–¿Podemos descansar un poquito? –preguntó una extenuada Bárbara. Las tres muchachas no habían parado de caminar durante toda la noche, pero ya no lo hacían entres los arbustos, ahora avanzaban por entre un bosque de frondosos árboles, haciéndose difícil por momentos el observar la brillante estrella encargada de guiarlas. –Si no aprovechamos mientras esa estrella esté en lo alto, estamos fregadas. Apenas amanezca no tendremos nada que nos guie –contestó Charlotte, quien seguía marchando al frente del grupo. –Entiendo –dijo Bárbara mostrando su rostro de resignación–, pero al menos quiero quitarme esta ropa, me está haciendo mucho calor –para una esclava acostumbrada a jamás haber llevado más que un taparrabos encima, y de haber soportado las frescas temperaturas de la temporada de lluv

