… Haber sido lastimada tenía sus ventajas, y no lo decía por la comida insípida del hospital, o por la atención casi nula a los pacientes, sino porque podía tener a mi doctor personal conmigo y no había problema alguno. Me encontraba comiendo un helado de vainilla con chocolate con crispis y caramelo, cuando Ethan llegó. Iba sudando, se miraba agotado y su rostro no podía verse más atribulado. Se encontraba pálido y al verme, su semblante cobró vida, sus ojos brillaron húmedos y su rostro recobró color. Se quedó parado en el marco de la puerta, viendo como me comía mi helado, hundió sus mejillas y suspiró con fuerza. Estaba a nada de echarse a llorar. —¡Carajo, Lil! —sus dos manos se deslizaron de arriba hacia abajo por su rostro y entre negaciones, me abrazó. —¿Sabes lo preocupado

