Capítulo 8

1082 Words
La historia comienza así. Llegué a una ciudad. Una que aún no he visitado y por lo que podía percibir en el ambiente, era una calle de Londres. Lo deduje por sus edificios tipo castillos y coloniales. Había ido a conseguir trabajo en un edificio muy grande. Ese lugar que al principio observé con extrañeza, tenía un logo con la letra P. Es más, todo lo de ese lugar, incluyendo a los grandes ventanales por fuera y el mobiliario al interior como sillas, mesas, sillones, llevaba impresa esa marca. La letra estaba ahí porque se trataba de un prostíbulo, según mi imaginación. Por fin tenía un trabajo, aunque no estoy del todo seguro si eso era ya que la orden fue que tenía que quedarme hasta cumplir sentencia de unos años. Todo parecía agradable, supongo que porque fui con una amiga y ella iba con su padre, un hombre mayor que no tengo del todo presente. Esa misma tarde me dieron una habitación grande que parecía departamento. Como algo extraño, me concedieron que mi amiga y su padre se quedaran conmigo. Además, me dijeron que me darían la posibilidad de traer a quien más quisiera. De inmediato les dije que a toda mi familia de Colombia. La cual llegó a los días de estar ahí. Pasó el tiempo y todos vivíamos en ese edificio, era fantástico y todo marchaba bien hasta que me di cuenta de que quedé embarazada. No estoy segura cómo, pero lo supe porque veía mi panza. Uno de esos días ya no estaba embarazada. Le pregunté a la chica que me había llevado hasta ahí, dónde estaba mi bebé. Y me respondió que tenían una sala cuna para los hijos de todas las mujeres que resultaran en embarazo. Una vez cumpliera el tiempo previsto podía salir por mis hijos. Me enteré entonces que eran dos. Yo me acojoné mucho, pero sabía que era lo que me tocaba hacer... Cuando pasó el tiempo de mi estancia ahí me dijeron que ya me podía ir. Pero tenía que enviar primero a mi familia a casa y después ir yo. Recuerdo que tenía mucha plata y la acumulaba en maletas. Le di una de ellas, llena de billetes, a mi mamá y le dije que se fuera para Colombia y comprara una casa. En esas sale mi familia y los montan en un carro para ser llevados al aeropuerto. Yo los observaba desde lo lejos cuando vi que el carro de pronto estalló. Se incendió y todos murieron ahí... Como si fuera un tipo de película me agarré a gritar y le reclamé a la dueña que por qué mi familia. Que por qué se había incendiado el carro. Me respondió que salir de ahí no era tan fácil. Me volvieron a encerrar. Todo se trató de una trampa. Buscaba la manera de salir pero todo era blindado y muy seguro. Como pude vi para la calle y encontré a mi amiga y la llamé. Regresó conmigo al edificio y dijo que me ayudaría. Cuando empezamos a buscar la salida. Llegamos a la terraza del edificio. Pero allí, a un costado de donde estábamos, había muchos hombres armados. Agarramos a correr por el tejado porque nos empezaron a disparar. Cuando ya pudimos huir salté a un árbol y de ahí bajamos y tomamos un carro, pero al estar cerca de salir de la ciudad nos emboscaron muchos coches. Sin saber de dónde, apareció un japonés de esos que parecen ninjas, con todas sus características y vi que acariciaba su fusil con un paño de limpiar oro, mientras me decía que yo era muy linda pero desobediente. Era por eso que me habían quitado a mi familia y mis hijos. Pero me iba a dar una última oportunidad. De nuevo por sorpresa sale una camioneta de esas que tienen platón y me dice: Si logras montarte en esa camioneta mientras anda, te perdonaré la vida. Pronto agarré a correr y me subí. Pero mi amiga quedó atrás con su papá. Ella sí se salvó, su papá no. A él lo mataron. Me quedé dormida en el carro en el que iba. Cuando desperté íbamos en carretera destapada, como por un campo. Pero avanzábamos despacio y cuando pasamos por una casucha abandonada oí llorar un bebé. Le dije al conductor que se detuviera. Cuando paramos vi a un bebé envuelto en sábanas y llorando. Era uno de mis hijos. El otro ya había muerto. Lo saque de ahí. Y estaba todo cubierto de pelo. Como Shubacca de Star Wars. Al subirme a la camioneta mi familia estaba de regreso. Ya pasó esa parte y terminé en un lugar donde no conocía hablando con una vecina del pueblo donde me crie. Ella me decía que lo que tenía que hacer era conseguir un trabajo decente y empezar de ceros. Cuando pasó lo más agobiante voltee a mirar atrás y vi que sepultaban a alguien. Era mi hijo. Me dijeron que no había aguantado. Que pasó mucho frío. Así terminó mi sueño. Sí, puede ser trágico si lo piensas con velocidad, pero vivirlo es aún más. Tenlo por seguro. Aquel sueño sucedió a finales del 2018. Si hubiera sido antes, quizá dos o tres, no hubiera pasado de la idea de tener una pesadilla, pero al encontrarme en las condiciones que ya te platicaré, el mensaje estaba claro. Después de que escapé, literalmente, de mi relación con Nora, mi novia de Santa Martha, con la ayuda del Rector del colegio y de Valeria, mi amiga, estaba decidida a corregir el rumbo de mi vida. Dispuesta a modificar mis hábitos y preocupada por los pensamientos tan lúgubres que mantenía, incluidos algunos artefactos como el veneno de ratas que conservaba, pedí apoyo a aquel hombre para internarse en un centro psiquiátrico. Alguna vez había escuchado que en esos lugares, lejos de lo que se piensa sobre sus inquilinos, el resultado era grandioso sin importar lo que uno pasará en realidad. Sin cuestionarme, me apoyo en mi cometido. Llegué al lugar un miércoles. Entre a lo que parecía ser una oficina y dónde me recibió un médico. Escuché con atención lo que tenía que decirme y después de las debidas explicaciones sobre lo que era y no, obtuve mi lugar. Adentro, justo como lo imaginé, los pabellones estaban llenos, con orden, de enfermos mentales de todas categorías. Ellos, como yo, tomábamos los medicamentos asignados a la hora exacta y dejándonos llevar por los efectos, nos retirábamos a dormir.
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