Prólogo
Beatrice, la mia mamma siempre apoyó mi loco sueño de convertirme en cantante. Para ella, yo era la niña más talentosa de todo el barrio Campitelli. Gracias a su pasión por el arte y la magia de la música, crecí con la idea de que podía llegar a ser tan exitosa como Iva Zanicchi en sus años mozos. Recuerdo salir todas las tardes a la Piazza del Campidoglio para entretener a los turistas con mi canto y por supuesto, ganarme unas cuantas moneditas con il mio talento.
Mi hermana mayor, Ornella, también apoyaba mis ideas de ser artista. Recuerdo cantar en el patio de casa mientras ella me diseñaba ropa con los trapos que mi madre no utilizaba en su taller. Tenía una creatividad impresionante y envidiable; siempre fue una inspiración para mi. Cuando tomó la decisión de irse a Florencia para ser diseñadora de modas, solo me dijo dos cosas: «No escuches la voz frustrada de papá, y no dejes que apague tu luz. Cuida tu sueño, lucha como yo y proyectate en grande, sorella. Tu puedes».
¡Por supuesto que podía! Solo que no contaba con la sfortuna (desgracia) tocando a mi puerta tan pronto. A mis recién cumplidos dieciséis, sufrí la mayor pérdida que pudiera imaginar. Un galopante cancer de colon arrasó con la fuerza y la vitalidad de mi madre. La mañana del 15 de Julio del 2005 su corazón apasionado dejó de latir. Con ella se llevó mi sueño, mi felicidad y también las ganas de cantar.
Mi padre Piero, un hombre cariñoso pero muy estricto en la educación, cerró sus oídos a todo y a todos a causa de su dolor. Lo único que me repetía era que la mia mamma ya no estaba con nosotros y, por ende, debía desistir a la trivial idea de ser famosa. Prácticamente le faltó poco para decirme que ser solista era símbolo de ser una don nadie y que me moriría de hambre. Ahora, no se molesten por lo que voy a decirles, pero, terminé haciéndole caso. Desistí a todas mis ilusiones y preferí escuchar la voz de su propia experiencia.
Decidida pero rota por dentro, estudié mercadotecnia, y pude graduarme con honores en la Universita Cattolica del Sacro Cuore. A los pocos meses, me mudé a un pequeño departamento del distrito II de Roma y comencé a buscar trabajo. Necesitaba algo estable y con buen salario si no quería regresar con papá y su frustración como compañía. Ahí fue donde conocí a Marco Pirone, mi actual jefe. Me parecía demasiado joven para manejar una empresa como Pirone Enterprises, pero admiraba la astucia con la que se movía en los negocios internacionales. Tre anni (tres años) pasaron… ¡Tres! Donde me esforcé por ser siempre la mejor en todo y entregar cada informe y carpeta de la manera más excelente posible. Sabía que tarde o temprano, cosecharía el fruto de mi trabajo. Esperé y esperé hasta que una tarde, mi jefe llegó con la noticia de que me ascendería. Por lo tanto, en aquel momento dejé de ser una simple secretaria de piso para pasar a ser la asistente personal del señor Pirone.
Ahora, aquí viene la mejor parte de mi historia. Una mañana, conocí a su novia y ahora moglie (esposa), Abril Maccali. Era una latina bellissima, segura de si misma y muy atenta. No me pregunten como, pero, con ella pude ser capaz de abrirme y confesar el sueño que llevaba gurdado en mi corazón. Gracias a ella y a sus acertados consejos, ahora me encuentro en Londres, lista para arriesgarme a estudiar lo que me apasiona y llena la mia anima (mi alma). Le prometí y me prometí cambiar, atreverme a luchar por lo que amo e incluso a valorarme también.
Mi única falla es no poder olvidar al gran amor que dejé en Roma. Ese amor que, por cierto, no es correspondido. Nop, en absoluto. Fabio Girardi es más que el primo de mi jefe, es dueño de Vigneto Girardi, empresario exitoso y muy famoso por su carrera como investigador privado. Pero no solo eso, él ha sido el gran amor de mi vida; aunque jamás se haya dado por enterado. Iba de vez en cuando a la empresa para visitar a mi jefe y entablar ciertos negocios también. Ahí yo aprovechaba para espiarlo. Ay, era un spettacolo a la vista; siempre tan hermoso e impecable, amable con todos y muy conquistador con las mujeres. Su labia hacía magia cuando te tenía cerca; era capaz de hacerte olvidar todo con apenas llamarte ¨ragazza¨ o "bella" .
A pesar de su obsesión con las donne (mujeres), siempre supe que jamás tendría una oportunidad con él. Me trataba con respeto y formalidad, no lo niego, pero jamás me dirigió una mirada dulce como la que regalaba a las barbies con las que salía. Por supuesto, ¿Cómo se fijaría en una sencilla secretaria cuando podía tener modelos de pasarela todos los días paseando por su casa? Lo que llama mi atención es la facilidad con la que dice no creer en el vero amore (amor verdadero). La mayoría de las veces se ríe cuando alguien saca el tema.
«Las cursilerías del compromiso no van conmigo, primo. Eso es una perdida de tiempo para un hombre libre como yo» lo escuche decir la última vez que visitó la empresa. Enserio que no comprendo por qué me enamoro de hombres que jamás estarán a mi altura.
En fin, lo único que me preocupa adesso (ahora) es mi regreso a Roma. No sé si tendré la suficiente fuerza de voluntad para sacar a Fabio de mi vita y continuar con el camino que ya me he trazado. Una cosa es estar a miles de kilómetros con la cabeza tranquila, a verlo todo el tiempo merodeando por mi zona de trabajo. No lo sé, quizás con el tiempo me acostumbre a la idea de estar sola hasta encontrar a alguien decente que me ame y valore la mujer appassionata que llevo en el corazón. Porque todas merecemos eso, ¿o no?