… La noche anterior había dormido como roca, aunque a lo lejos escuchaba ruido y voces en el corredor, pero ya que había dejado con seguro la puerta de mi habitación, no me preocupó si había alguien más afuera. Suponía que habían llegado los hijos y el esposo de Nina, eso me hizo confiar tan solo un poco, sin embargo no me levanté a saludar. El sueño era más fuerte. Supongo que a veces era demasiado paranoica. Miré el espacio cuadriculado del local, pintado de rosa en cada esquina, y me senté en la mesa donde estaba el pastel. —¡Salud! —Cada quien tomó una copa de vino y la consumió sin medida. En la fiesta de Susan solo había ocho personas. Nina, tres de sus compañeras de trabajo de la cafetería, su jefe, ella y yo. Aún no me explicaba porqué él estaba ahí si se suponía que no

