Llegué a casa aturdida de tanto alboroto, gente hablándome, negocios por hacer, hombres cortejándome, un caos total, apenas entré a mi habitación lo primero que hice fue quitar mi ajustado vestido, tirar mis zapatos liberando mis pies inflamados, tomé una ducha y exfolié mi rostro para irme a dormir. Hoy desperté con las consecuencias de no usar zapatos de tacón algo, dos ampollas de alto calibre en ambos pies, no hay tenis que me alivie mi dolor o zapatilla que no roce el área lastimada. —Miren quién está aquí, la hija bastarda de papá. Volteo a ver al tipejo que se burla de mí, la viva cara de mi padre solo que un tanto más estúpido. Ignoro sus burlas y golpea los casilleros donde tengo guardado mis libros de estudio del día. —¿qué es lo que quieres? digo aparte de ser ya un cobarde

