Todo mi ser se quebró cuando sepultaban a mamá, sostenía a Iann en mi mano derecha quién rogaba que no le hicieran eso a mamá, tenía también a Abbigail por la mano izquierda, ella hacía presión sobre mi mano intentando no caer mientras que yo miraba el ataúd donde mamá yacía descansando, no emitía ningún sonido solo permitía que mis lagrimas salieran, además qué, aunque quisiera dejar de hacerlo las fuerzas eran nulas.
Amigos de mamá, conocidos y personas que no llegué a conocer nos daban el pésame a mis hermanos y a mí, papá, él solo estaba allí duro como una roca, no lloraba, no decía nada, solo inclinaba su cabeza aceptando las palabras que los demás le decían, lo odié inmediatamente porque mientras nosotros nos preguntábamos qué sería de nuestro futuro, él solo se hacía el que no era con él la situación.
¡maldita sea, era su mujer!
Allí pude entender que nuestras vidas serán una miseria con él cerca.
—Vamos a casa mis pequeños.
Fue la suplica de Patricia para traernos a casa y como es de esperarse, papá no ha aparecido desde entonces.
En mi celular reproduzco los videos que tengo con ella, su risa, su voz, sus gestos, no quiero olvidarla, no quiero que mi mente deje de pensarla.
—La cena está servida ¿quieren cenar?
Miro a mis hermanos, sé que Iann si tiene hambre y no puedo permitir que no coma, se puede enfermar.
—Sí —tomo a Iann en brazos —vamos a cenar.
No tengo hambre, mentiría si digo que sí, pero de cierta manera siento que es mi responsabilidad al ser la hermana mayor cuidar de ellos.
—Kathy, no quiero ir mañana a la escuela, no quiero que me pregunten cosas.
—Hablaré con la directora, podemos tomarnos lo que queda de la semana para descansar.
Este es mi último año de preparatoria, soy el cerebro de mi clase, algo que heredamos de mamá por supuesto.
—¿puedo dormir hoy contigo?
—Claro, podemos dormir los tres en la cama de mamá ¿te parece?
—¡sí!
Brinca Iann de felicidad.
Terminamos de cenar y papá ni el humo de su cigarro, no creo que se preocupe por venir a vernos y preguntar cómo estamos o decirnos que va a pasar con nosotros.
—No vendrá.
Afirma Abbigail y yo le creo.
—Sí, estoy seguro que no.
—Yo digo que tiene otra familia, por eso no lo vemos con frecuencia.
No me extrañaría que eso fuera cierto, desde que tengo memoria él ha sido distante con nosotros, alguna estúpida razón debe haber más allá del trabajo.
—A lavarse los dientes.
Nos ordena Patricia, pero a mí me detiene.
—Mi niña, sea lo que sea, no le firmes nada a tu padre, por favor, cuando tengas la oportunidad sabrás la verdad, por ahora solo protege a tus hermanos y no firmes nada que te dé tu padre.
Intento interrogar, pero ella es como una tumba, lo que tiene que guardar lo hará no importa qué.
—Está bien nana, solo promete que nos vas a cuidar hasta que yo pueda hacerme cargo de mis hermanos, tengo mucho miedo nada.
—Siempre serás su hermana mayor, ten presente eso mi niña, sé qué harás lo posible porque ellos estén bien, pero lo harás siendo su hermana, no su madre ¿ok?
No entiendo que querrá decir con eso, porque en este momento siento que debo ser como una madre para ellos y temo fallarles.
—Estoy confundida nana.
—Lo sé, todo esto es nuevo para ti, pero conforme vayan pasando los días verás que todo se irá moldeando.
Me voy a mi ver que están haciendo Abbigail e Iann, ambos están acostados en la cama de mamá, Iann abraza una blusa de mamá impregnada de su colonia favorita la que siempre usaba.
Me voy a cepillar los dientes, escucho el llanto de mi hermano y salgo corriendo dejando a medio cepillar mis dientes.
—¿qué pasa?
—Quiero a mi mamá.
Esto será aún más difícil de lo que pensé, esto no lo vamos a super así tan fácil.
—Ven.
Lo tomo en brazos y camino con él hasta que se duerme, cuarenta minutos me llevó dormirlo, lo acuesto al lado de Abbigail para yo terminar de cepillar mis dientes y acostarme junto a ellos.
