LILLY
¿Qué tan solitaria debía estar una persona para no saber a dónde ir cuando tenía mil confusiones y un corazón adolorido? No tenía amigas, ni parientes cercanos y tampoco podía ir y contarle toda mi amarga y vergonzosa vida amorosa a mi madre.
«oye, mamá. Me acosté con cuatro hombres… bueno, entre fiestas, tragos y bares, fueron más; pero lo que te quiero decir es que, era sencillo tener sexo con ellos porque eso me permitía, sin ser del todo consciente, no pensar en mi mejor amigo. Pero fracasé. Por cierto, casi tuve sexo con él dos veces y no funcionó».
Claro, si le decía eso lo más seguro que pasaría sería que me enviaría a algún ritual para sacar mis demonios lujuriosos, me encerraría en una torre con un cinturón de castidad, o me bañaría en agua bendita y me enviaría a un convento para monjas. Lo que le pasara por la cabeza primero. Y bueno, antes de que eso sucediera, yo ya había dado el primer paso.
—¿Y estás enamorada de él?
Jugué con mi cabello, incapaz de entregarle una respuesta, y asentí.
—Eso creo. Lo cierto es que él no lo vale, pero yo tampoco y… por primera vez sentí que podía estar con alguien y no ser solo una pésima segunda opción. El "Ya ni modo, será esta" de una relación.
Me limpié las lágrimas y esperé a que me dijera, basado en lo que habíamos hablado, que era lo que tenía que hacer y cómo debía arreglar mi vida, pero no me dijo nada útil.
—El amor no es un pecado, hija.
—¡Cielos, Padre! ¡Eso no me ayuda! —exclamé, alzando la voz. Siseó para callarme y carraspeó. —Lo siento.
Sí, estaba sola, cerca de una iglesia, en la entrada había un confesionario y en el confesionario se encontraba un cura, entonces dije… ¿por qué no?.
El amable sacerdote abrió la ventanita y habló.
—Entonces ¿Qué quieres que te diga?
—Que debo hacer. Ese sería un buen comienzo.
Negó.
—No puedo decirte que hacer. De hecho nadie puede. Es algo que debes decidir tú y que dependiendo de su reacción, influirá en tu vida.
—¿Entonces me voy de su apartamento? —probé de nuevo, mordiendo mi uña. —Lo voy a extrañar… mucho.
—Bueno, vivir con alguien sin casarse es pecado…
—Oiga ¿usa vestido o toga?
—Toga —Respondió sin interés.
—Bueno, la gente dice que parece vestido, pero usted sabe que no es así y no tiene porque avergonzarse. Me pasa igual con Ethan. Es mi amigo...nada más. Aún yo sienta otra cosa.
Suspiró y cerró de nuevo la ventanilla, dándome a entender que estaba igual que yo, sin idea de cómo reaccionar a esto, y sin idea de que hacer ahora.
Me despedí del cura y le prometí regresar, eso si no moría mañana.
…
—¡Dijiste que iríamos a Rusia!
—Sí, pero hubo un problema y debemos aguardar un par de días más a que todo se resuelva. Haremos intermedio en Londres y luego iremos a Rusia…
Molesta, tomé la maleta que Eiler me extendía y sin voltearlo a ver, bajé del avión privado.
Se suponía que al fin teníamos la ubicación de Aaron de nuevo, que sabíamos a quién le vendería el arma y donde planeaba hacerlo, pero de la nada los planes habían cambiado y ahora estábamos varados en Londres, sin una puta pista o idea de qué hacer.
Me sentía cansada, me sentía molesta y si había algo que odiara, era sentirme así.
Seguía pensando en Ethan, seguía sintiéndome miserable y el pensar en él me terminaba por hundir en mis nefastos sentimientos. Era tan gris mi humor de ese día, que todo a mi alrededor se tornaba del mismo color. No podía ni apreciar la belleza londinense porque cada paisaje se veía triste para mí.
Caminé sin ganas hasta la salida del aeropuerto y cuando estaba por cruzar la puerta para pedir un taxi, alguien jaló de mi valija.
Dave.
—Oh, no… no pienses detenerme y decirme que esperemos a Cindy y a Eiler para la misión. Ya es demasiado malo intercalar aquí.
Dave tomó mi maleta, soltó una risita sexy y negó.
—Puedes irte si quieres.
—Entonces devuélveme la maleta…
—Pero me llevarás contigo.
Reí seca rodando mis ojos.
Quise arrebatar mi maleta de sus manos pero fue más ágil y la elevó.
Obvio yo era mucho más baja que él, por lo que tratar de quitársela era imposible.
—¿Sigues queriendo irte?.
Asentí decidida.
—Entonces vámonos.
