Muerte de Jess madre de Katherine

1531 Words
Ocho años atrás. La casa está en silencio profundo como si una oscuridad embriagadora se ha posado sobre ella, mi vista está fija en el teléfono, presiento que en cualquier momento voy a recibir la llamada de papá anunciando lo peor: ¡Ha muerto tu madre! Mamá dio positivo a una rara enfermedad de la cual no se tiene mucha información y por ende no hay una cura que pueda ayudarla a aliviarse, solo algunos métodos experimentales que, aunque han ayudado a prolongar lo inevitable, parece que el día y el momento se ha acercado y no hay cosa alguna que podamos hacer por evitarlo. —¡Señorita Katherine! Vuelvo la mirada a la anciana que me ha cuidado a mí y a mis hermanos desde el día en que llegamos recién nacidos a esta casa. —¿me hablaste? —Sí, te decía que tengo chocolate caliente listo. —No tengo hambre, no quiero comer o tomar nada. —Ya sabes lo que voy a decirte niña, no me gusta ver que no están comiendo. Solo quiero que papá llame y nos diga que ella se ha recuperado, que regresará a casa junto con él y todo volverá a hacer como antes, ella jugando con nosotros por toda la casa. —Solo un poquito Patricia, no tengo muchas ganas de comer. —Está bien señorita. Aun cuando termino de cenar no hay novedades sobre mamá, intento llamar a papá, pero es inútil, él solo no atiende las llamadas y no hay nada que una niña de diecisiete años pueda hacer, lo que duele más es saber que mamá podría dejar a un pequeño de tres años. Somos tres hermanos, yo soy la mayor, luego Abbigail con quince años y por último Iann, papá no ha sido un padre presente y a pesar que mamá es la que maneja la mayoría de los negocios siempre está para cuando más lo hemos necesitamos. —Ya es tarde señorita, debería acostarse a dormir, mañana tiene escuela y no es bueno que se trasnoche. —¿crees que mamá regrese? Le cuestiono a Patricia. —Es algo que no puedo responder señorita, sin embargo, puedo asegurarte que ella ha luchado por seguir con ustedes, no pierda la fe y la esperanza. —La esperanza ya la perdí nana, tanto tiempo he esperado un milagro y mira, mamá está grave en el hospital, papá no llama y nosotros no sabemos que hacer, si no fuera por ti ya nos hubieras muerto de hambre porque él no se preocupa. —No piense así mi niña, estoy segura que el señor Ceciliano los ama, solo no sabe cómo demostrarlo. —Espero que sea eso nana, pero ¿sabes cuando fue la última vez que lo vi? —niega —hace una semana y no miento nana, ni siquiera nos dio la cara cuando se llevó a mamá al hospital ¿crees que eso sea amor? yo lo dudo nana, creo que él no estaba preparado para serse responsable de tres niños y dudo que aún lo esté. Mi relación con mi padre es decadente ¿por qué? no tengo idea, no es de mi conocimiento porqué tenemos una relación tan mala, pero no soy la única, mis hermanos no lo ven como un padre, de hecho, Iann a pesar de su corta edad le tiene temor y eso sí es preocupante. —Lo que yo piense es irrelevante mi niña, lo que sí creo es que ambas tienen que cuidar y proteger a Iann, está muy pequeño para comprender esta situación. Ella se marcha a la cocina y yo a la habitación, primero voy a ver a Abbigail y está profundamente dormida, voy con Iann y también duerme, tranquila me voy a descansar, si es que puedo, con tanta cosa siento que voy a terminar en un colapso. Me doy la vuelta entre las cobijas y miro el reloj, son las diez de la noche, cierro los ojos un momento y el timbre del teléfono retumba en cada rincón de la casa. —¡bueno! Responde Patricia. —¡ay señor, no puede ser! Mi corazón comienza a latir rápidamente. —Si señor, pierda cuidado, les diré para que estén listos. No comprendo. ¿para qué debemos estar listos? —En este momento duermen señor. Desearía escuchar que está pasando. —Si señor, así lo haré, siento mucho su perdida. Mis lagrimas ruedan por mis mejillas. —¡mamá! Sale de mi boca con suavidad. —Está muerta, mi mamá está muerta. Ahogo mi llanto en