Ya en cama, dormir se me hace complicado, pienso una vez y otra vez qué será de nosotros ahora, es como si mi mente no procesara lo sucedido, aunque sé que ella no está.
En algún punto de la noche me quedo dormida, despierto con los gritos de mis hermanos, corro para ver que está pasando y mi padre ha decidido aparecer de una manera poco adecuada, está ebrio.
—¿qué quieres?
Le pregunto de manera áspera.
—Ver a mis hijos.
—Ya nos has visto papá, ¿qué más?
No hay respuesta y Patricia sigue muy molesta, no sé qué haya pasado, pero evitaré que nos haga daño.
—Traigo unos documentos que tienes que firmar.
—Tengo diecisiete años, no tengo la autoridad para firmar nada papá, deberías saberlo bien.
—Estás en todo el deber de firmar, las empresas de tu madre no se pueden manejar solas, alguien tiene que hacerlo.
—Sí y no serás tú, ella tiene un encargado para eso.
Me tira los documentos.
—Fírmalos.
—No voy a firmar nada, papá, dos días de su muerte y quieres hacer y deshacer con lo que es de ella, olvídalo, de mí no obtendrás nada.
—No sabes si quiera donde están parados.
—Lo sé muy bien, pero también sé que no verás y tocarás lo que por ley nos pertenece, y estoy segura que tú no estás allí.
—Insolente.
Me alza la mano a querer bofetearme, su mano queda en el aire porque sabe que para mí él no significa nada, un padre es el que cría y educa a sus hijos no el que los engendra.
—No me interesa saber que son estos papeles, pero de mí no vas a obtener una firma, no mereces tocar lo que mamá construyó con tanto esfuerzo.
Sale tambaleante de casa, subo a mi habitación, quiero leer estos documentos y asesorarme de una u otra forma de qué se trata y que beneficios tendrá papá, porque la única manera que esté peleando las empresas de mamá es que haya algún beneficio del que nosotros ni nos enteramos.
Ahora comprendo por qué mamá me pedía que le ayudará con algunas cosas básicas de la empresa, ella sabía que lo que papá haría era venir a intimidarnos por lo que tengo que hacer lo que esté en mis manos para que papá no se adueñe de la herencia que nos dejó mamá.
De mi padre hasta la fecha no sé más que es un hombre que viene de una familia adinerada, pero ni siquiera sé quiénes son mis abuelos, por ende, no me extrañaría que nosotros seamos la otra familia de mi padre, definitivamente eso es algo que voy a reservarme e investigar, quiero descubrir la verdadera relación entre él y mi madre.
Papá será un tormento en nuestras vidas.
—Tienes el mismo carácter que tu madre.
Entra Patricia con un vaso de té.
—Papá no tiene buenas intenciones con nosotros nana, lo pude ver en sus ojos, me dio miedo, ¿sabes qué me duele más? que no respetó nuestro duelo, no le importó.
—Siempre fue así.
—¿cómo mamá pudo estar con él? es un monstro.
—No lo sé, tu madre se reservaba muchas cosas. no fue fácil para ella, pero al principio fue por amor y luego por obligación, al menos eso decía ella.
—No estaban juntos cuando ella enfermó, ¿verdad? para mí es confuso la relación que ellos tenían, es decir, él no estaba en casa nunca.
—Cuando enfermó decidió vivir tranquila y serena, disfrutar los pocos o muchos días que le quedaban de vida al lado de ustedes y tu padre como no pasaba tiempo en casa, para ella fue fácil que ustedes no lo vieran extraño.
—No me imagino cuantas cosas ella nos habrá ocultado para no preocuparnos.
—Solo las necesarias mi niña. —sale de mi habitación.
Continúo leyendo los documentos y por más que los vuelvo a leer no comprendo los términos que usan, mucho menos las condiciones, es frustrante todo esto.
¿quién en su sano juicio hace algo como esto?
Es simplemente incomprensible.
—Unos días papá, solo debiste darnos unos días.
Mamá estaría furiosa al saber lo que papá ha hecho.
Respiro fuerte y suelto el aire.
—Solo tengo diecisiete años ¿qué voy a hacer?
Me doy vuelta en la silla para quedar frente a la ventana, miro al cielo intentando encontrarme con un rayo de esperanza, ojalá alguien pudiera guiarme en este oscuro camino que me ha dejado mi madre con su partida.