Si me iba con él, me reprocharía toda la vida el seguirle la corriente, pues tanto él como yo habíamos terminado mal. Yo le había lanzado el anillo en el rostro, incluso.
Todo fue desde una vez que…
Restrictiva
—¡Aahhh!.
—¿Te gusta? —asentí frenética, trabando los ojos mientras mi alma salía y entraba de mi cuerpo, al igual que él, sacándome grandes gemidos. Me traté de calmar, tragué grueso al sentirlo llegar profundo. Una gota de sudor cayó en la almohada y abrí la boca para poder respirar —No te reprimas… quiero escucharte gritar, amor…
¿Amor?
Nunca me había dicho así. Siempre me decía "Cielo" o "Hermosa" pero nunca 'amor'. Esa fue la primera señal que sucumbió en mis alarmas.
Le hice caso y mientras él me penetraba, yo exploraba su cuello con mis labios, dejaba mordidas en su hombro y acariciaba su espalda. Dave incrementó sus embestidas, me sometió con más fuerza haciendo tronar las patas de la cama, y se corrió, haciendo que me viniera de la misma forma. Más que satisfecha.
Me abrazó a su pecho, besó mi sien, me acarició con suavidad y soltó un suspiró con sus ojos cerrados.
Esa fue la segunda señal.
Estaba siendo demasiado tierno.
Me sentía cansada, pero no reparé en nada cuando me dio la vuelta y me abrazó de cucharita. Podía ser algo normal. Al menos eso era lo que yo creía. Fui tonta.
Su dulzura frente a las otras personas, su afecto, su compromiso. Todo. Me estaba confundiendo, lo estaba logrando y por un momento se sintió real, hasta que sin presumir de ello, después de probar al menos tres posiciones, elevó mi pierna hacia delante, se pegó a mi espalda y encajó su dureza a mis glúteos, penetrándome desde atrás.
No lo negaré, se sentía delicioso, pero claro… nada podía ser perfecto.
Dave apretó mis senos, besó mi espalda y se movió en círculos, llegando con rapidez a la culminación. Me dio tanto placer que por poco lo dejo pasar. Pero no, fue indignante cuando me besó toda la espalda, acarició cada centímetro de mi piel, algunos lugares más que otros, y me volvió tomar de la misma forma, diciéndome que le dijera que lo amaba. Ese fue el punto en el que casi caigo por completo, mas cuando llegamos al cuarto orgasmo, su mano acarició mi vientre, suspiró en mi cuello y sonrió, diciendo un tierno "Te amo, Christin". Final de la retrospectiva.
El viento empezó a azotar en la ventana, pero el cielo seguía estando implacable, con su eterno color celeste y sus esponjas nubes lentas. Nada tan bello como eso.
Aprecié unas cuantas figuras en las nubes, sentada en la ventana del balcón de la habitación de aquel hotel, evité pensar en Ethan, y borrando por un momento la escena de él con la chica en el sofá, cerré los ojos y caí despacio en un profundo sueño.
Cuando desperté, me encontré en mi cama, abrigada, abrazando una almohada, pero yo no recordaba haberme dormido ahí. Sobre la mesita de noche se encontraba una taza humeante de café, una bolsa de papel con galletas recién horneadas y una nota que decía "Evita dormirte en la ventana, no quiero que te pase algo. Te amo".
Esa no era la letra de Dave, estaba segura…
Me levanté de prisa hasta la puerta, abrí y eché una vista rápida al pasillo, mas no encontré a nadie cerca. Corrí hacia la ventana, queriendo saber quien había dejado eso ahí, pero tampoco logré visualizar a alguien conocido de entre los transeúntes que iban por la calle.
Pensé que el responsable de dicho 'detalle' podía ser Eiler, pero después de haber salido hecha furia del avión no había sabido más nada de él.
Me paré en medio de la pequeña habitación de paredes color salmón, suspiré viendo la bolsa de las galletas y tomé una. Tenía hambre, pero en mi vocación, la desconfianza era un tesoro, y no saber quien las había dejado ahí era demasiado sospechoso, así que las dejé tal y como las encontré.
Revisé en el reloj de mi teléfono la hora.
07:35 PM.
¿Había dormido tanto?.
Encontré en mi bandeja de entrada dos mensajes.
Uno de Dave que decía…
DS:
Veme en la fuente, frente al hotel ?*
¿Para qué quería verme? Lo que fuera, no me interesaba.
Rodé mis ojos y contesté.
Yo:
*Estaré ocupada toda la noche. Te veré luego… ?
Su respuesta no tardó en llegar.
DS:
Aprende a mentir, Lilly. ? Nos debemos una charla. *
Yo:
*Te la debes tú y tu conciencia, Smith. Yo me debo una cena, sola, o con alguien que no me confunda con su ex.
