Capítulo 15 - Eun-Yeong

2328 Words
Leo el mensaje una vez más. Creo que es la décima vez que lo hago y no puedo reprimir la sonrisita de idiota que se dibuja en mis labios. ¡Madre mía! Noah acaba de enviarme un mensaje de texto, especificándome donde vive. De plano está muy loco o muy desesperado. No creo que sea la segunda opción, porque con el físico que se gasta, dudo mucho que le cueste trabajo conseguir una cita. ¿Entonces que carajos sucede con él? ¿Acaso le pareceré una clase de reto personal? —¡Vaya! Creo que la última vez que te vi sonreír de esa manera, fue cuando Loki apareció de manera sorpresiva en el Salón H de la Comic Con del 2013 —comenta Lara. —Esto es mejor que el jodido Loki en la jodida Comic Con —susurro sin dejar de mirar la pantalla de mi móvil. —¡Oh por Dios! —Exclama Lara—. Debe ser algo, o mejor dicho, alguien muy bueno, para que digas semejante cosa. Sonrío de manera pícara y me encojo de hombros. —¿Qué fue lo que hiciste esta vez, pequeña bribona? —Cinthia se sienta a mi lado, en el mullido sofá de tela color gris plomo. Me llevo una mano a la cabeza y dejo escapar un suspiro. —¡Madre mía! Es que hasta suspiras —Lara me mira con los ojos muy abiertos. —Prométanme que no me van a juzgar, que no me van a criticar ni me van a reñir, y se los cuento todo —digo en tono dubitativo. —¿Contarnos todo de qué? —Cinthia frunce el ceño. —Contarles lo que me sucedió ayer —me muerdo el labio y trato de reprimir una sonrisita, pero no lo logro. —¿A quién te follaste? —Espeta Lara—. ¡Dios mío! Mira nada más la cara que pones. Rio a carcajadas ante el comentario de mi amiga. Ella me conoce a la perfección. Me obligo a dejar de reír y tomo una profunda inhalación. La suelto de golpe. Se los cuento todo, con lujo de detalle. Les hablo de la manera en que Noah me miró a bordo del subterráneo, lo que sucedió con mi móvil, como él se ofreció a ayudarme, lo que sentí cuando ese hombre se acercó a mí, las impulsivas ganas que sentí de besarlo, la manera en que él respondió a mi beso, como me estremecí cuando sus labios se unieron a los míos, como él me arrastró hasta el sanitario, como me hizo suya de la manera más apasionada posible y como sentí que el morbo crecía dentro de mí con el paso de cada segundo, al hacer algo que nunca hice antes. Describí a ese adonis como si se tratara de un retrato hablado que se le da a la policía. Me muerdo el labio y me sonrojo al recordarlo todo, además de sentir como mi parte intima se humedece de solo pensarlo. —¡Dios! —exclamo—. Su boca es tan… —no consigo la palabra adecuada para describirla. Cinthia y Lara, me escuchan con atención. Sé que están asombradas. No suelo ser tan atrevida y desinhibida frente a ellas. De hecho, no suelo serlo frente a nadie. —Tiene que estar muy bueno —susurra Cinthia—, porque jamás te habíamos escuchado hablar de esta manera, acerca de un hombre. —Al menos no de alguien que no fuera mi hermano —comenta Lara. Le saco la lengua. No me agrada recordar mi época de enamoramiento infantil por Marlon. —Calla —le pide su novia—. No le arruines el momento. —Como sea, no pienso ir a la fulana cita —suelto sin querer. —¿Cita? —Lara alza una ceja—. ¿De qué estás hablando? —Es que… él… Noah… me invitó a cenar esta noche —balbuceo mi respuesta. —¡Un momento! —Cinthia se acerca y me mira con detenimiento—¿Noah? —Sí. Así se llama él —me encojo de hombros. —¿Tienes una cita con ese hombre? —Lara arruga la nariz—. ¡Wow! ¿Cómo es eso posible? ¿No se supone que lo conociste ayer? Y por lo que nos cuentas, solo se trataba de sexo casual. Me llevo una mano a la cabeza y resoplo con algo de frustración. —Es una historia muy larga… y rara —comento. Cinthia y Lara se miran