Meses difíciles
A partir de aquel encuentro con mi padre todo en nuestras vidas empeoró, desde llegadas un poco extrañas acompañado de personas queriendo negociar la sucesión de propiedad a lo cual negué en cada una de ellas hasta insinuaciones que no comprendo.
A grandes costos terminé el último año de preparatoria, me tocó ayudar a Abbigail con sus materias y cuidar de Iann ¿cómo lo hice? ni yo me lo explico.
Ahora me preparo para iniciar mi camino por la universidad, Abbigail su segundo año de preparatoria e Iann que comenzará en el preescolar, para todo esto mamá dejó una tarjeta para mí y con ella he logrado hacer los pagos de nuestras colegiaturas, servicios públicos y pagos de empleados domésticos.
De la empresa se encarga el mejor amigo de mamá, a quien ella confiaba plenamente, no tengo mucho conocimiento en el tema de finanzas, pero viendo los números sé que Isaai está haciendo un buen trabajo.
—Nana, sé honesta por favor ¿luzco como una futura licenciada en finanzas?
Le modelo los trajes que tuve que comprar para la universidad.
—Luce como una licencia mi niña, ahora comprendo por qué tu madre escogió esa universidad, serás la mejor licenciada en finanzas que tenga esa universidad.
Tal cual lo dice nana, mamá dejó la universidad asegurada para mis estudios, tengo la mitad de la carrera cancelada, aprovecharé ese beneficio para ahorrar y terminar de pagarla, así no tocaré el dinero que mamá nos dejó y la invertiré en mis hermanos.
Abbigail está en la etapa donde quiere verse a la moda y, aunque comprende que no
podemos excedernos con los lujos ha aprendido a comprar ropa de muy buena calidad a un muy buen precio y si desea algo de algún diseñador ahorra para comprarlo.
Iann el no pide más allá de juguetes, y para eso estamos nosotras, invertimos en su ropa porque ha crecido mucho y nada le queda ya.
Mamá estaría feliz de verlo, se ha convertido en todo un hombrecito.
—Los zapatos no me convencen mucho —entra Abbigail a la cocina —siento que necesita unos zapatos cerrados de tacón no muy alto.
—Tal vez por eso siento que algo no encaja.
Abbigail tienen muy buen sentido de cómo combinar la ropa, de hecho, gracias a ello estudiará modas cuando entre a la universidad, creo que las carencias han despertado la necesidad de buscar soluciones que sean factibles y no cuesten
tanto dinero.
Pero mantengo la esperanza que cuando eso suceda y comience la universidad ya esté a cargo de los negocios de mamá porque necesito generar dinero para nosotros.
—Ya lo creo.
Responde para luego marchase a su habitación.
Termino de recoger los trajes para irnos a lavar, nana podría hacerlo, pero no me gusta aprovecharme de su nobleza y buen corazón.
—Señorita —me llama ella —su padre acaba de llegar.
—¿ahora qué quiere? parece que no le ha bastado con los no que le he dado.
Salgo y está con un hombre de casi sesenta años.
—¿qué se te ofrece?
—¿esa es la manera de tratar a tu padre?
—Creo que no tengo que responder a esa pregunta, ya sabes lo que pienso papá.
El anciano se acerca a saludarme y me da un beso en la mano, me da tanto asco que oculto mi mano derecha detrás de la espalda y la limpio con mi pantalón.
—Tienes razón Octavio tu hija es bastante hermosa, te has pegado la lotería.
—Y eso que no has visto a mi otra hija, no sé cuál de las dos es más hermosa.
Hacen a pasar a las escaleras, van en buscada de Abbigail y se los impido, sea lo que sea que esté hombre llamado padre está pretendiendo hacer no le saldrá como lo planea.
—¿qué haces?
—No eres bienvenido en esta casa, papá, lo sabes muy bien así que es mejor que te vayas y evites un problema más grande.
Ya no sé qué esperar de este progenitor, hace cosas extrañas que no logro descifrar.
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Para la reunión anual de la empresa tuve que hacerme presente en representación de la familia, solo a eso, hacer presencia.
Faltan dos meses para mí cumpleaños número dieciocho y es cuando comenzaré a tener cierta responsabilidad con los negocios de mamá, ahora que estoy en los primeros meses la universidad Isaai está haciendo un buen trabajo siendo un tutor para mí, me estoy exigiendo más de lo que puedo dar para poder ayudar.