DS:
Lamento eso. Sé que fui un idiota, pero de verdad quiero que lo intentemos una última vez. Debo resignarme que Chris no regresará.
Lo había aceptado… y dolía.
Al final había aceptado que yo solo sería una segunda opción con la que planeaba olvidarse de Chris, y eso me dejaba en la esquina de una ecuación sin respuesta.
Miré las galletas y las lancé a la basura. Si ese había sido él tratando de arreglar las cosas, entonces estaba mal.
No quería nada de él, ni ahora, ni nunca.
Yo:
*Gracias por tomarme en cuenta, señor Smith. Pero no seré más su pañuelo de lágrimas.
DS:
Yo no quise decir eso… *
Yo:
*Y gracias por su amabilidad al dejar las galletas, pero no las quiero. No lo vuelvas a hacer.
DS:
¿Galletas? *
Yo:
*Te veré el viernes.
Cerré su chat y lo silencié, mirando ahora los demás mensajes. Tenía uno de mamá, uno de Eiler pidiendo que le llamara apenas viera el mensaje, y uno de Ethan. El de Ethan era un audio y esa fue la razón por la que lo ignoré y no lo abrí. No quería escuchar su voz. Solo recordaría como jadeaba mientras se follaba a otra.
Y sin quererlo, era lo que estaba haciendo.
Me salí de la aplicación, ignoré su mensaje y llamé a mi madre, al tiempo que me acomodaba en la cama y observaba los floreros de barro que adornaban los estantes a los lados del televisor.
Moví mis pies hacia los lados, jugué con mi colgante que siempre llevaba puesto y recordando quien me lo había dado, dejé salir una sonrisa triste.
—Hola.
—Ah… hola…
—¿Estás bien, cielo?.
Mamá era buena interpretando mi voz, era perfecta en ello, y lo último que quería era un interrogatorio, así que fingí ánimo y aclaré mi voz, tratando de parecer contenta.
Aunque no fuera así.
—Estoy bien. Acabo de despertar, es todo.
—¡Oh! ¿Mi mensaje te despertó? Eiler me dijo que habían cancelado la misión.
—Sí, pero solo por uno o dos días y no, ya había dormido dos horas. Se supone que las misiones son clasificadas… —Reí, apartando un mechón de cabello de mi rostro.
—No para mí. Tu padre no paraba de contarme sus misiones cada vez que podía e incluso cuando no. Y se suponía que ya eran clasificadas.
—Bueno… supongo que la comunicación es importante.
—Díselo ahora que se ha dispuesto a crear una nueva arma.
—¡No! —exclamé, levantándome de la cama. —Suficiente con la que ya perdimos y tratamos de recuperar. Aún no entiendo cómo es que la perdieron.
La verdad sí lo recordaba. La habían robado hace muchos años de la empresa de seguridad de papá. ¿Y quién? Pues obvio. ¡El imbécil que tenía por novio! Aaron Fletcher.
Lo sé, tuve que haberle pateado las bolas y no follar con él hace tres días, pero él imbécil me había enseñado a hacerlo, por ende sabía cómo encenderme en un segundo, cual cabeza de fósforo. Me tocaba y era inevitable no caer.
¿Soy culpable? La verdad sí, casi que logro sentir algo por él.
—Bueno —mi madre bufó —al parecer al bobosaurio que tienes por padre no le queda claro.
—¡Te estoy escuchando, Wesley!.
Reí al escuchar el tono de reproche de mi padre tras la línea.
—Sabes que te amo, Thompson, pero es verdad. Deja de joder al mundo con tu tecnología… Lilly manda a decir eso.
—¿Qué? —parpadeé un par de veces —Yo no dije nada.
Ella me ignoró y siguió hablando, o más bien discutiendo, con papá. Sonreí al no escuchar más su voz. Supongo que ya estaban en la reconciliación, así que corté la llamada.
Le hablaría luego para saber si la Gusana ya había regresado de sus clases.
La noche se estaba poniendo fresca, las calles iluminadas de la ciudad creaban un espectáculo ameno a los turistas y comerciantes, y el ruido de la música se mezclaba con las voces de las personas.
La comida por donde pasaba olía exquisita y mi mal humor de a poco se iba menguando. Hasta que crucé la calle y lo vi.
—¿Ya cenaste?.
Pasé de largo cerca de la fuente y lo ignoré.
David soltó una risita coqueta, se levantó de la orilla de concreto de la fuente y me siguió.
Evité reparar mucho en su vestuario, pues tenía un estilo único para atraer miradas para nada sutiles.
