Son detalles insignificantes los que pueden marcar la diferencia a la hora de dirigir una conversación. Un gesto, una palabra mal dicha, una oración en un tono diferente. Un movimiento en falso y todo el sentido de una frase puede perderse o incluso quedar desvirtuado de manera tal que su significado llegue a ser completamente contrario al de la intensión inicial. Al responder aquello a Susan lo que menos yo esperaba era escucharme como un grosero y descorazonado hombre egoísta, que vaya que no lo era, pero fueron mis palabras pronunciadas de manera tosca por la rabia reactiva, las que ocasionaron que quedara frente a Susan expuesto de esa manera. Y sí, debo dejar en claro que siempre fue un problema para mí el lidiar con un temperamento volátil que me acompañó desde siempre. El sujeto b

