a casa en paz. — ¿A dónde vamos ahora? — pregunta Valentino — Creo que debemos recoger mi maleta del hotel y luego vamos a comer algo — digo y él asiente con la cabeza. Aún tengo la habitación un día más, pero viajaré esta madrugada. Por ahora estoy dedicando mi tiempo a buscar buenos lugares para añadir New York a mi catálogo. Por supuesto Valentino incluido como chofer estelar. Recorro mi habitación fijándome que no esté dejando nada importante. Parece que no. Así que es hora de irme. Abro la puerta y me encuentro a William mirándome… — ¿Que… qué haces aquí? — preguntó mientras retrocedo pero él avanza hacia mí, entrando en la habitación y cerrando la puerta. — Hola amor — dice con una sonrisa que me hace temblar.
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