la almohada, quiero morir, quiero dejar de existir junto con ella ¿qué será de mi vida ahora que ella no estará más? ¿qué vamos a hacer? Aprieto la almohada con fuerza contra mi cara, grito desesperadamente, no quiero estar sin ella, no quiero una vida donde no esté ella. —Mamita por favor, mamita no. Me levanto de prisa corriendo, bajo las escaleras de prisa y corro a la puerta principal para huir hacia el hospital, necesito verificar que ella esté bien, tiene que estar bien, esto es una mentira de papá para desquitarse el que nosotros no lo queramos. —¿a dónde cree que va señorita? —Quítate Vinicio Me bloquea el paso. —Solo quítate por favor. —No puedo dejarla salir, es de noche y amenaza con llover, no puede salir. —Has lo que te pido por favor, quiero ir al hospital, necesito saber que mamá está bien, solo eso. Por más que suplico no me deja continuar con mi camino. —No puedo dejar ir señorita, no insista más por favor. Hago un berrinche y le grito para que me deje seguir. —Esos son los modales que te ha enseñado tu madre. Es la voz de mi padre. Miro por encima del hombro de Vinicio, papá está al otro lado del portón mirando la escena. —Quiero ver a mamá, solo eso estoy pidiendo. —No vas a ir a ningún lado, regresa a tu habitación. —Quiero ir a ver a mi madre, por favor, solo una cosa estoy pidiendo. —Y yo la estoy denegando, ve a tu habitación ahora mismo. —No puedes impedir que vea a mi madre. Le grito. —No hay nadie a quien ver mocosa, entiende que está muerta, ahora regresa a tu habitación una vez por todas, obedece. —No me da la gana, quiero ir a ver a mi madre, nadie me lo va a impedir siquiera tú. Vinicio me sostiene con fuerza y me suplica que me detenga, trato de soltarme de su agarre, pero es imposible, él es más fuerte que yo, mi cuerpo flaquea y caigo al suelo, Vinicio me consuela y me aferro a él, él es lo más cercano a un padre para mí. —Lo siento mi niña, lo siento mucho. Pasa su mano sobre mi cabeza consolándome. —Perdí a mi madre, Vinicio, se fue y no puede decirle que la amo mucho, no pude abrazarla y besarla. —Estoy seguro que ella sabe cuándo la amas, no hubo un solo día que no se lo dijeras. Me ayuda a levantarme y abrazada me lleva hasta dentro de la casa, mi padre sigue afuera esperando a que se le abra el portón. —¡Señorita! —se asusta Patricia —¿qué hace despierta a esta hora? —Quería ver a mamá Suelto el llanto nuevamente. —No mi niña. Me abraza. Papá entra y pasa por mi lado sin decirme una maldita palabra, pero no me importa, él no me importa o lo qué tenga que decir, siempre estamos solos, nada cambiará ahora con la partida de mamá. —Ve a descansar, nos espera un día largo y muy difícil. —Nana ¿ahora que vamos a hacer? —No pienses eso ahora mi niña, enfrenta un día a la vez ¿ok? En mi habitación nuevamente, me siento en la cama a esperar que él amanecer llegue mientras miro por la ventana los relámpagos que se asoman entre las nubes. —¿no puedes dormir? —Me pregunto si ella le dolió físicamente morir, me atormenta saber que sufrió en su agonía o que luchó por quedarse en esta tierra y no lo logró. —No te atormenta de esa manera, no es bueno mi niña. Patricia me entrega un vaso con agua, me acuesto en la cama con mi cabeza puesta en su regazo, acaricia mi cabello con sus manos suaves. Son aproximadamente las cuatro de la madrugada y asiento que mi cuerpo va cediendo al cansancio, estoy peleando contra el sueño, pero no, no puedo vencerlo. —Descansa mi niña, descansa. Siento cómo voy cerrando los ojos y quedo profundamente dormida, despierto aturdida con un fuerte dolor de cabeza y descriptible, miro el reloj son las once de la mañana, me levanto en carrera y mis hermanos ya están en la sala con sus trajes negros, miro sus caras y están llenas de lágrimas. —Kathy —me dice Abbigail —papá dice que mamá murió. Los abrazo tan fuerte como puedo, contengo mis lágrimas. —Vamos a estar bien, lo prometo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD