Por otro lado, tal vez a simple vista todo lo respectivo al amor era una tontería del cual no quería volver a caer y de eso aprendió a los golpes internos. Te estarás preguntando '¿qué aprendió?' , pues, quizás a no enamorarse tan fácil de la belleza de una mujer. También a entender que la vida no es vivir enamorado de algo que fue fugaz sin sentimientos de la otra parte. Estar atascado en un círculo donde él solo estaba recorriendo sin que alguien lo frene o tal vez sin que nadie lo acompañe en esa aventura de pasión en la cual se estaba sumergiendo. La superación se resuelve con el tiempo con un poco de paciencia y entender que todo pasa por algo en esta vida.
Lo peor de todo es que Adam en su memoria la sigue recordando, cada vez que pasan mujeres sobre esa calle. Su Rebecca Evans sigue viva en su memoria como si nunca se hubiera ido, como si nunca se borró y seguía pasando por esa maldita calle con su sonrisa resplandeciente, y la mirada profunda.
Esa mañana de 2 de enero , un día caluroso para su vestimenta pero debería soportar todo mientras que su cabeza seguía mal. Todavía se acuerda de esa noche con el anciano como le arruino todas las ilusiones que tenía respecto a la mujer que creí la de su vida pero no fue así. Lo odiaba, esas semanas pasaron lentas no sabía cómo poder resolver esas cosas de ser alguien mejor para poder cruzarse otra vez con la mujer de sus sueños.
Sabía que todo ese absurdo deseo que aparece sin que sepa cómo llevarlo a cabo aunque todas pistas estaban por algo y él quería encontrar como seguir resistiendo. Buscar una excusa para mantenerla viva en su cabeza. Ya pasado semanas desde esa última vez que la vio, que pudo tener cerca y no saber cómo manejar sus sentimientos hasta ahora.
En su presente no necesita nada más que tranquilidad, sanar la herida profunda que había dejado esa mujer sin intenciones de hacerlo pero lo había logrado. Su rutina seguía como siempre, un cigarro encendido entre sus dedos con la ventana abierta junto al viento que entraba y su mirada a la calle. Esa vereda que tanto le gustaba mirar cuando ella pasaba caminando apurada hacia su trabajo, tal vez, era como distinguir la belleza pura de una mujer del cual se había borrado de un día para el otro. Ya era hora de intentar superar lo inútil en lo referido a los sentimientos.
Un golpe a la puerta hace que salga de los pensamientos —¡Adelante! —Grita apagando su cigarro y acomodándose el pelo.
Abre la puerta y ahí estaba su secretaría. —Señor, ¿necesita que le traiga los papeles que debe firmar? —Pregunta parada en la puerta sin querer acercarse mucho.
—Sí, ahora—responde cortante mientras se sienta. Levanta la vista —¡Váyase ahora! —grita y le hace seña con la mano.
Se asusta y sale corriendo. En menos de dos minutos ya se escuchaba otra vez el sonido de la puerta —Adelante —viendo que era su secretaría otra vez. —No necesitas volver a golpear la puerta otra vez. No soportaría todo el día escuchando ese sonido y repitiéndote que pases —extendiendo la mano para agarrar los papeles.
Le entrega los papeles y cuando ve que los agarra. Agacha la cabeza y le responde —Lo siento señor, no se volverá a repetir, con su permiso —asiste con la cabeza.
—Eso espero. Se puede retirar— abriendo esa carpeta que contenía papeles.
Sin embargo, era algo imposible sacarla de su mente sin querer mucho ya se había instalado en lo más profundo donde costaba que saliera u olvidará fácilmente pero algo debía hacer. Quería descubrir la forma de quitar hasta tal vez arrancarla para siempre de su vida.