Capitulo 5

1038 Words
Así fue como comenzó Un romance loco y aventurero entre dos extraños que se deseaban aunque no se conocían.   Con una sonrisa enorme lo observa —No me iré Adam —le susurra en el oído.   Aquella mujer le hablaba con tanta sinceridad que le creyó todo —Rebecca, no me dejes otra vez —le dice mientras la abraza.   Esa noche Adam regreso a su casa sonriente, nunca había sido tan feliz como ese día y su corazón latía fuertemente al recordar a la bella Rebecca Evans. Quería desesperado volver a verla pero se durmió con su recuerdo. En el medio de la noche se despierta asustado, abre los ojos y ve al mismo anciano sentado sonriente —¿Quién eres? —Se sienta en la cama.   Mueve su dedo negando —Muchacho, te dije que vuelves a empezar y, ¿es así como lo haces? —Le dice mientras cruza sus brazos.   Se tapa la cabeza con la almohada y grita —¿Y qué esperas ?, es así la vida. - asegura y se levanta de la cama.   Larga una carcajada como loco que lo asusta pero sigue mirándolo —Jamás es así la vida y más cuando quieres algo. Oye, querías verla de nuevo y ya lo hiciste —le dice mientras se levanta de la silla.   Adam se acerca al anciano. —¿Qué quieres decir? —Le pregunta enfrentándolo.   Se voltea a verlo. —Digo que no hay razones para frenarle a la vida a esa muchacha, y que debes aprender a luchar por lo que verdaderamente quieres. No todo viene de arriba y espero que te sirva la lección. Adiós y hasta siempre —se va repentinamente desaparece de la habitación.   Lo busca por la habitación pero se había ido de repente dejándolo con más dudas. —Se queda agarrándose la cabeza sin entender nada.   Su cabeza era un desastre desde aquella conversación con el anciano no pudo pegar un ojo en toda la noche. Pensaba en la dulce Rebecca en su vida a futuro y en lo que había logrado.   A la mañana siguiente:   Se levanta rápido de su cama, busca su celular y no había ningún mensaje eso le parecía raro. Luego, prende la radio de fondo se escuchan noticias nuevas hasta que se alivia al saber que no había cambiado la fecha, que todo seguía igual y que Rebecca no se iría a ninguna parte. Sigue sonriente en lo suyo, se termina de cambiar y ordenar los papeles cuando escucha:   —Muy buenos días, una mañana soleada este 24 de Noviembre del año 2014. Que tengan todo un hermoso día —se queda quieto casi sin respiración.   No podía ser, no podía a ver vuelto al presente, no podía volver de nuevo a lo antes y saber que Rebecca se había ido. Sale de su casa hasta un kiosco en busca de un periódico, desesperado mira la fecha y era Noviembre 2014. Furioso lo tiro al suelo, salió para su oficina sin querer entender que la oportunidad que le había dado el anciano no lo aprovecho por completo como debía.   Abrazada con unas carpetas se acerca —Buenos días, Señor— aparece frente a sus ojos agitada.   Mira a todos lados sin verla directamente a ella —No quiero que me molesten estaré ocupado en mi oficina —camina y cierra fuerte la puerta de la oficina.   Nervioso, muy nervioso y un tanto desesperado prende un cigarrillo se pone frente a la ventana y mira para abajo —Vamos Rebecca aparece. —dice mientras sigue fumando. —¡Vamos maldita sea! —le pega al vidrio.   Nunca le había pedido el número ni la dirección esa noche fue sólo de una conversación larga llena de caricias y miradas de amor. Sigue mirando atento por la ventana pero no aparece. Se fuma dos cigarrillos nervioso y está ahí como dos horas sin dejar de moverse de su lugar, casi queriendo como arte de magia que pase la mujer que tanto amaba. No quiere seguir esperando más, apaga su cigarrillo y sale de la oficina.   Se pone frente a él su secretaria. —¿Necesita algo?—pregunta mirándola de arriba hacia abajo.   Seriamente —Sí. —le dice cortamente.   Se sorprende al ver que la estaba viendo por primera vez —¿Qué? — pregunta muy nerviosa.   Mueve su mano enseñándole el camino —Que te corras de una maldita vez de mi camino. —Se corre dejando el camino libre. Adam rápidamente se dirigió hasta el local donde trabaja Rebecca, casi suplicando que todo sea mentira que nada paso y que siguiera todo como esa noche que se encontraron.   Una camarera se acerca a su lado —Señor, ¿necesita algo? —le dice sonriente.   —Sí, ¿podría hablar con su jefe? —le prgunta mientras mira a su alrededor en busca de Rebecca.   —Ya se lo llamo. —nerviosa sale corriendo en busca del señor.   Sigue con los ojos desesperado en que se cruce con la mujer pero no lo logró.   —Buenos días, ¿Y qué necesita? —le pregunta amigablemente.   —¿Se encuentra Rebecca Evans? —le dice nervioso mientras lleva una de sus manos al bolsillo.   —Es la segunda vez que me pregunta, no se encuentra Señor. Rebecca se ha ido con su familia a Inglaterra y no regresará. Sí me disculpa debo seguir con mi trabajo, con permiso. —se va caminando.   Se queda parado sin entender, pega la vuelta hacía su oficina con su cabeza agachada, la mirada pegada al suelo y arrastrando las piernas se marcha lentamente. Una vez más Adam había conocido la derrota, una vez más sufría y todo se derrumbaba a su alrededor. Pero cómo última vez levanta su mirada y ve una mujer de piernas largas con una sonrisa gigante, sale corriendo y la frena —¿Rebecca?— pregunta entusiasmado.   Pero ve que es otra chica que cruzaba por ahí. —Te confundiste —le sonríe.   La suelta de la mano —Discúlpame — dice y siguen sus caminos.   Puede que siempre Adam haya mezclado deseo con realidad. Ese deseo de ver, de cruzarse con ella otra vez y quizás saber un poco de su vida. Desde ese día entendió que Rebecca nunca más regresaría y que el amor a primera vista es eterno mientras dura. Que fue todo muy lindo eso de haberse sumergido en una ilusión profunda que costaba salir pero intentaría salirse, ahora debía volver a la rutina de siempre. Sin embargo, los recuerdos de Adam sobre la mujer que cruzaba todos los días, a la misma hora frente a su ventana serán eternos. Tal vez este final de un sueño bello, una fantasía larga, profunda y con lleno de deseos.     
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