Pero no servía de nada, podía sentir mil cosas por él; sin embargo, sus sentimientos no eran los mismos míos. Había perdido la cuenta de todas las veces que me habían rechazado, no obstante tenía que reconocer que el rechazo de Mateo era el que más me había dolido.
Era increíble lo mucho que me había acostumbrado a ser rechazada. Supongo que siempre que ponía el corazón en alguien me preparaba para ser hecha a un lado y no a ser aceptada.
—Abril, lo mejor es que salgas del agua. Te vas a resfriar y ambos sabemos que tus resfriados se convierten en neumonía.
—Espera un momento —grité con voz temblorosa —, sólo un minuto más.
Me sumergí en el agua, estuve en forma fetal por un buen rato y cuando sentí que el aire no estaba llegando a mis pulmones, fue que salí. Tomé una bocanada de aire y luego comencé a nadar hacia la orilla.
—¿Te sientes mejor?
Asentí, no quise decir nada. Cubrí mis pechos y sentí cómo el frío me hacía tiritar. Mateo tomó su saco y lo intentó poner en mis hombros; sin embargo, esto no me quedaba, así que solo me limité a reír.
—Mateo, te recuerdo que estás tratando conmigo y no con una persona delgada. Ese tipo de consideraciones románticas se las debes dejar a las delgadas —tomé su saco y se lo entregué—yo no entro en esa clase de romance que se escribe en las novelas.
Caminé en dirección al carro, esperé secarme un poco y luego subí. Mateo arrancó una vez que esto pasó y nos fuimos al apartamento.
—Ve a cambiarte —Mateo puso las llaves en aquel oso panda que había comprado años atrás al ser tan adorable —. Yo voy a calentar la comida.
Miré que él traía dos empaques, moví mi cabeza de un lado hacia el otro y me negué a comer.
—Ni se te ocurra dejarme con esta comida servida, recuerda que tú me has enseñado que me puedo enojar con todo, menos con los alimentos.
—Está bien —lancé un suspiro pesado —. Ve calentando la comida, ya vuelvo.
No quería que la puerta volviera a volar, así que encerrarse en el cuarto no era una opción. Me puse mi pijama entero de mapache y salí.
—Te miras adorable —él jaló mi cachete —definitivamente ese fue un buen regalo de navidad.
—Ouch —le di una palmada en su mano y él se comenzó a reír —sí, el único regalo decente que me has dado. Ahora sirve esa comida, no puedo creer que vinieras a gastar tanto en una salida.
—Y pensar que tienes más dinero que yo, pero parece todo lo contrario. En fin, cada quien con sus cosas.
—Sabes bien que tengo gastos, así que no me hagas ver como una tacaña que no tiene consideración ni siquiera con ella misma.
—Pero es que las cosas son así, no tienes consideración contigo misma. Te recuerdo que los gastos que tienes es mantener a la floja de tu madre, a la presumida de tu hermanastra y todavía para sumarle al zángano de tu padrastro que aunque tiene el dinero necesario para mantener a las primeras dos buitres, prefiere gastar lo que tú pasas mensualmente antes de su dinero.
—Te odio cuando te pones así.
En el fondo sabía bien que tenía razón, pero no quería decirle nada. Mi familia era mi más grande carga, sin embargo sentía que les debía muchas cosas.
—Bueno, aquí tienes —Mateo me puso el plato con el corte de carne —espero que te guste.
Él también sirvió una copa de vino y la puso a mi lado, nos sentamos a comer. Al meter el pedazo de carne en mi boca pude sentir como la misma se deshacía como si fuera un algodón de azúcar.
—Por Dios santo —apreté la servilleta y lancé un suspiro profundo —esto es divino.
—Todo esto e incluso más puedes solventarlo, por Dios santo, ganas diez veces más que yo. Pero tu familia es un maldito parásito que solo vienen cuando tienen que pedirte dinero.
—¡No! No siempre es así —hice una pausa y miré a Mateo con el ceño fruncido —también cuando me tienen que reclamar algo.
Me reí, no era de las que se hacían de ojos ciegos. Bien sabía que mi familia era todo lo que Mateo decía e incluso más.
—Entonces quiero que me digas una cosa —él se puso serio luego de reír conmigo —¿Por qué los mantienes? Bien sabes que son una lacra y a pesar de eso sigues apoyándolos financieramente.
