Capítulo 11

1258 Words
Pasaron algunas semanas desde mi última llamada con Deyanira cuando por casualidad la encontré en una tienda de alimentos. Fuera de lo que imaginé en un posible encuentro, apenas y se acercó a saludarme, supongo que lo hizo sobre todo por no parecer tan perra y aproveché para contarle a grandes rasgos cómo me iba. Son duda se sintió conmovida, y de eso me di cuenta porque se ofreció a darme una última ayuda. Se trataba de conectarme a una persona que se dedicaba a trabajar en una web cam, aquel oficio que en los últimos años se volvió tan famoso en Colombia gracias al uso de las r************* y que estaba dejando bastante dinero a todas por todos lados. Emocionada acepté escuchar a la mujer de quien me hablaba porque tenía la esperanza de por fin mejorar mis condiciones. Pero a mi salida me sentí incluso peor que al inicio. No voy a negar que las condiciones que me dieron a conocer eran fenomenales y el pago por hacer la actividad era una cantidad que jamás pensé que podría tener. La dinámica era solo ingresar a una cabina personal para desnudarme y atender a los clientes por medio de vídeo. Aunque podría ser un poco incómodo al inicio, me encantó la idea de que nadie me tocará, era mucho mejor que ir a un prostíbulo. Pero como le digo, yo necesitaba un lugar que me diera plata rápido, a la de ya, porque tenía al dueño del departamento en donde estaba lugar pisándome los talones y presionándome hasta más no poder para que le pagara el siguiente mes. De nuevo agradecí a Deyanira y nos despedimos. De regreso a casa tuve una epifanía. Ahí, en la amplia cochera, durante los fines de semana se adecuaban las cosas para convertirla en un pequeño bar que era muy visitado. En ese espacio conocí a Camilo, un chico bueno y bien parecido que me ayudaba en un principio a conseguir marihuana. Me llevaba y traía a dónde necesitara y como era de esperarse, se convirtió en novio mío al paso de los días. La cosa no era sería, ni siquiera fuerte. Nunca pasamos de algunos besos. Él, como siempre estaba pendiente de mí, notó alguna vez que estaba extraña y fuera de lugar. Al cuestionarme le expliqué a detalle lo que pasaba y sin decir más sacó de su bolsillo unos ochenta dólares que me entregó para ocuparme de la renta del mes siguiente o los alimentos. Como yo decidiera. Aquello, además de conmovedor, me dio una esperanza más porque sumaba algunos días a mi búsqueda de empleo. Sin embargo, no todo podía ser tan maravilloso. Esa misma tarde al despedirme de él salí a la tienda para comprar algo de alimento y por una pendejada que hasta hoy no he podido descubrir a ciencia cierta, el dinero que me había dado Camilo, lo perdí. Hijaeputa, me maldecía mientras lloraba por aquella pifia que iba a costarme muy caro. Ahora sí estaba perdida. En la noche, cuando por fin pude dormir y descansar un poco mi cabeza, tuve un sueño que me reveló lo próximo a hacer. La respuesta estaba en el médico de Bucaramanga, mi antiguo novio Aquel hombre era el más desagradable que haya conocido en toda mi vida. Su afición al sexo y las jovencitas lo colocaban en un plano que mas bien se asemejaba al de cualquier pedófilo de mierda. En mi caso, al enamorarme jovencita y envuelta en problemas, no tuvo complicaciones en hacerme parte de sus juegos perversos durante todo el tiempo que estuvimos juntos. Y no era todo, además de ello, no contento con hacerme su objeto s****l, se pasaba el tiempo llenando me la cabeza de tanta mierda como le era posible. Quiero que sepa que mientras le cuento de él me da muchísimo asco el recordar aquella piel dura y seca, la barriga abultada que se cubría de tanto pelo como fuera posible y el aliento repugnante que después noté, ya cuando mi enamoramiento iba a la baja. Pero nada de eso era impedimento para que me tomara como objeto de burla. Siempre que podía, sobrio o no, se dedicaba a entorpecer aún más mi crecimiento personal. Para él no era más que una jovencita aprovechada de él que quería hacerse de plata a su costa, lo que no solo era mentira sino una ridiculez. El marica se creía hecho por los dioses y aprovechaba que mi autoestima estaba por los suelos para subirse en mí y creerse alto. Además de su gusto por las mujeres jóvenes y bonitas como yo, el man salía con frecuencia a todas las rodadas en motocicleta junto al club de Bucaramanga hacia toda la región. Creo que sí no hubiera sido por eso, no pudiera haber soportado tanta injuria en mi contra. En definitiva aquello resultaba un respiro para mis días que se llenaban de basura entre los asuntos de casa y esa relación inestable que tendía a irse al carajo. En alguna de esos viajes en que yo iba con la motocicleta y él con su coche, un tipo se me acercó para tomarme de la cintura y apretarme contra su pecho. -Eh, hijaeputa que te pasa.- Mis gritos hicieron que voltean todos y después de que mi novio llegó al lugar y fueron en privado a conversar, regresó conmigo para decirme lo que había pasado. Resulta que entre todos los que estábamos ahí había varias mujeres que yo vi antes. Ellas, según me contó el hombre, eran una especie de putas, algo más caras, e iban desde Bogotá para a cambio de dinero pasar un buen rato en moto y en la parranda. Por supuesto incluían el sexo promiscuo y sin límites para quien lo pidiera. No me sorprendió el saberlo. Yo que era una compañera asidua veía a los hombres, en su mayoría viejos y destartalados, con muchachitas dos veces más jóvenes y un culazo increíble. Las grandes tetas que parecían querer escapar del escote pronunciado y esas caritas de ángeles no eran normales, pero tampoco me atrevía a poner en duda a ninguna mujer ni sospechar nada de ellas en razón de su apariencia - Pues fíjese que hasta trabajo le salió.- El médico me decía ya cuando estábamos en su casa después de la aventura.- Mi amigo me recomendó que te sugiriera unirte a las viejas esas. Y tiene razón, con una lipo y un ligero aumento de nalgas y busto hasta podrías tener un buen futuro. No podía creer lo que me decía. ¿Cómo era posible que mi propia pareja se atreviera a tal cosa? Y sí, desde ese día no dejó de molestarme con tal cosa para convencerme. - Hasta me podrías ayudar a pagar las deudas que tengo. Que chimba, ¿no? Aquello me parecía repugnante sobre todo porque era cierto. El man tenía una deuda súper grande con el banco por un crédito académico que a más de diez años aún no terminaba de pagar y esperaba que yo me fuera a echar todos los polvos necesarios para lograrlo. Y ahí estaba, escuchando todas las babosadas que me repetía sin descanso. Creía que aquello podría ser una cosa más como ir al gimnasio o encontrar un empleo de secretaria. Fue cuando ya estaba por completo desesperada que me di cuenta de lo cierto en sus palabras. Salí de la casa a eso de las once de la mañana y sin haber comido me apresure a ir a un ciber café para buscar el lugar.
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