Por primera vez se dio cuenta que no todo era tan simple y fácil como creía, sintió que el amor se había tomado unas largas vacaciones sin vuelta atrás. Entendía que las relaciones no entraban en su vida, tal vez, no por ahora. Hoy en día su empleo y la empresa eran su prioridad, las mujeres ocupaban un segundo plano y no estaba preparado para otra derrota. Sale de la oficina y se va hasta donde se fue ella, la mira con un gesto serio y frío.
Sin hablar toma un papel y una lapicera, escribe algo para después dárselo. —Cualquier cosa que suceda me llama a mi celular personal —dice cortante.
Lo queda mirando y se apresura a preguntar —¿Y nos vemos en la fiesta? - pregunta tímidamente.
Niega con la cabeza —La paso a buscar por la dirección que presento el primer día de trabajo, ¿vive ahí todavía? - dice mirando su mano en donde llevaba un reloj.
—Sí señor, lo espero ahí— responde.
Desde esa corta conversación no hablaron más ni se vio en toda la tarde. La noche se acercaba y lo único que restaba era ir a buscar a su secretaría del cual lo único que sabía era ... "nada" pensaba. ¿Cómo es posible no saber nada respecto a la mujer que trabajaba años a su lado? ¿Tal vez era hora de conocerla ?. Sabía que todo eso para cerrar un contrato con otra empresa muy prestigiada y exitosa. No debería perder la cabeza por cosas innecesarias, se terminó de vestir con unos de sus mejores trajes y salió a buscarla. Manejo tranquilo sin pensar mucho en lo que pudiera suceder después de eso, era una fiesta donde se iba con acompañante, en otras palabras llevar a tu pareja el cual para él eso no existía ni quería que existiera . "¿Por qué estoy nervioso?", respira hondo y sale del auto golpeando la puerta de esa casa humilde y pequeña, parecía que pertenecía a una familia como todo la de este barrio.
Abre la puerta tocándose el oído —disculpe señor se me hizo tarde— sonríe nerviosa y termina de colocarse los aritos.
—¿Ya está lista? —Sostiene pero la mira toda intentando no prestarle mucha atención.
Mira hacia adentro avergonzada —Necesito mi cartera y nos vamos - susurra y la busca rápidamente.
Él se quedó ahí parado esperándola, cuando regresa caminan los dos juntos y le abre la puerta —gracias— le sonríe.
—De nada - dice él cortante y cierra la puerta de su acompañante.
Rodea el auto y se coloca en el otro lugar del piloto. Un silencio cortante, total en ese camino y a los 15 minutos llega a un salón lujoso en donde se realizaba la fiesta. Mira como su jefe sale del auto dejándola sola, y le entrega las llaves a un muchacho que llevaba ropa de la marca del salón se podía notar que era un mozo esa noche. Se queda concentrada en ese momento hasta que sobresalto al oír el ruido de su puerta abrirse.
—¿Vamos? —le extiende su mano.
Quedo mirando ese gesto de su jefe y sin titubeos agarro esa mano que le estaba ofreciendo —Si — dice nerviosa.
Un vestido n***o brillante de gala largo con unos zapatos, collar, aros y un peinado a su elección fue un recogido no tan fino, junto con cartera pequeña. Seguían tomados de la mano mientras caminaban hacía el salón. Todo era nuevo para ella jamás ni en sus sueños más lejanos creía estar en una fiesta con su jefe, y menos en lugares lujosos.
Todos saludaban hasta que un señor mayor se acercó a los dos.— Adam —dice y lo abraza.
Se separa —Jorge, ¿qué tal? — pregunta.
No le responde a la pregunta y enfoca en ella —¿Y está preciosura? —Le toma la mano y le deposita un beso —No sabía que te habías casado Adam, preciosa mujer debo admitir —se quedan mirando.
Ella estaba muy avergonzada en ese momento —Se equivoca señor. Él es mi...— la interrumpe.
Forzando una sonrisa, la agarra de la cintura y aprieta a su cuerpo —Soy su novio y recién estamos comprometido, ¿no cariño?— le da un beso en la mejilla.
Ella voltea su cara para mirarlo a su jefe lo que estaba diciendo, "¿su novia?" pensaba y no podía creer lo que escuchaba salir de la boca de él.
Era el hombre más frío y serio que podía existir ese era su jefe —Sí. Claro, señor Jorge— dice nerviosa.
—Dime Jorge, ahora que eres la pareja de Adam no quiero que me llames Señor— sonríe. —¿Y te llamas? —pregunta y se queda mirando.
Adam estaba tan incómodo, ¿por qué estaba fingiendo? ¿Todo era por trabajo? ¿Por qué no sabía el nombre de su empleada?
—Me llamo Annie— sonríe.
Quiso ser más natural para no arruinar nada frente a los hombres desconocidos que se le acercaban.
—Un gusto Annie, los dejo por qué debo saludar a los demás, y Adam vamos a discutir ese negocio. —saluda y se va.
—Asique ¿Annie? —ella asiste con la cabeza —Un gusto, soy Adam —se separan y se quedan mirando.
Aprieta su boca haciendo una mueca que no puede describir —Ya sabía su nombre Señor— dice mirándolo.
—No me digas señor, Annie. No ahora que mentí frente a Jorge —se acerca acortando la distancia que había entre ellos.
—¿Por qué lo hizo Adam? —pregunta en tono bajo para que nadie escuche.