Llevaba puesto unos pantalones jeans negros, una camiseta del mismo coloe y tenía su cabello claro, desordenado.
Seguí mi camino sin prestarle atención y me detuve a observar a un joven de barba larga y cuerpo delgado que tocaba con pasión unos bongoes, al tiempo que una chica alta y de hermoso cuerpo, que tenía su rostro cubierto con un velo, bailaba.
Me indignó ver que hubiera tanto talento y nadie se acercaba a verlos, por lo que decidí hacer algo para ayudar. Me quité el suéter, enrollé mi vestido y me quité los tirantes, cubriendo solo lo necesario. Dave se tensó, trató de detenerme al ver que toda la gente en la plaza estaba viendo como me desvestía y aplaudía, bailando al lado de la otra chica.
—Ellos no te pidieron hacer esto… —Dave me sujetó de la cintura y me pegó a su cuerpo, haciendo que lo mirara indiferente.
—No, pero la gente es tan ignorante que solo reaccionan cuando haces algo para llamar su atención.
Los chicos ahora estaban rodeados por una gran cantidad de personas, que también se habían unido al baile.
—¿Y qué creen que pensarán los dos chicos? ¿O como crees que se sienten de saber que la gente se acercó porque casi te desnudas y no por su talento?
Me alejé de él, acomodé mi ropa y salí de entre las personas, dejándolo atrás.
—Lilly.
—¡Déjame en paz!
—Fui un idiota, lo siento…
—¡No me interesa, David!
Llegué de nuevo al hotel y cuando estaba por entrar, el castaño me tomó del antebrazo y me hizo girar, haciéndome golpear en su pecho y atrapando mis labios con los suyos en un beso intenso y salvaje.
Sus manos se deslizaron a mis caderas y me apretaron a su erección, mordió mis labios y exploró mi boca con atención, haciendo que jadeara en su boca.
—La extraño, la amo y no lo niego —susurró sin dejarme ir —Pero te quiero ¿de acuerdo? Te deseo y cuando estás cerca te pienso a cada segundo…
—Yo no soy ella, Dave…
—Eres tú y eso me encanta. —me volvió a besar, me tomó de la mano y me llevó hasta el elevador. Sus ojos estaban oscuros y mostraban un impresionante deseo. Sus labios besaban mi cuello, sus manos tocaban mis glúteos y mientras las puertas del elevador se cerraban, pude abrir mis ojos un poco y me pareció ver a Ethan parado cerca de la recepción. Sin embargo, cuando iba a prestarle más atención, las puertas se cerraron y Dave me hizo apagar mi conciencia de nuevo, frotando su dureza a mi centro por encima de la ropa. Me apretó a la pared del elevador, metió sus manos debajo de mi vestido y se dedicó a jugar con las orillas de mi braga, pero no pude…
No pude ¡joder!
Seguía teniendo la mirada triste de Ethan sobre mí, y quizá había sido solo una alucinación, pero mis sentimientos eran tan reales que de inmediato detuve a Dave. Lo miré sin poder emitir palabras, tragué saliva para mojar mi garganta y me calmé un poco, pues el encuentro entre su boca y la mía me había dejado extasiada, y cuando me sentí lista, hablé.
—También te quiero… David.
Acarició mi mejilla y unió su sien a la mía.
—Entonces hagamoslo. Quizá nos amemos más adelante…
—No. —cerré mis ojos y negué, dejando mis manos sobre su pecho —Yo nunca fui oficial para ti, nunca seré como ella y no me amarás como la amas a ella…
—Lilly…
—Y está bien, Dave. Porque tú y yo tenemos el mismo problema. Y es que yo no soy Chris, y tú no eres él.
—¿Él? —frunció su entrecejo.
—Lo siento. La charla ya acabó.
El elevador se abrió en mi piso. En el frenesí de sentirnos, ni siquiera me di cuenta de en qué momento seleccionamos el número de piso. Bajé, entré y cerré la puerta, cayendo sobre el piso alfombrado, cerca de la puerta.
Mi corazón aún estaba acelerado, pero no latía lleno de alegría o amor. Solo había sido la intensidad del momento. En cambio, al recordar la vaga imagen de Ethan en el lobby, mi pecho se apretaba, sentía cosquillas en mi estómago y empezaba a temblar.
Vaya relajo el que tenía en mi cabeza.
Quizá si escuchaba su mensaje… quizá si salía de la duda, dejaría de pensarlo tanto.
No era amor. No podía ser amor.
¿Lo hacía? ¿No lo hacía?
Habíamos sido amigos tanto tiempo que pensar en sentir algo por él era un poco bizarro.
No, no tenía porqué pensar que era eso. Escucharía el audio y todo estaría bien…
Nada pasaría.