La lluvia caía con fuerza esa noche, como si el cielo supiera que algo trágico estaba por suceder. Zeyan conducía por una carretera sinuosa, con An a su lado, ambos en completo silencio. La tensión entre ellos era casi palpable, producto de las discusiones que habían tenido en los últimos días. —Deberíamos haber esperado hasta que la tormenta pasara —dijo An finalmente, rompiendo el incómodo silencio. —No podía esperar —respondió Zeyan, sin apartar la vista de la carretera—. Necesitábamos alejarnos de todo por un tiempo. An suspiró, abrazándose a sí misma mientras veía cómo las gotas de lluvia golpeaban con fuerza el parabrisas. Su corazón estaba dividido entre el amor que sentía por Zeyan y el miedo constante de no ser suficiente para él. —Zeyan… no sé si esto es lo correcto —dijo, su