entre sí. —Pues, ¿adivina qué? Queremos oírla —me apremia Lara. —En medio del subidón del momento, cada uno tomó su camino y no nos dimos cuenta que Noah no me dio mi sim card, hasta que…Anoche me llamó para decirme que la tenía y que le gustaría devolvérmela. —Que considerado —Cinthia rueda los ojos. —Sí. Lo es —comento. No puedo evitar ponerme a la defensiva. —Y eso quiere decir que lo viste otra vez —Lara se sienta a mi otro lado y pincha mi costado con su dedo índice. —Sí. Acabamos de vernos. Desayunamos juntos y… —no me doy cuenta de que hablo como si se tratara de cualquier cosa. —¡Espera un momento! —hasta que Lara me interrumpe—. ¿Te follas a un extraño en un baño público, y al día siguiente desayunas con él, y dicho sea, tienes pautada una cita con él, esta noche? —Se gira hacia Cinthia—. Cielo, ¿son ideas mías o hay algo raro en todo esto? —No son ideas tuyas, amor —responde la rubia—. Aquí hay gato encerrado. —¿De qué están hablando? —las miro a ambas. Me siento muy confundida. —No somos muy diestras en cuanto a temas de hombres —indica Lara—, pero de algo estoy segura, y es de que ellos no actúan de esta manera. —¿De qué manera? —no logro entender a qué se refiere. —¡Vamos! No te hagas la tonta —la mirada de Cinthia se torna dura—. Los hombres por lo general, comen y se van. No andan pidiendo citas al polvo fácil y casual… —¡Oye! —me siento indignada—. No lo digas de ese modo. —¿Y cómo quieres que lo diga? Si es lo que es. —Por lo menos podrías… —intento defenderme. Me crispa pensar que Cinthia tiene tan mal concepto de mí. —De todas formas, imagino que le dijiste que no —interviene Lara—. Debes conservar un poco de dignidad. —Pensaba que era una manera amable de retribuirle por… —¿Retribuirle qué? —Lara me interrumpe—. ¿Por follarte como salvaje en un baño público? —No —la miro con dureza—. Por haber sido tan amable de pagar mi móvil nuevo. —¿Qué dices? —Cinthia no da crédito a lo que escucha. —Sí. Mis tarjetas de crédito fueron rechazadas y él, de manera voluntaria y muy amable, se ofreció a pagarlo. Cinthia y Lara vuelven a mirarse entre sí. —Esto se torna más raro a cada momento —musita Lara. —Oigan —levanto mis brazos por inercia. Es como si percibiera que en cualquier momento se viene una lluvia de golpes. Me pongo de pie—. Sé que es una locura todo lo que me ha pasado en estos dos días, y debo decirles que no deben preocuparse, porque no iré a la dichosa cita. En cuanto resuelva el problema de mi tarjeta, le devolveré el dinero y… —Tienes que ir —espeta Cinthia. —¿Qué? —decimos Lara y yo, al unísono. —Sí. Debes ir —vuelve a decir. —¿Pero qué coño estás diciendo? —Lara mira a su novia como si tuviera monos en la cara. —A ver, los hombres no actúan de esta forma, a menos que de verdad les interese una mujer… —¡Ay por Dios! Solo se muestran galantes y atentos cuando desean llevarse a una mujer a la cama —farfulla Lara, dando un manotazo en el aire. —Exacto —dice Cinthia—. Este tal Noah no tiene que fingir nada, porque ya obtuvo eso… Intento hablar, pero las palabras se me quedan trancadas en la garganta. —¿Quién sabe? Podría tratarse de un interés genuino. Quizás se trate de un espécimen en vías de extinción —argumenta Cinthia. Ella es una romántica empedernida y no puede evitar ver amor en todos lados. Yo niego con la cabeza. —O tal vez se trate de un psicópata, de esos que andan sueltos por la calle, que seducen a sus víctimas para luego asesinarlas en sus casas, descuartizarlas en el sótano y luego deshacer los restos en ácido fluorhídrico —comenta Lara de forma mordaz. —¡Amor! —Cinthia abre mucho sus ojos—. No digas eso. —No lo sé. Ese hombre se me hace muy extraño, y más si es tan guapo como lo describes —me mira—, Eun-Yeong. —¿Qué estás queriendo decir? ¿Qué Eun-Yeong no es capaz de lograr que un hombre apuesto se interese en ella? —Cinthia se cruza de brazos y le lanza una dura mirada a su pareja. —No. No es eso, es solo que… —No hace falta que lo digas, Lara —me doy la vuelta y camino hacia la ventana de la sala—. Sé que no soy el tipo de mujer en la que se fija ese tipo de hombre —no puedo evitar sentir que mi autoestima es golpeada con brutalidad—.De hecho, yo estoy tanto o más sorprendida que tú —mi voz se quiebra un poco. —Ay no amiga, no quise decir eso. No quise herirte. Es solo que… —Percibo que Lara se siente fatal por su falta de tacto—. Es solo que me da pavor que venga un cretino y te lastime. Tú eres tan ingenua y tan… —Tonta —la interrumpo—. Lo sé. Tan solo mírenme —me giro y me dirijo al mueble. Me siento—, soy un completo desastre, vestida de esta manera —resoplo de frustración—. ¿A quién quiero engañar? —No, cielo —Cinthia se acerca y me pasa un brazo sobre los hombros—. No eres nada de eso —cuando cree que no la veo, vira su cabeza y le lanza una dura mirada a Lara—. Eres una mujer preciosa que merece ser amada por el hombre más espectacular del mundo. Yo opino que si debes ir, y ver que tal. ¿Hace cuánto que no tienes una cita? —¿Mi noche de graduación cuenta? Las tres estallamos en una estruendosa carcajada. —¿Y se puede saber dónde será la dichosa cita? —inquiere Lara. —En su casa —respondo sin más. —¿Qué? ¡Ah no! Eso sí que no —mi amiga niega con la cabeza y chasquea la lengua—. Eso es una completa locura. —Pero… —Cinthia trata de objetar algo. —Estará en un lugar donde no podrá pedir ayuda si la necesita —el comentario de Lara es tajante. —¿Y sabes dónde vive? —Cinthia me mira, esperando una respuesta. Yo tomo mi móvil y le enseño la pantalla del mismo. —Me envió su dirección en un mensaje de texto. —Déjame ver eso —Lara me arrebata el aparatito de las manos. Al cabo de unos segundos, suelta un silbido. Sé que está impresionada por el gesto que hace con sus ojos—. Beverlywood —musita—. ¡Vaya! —Para ser un asesino serial se toma muchas molestias por mantener una buena apariencia —bromea Cinthia. El comentario es solo para tocarle las narices a su novia. —Hannibal Lecter vivía en una mansión, y viste lo que resultó ser —farfulla Lara. Está muy decidida a impedir que asista a mi cita con Noah—. Es muy arriesgado. —Nada malo va a sucederle —Cinthia se levanta y le pone una mano en el hombro a su pareja—. Nos llamarás o nos mandarás un mensaje de texto si ves o percibes algo fuera de lugar, ¿verdad Eun-Yeong? —me guiña un ojo. —¿De verdad crees que sea buena idea que vaya? No estoy segura de que…—no estoy muy segura de hacerle caso a mi amiga. Comparto el repelús de Lara. —Por lo poco que nos has contado, intuyo que ese hombre, está interesado en algo más que meterse entre tus piernas —me da un toquecito en la nariz. —¿Tú crees? —entorno los ojos. —Y si no es así, al menos podrás volver a tener sexo salvaje con ese adonis. Si es como nos lo describes, debe ser toda una experiencia religiosa estar con él —me saca la lengua—. La vida no hay que complicarla tanto. Vive el momento y ya —se gira hacia Lara—.Y a ti —la señala con el dedo—, voy a tener que prohibirte que veas tanto Investigación Discovery. Andas muy paranoica. —Que conste —refunfuña Lara—, si algo le sucede, serás la única culpable. —Lo único que le sucederá es que le darán un buen revolcón y le harán ver las estrellas —bromea Cinthia. —¡Oye! Que estoy aquí. No me he ido —me escucho protestar. —¡Qué bueno! No me gusta hablar de ti a tus espaldas —dice y me da una palmadita suave en el trasero.
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