Faltan también cuatro meses para el primer año del fallecimiento de mamá, el tiempo ha volado rápido y su recuerdo se va desvaneciendo, si no fuera por sus fotos y algunos videos no tendría cómo revivirla en mi mente.
—Señorita, buenas tardes —me saluda un hombre de aspecto atractivo, un poco mayor y junto a él una hermosa mujer que me sonríe.
—Buenas tardes señorita —me saluda ella —Soy Casie Soulie y él mí esposo Bradley —lo presenta
—Buenas noches, bienvenidos, espero que se sientan a gusto —no sé qué estoy diciendo y me siento avergonzado, de dónde saqué buenas noches —buenas tardes —corrijo — lo siento mucho, este es mi primera presentación en público desde que mamá falleció y no sé cómo hacerlo.
—Lo estás haciendo muy bien —acaricia ella mí brazo —eres muy joven aún, pero lo haces muy bien —me guiña si ojo haciéndome sonreír.
Atrás de ellos viene dos muchachos y una muchacha, cada uno más guapo que el otro.
—Madre —le menciona uno de ellos, un tanto pedante para mi gusto —yo debo retirarme debo encargarme de un asunto importante.
—¿Otra vez Eros? es la segunda vez que sucede.
—Lo sé madre, pero ya conoces a estos incompetentes que se hacen llamar amigos.
—Está bien, que no vuelva a suceder.
Me mira un tanto avergonzado, me hago la que no es conmigo e inclino mi rostro en forma de reverencia.
—Señorita —solo eso me dice.
¡cae mal!
Ni que estuviera tallado por los dioses.
¿a quién quiero engañar?, es un papacito.
—Disculpa los modales de mi hijo Eros, en ocasiones sus amigos se meten en problemas y él va a solucionarlo.
—No debe preocuparse, comprendo la situación.
Así pasa parte de la reunión, conversaciones con personas que no conozco, unos ofreciéndome ocuparse de las franquicias de mamá como si me urgiera tal cosa.
—No creí verte aquí.
Papá no deja de fastidiar, no comprendo que hace acá si no está invitado.
—¿ahora que deseas papá?
—Tengo un negocio para ti ahora que estás intentando llevar los negocios de tu madre.
—No me interesa que tengas para decir, la misma respuesta vas a recibir de mí, no.
—Eres terca
—Tengo a quien salir, por favor desiste de querer adueñarte de lo que no es tuyo.
No sé por cuanto tiempo más vaya a aguantar con mi padre rondando por doquier, a veces hasta siento que se adueña de mis pensamientos o de mis sueños.
—En algún momento tendrás que venir a mí.
—No papá, eso nunca pasará, eres la última persona a quien podría rogar por ayuda.
Una mujer agraciada se acerca a nosotros
—Está muy grande Katherine querido.
—Lo está, lástima que así de grande está también su orgullo.
No respondo, mi mala cara habla por sí sola.
Ellos desaparecen de mi vista lo que agradezco profundamente, no he disfrutado de esta reunión por atender a todos con sus preguntas o simplemente alguna
conversación que no me dejan más que deseosa por salir huyendo de este lugar.
—Lo mismo pensaba cuando comencé a ir a reuniones o eventos, algunos los disfrutaba y otros eran un dolor de cabeza.
—A veces me miro como si fuera una hormiga en medio de grandes elefantes, es tenebroso.
—Lo sé, pero ¿quieres saber que hice cuando tuve que dar mi primera conferencia?
Ríe la única mujer que me ha agradado de esta reunión.
—Tengo curiosidad.
—Fui al baño tres veces —reía —estaba tan nerviosa que mi cuerpo temblaba, pero mi esposo me dijo, cuando di mi primera plática en público mi padre me dijo imagina algo gracioso, imagina a los invitados con el traje más vergonzoso que pueda existir, ¿a qué voy con esto? la mente tiene tanto poder que cuando
logras mantenerla bajo control tus miedos dejan de ser miedos y se convierten en tus aliados, así mismo tendrás tú que aprender a controlar tu mente y no dejar que tus temores te venzan.
Ha sido un consejo bastante acertado.
—Te lo agradezco mucho, señora Soulie, creo que me servirá de ayuda en este camino.
—Para mí es un placer —me da su mano y la estrecho —no me has dicho tu nombre.
—¿si ves que soy un caos en esto? —reímos —Me llamo Katherine Ceciliano.
—Es un gusto Señorita Ceciliano.