—Porque siento que les debo mucho, son mi familia después de todo.
—¿Qué les debes todo? Por Dios santo, Abril. Cada cosa que tú tienes te la has ganado con esfuerzo, la universidad tenías una beca completa. Mientras muchos andaban de fiesta en fiesta, tú te llenabas de libros y mil cosas.
—Mateo… Yo…
De repente tocaron la puerta, lo hacían con fuerza. Lancé un suspiro porque ya tenía una idea de quién se trataba, me levanté y al abrir lo que no vi venir fue la bofetada que me dio mi madre haciendo que mi labio se reventara.
—No puedo creer que tengas tanta envidia de tu hermana para venir a arruinar su propuesta de matrimonio —ella pisó mi mano y retorció su tacón en uno de mis dedos —¿Acaso no te cansas de tenerle envidia?
—Mamá, me estás lastimando —intenté apartar su pie, pero ella lo clavó más fuerte —¡Me lastimas! Déjame tranquila, yo no sabía que Camila iba a estar ahí, te lo juro por la memoria de mi padre.
—No te creo nada, ahora para enmendar el daño hecho vas a tener que cubrir todos los gastos de la boda de tu hermana.
—Pero mamá, se supone que es el novio quien tiene que cubrir los gastos o al menos el padre de la novia. Yo no puedo cubrir la boda de Camila, es demasiado injusto y lo sabes bien.
—¡Es lo menos que puedes hacer después de haberte exhibido en el restaurante donde le propusieron matrimonio a tu hermana! —ella clavó el tacón con más fuerza —así que debes de cubrir absolutamente todo. ¡Ah! Y ni se te ocurra pensar en que no nos vas a dar para el gasto de la casa, porque eso es algo muy por aparte.
—¡Está bien! —miré la sangre llenando el tacón de mi mamá —pero ya deja de pisarme, me duele demasiado.
—No quiero, piensa en que esto que te está pasando es nada en comparación con la vergüenza que le diste a Camilita en el restaurante. Arruinaste por completo su propuesta de matrimonio.
—Señora —la voz de Mateo resonó en el apartamento —si no suelta a Abril en este momento, créame que ni siquiera su hija va a ser capaz de detenerme cuando quiera arruinarla.
—¿Ah sí? A ver, dime una cosa, cómo se supone que vas a hacer eso —mi mamá ni siquiera miraba a Mateo —no eres nadie, vives de arrimado con mi hija y todo porque tus papitos se murieron.
—Quiero que me mire directamente y va a comprender lo que estoy diciendo —podía escuchar la rabia de Mateo en su voz —y le digo que no me afecta lo que está diciendo porque al final de cuentas su opinión me importa muy poco.
Cuando miré en dirección a Mateo, miré que él sostenía un celular y estaba grabando todo. Mi mamá al verse descubierta se puso roja de cólera y caminó en esa dirección.
—¡No! —me atravesé justo en el momento en que ella iba a golpear a Mateo —ni se te ocurra, conmigo puedes hacer lo que se te venga en gana. Pero jamás voy a permitir que le toques un solo cabello a él.
—Vienes a quejarte que no tienes dinero, pero aquí estás comiendo un corte de carne de más de dos mil dólares y una botella de vino que cuesta cinco mil —ella tomó mis cachetes con una sola mano y los apretó con fuerza —y así vienes con tacañerias referente a la boda de tu hermana.
—Mamá, no sigas mortificando en mi apartamento. Por favor vete, luego yo me voy a reunir con ustedes para ponernos de acuerdo con los gastos de la boda de Camila. ¿Estás contenta?
—Contenta contigo nunca voy a estar, has sido el peor error que he cometido. Debí abortarte cuando tenía tiempo.
Contuve las lágrimas, no era la primera vez que mi madre me trataba como menos que nada. Al final de cuentas siempre supe que mi mamá iba a preferir a Camila por encima de mí.
—Si ya no tienes nada más que decir, te pido que te vayas. Luego llegaré a su casa para que nos pongamos de acuerdo con todos los gastos de la boda de Camila.
—Un momento, marranita. Te quiero recordar que debes de darme el cheque para cubrir los gastos de la casa, así que date prisa si no quieres que te golpee hasta el cansancio…