Las nuevas pastillas todavía no causaban el efecto que debían y subió con un poco de dificultad las escaleras. En mi ascenso recordé los días que llevaba sin tomar mis pastillas y como había dormido bien la noche anterior. Subiendo sonó el celular en su bolsillo y lo atendió, era Yeny. Me miró interrogante y yo le extendí la mano para que me pasara el teléfono y seguir subiendo. Para ella no era recomendable que él asistiera, el sindicato lo consideraba el principal culpable de sus empleos perdidos y ella estuvo tratando de convencerlo para que no fuera. No sabía que tan fiel era Yeny, pero sí sé que Dylan y Carlos ganaban mucho con esta propuesta que ahora Guillermo parecía negar. –¿Se han entendido? –Me preguntó cuándo le entregué el celular entrando al cuarto. –Sí. –Pasé de largo

