Los días que siguieron al reencuentro de Zeyan y An fueron tensos. Aunque habían decidido intentarlo, la brecha entre ellos parecía crecer con cada conversación. An seguía cargando con el peso de las palabras de Mei y de su propia inseguridad, mientras que Zeyan, desesperado por protegerla, comenzaba a mostrarse más controlador, temeroso de que ella volviera a alejarse. Aquella mañana, el cielo estaba cubierto de nubes densas, presagio de lo que estaba por venir. Zeyan se encontraba en el pequeño apartamento temporal que había alquilado para ellos en Europa. Observaba cómo An, de espaldas a él, preparaba el desayuno en silencio. La tensión era palpable en el aire. —¿Cuánto tiempo vas a seguir callada, An? —preguntó Zeyan finalmente, rompiendo el silencio que los había envuelto desde la n

